"Antes que ninguna otra cosa, España necesita lo más elemental:
un gobierno con autonomía para gobernar y una mayoría para defender el interés general por encima de todo". Estas palabras del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, en la Reunión del Cercle d'Economia 2026, atajan directamente el "elefante en la habitación" —según dijo el gallego—:
la nueva apuesta por una moción de censura instrumental liderada por el Partido Popular (PP).
Importa el contexto e importa la estrategia. Feijóo se estaba dirigiendo a
los principales líderes empresariales de Catalunya y, antes de hablar de la autonomía estratégica, que era el tema central de la reunión,
hizo un repaso del panorama político que solo puede entenderse como una llamada a Junts. Y el partido de Carles Puigdemont ha recogido el guante.
"Este requerimiento es una humillación calculada, un peaje de altísimo coste político que obliga al PP a afrontar de forma directa sus propias contradicciones"
Jordi Turull, secretario general de Junts, ha lanzado (mientras sigue en contacto con Miguel Tellado, con quien, según nuestras fuentes, tiene una buena relación)
un órdago, o más bien un troleo, a Alberto Núñez Feijóo: si la propuesta del PP para presentar una moción de censura va "en serio",
el líder conservador debe peregrinar a Waterloo (Bélgica) para negociar, frente a frente, con Carles Puigdemont.
Este requerimiento es una humillación calculada, un peaje de altísimo coste político que obliga al PP a afrontar de forma directa sus propias contradicciones.
Para entender cómo hemos llegado a este punto de ebullición y calibrar el verdadero riesgo que asume Feijóo, hay que encajar varias piezas. Algunas de ellas ya han sido abordadas por distintos analistas en este medio.
De la moción "precipitada" a la moción "imprescindible"
Hace exactamente un año, en junio de 2025, cuando el sanchismo se tambaleaba asediado por la llamada "crisis Cerdán", que incorpora a Ábalos y a Koldo,
el debate sobre la necesidad de que el Partido Popular diera un paso al frente ya monopolizaba las tertulias y las portadas. En aquel momento, el exdiputado del PP catalán Joan López Alegre publicaba un análisis
que ya hablaba de una moción de censura, apuntando que
era precipitada en aquel momento, pero mañana imprescindible.
"La sola amenaza de la moción operara como un pegamento de emergencia para forzar a los socios de investidura a cerrar filas en torno a Pedro Sánchez"
López Alegre argumentaba que, si bien la opinión pública esperaba de sus líderes "coraje", activar el mecanismo constitucional de la censura en aquel instante habría sido un error mayúsculo. El principal riesgo, señalaba, era que la sola amenaza de la moción operara como un pegamento de emergencia para forzar a los socios de investidura a cerrar filas en torno a Pedro Sánchez. En junio de 2025,
ni Junts, ni ERC, ni Bildu, ni mucho menos un PNV aterrorizado por la posibilidad de perder la Lehendakaritza, estaban en condiciones de apoyar al PP.
Hoy, doce meses después, ese "mañana imprescindible" parece haber llamado a la puerta de Génova 13. Feijóo, consciente de que
la legislatura agoniza ante la incapacidad del PSOE para aprobar leyes o presupuestos, ha puesto sobre la mesa una moción de censura puramente "instrumental". Su promesa a los nacionalistas y soberanistas es clara. Les pide sus votos no para gobernar con Vox —al que excluiría de la ecuación del gobierno transitorio—, sino con el único propósito de
disolver las Cortes de forma inmediata y convocar elecciones anticipadas. Sobre el papel, la aritmética podría cuadrar. En la práctica, la política es psicología, y Junts ha decidido someter a Feijóo al test de estrés definitivo. El gallego sabe que no es el preferido de los votantes del PNV y de Junts, de ahí que solo sea imaginable esta moción instrumental.
El coste de legitimar a Puigdemont
El requerimiento de Turull ("las reuniones con la máxima dirección se hacen en Waterloo") es
un acierto desde la perspectiva independentista y una trampa para el líder de la oposición. ¿Puede el hombre que ha cimentado su labor opositora en la denuncia implacable de la ley de amnistía, que ha sacado a cientos de miles de personas a la calle contra los pactos de Sánchez con el independentismo, subirse a un avión rumbo a Bélgica para pedirle los votos a Puigdemont?
"Una fotografía de Feijóo estrechando la mano de Carles Puigdemont en la casa de Waterloo sería considerada alta traición por buena parte de su electorado"
La respuesta a esa pregunta, desde la lectura de la supervivencia del liderazgo de Feijóo, debería ser un rotundo no. El PP actual vive bajo la vigilancia permanente del ala dura de la derecha sociológica y mediática. Una fotografía de Feijóo estrechando la mano de Carles Puigdemont en la casa de Waterloo sería considerada alta traición por buena parte de su electorado y, con toda seguridad,
sería aprovechada por Santiago Abascal para dinamitar cualquier fuga de votos de Vox hacia el PP.
El independentismo lo sabe. Junts da la actual legislatura por agotada. Se sienten engañados por un Pedro Sánchez al que acusan de
"comprar tiempo" con excusas parlamentarias e incumplimientos de los acuerdos. Pero Carles Puigdemont no va a regalarle gratis a Alberto Núñez Feijóo la cabeza del presidente del Gobierno. Si el PP quiere la Moncloa, aunque sea por unos días para convocar elecciones, tendrá que pagar el precio de lavar la imagen de Puigdemont, otorgándole la categoría de
"hacedor de reyes" no solo para la izquierda, sino también para la derecha institucional.
