Once días después de su inicio, es aventurado pronosticar el final de la guerra de Irán, si es que lo tiene. Hay demasiados known unknowns, cosas que sabemos que no sabemos, en expresión (2002) de Rumsfeld, y otras que sabemos, pero se ignoran. Hay que pensar en escenarios o al menos posibilidades.
Ya han producido algunas ondas expansivas perceptibles y preocupantes. Cuanto más dure, peor. La espiral de la escalada puede aumentar, desestabilizando aún más la región si el régimen de los ayatolás aguanta. Y si "colapsa" —"diezmado", como ahora pretende Trump (pero sigue sin explicar con claridad sus objetivos) con una política de ignorar lecciones de la invasión de Irak—,
el caos puede adueñarse de la región, y del mundo durante tiempo.
El dominio militar de Israel y EE. UU. Se han asegurado el dominio y la impunidad del espacio aéreo. Aunque no lo es todo, puesto que ninguna guerra se ha ganado solo desde el aire con "bombardeos estratégicos". Las decapitaciones de regímenes, recuerda el politólogo
Francis Fukuyama, resultan muy impredecibles y casi nunca logran el fin político que se buscaba, a diferencia del secuestro de Maduro en Venezuela.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor (Joint Chiefs of Staff), había advertido antes del 28 de febrero que un ataque contra Irán podría resultar problemático por su complejidad, la falta de municiones por parte de EE. UU. (debido al volumen de las enviadas a y gastadas en Ucrania), la falta de apoyos de aliados y las posibles bajas estadounidenses.
"¿Es esta la guerra de Trump, o la de Netanyahu que ha arrastrado a Trump? ¿Cuál es la superpotencia, la que pone las armas o la que decide?"
¿Guerra de Trump o de Netanyahu? El jefe de la diplomacia,
Marco Rubio, reconoció que EE. UU. había lanzado su ataque cuando lo lanzó porque Israel había precipitado el suyo. Como ya ocurrió en los
ataques de junio. ¿Es esta la guerra de Trump, o la de Netanyahu que ha arrastrado a Trump? ¿Cuál es la superpotencia, la que pone las armas o la que decide? Para Israel, Irán es la bicha que desde la revolución de 1979 le plantea una amenaza existencial con los intentos de hacerse con el arma nuclear (que Israel posee). También para algunos sectores en Estados Unidos. Según Ilan Pappe, autor de
El lobby sionista. Una historia a ambos lados del Atlántico,
Dick Cheney, entonces vicepresidente de EE. UU., que formaba parte del entorno que defendía la guerra de Irak, fue también uno de los impulsores de una acción similar contra Irán. Los neoconservadores están de vuelta, por detrás.
Desde el brutal ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de 2023 (¿cuál fue el objetivo real?), Netanyahu y los suyos andan metidos en una estrategia para diezmar a sus enemigos cercanos (Irán y sus acólitos Hamás, Hezbolá y los hutíes de Yemen), construir un Gran Israel (con asentamientos que imposibiliten una solución en dos estados) y buscar una seguridad, una tranquilidad, que probablemente nunca llegará por esta vía, sino, acaso, por la negociación. El ataque contra Irán, al menos a corto plazo, ha dejado en el aire los llamados Acuerdos de Abraham con varios países árabes, que promovió el primer Trump, y a los que estuvo cerca de sumarse el principal, Arabia Saudí, paso que frustró el ataque de Hamás, y ahora esta guerra.
El fin de la guerra. Israel y EE. UU. empezaron la guerra.
La cuestión de si Israel arrastró a EE. UU. lleva también a quién decidirá, en lo que les atañe, el final de la guerra, ¿Trump o Netanyahu? ¿Saben cómo terminarla? Aunque el estadounidense afirme que ya la ha ganado, llegados a ese punto, sus visiones, intereses y criterios pueden entrar en conflicto.
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Trump pide al régimen una «rendición incondicional», ignorando que con un régimen u otro se trata de Persia, un país con un gran pasado y un gran orgullo
"Si el régimen aguanta. Aunque se ha venido preparando durante meses, si no años, a un ataque de este tipo, el objetivo del régimen de los ayatolás es resistir y
sobrevivir hacia el exterior y hacia el interior. La designación de Mojtaba Jameneí como nuevo líder supremo,
tras la muerte de su padre por un bombardeo israelí en el primer día de la guerra, es
un mensaje de resistencia hacia fuera y hacia dentro.
