Martes, 28 de julio de 2026
CRISIS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL

Una historia de nuestro tiempo: las razones de la caída de Keir Starmer

La salida de Keir Starmer de Downing Street dice más sobre los dilemas de la democracia liberal que sobre los fracasos del Partido Laborista. El politólogo de la Universidad de Oxford Giovanni Capoccia sostiene que esta caída muestra hasta qué punto valores como la moderación y la competencia "cada vez parecen más insuficientes para sostener la autoridad política". El problema no es solo británico: afecta al conjunto de las democracias liberales.

Giovanni Capoccia Giovanni Capoccia 25 de junio de 2026
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El primer ministro Keir Starmer anunció el pasado 22 de junio que no continuará al frente del Gobierno británico. | Xinhua News / Europa Press
El primer ministro Keir Starmer anunció el pasado 22 de junio que no continuará al frente del Gobierno británico. | Xinhua News / Europa Press
La dimisión de Keir Starmer apenas dos años después de la victoria arrolladora del Partido Laborista es algo más que una historia sobre los fracasos del partido o del propio Starmer. Dice algo más amplio sobre las condiciones cada vez más difíciles en las que hoy gobiernan los ejecutivos de las que antes se llamaban "democracias liberales avanzadas". En Europa y más allá, la fragmentación política, la volatilidad electoral y el auge de partidos populistas de oposición han hecho que gobernar sea considerablemente más complicado. Incluso instituciones políticas mayoritarias como las del Reino Unido, que favorecen las mayorías de un solo partido y la estabilidad del ejecutivo, ya no protegen a los gobiernos de los cambios en el estado de ánimo de la opinión pública con la misma eficacia que antes.

Cuando Starmer llegó a Downing Street en julio de 2024, muchos esperaban que el Reino Unido regresara a una etapa política más estable. Tras una década marcada por el Brexit, la crisis constitucional, la sucesión vertiginosa de primeros ministros y una profunda polarización política, la victoria laborista parecía prometer la restauración de la moderación y la normalidad. De hecho, así lo describió el propio Starmer después de las elecciones. Apenas dos años después, dimitió.

"La fragmentación política, la volatilidad electoral y el auge de partidos populistas de oposición han hecho que gobernar sea considerablemente más complicado"
Las explicaciones inmediatas son conocidas. Su gobierno acumuló una serie de errores políticos, controversias dañinas y giros impopulares en algunas políticas públicas. El Partido Laborista obtuvo malos resultados en las elecciones locales y regionales de mayo de 2026, y muchos señalaron las carencias de liderazgo de Starmer, en particular su débil capacidad comunicativa y su incapacidad para establecer una conexión emocional con los votantes. Todos estos factores influyeron, sin duda. Pero son solo una parte de la historia.

El gobierno de Starmer

La prudencia y el incrementalismo de Starmer desembocaron en varios giros políticos perjudiciales, especialmente en torno a la identificación digital, el impuesto de sucesiones para los agricultores y los pagos para calefacción en invierno, lo que reforzó la imagen de un gobierno que reaccionaba a los acontecimientos en lugar de moldearlos. Otros errores políticos siguieron erosionando su capital político. La controversia sobre regalos y donaciones reforzó la percepción de una clase política desconectada de los votantes corrientes. El nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos derivó en un problema político cuando se hicieron públicos los vínculos de Mandelson con el desacreditado multimillonario Jeffrey Epstein.

"El mandato de Starmer no fue un fracaso evidente, lo que hace que la rapidez de su caída resulte especialmente llamativa"
Al mismo tiempo, según la mayoría de los indicadores, y especialmente si se compara con algunos de sus predecesores recientes, el mandato de Starmer no fue un fracaso evidente, lo que hace que la rapidez de su caída resulte especialmente llamativa. El Partido Laborista llegó al poder con una amplia mayoría parlamentaria y avanzó con relativa rapidez en la aplicación de partes clave de su programa. Esto fue notable teniendo en cuenta el apoyo desigual a Starmer dentro del grupo parlamentario laborista y la posición electoral precaria de muchos diputados del partido. El gobierno reforzó los derechos de los trabajadores mediante reformas de la baja por enfermedad, el permiso parental y los contratos de cero horas. Introdujo mayores protecciones para los inquilinos, impulsó su agenda de energía verde y logró avances en la reducción de las listas de espera del Sistema Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés). Después de años de turbulencia política, también restauró cierto grado de credibilidad en la posición internacional del Reino Unido en un momento de considerable incertidumbre geopolítica.

