El pasado 19 de marzo, Keir Starmer, Ursula von der Leyen y Antonio Costa firmaron los primeros acuerdos de calado político desde la aprobación del conjunto de acuerdos de las relaciones entre la UE y el Reino Unido en 2021. El primer acuerdo, denominado
Partenariado de Seguridad y Defensa, ahonda en la cooperación en dichas áreas en un momento delicado para el continente europeo asolado por los conflictos. El segundo, titulado
Acuerdo Mutuo, busca iniciar una nueva etapa entre los dos lados del canal de la Mancha y supone el último capítulo del experimento
Global Britain impulsado por los conservadores británicos tras el referéndum de salida de la UE.
Pese a ser un paso adelante significativo por parte del Gobierno laborista, está muy lejos de lo que supondría la membresía británica para el club europeo.
Nuevo Partenariado en Defensa
El nuevo acuerdo en materia de defensa apunta a garantizar el acceso de Londres a los preciados contratos europeos en dicha materia. En un momento en el que la deuda común europea ha sido aprobada con fines de seguridad, la incorporación de un nuevo jugador al naciente mercado europeo de la defensa complicará que actores como las españolas Navantia o Grupo EM&E (antigua Escribano) puedan presentar propuestas competitivas. Esto podría crear cierta resistencia a la hora de aprobar un futuro acuerdo que admita a Reino Unido en los contratos europeos, tal y como ha ocurrido en Francia.
Pese a lo novedoso de lo pactado,
conviene recordar que uno de los tres acuerdos que formaban parte del compromiso de retirada ya se centraba en la seguridad y que desde 2022 Reino Unido forma parte de Cooperación Permanente Estructurada en materia de seguridad y defensa de la Unión (PESCO). De este modo se evidencia que, pese a las reticencias de las capitales europeas a conceder beneficios a Londres tras su salida del club comunitario,
el escaso desarrollo del sector militar en el continente obliga a un acercamiento en esta materia.
"En un momento en el que la deuda común europea ha sido aprobada con fines de seguridad, la incorporación de un nuevo jugador al naciente mercado europeo de la defensa complicará que actores como las españolas Navantia o Grupo EM&E (antigua Escribano) puedan presentar propuestas competitivas"
Es digno de mención también el papel que ha jugado el contexto de seguridad europeo en la firma del acuerdo, ya que varias referencias a la agresión rusa de Ucrania abren los párrafos preliminares del texto.
Reino Unido es uno de los países que más armamento ha proporcionado a Kiev desde el inicio de la guerra y esta decisión tiene un amplio apoyo a la izquierda y a la derecha del espectro político. Quizás esta sea una de las pocas materias en las que el proyecto de
Global Britain esbozado tras el referéndum del Brexit, tenga razón de ser, en materia de seguridad y defensa y siempre en estrecha cooperación con los vecinos europeos.
Otra referencia más velada a actores internacionales podría ser la que se encuentra al final del acuerdo en relación con los "aspectos exteriores de la seguridad económica". Este término es un eufemismo utilizado por las democracias liberales para hacer frente a ataques geoeconómicos por parte de actores autoritarios en la escena internacional. Así, por ejemplo, desde el aumento de asertividad en materia económica por parte de China, la UE se ha dotado de un mecanismo de control de Inversión Extranjera Directa, de una regulación contra los subsidios extranjeros y de otros elementos que buscan proteger al mercado único de injerencias externas.
Más recientemente, la guerra arancelaria de Donald Trump ha justificado la necesidad de este tipo de instrumentos.
La estrategia de seguridad económica británica, pese a haber sido más tardía, se encuentra también en consonancia con los objetivos y el espíritu de la europea, lo que facilita el acercamiento entre potencias.
Acuerdo Mutuo de relaciones entre Bruselas y Londres
En el resto de las áreas,
el Reino Unido no puede volar solo. Así, el segundo acuerdo firmado este lunes, titulado
Acuerdo Mutuo, esboza las relaciones de cooperación entre ambos actores más amplias y no solo centradas en la defensa. Se estructura en torno a cuatro elementos principales:
- El acceso al mercado energético europeo por parte de Londres, entre otras medidas de cooperación económica.
- La seguridad interna y la cooperación judicial.
- La lucha contra la migración irregular y, en contrapartida a los puntos anteriores.
- La garantía de pesca en aguas británicas hasta 2038 para los pescadores europeos.
Pese a la relevancia del último punto, únicamente uno de los sesenta y un párrafos del texto se centra en el acceso para los pescadores europeos.
El posible intento de quitarle hierro a un tema tan sensible para los ciudadanos británicos, no ha jugado a favor de Starmer, ya que tanto los
tories como la derecha radical de Nigel Farage lo han atacado fuertemente por ello. Ante una narrativa de apertura y beneficio para el ciudadano británico, la oposición acusa al Gobierno de vender los derechos de los pescadores británicos. De hecho,
el acceso a las pesquerías británicas fue uno de los puntos más espinosos del acuerdo de retirada británico, tal y como apuntó el negociador en jefe de la UE, Michel Barnier, en sus memorias.
"La sección de lucha contra la migración ilegal del Acuerdo Mutuo responde a una tendencia recientemente adoptada por el Gobierno laborista de cara a plantearse como alternativa a la creciente influencia del Reform UK de Farage"
La sección de lucha contra la migración ilegal del
Acuerdo Mutuo responde a una tendencia recientemente adoptada por el Gobierno laborista de cara a plantearse como alternativa a la creciente influencia del Reform UK de Farage que cosechó grandes resultados en las recientes elecciones municipales. Al intentar dificultar la entrada de inmigrantes en su territorio,
Londres se suma así a una larga lista de capitales europeas, normalmente lideradas por partidos de derecha radical y no socialdemócratas, como Roma o Budapest. De hecho, datos del Migration Observatory de la Universidad de Oxford señalan que, tras el Brexit,
la migración de fuera de la UE hacia el Reino Unido ha aumentado. Lo que refleja la necesidad de mano de obra barata en las islas británicas, que impide, una vez más, sostener la idea de un Reino Unido independiente y próspero desconectado del resto del mundo que se vendió durante la campaña del Brexit.
¿El Principio del fin para el sueño del Brexit?
En este sentido,
la falta de compromiso del actual liderazgo laborista con un segundo referéndum subraya la falta de asunción de la posición real de Londres en el mundo y de la necesidad de una estrecha cooperación con Bruselas para hacer frente a los retos comunes, como se escenificó en el acuerdo de defensa aprobado el lunes. Pese a que la estrategia de adoptar las propuestas de la derecha radical y hacerlas propias puede parecer atractivo a corto plazo para los socialdemócratas británicos,
la experiencia de Francia, Alemania, Italia o EE. UU. enseña su inutilidad a medio y largo plazo. Si Starmer quiere un partido laborista fuerte, deberá intentar diferenciarse y no mimetizarse con las estrategias de sus adversarios.
Una apuesta firme por la UE es una manera de conseguir este objetivo y los acuerdos firmados recientemente pueden suponer el primer paso para reconstruir dicha relación.