Martes, 28 de julio de 2026
BALCANES

¡Albania no está en venta!

Albania afronta una nueva protesta contra la corrupción a partir de un megaproyecto turístico vinculado a Ivanka Trump y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense, analiza la llamada "Revolución de los Flamencos" y advierte de que "lo que está en juego es la credibilidad del proceso de transformación democrática albanés".

Ruth Ferrero-Turrión Ruth Ferrero-Turrión 17 de junio de 2026
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Las protestas en Tirana, la capital de Albania, contra el resort vinculado a Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump.  | Vlasov Sulaj/Jna Press / Zuma Press / Europa Press
Las protestas en Tirana, la capital de Albania, contra el resort vinculado a Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump. | Vlasov Sulaj/Jna Press / Zuma Press / Europa Press
Las revoluciones rara vez comienzan donde se espera. En la Albania de 2026, una de las movilizaciones sociales más importantes de los últimos años ha surgido en torno a una laguna costera habitada por flamencos y pelícanos. Lo que podría parecer una protesta ecologista local ha crecido rápidamente hasta convertirse en un debate nacional sobre corrupción, poder político y futuro europeo.

La ya denominada "Revolución de los Flamencos" ha llevado a miles de ciudadanos a las calles para protestar contra un megaproyecto turístico impulsado por Ivanka Trump y Jared Kushner en la isla de Sazan y la región costera de Zvërnec, en el sur del país. El nombre del movimiento hace referencia a la laguna Vjosa-Narta, uno de los humedales más importantes de los Balcanes y hábitat de numerosas especies migratorias, entre ellas flamencos y pelícanos.

A primera vista, la controversia parece encajar en un patrón cada vez más habitual: el del enfrentamiento entre desarrollo económico y protección medioambiental. Sin embargo, limitar el análisis a esta dimensión supondría ignorar el verdadero alcance político del conflicto.

La región de Zvërnec fue declarada paisaje protegido en 2004. No obstante, en 2024 el Parlamento albanés modificó la legislación para facilitar excepciones a la protección ambiental cuando existieran proyectos considerados de interés para el desarrollo económico. Dos años después, esa reforma se encuentra en el centro de una de las mayores controversias políticas del país.

"La ya denominada «Revolución de los Flamencos» ha llevado a miles de ciudadanos a protestar contra un megaproyecto turístico impulsado por Ivanka Trump y Jared Kushner"
El proyecto vinculado a la familia Trump, a través de la firma de inversión Affinity Partners, prevé una inversión estimada en más de 5.000 millones de dólares e incluiría aproximadamente 10.000 habitaciones hoteleras, centenares de villas y un complejo turístico de lujo que sus promotores presentan como un modelo de desarrollo sostenible. Se trata de una iniciativa de dimensiones sin precedentes para Albania, comparable al proyecto que Jared Kushner pretendió desarrollar en Serbia, en el complejo del Generalštab (Estado Mayor del Ejército yugoslavo), en Belgrado, mediante su demolición y la construcción de un hotel de lujo. Este terminó siendo abandonado en 2025 tras verse envuelto en un importante escándalo político y económico, después de que el Gobierno serbio retirara la protección patrimonial del edificio. A raíz de este escándalo, resultó imputado el ministro serbio de Cultura.

La participación de la familia Trump ha atraído inevitablemente la atención internacional. Su nombre añade visibilidad mediática, glamur y controversia a partes iguales. Sin embargo, centrar el debate exclusivamente en los inversores estadounidenses conduce a una lectura simplista del problema. Lo verdaderamente relevante no es quién invierte, sino cómo se toman las decisiones políticas que permiten esas inversiones y quién se beneficia de ellas. De este modo, la cuestión fundamental para muchos ciudadanos albaneses no es la presencia de capital extranjero, sino la persistencia de mecanismos de poder caracterizados por la opacidad, la debilidad institucional y la proximidad entre élites políticas y económicas.

En este sentido, la Revolución de los Flamencos se ha convertido en un síntoma de un malestar que se adentra en diversas capas. Las protestas expresan la creciente frustración de una sociedad que, pese a los avances experimentados durante las últimas décadas, sigue percibiendo que el acceso a los recursos, las oportunidades económicas y las decisiones estratégicas continúa condicionado por redes clientelares y relaciones de influencia.