Las elecciones locales de mayo de 2026

El desencadenante inmediato de la caída de Starmer fue el mal resultado del Partido Laborista en las elecciones locales de mayo de 2026. En 136 ayuntamientos ingleses, el partido perdió cerca de 1.500 concejales. Al mismo tiempo, el partido populista de derecha radical Reform UK, el último vehículo político de Nigel Farage tras UKIP y el Partido del Brexit, obtuvo 1.452 concejales, prácticamente la misma cifra que perdió el Partido Laborista. Los Verdes también lograron un resultado sólido, mientras que los conservadores continuaron su declive. El panorama apenas fue mejor para el Partido Laborista en las elecciones regionales de Escocia y Gales. En Escocia, el partido registró su peor resultado —17 escaños, cinco menos que su anterior mínimo de 2021— desde la creación del Parlamento autónomo. En Gales, perdió el control del Senedd por primera vez desde la descentralización, al pasar de 30 a solo 9 escaños pese a la ampliación de la asamblea regional de 60 a 96 escaños.

Las consecuencias políticas de la derrota fueron inmediatas. El liderazgo de Starmer quedó sometido a una presión creciente. Una semana después de la votación, dimitieron cuatro secretarios de Estado de rango inferior, seguidos dos días después por Wes Streeting, ministro de Sanidad y aspirante al liderazgo laborista. Ese mismo día, el diputado laborista Josh Simons renunció a su escaño en Makerfield para permitir que Andy Burnham, alcalde del Gran Mánchester, concurriera a la elección parcial con vistas a desafiar el liderazgo de Starmer. Según las normas del Partido Laborista, los candidatos a dirigir la formación deben ser diputados en activo. La candidatura de Burnham adquirió una importancia adicional porque solo unos meses antes Starmer había bloqueado su regreso al Parlamento a través de otra elección parcial, una maniobra interpretada ampliamente como un intento de evitar un futuro desafío interno.

Burnham entró en el Parlamento con una victoria arrolladora, al conseguir el 54,8% de los votos, casi un 10% más de lo que el Partido Laborista había obtenido en 2024. Tras haber hecho campaña de forma explícita como futuro aspirante al liderazgo, salió de la elección parcial con un impulso político considerable. Cuatro días después, Starmer dimitió. Salvo acontecimientos muy improbables, Burnham probablemente se convertirá en primer ministro en cuestión de semanas.

Un paisaje político volátil y fragmentado

Y, sin embargo, aunque la magnitud de la derrota laborista en las elecciones locales fue importante, no necesariamente habría provocado la dimisión del primer ministro si la política británica no hubiera cambiado profundamente durante la última década. Históricamente, sobre todo en democracias "mayoritarias" como la británica, unos malos resultados en elecciones locales podían dar lugar, como mucho, a una remodelación limitada del gabinete o a algunos ajustes de política pública. Normalmente no obligaban a dimitir a un primer ministro. Que ahora sí lo hagan se debe más al entorno radicalmente transformado de la política británica durante la última década que a los fracasos de Starmer o de su gobierno.

El largo periodo en el que laboristas y conservadores dominaron la competición electoral ha dado paso gradualmente a un paisaje político más fragmentado y volátil. Los partidos pequeños concentran porcentajes cada vez más significativos del voto. Las lealtades electorales son más débiles que antes. Las elecciones de 2024 aceleraron estas tendencias.
 

La figura 1 ilustra la escala de estos cambios. La volatilidad electoral alcanzó máximos históricos en 2024, mientras que el porcentaje combinado de voto de laboristas y conservadores cayó con fuerza y el número efectivo de partidos casi se duplicó. Fuente: https://doi.org/10.1093/pa/gsaf016.


"El largo periodo en el que laboristas y conservadores dominaron la competición electoral ha dado paso gradualmente a un paisaje político más fragmentado y volátil"
Estos desarrollos no son exclusivos del Reino Unido. Pautas similares pueden observarse en muchas democracias liberales de todo el mundo. Los partidos tradicionales de centroizquierda y centroderecha han experimentado un declive a largo plazo. Un número mayor de votantes cambia de partido entre unas elecciones y otras. Los emprendedores políticos populistas han conseguido movilizar a votantes insatisfechos con los actores políticos establecidos. La política se ha vuelto, al mismo tiempo, más fragmentada y más polarizada.

Este tipo de entornos hace que gobernar sea considerablemente más difícil. Las victorias electorales son menos duraderas porque las coaliciones que las producen son menos estables. Las victorias locales de partidos antes excluidos se convierten en una señal de alarma que ya no puede ignorarse ni acomodarse con ajustes marginales. Los gobiernos afrontan una enorme presión para responder de inmediato a los cambios en el estado de ánimo de la opinión pública. Los reveses políticos que antes podían absorberse se convierten en amenazas potencialmente existenciales.

El ascenso de Reform UK

El marcado ascenso de Reform UK en las encuestas —un partido que, si llegara al poder, probablemente imitaría las políticas y el estilo de gobierno del presidente estadounidense Donald Trump— refuerza la sensación de urgencia ante los cambios bruscos del estado de ánimo electoral. Desde las elecciones generales de 2024, Reform ha pasado de ser un partido de oposición a convertirse en uno de los actores centrales de la política británica. A mediados de 2026, encabezaba varias encuestas nacionales y se había consolidado como el principal vehículo del descontento contra el sistema.
 

