Aparentemente, en un triángulo son los vértices los que lo unen todo; por ende, esa es la esencia de tal figura geométrica. Pero, en la política, no todo es lo que parece:
hay vértices invisibles, incluso ajenos, que, inexplicablemente, terminan conformando tramas y formas subsecuentes. No son pocos los casos, pero hoy hay uno que, conforme avanzan las investigaciones, paradójicamente, aparecen más preguntas que respuestas. Ese es
el caso Zapatero, uno que
ha creado un triángulo, una red de opacidades entre Washington, Caracas y Madrid.
Antes de centrarnos en la capital española como el vértice donde todo converge, vamos al inicio. Como todos sabemos, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero fue imputado el 23 de mayo por el juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional. Se le acusa de liderar una
"estructura organizada y estable" dedicada al tráfico de influencias y blanqueo de capitales, es decir, un caso cuyo epicentro es el rescate de la aerolínea Plus Ultra, que recibió 53 millones de euros en 2021. La operación, presentada como apoyo a una compañía estratégica, terminó siendo
el hilo que desató la investigación.
"Caracas no era solo un lugar de mediación política, sino un nodo de capitales oscuros que terminaría ensuciando a un expresidente español"
Primer vértice:
Caracas como escenario. El vínculo con Venezuela es central:
Plus Ultra tenía capital venezolano y socios ligados al chavismo. La investigación (ahora dirigida desde Washington) apunta a que Zapatero pudo haber utilizado su rol de mediador con Caracas para facilitar negocios oscuros, además de haber recibido comisiones de hasta 1,9 millones de euros. Además,
empresas pantalla como Análisis Relevante simulaban consultorías para justificar los pagos con una apariencia legal. De esta manera,
Caracas no era solo un lugar de mediación política, sino un nodo de capitales oscuros que terminaría ensuciando a un expresidente español. Este caso hizo saltar las alarmas sobre el papel de Zapatero como mediador político y diplomático. Ya lo dijo la periodista Lucía Méndez en su columna
"Se le acabó la suerte: sus amigos le decían que tuviera cuidado" y, en efecto, a José Luis Rodríguez Zapatero le iba a salir carísimo el vínculo con las operaciones opacas de Plus Ultra y Caracas.
Segundo vértice:
Washington entra en escena. La agencia estadounidense Homeland Security Investigations (HSI) colaboró con la Policía Nacional española, aportando documentación sobre operaciones de blanqueo vinculadas a Venezuela. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS)
confirmó el mes pasado su participación en el caso, y eso le dio a esta investigación carácter transnacional. Cabe destacar que, como señala una pieza del diario
El País, Estados Unidos ya había intentado bloquear cuentas en bancos suizos relacionadas con estas operaciones,
reforzando la dimensión global del escándalo.
"Esta es la primera vez, desde la transición democrática, que un expresidente español se enfrenta a una imputación formal por corrupción"
Tercer vértice:
Madrid como epicentro judicial del caso. Aquí es donde todo converge. Esta es la primera vez, desde la transición democrática, que un expresidente español se enfrenta a una imputación formal por corrupción. Tras el registro por parte de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) del despacho de Zapatero en Ferraz, no quedaron dudas:
más de cien piezas de alta joyería, relojes de lujo, así como documentos de empresas fantasma y facturas falsas encontradas en su caja fuerte, lo pusieron bajo la lupa de la justicia.
Ahora bien, Pedro Sánchez defiende la presunción de inocencia de Zapatero; la cita para la declaración del expresidente fue aplazada para la próxima semana y, como destaca J. P. Carroll en este medio, aunque en Estados Unidos se trata de un caso que apenas ha tenido cobertura, sí que se percibe como
"un terremoto político y judicial de dimensiones trasatlánticas".
¿Cuáles son las claves de este caso y cuál sería el impacto político en España de una trama cuyo epicentro es Caracas?
La geometría de un presunto caso de corrupción global
En Washington comenzó la pesquisa, como si el dinero tuviera olor y los sabuesos de Homeland Security Investigations pudieran seguirlo por túneles invisibles. Los informes hablan de
transferencias que cruzaban a través de paraísos fiscales y sociedades vinculadas a Zapatero. Y así el triángulo quedó trazado con precisión: Caracas como el origen, Washington como rastreador y Madrid como juez. Puesto en un mapa: cada cifra parece una huella; cada factura, un indicio; cada nombre, un eco de corrupción.
La clave venezolana. Caracas es la ciudad desde la que, presuntamente,
se proveían los fondos, disfrazados de consultorías imposibles y de contratos que nunca nadie ejecutó. De esa manera, el dinero viajaba como un espectro y se convertía en comisiones escondidas en empresas pantalla. Allí estaban los vínculos con Plus Ultra, con el chavismo y con un sistema que, según Estados Unidos,
convertía favores políticos en euros contantes y sonantes.
"Washington impulsó la investigación, aportando información rastreada desde Venezuela; Caracas apareció como el origen del dinero opaco; y Madrid está siendo el escenario judicial"
Después viene Madrid, el epicentro judicial y escenario de uno de los escándalos más fuertes dentro del socialismo español. Cuando la UDEF abrió las cajas fuertes en la oficina del expresidente en Ferraz,
los jueces encontraron nombres que solo complicaron más el caso: Laura y Alba Rodríguez Espinosa, las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero. Después de que las autoridades revisaran las facturas falsas, correos electrónicos y demás documentos ahí encontrados, ambas quedaron vinculadas a la investigación vía su empresa Whathefav. Es decir,
el impacto del caso no se quedó en lo político, sino que alcanzó a lo familiar.
Y así es como el triángulo se cierra: Washington impulsó la investigación, aportando información rastreada desde Venezuela; Caracas apareció como el origen del dinero opaco; y Madrid está siendo el escenario judicial
donde se decidirá si Zapatero es inocente, o si este escándalo nos recuerda a la corrupción de los años noventa. En medio de la trama queda el expresidente atrapado en
una geometría que parece escrita por un narrador obsesionado con las pruebas, como Sherlock Holmes revisando cada detalle, cada minucia. Solo que, en este caso,
el escándalo no es solo judicial, sino geopolítico, porque Estados Unidos aparece como vigilante, Venezuela como proveedor y España como juez.
Dicho sea de paso y, como no podía ser de otra manera, este escándalo ha avivado el fuego entre las
dos Españas: la de la izquierda y la de la derecha. Nuevamente, citando a Lucía Méndez, en otra de sus columnas ella sostiene que este caso
no solo tendrá consecuencias en el PSOE, sino en toda la izquierda. Por otra parte, el periodista y director de
elDiario.es, Ignacio Escolar, mantiene una postura cautelosa: reconoce que hay indicios graves en este caso, pero insiste en que aún no existe prueba directa que incrimine a Zapatero. En sus columnas y en hilos en X, subraya que la colaboración de Homeland Security Investigations con la UDEF fue clave para la investigación, aunque advierte que
la justicia debe demostrar si el expresidente participó personalmente en los negocios opacos.
¿Cuál es el impacto en la política? Sin duda alguna,
la idea del terremoto político sigue presente. Mientras Pedro Sánchez ha reiterado su "apoyo total" a su antecesor, algunos socios como el PNV o Coalición Canaria han expresado que la vía quizá sea pedir elecciones o plantear una cuestión de confianza. Lo único cierto es que la última palabra
la tendrá la justicia. No obstante, independientemente de la decisión judicial que emane de Madrid,
Washington, como en todo aquel asunto en el que la palabra Caracas esté presente, seguirá investigando y enviando a sus sabuesos a rastrear hasta lo más profundo.