"Lo verdaderamente relevante no es quién invierte, sino cómo se toman las decisiones políticas que permiten esas inversiones y quién se beneficia de ellas"
La corrupción sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales del país. Y ello, pese a los avances de los últimos años en este campo, como la creación de la Estructura Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado (SPAK), que ha sido considerada una de las reformas institucionales más relevantes impulsadas en el marco del proceso de aproximación a la Unión Europea. La relevancia de la SPAK reside precisamente en su carácter independiente. Por primera vez, altos cargos políticos, empresarios influyentes y figuras tradicionalmente protegidas por las redes de poder han comenzado a ser objeto de investigaciones judiciales. En el caso de Zvërnec, la agencia ha abierto una investigación sobre posibles irregularidades relacionadas con los cambios legislativos, los procedimientos de concesión de permisos y la actuación de determinados empresarios locales actualmente sometidos a procesos judiciales.

Aunque todavía es pronto para anticipar conclusiones, la investigación podría tener consecuencias significativas para el calendario del proyecto e incluso generar nuevos obstáculos legales para su desarrollo.

La paradoja es que esta controversia se produce precisamente en un momento en que Albania intenta proyectar una imagen de modernización institucional y compromiso reformista. El ejemplo más llamativo quizá fue la creación, el pasado año, de "Diella", una ministra virtual diseñada mediante inteligencia artificial con el objetivo de supervisar el gasto público y detectar posibles prácticas corruptas en la administración. La iniciativa fue presentada por el Gobierno como una muestra de innovación tecnológica aplicada a la gobernanza pública. Sin embargo, la ironía política no ha pasado desapercibida para la opinión pública albanesa, puesto que la agencia responsable del desarrollo de esta herramienta se encuentra actualmente bajo investigación por presuntas irregularidades.

Más allá de lo anecdótico, el episodio deja enseñanzas. La lucha contra la corrupción no depende únicamente de herramientas tecnológicas ni de campañas de comunicación institucional. Requiere fortalecer mecanismos de control, garantizar la independencia judicial y consolidar una cultura política basada en la rendición de cuentas.

"La lucha contra la corrupción no depende únicamente de herramientas tecnológicas ni de campañas de comunicación institucional"
Todo ello adquiere una relevancia especial en el contexto de la futura adhesión de Albania a la Unión Europea. Durante años, Bruselas ha insistido en que el progreso de los Balcanes Occidentales dependerá tanto de las reformas económicas como de la consolidación del Estado de derecho. La calidad democrática ya no se mide únicamente por la celebración de elecciones libres, sino también por la capacidad de las instituciones para garantizar transparencia, limitar la captura del Estado por intereses privados y proteger el interés general.

De este modo, las movilizaciones en Albania trascienden ampliamente el caso concreto de Zvërnec. De hecho, reflejan algunos de los dilemas fundamentales que enfrentan hoy numerosas democracias europeas. Por eso, la importancia de estas protestas va más allá del futuro de una laguna o de un complejo turístico. Lo que está en juego es la credibilidad del proceso de transformación democrática albanés. Los flamencos han terminado convirtiéndose en un símbolo de algo mucho más amplio: la exigencia ciudadana de que el desarrollo económico no pueda construirse al margen de la transparencia, la legalidad y el interés público.

En esta ocasión, parece poco probable que el proyecto se cancele, aunque quizá el resultado de las investigaciones en curso y la presión social generada por las movilizaciones podrían modificar sustancialmente sus condiciones de ejecución. Sea como fuere, la Revolución de los Flamencos ya está consiguiendo un objetivo político relevante: la conversión de una cuestión aparentemente ambiental en un debate nacional sobre la calidad de la democracia.

Quizá esa sea la principal lección que ofrece hoy Albania. Porque detrás de los flamencos, de los hoteles de lujo y de los apellidos célebres, lo que está aflorando es una discusión sobre el poder. Sobre quién lo ejerce, en beneficio de quién y bajo qué mecanismos de control. Una discusión que afecta directamente al futuro europeo del país y que, en realidad, interpela también al conjunto de Europa.
Ruth Ferrero-Turrión
Ruth Ferrero-Turrión
Profesora Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (Icei).
Participación