Once años atrás, en una sala de Bruselas,
la Unión Europea y México se miraban como quien intenta descifrarse en un espejo ajeno: con curiosidad y cuidado; con intención, pero también con distancia. Desde entonces, la relación se ha ido tejiendo entre hilos de aranceles, promesas de cooperación y discursos sobre futuros promisorios. Ha sido un camino con picos de cercanía, así como largos periodos de lejanía. Pero, hoy, después de más de una década de cordialidad distante,
Ursula von der Leyen, Claudia Sheinbaum, António Costa y Antonio López-Istúriz sellaron, sobre papel y tinta, la voluntad de ambas regiones de trazar nuevos puentes de cara al convulso mapa geopolítico actual.
En 2015, como es lógico entre dos potencias comerciales de tal envergadura,
los aranceles fueron la primera frontera que se intentó derribar. Europa buscaba abrirse un hueco cada vez mayor en México (y lo logró, sobre todo, vía las empresas de sectores como el agroindustrial y el automotriz. Cabe destacar que más de 11.000 empresas europeas operan en México y generan más de cinco millones de empleos directos, según datos de la Comisión Europea); y
México, con muchas más complicaciones, buscaba diversificar su cartera exportadora más allá de su sombra estadounidense. En aquel entonces, se habló de cuotas, de acceso preferencial, de cómo las relaciones comerciales funcionaban como la llave para abrir la relación hacia caminos menos asimétricos.
Pero, más allá de las buenas intenciones y de los discursos protocolarios,
había cifras que obligaban a los europeos y a los mexicanos a negociar en el terreno de la realidad: ambos se vieron obligados a preguntarse si podían (comercialmente hablando) confiar en el otro, y si el intercambio de mercancías podría ser la apuesta fuerte para una relación que difícilmente sería prioritaria para cualquiera de las partes. Eran, definitivamente, tiempos muy distintos: México comenzaba a ver cómo el prometedor proyecto de
Enrique Peña Nieto (hoy residente en España) se derrumbaba hasta los cimientos; y
la Unión Europea exhibía, como nunca antes, las grietas y las desigualdades no superadas desde la devastadora crisis económica de 2008.
"Pasaron los años y, durante los seis años de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la relación de México con Europa nunca tuvo prioridad en su agenda"
Después apareció el tema de la seguridad en la agenda. Llegó como un recordatorio de que el mundo no se reduce a contenedores y tratados.
México ofreció cooperación en la lucha contra el crimen organizado, mientras que Europa propuso apoyo técnico y fondos. Eso llevó a lo diplomático: embajadas que aumentaban los encuentros en sus agendas, comunicados sosteniendo la idea de "socios estratégicos". Sin embargo,
la realidad siguió siendo más pragmática que romántica. Pasaron los años y, durante los seis años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador —de transformaciones radicales en el sistema político mexicano—, la relación de México con Europa nunca tuvo prioridad en su agenda. Todo lo contrario.
Pero hoy la historia ya es diferente. El pasado 22 de mayo, en la capital mexicana,
la delegación de la Unión Europea y Claudia Sheinbaum hicieron algo más que sentarse a la mesa con las agendas abiertas: celebraron la octava cumbre entre ambas partes, se miraron de frente y firmaron un acuerdo histórico que no solo recompone las relaciones entre el grupo de los veintisiete y el país azteca, sino que abre una nueva vía de cooperación, de comercio y de visión con valores compartidos, frente a un cambiante, convulso y frenético panorama político constantemente agitado por la Administración Trump. Ahora bien, ¿cuáles son las claves de este acuerdo? ¿Qué significa (técnicamente) la firma de ese documento en el proceso de vinculación comercial y de cooperación? Y, sobre todo, ante el agitado y tan cambiante escenario geopolítico mundial, ¿qué representa la modernización y el fortalecimiento de la alianza transatlántica?
Las claves de un acuerdo que recompone las relaciones atlánticas
Al navegar por la cuenta de la Unión Europea en X, es posible encontrar
decenas de contenidos exaltando la cooperación. "Europol y las fuerzas del orden mexicanas están intensificando la cooperación contra el crimen organizado"… "El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maroš Šefčovič, inauguraron la Cumbre Empresarial México-Unión Europea, rumbo a la firma del Acuerdo Global Modernizado México-UE", y, así,
ad infinitum. También, por supuesto,
se destacan vídeos y fotos del encuentro entre Ursula von der Leyen y una delegación mexicana de mujeres indígenas en el Museo de Antropología (uno de los más importantes dentro de la ciudad con más museos en el mundo), que destacan la importancia de las políticas de género en ambas orillas atlánticas.