Con todo, la política se hace entre bambalinas y
lo que para muchos es un no de Junts a Feijóo puede significar que por detrás ya han empezado las negociaciones. En el escenario, todavía hipotético, de una moción de censura encabezada por el gallego con el apoyo decisivo de Junts,
las relaciones entre Foment del Treball y la CEOE son más que importantes.
Foment ocupa una posición particular como
puente entre el empresariado catalán y los centros de decisión de Madrid. Desde la llegada de Josep Sánchez Llibre a la presidencia de la patronal catalana, la estrategia ha consistido precisamente en recuperar influencia en la política económica española mediante una estrecha interlocución con la CEOE y con los principales actores políticos nacionales. En ese contexto, un eventual entendimiento entre el PP y Junts podría ser interpretado por parte de sectores empresariales como
una oportunidad para rebajar la tensión territorial y abrir una nueva fase de negociación política. Foment, históricamente partidaria del diálogo institucional y de una mayor integración de Catalunya en los espacios de decisión estatales, se encontraría en una posición especialmente cómoda para facilitar puentes informales entre ambos ámbitos. Hace dos días, Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, se mostraba muy a favor de un adelanto electoral. Más que actuar como actores políticos directos, ambas organizaciones podrían desempeñar
un papel de acompañamiento y legitimación económica de una operación que exigiría construir confianza entre Madrid y Barcelona.
¿Hay un espectador beneficiado?
Mientras tanto, en el Palacio de la Moncloa practican la máxima de que gobernar es resistir, y resistir, hoy en España, es
lograr que tus enemigos se equivoquen antes que tú.
En un análisis del verano pasado en
Agenda Pública, titulado
La democracia española se merece otra política, el editor y director de este medio, Marc López Plana, reflexionaba sobre
la degradación institucional. Advirtió entonces que "cualquier opción que pase por intentar resistir como si aquí no hubiera pasado nada no es responsable", pero añadía una crítica igualmente severa hacia
"una oposición que viva con entusiasmo desde la barrera la lenta degradación del Gobierno".
"Pedro Sánchez sigue confiando en la táctica de la supervivencia diaria, dirigiendo un Ejecutivo con constantes averías y con una mayoría cada vez menos operativa en el Congreso"
Esa es, en esencia, la situación de la política española en 2026. Pedro Sánchez sigue confiando en la táctica de la supervivencia diaria, dirigiendo un Ejecutivo con constantes averías y con una mayoría cada vez menos operativa en el Congreso. Feijóo, por su parte, se ve presionado a pulsar el botón nuclear de la moción de censura, a sabiendas de que,
de las seis mociones presentadas en la historia de la democracia española desde 1977, solo una ha prosperado: precisamente la que aupó a Sánchez en 2018. En aquel entonces, el triunfo se debió, en gran medida, al rechazo unánime que generaba la corrupción del PP en aquel momento.
En momentos de bloqueo de la gobernabilidad,
la democracia necesita herramientas de descompresión. Tanto el presidente del Gobierno como el líder de la oposición tienen la obligación institucional de definir con qué apoyos cuentan, ya sea para continuar con la legislatura hasta 2027 o para finiquitarla de inmediato. Ha llegado el momento de que
cada líder político tome conciencia de quién es, por qué está ahí y qué lugar ocupa en este país.
Quizá la opción de una moción de censura instrumental es más
un acto de voluntarismo aritmético que una realidad. Creer que se podía tejer una alianza tácita y aséptica con el PNV y Junts con el simple compromiso de dejar a Vox fuera del Consejo de Ministros…
"Para Feijóo, el problema no son los 176 votos necesarios para tumbar a Pedro Sánchez, sino saber si está dispuesto a hablar con Junts"
Para Alberto Núñez Feijóo, el problema no son los 176 votos necesarios para tumbar a Pedro Sánchez, sino saber si está dispuesto a hablar con Junts y desdecirse de tres años de ruda oposición frontal. Es necesario asumir que
las llaves del Estado español, incluso para la derecha, residen en un chalé en Bélgica. ¿Quizá lo tendría que haber hecho mucho antes?
La moción de censura, esa figura concebida por los padres de la Constitución como un mecanismo constructivo para ofrecer alternativas viables al país, se ha transmutado hoy en
un campo de minas. En la actualidad, ya no sería "precipitada", como sostenía López Alegre. Sí sería, en cambio,
un ejercicio de funambulismo sin red de seguridad.
Pero puede que la moción de censura sea imprescindible y solo haya una opción para Feijóo:
presentar una moción de censura "perdedora" (es decir, sin apoyos previos garantizados) y que podamos escuchar qué es lo que tiene que decirle Feijóo a España. Entre tanto ruido, no siempre es fácil. No debería hacer caso Feijóo a aquellos que dicen que una moción de censura inicialmente perdedora lo que haría es tapar informativamente todo lo relacionado con los casos de supuesta corrupción que afectan al PSOE.
Ha llegado el momento de escuchar a Alberto Núñez Feijóo.