Encuesta de encuestas en el Reino Unido. Fuente: 'POLITICO'


Como muchos partidos de centroizquierda en las democracias liberales, el Partido Laborista ha sufrido una fuerte sangría de votantes durante las dos últimas décadas. Ha perdido apoyos tanto por la derecha como por la izquierda. Las consecuencias del voto del Brexit permitieron a los conservadores abrirse paso de forma significativa en antiguos bastiones laboristas del norte de Inglaterra, en particular en las elecciones de 2019. El Partido Laborista recuperó muchos de esos escaños en 2024, pero normalmente solo gracias a la división del voto de derechas entre Reform y los conservadores. Starmer intentó atraer a esos votantes endureciendo las políticas de inmigración y asilo bajo la ministra del Interior Shabana Mahmood, y limitando el acercamiento a la Unión Europea, aunque muchos sostenían que el débil crecimiento británico exigía una estrategia europea más ambiciosa. Sin embargo, eso no bastó para impedir las victorias de Reform en 2026.

"Las consecuencias del voto del Brexit permitieron a los conservadores abrirse paso de forma significativa en antiguos bastiones laboristas del norte de Inglaterra"
Como han subrayado muchos analistas, la amenaza electoral más inmediata para el Partido Laborista procede ahora de la dirección opuesta: de los liberaldemócratas y, sobre todo, del Partido Verde, en rápido ascenso. En las elecciones locales de 2026, se ha estimado que las pérdidas laboristas hacia los Verdes rondaron el 22%, mientras que las fugas hacia Reform fueron aproximadamente una cuarta parte de esa cifra. Investigaciones recientes sugieren que la inseguridad económica es el principal motor de las deserciones laboristas en todo el espectro político, mientras que las preocupaciones sobre la inmigración desempeñan un papel especialmente importante entre los votantes que se desplazan —ahora en menor número— hacia Reform. El Partido Laborista afronta así presiones simultáneas desde ambas direcciones, aunque de distinta intensidad. Si Reform, como sugieren las encuestas, sustituye a los conservadores como principal competidor viable en el lado derecho del espectro político, muchos escaños laboristas del norte de Inglaterra estarán en serio riesgo.

Por supuesto, este no es solo un problema británico. Con formas distintas, está presente en casi todas las democracias liberales actuales y restringe de manera significativa el margen de maniobra de los gobiernos centristas y de centroizquierda. Los intentos de responder a las preocupaciones sobre la inmigración y el cambio cultural corren el riesgo de alienar a los votantes progresistas. Los movimientos pensados para satisfacer a los electorados progresistas pueden fortalecer a los aspirantes de la derecha radical.

Una historia de nuestro tiempo

Estas son características estructurales de la política británica actual y no hay garantía de que Burnham, sean cuales sean sus habilidades políticas, pueda abrir un camino hacia la victoria laborista en las próximas elecciones generales. ¿Cómo promover las políticas de crecimiento necesarias para reducir la inseguridad económica y consolidar el voto laborista sin perspectivas de estabilidad y con el imperativo de ofrecer resultados a corto plazo? ¿Cómo mejorar las perspectivas económicas del país si recomponer de verdad la relación con la Unión Europea sigue siendo un tabú para una minoría amplia del electorado británico? No está claro que ningún líder político pueda resolver fácilmente estos problemas.

Starmer representa un tipo de político que las democracias liberales europeas de posguerra han producido tradicionalmente y, a menudo, han recompensado: serio, pragmático, institucionalista y comprometido con la reforma gradual. No es un populista carismático. Su atractivo descansaba en buena medida en la competencia y la moderación. Lo que hace políticamente significativa su caída no es que esas cualidades no generaran entusiasmo. Eso ha sido cierto muchas veces. Lo relevante es que cada vez parecen más insuficientes para sostener la autoridad política.

La polarización política, la fragmentación electoral, la campaña permanente, las dinámicas de las redes sociales y el declive de la confianza en las instituciones han hecho que el apoyo político sea más volátil y menos duradero, en el Reino Unido como en otros lugares.

"Starmer representa un tipo de político que las democracias liberales europeas de posguerra han producido tradicionalmente y, a menudo, han recompensado"
La dimisión de Starmer no significa necesariamente que la moderación sea imposible ni que la democracia liberal esté condenada. Pero sí ilustra hasta qué punto se ha vuelto difícil gobernar para los líderes políticos moderados. Su caída recuerda el entorno cada vez más exigente en el que deben operar las democracias contemporáneas y los desafíos que aguardan no solo a los sucesores de Starmer, sino a los gobiernos de todo el mundo democrático.
Giovanni Capoccia
Giovanni Capoccia
Profesor de Política Comparada en el Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford.
Catedrático de Política Comparada en la Universidad de Oxford. Trabaja sobre democracia, extremismo y retroceso democrático. Está ultimando un número especial de una revista coeditada sobre 'La lucha contra el iliberalismo en las democracias liberales'.
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