Sin embargo,
al margen de las buenas intenciones y del niquelado protocolo diplomático de las actividades previas a la esperada firma,
es necesario ahondar en los detalles técnicos de dicho acuerdo. Gracias a un documento al que
Agenda Pública ha tenido acceso, vía la delegación del Parlamento Europeo para las relaciones entre la Unión Europea y México,
la modernización de este documento es "un acuerdo de asociación de nueva generación entre la Unión Europea y México que moderniza el Acuerdo Global vigente desde el año 2000". Es decir,
no se trata únicamente de un tratado comercial, sino de un acuerdo integral que combina e integra tres pilares: el político, el de cooperación y el comercial.
Sobre el primer pilar,
los temas incluidos son el diálogo político, la democracia y el Estado de derecho (como elementos prioritarios), los derechos humanos y la seguridad, además de la cooperación internacional. El segundo se refiere a temas más específicos, como
la transición energética (
un punto clave para ambas partes y que forma una alianza estratégica frente a las nuevas políticas energéticas de Estados Unidos), así como el medio ambiente y el cambio climático, además de la innovación tecnológica. Por último,
el tercer pilar trata de la eliminación de aranceles (un tema complejo, en el que solo se ha avanzado en la primera fase, es decir, la resolución de este rubro aún tiene por delante futuros pasos procesales), la inversión, la contratación pública y el comercio digital.
"La principal innovación jurídica del documento entre la UE y México es el modelo 'split' (dividido), que divide el tratado en dos partes para acelerar su aplicación"
Por otra parte,
¿cuál es la novedad en esta versión del acuerdo? La principal innovación jurídica del documento entre la UE y México es el modelo
split (dividido), que divide el tratado en dos partes para acelerar su aplicación. Por un lado, está el Acuerdo Comercial Interino,
limitado a materias de competencia exclusiva de la Unión Europea, como comercio, servicios y contratación pública, que solo requiere aprobación del Consejo y el Parlamento Europeo. Por otro lado, tenemos el Acuerdo Global Modernizado, de carácter mixto, que incluye cooperación política y diálogo institucional, y que sí necesita ratificación en los parlamentos nacionales. Así,
la parte comercial puede entrar en vigor rápidamente, mientras se completa el proceso más complejo de validación política.
¿Qué esperar después de la firma?
Primero, cabe destacar que
las negociaciones para la modernización de este acuerdo comenzaron en 2016. Dos años más tarde, hubo un principio de acuerdo y, prácticamente, los detalles técnicos no se cerraron hasta 2020. No obstante, la conclusión política definitiva fue anunciada en enero de 2025,
justo cuando el mapa global volvió a ver al proteccionismo como primera defensa y ante la escalada de las amenazas arancelarias del recién estrenado Gobierno estadounidense.
Ahora bien, respondiendo a la pregunta del subtítulo y remitiéndonos al documento del Parlamento Europeo,
la firma no equivale a la entrada en vigor del acuerdo. Jurídicamente, la firma significa lo siguiente: la autenticación del texto, es decir, queda oficialmente establecido; representa un compromiso formal, en el que ambas partes han expresado la voluntad de cumplir con lo establecido en el documento; y, por último,
la activación de los procesos de aprobación, es decir, que comienza formalmente la fase de ratificación.
Entonces, ¿cuándo entrará en vigor? Son cuatro los pasos a seguir. Primero,
el Consejo de la Unión Europea debe aprobar el texto (se necesita una mayoría del 55%, lo que equivale a quince Estados miembros de los veintisiete —es decir, al menos el 65% de la población de la Unión—). Después, el Parlamento Europeo debe dar su consentimiento. Tercero, los Estados miembros deberán completar sus ratificaciones. Y, en cuarto lugar, México tendrá que completar sus procesos internos para la puesta en marcha del acuerdo.
"Las buenas noticias serían, en todo caso, para las partes involucradas en los temas comerciales, ya que los avances allí quedan en manos del propio Parlamento y del Consejo"
En pocas palabras, y como sostienen fuentes del Parlamento Europeo a este medio, "la firma representa un paso histórico, pero no es el final del camino". Las buenas noticias serían, en todo caso, para las partes involucradas en los temas comerciales, ya que los avances allí quedan en manos del propio Parlamento y del Consejo.
El reto lo supone el tramo político que deberá recorrer cada uno de los Estados involucrados en el resto del proceso. Y es que los grandes acuerdos necesitan estar a la altura de las grandes democracias, y eso lleva tiempo.
Finalmente, cabe subrayar que, además de la construcción de nuevas vías comerciales para horizontes económicos más promisorios, del fortalecimiento de la cooperación en materia de seguridad ante amenazas criminales de índole global, y de la construcción de alianzas estratégicas fundadas en valores compartidos,
esta nueva versión del acuerdo entre la Unión Europea y México representa un nuevo contrapeso ante la hegemonía impositiva de la Administración de Donald Trump.