De cara al exterior, se desconoce cuál es exactamente la capacidad militar que los bombardeos intentan destruir. De cara a su sociedad, es el que está armado, como se puso de manifiesto en las sangrientas represiones de enero. Hay miedo. La
Guardia Revolucionaria Islámica —250.000 hombres—, que controla una parte importante de la economía, y otros grupos paramilitares como los Basij, presentes en todo el país, no cederán fácilmente, aunque sean un objetivo prioritario de los ataques de precisión estadounidenses e israelíes. Trump pide al régimen una "rendición incondicional", ignorando que con un régimen u otro se trata de Persia, un país con un gran pasado y un gran orgullo.
Pese al rechazo de Trump, paradójicamente, Mojtaba Jameneí puede ser el líder más apropiado para negociar algo: el fin de esta guerra.
Si aguanta, y pese a que sus bases electorales lo rechacen, Trump se puede ver tentado de intervenir con tropas en tierra —más allá de las unidades especiales para acciones puntuales—, lo que complicaría aún más la situación.
Un arma importante que le quedará al régimen es no ya cerrar, como ahora, sino bloquear con minas para todo tráfico el estrecho de Ormuz, agravando las consecuencias que ya se están dejando notar en la economía global.
El terrorismo de Estado como arma. Para aguantar, Irán puede aumentar el alcance de sus ataques a Europa. El ministro adjunto de Asuntos Exteriores, Majid Tajt-Ravanchi, lo ha dicho con claridad: "Si algún país se une a la agresión contra Irán, se une a EE. UU. e Israel en la agresión contra Irán, sin duda, también serán objetivos legítimos de la represalia iraní."
Es previsible que el régimen se haya preparado, con agentes durmientes o no, para ataques terroristas contra personas o intereses de EE. UU., y, si le es posible, de Israel. En todo caso, y pese al mayor control de los servicios occidentales, a corto y largo plazo es esperable. El terrorismo suní ha sido históricamente más global y apocalíptico (Al Qaeda, ISIS), más descentralizado y llevado a atentados suicidas. El terrorismo chií suele estar más integrado en estrategias estatales regionales, sobre todo ligadas a Irán. Pero a veces se mezclan. Hamás es suní, aunque sobre todo identitario-nacional; Hezbolá es chií. Muchos jóvenes en Gaza y Líbano están creciendo en el odio generado por las respuestas de Israel, lo que generará futuros terroristas.
Colapso del régimen. Si el régimen colapsa, es difícil pensar en una transición pacífica hacia una nueva estabilidad, dada la complejidad del país. Algunos lo comparan, en términos regionales, con la caída del Muro de Berlín (1989), aunque aquella fue pacífica, sin Trumps ni Netanyahus. La oposición está mal organizada.
Y aunque hay miedo ante lo ocurrido en enero, el país podría caer en una guerra civil.
"El fin del régimen, sin armas contra sus vecinos y con lo poco que le quede de investigación nuclear, reivindicaría a Netanyahu, que podría seguir gobernando después de las elecciones"
Entre el 60% y el 70% de los 90 millones (aproximadamente) de iraníes no habían nacido cuando comenzó la Revolución de Jomeini. No han conocido otra cosa en su vida, lo que no implica que el régimen carezca de apoyos, sobre todo en áreas rurales conservadoras. Muchos libaneses hartos de Hezbolá podrían respirar. Algunas minorías étnicas podrían sublevarse para reivindicar su autonomía o incluso su independencia. ¿Colapso desde la periferia y no desde el centro? Es Persia, pero no todos se sienten persas. El grupo con más capacidad de desestabilización territorial son los kurdos, el pueblo que nunca ha logrado un Estado porque hubiera desequilibrado, en diversas épocas y situaciones, el equilibrio regional. Castigados por la geografía y la historia.
El Kurdistán quedó dividido entre cuatro Estados tras el desmembramiento del Imperio otomano y los tratados de 1920-1923. Los kurdos son unos 8-10 millones en Irán, un 10% de la población; 15 a 20 millones (18-20% de la población) en Turquía, que nunca permitirá el surgimiento de un Estado kurdo; 6-7 millones (15 a 20%) en Irak, y 2-3 millones (10%) en Siria. Un total estimado de 30–35 millones de kurdos.
Aunque Estados Unidos siempre los ha protegido y ayudado para evitar su estallido reivindicativo. De momento, los kurdos de Irán lanzan mensajes de tranquilidad. También hay azeríes, lurs, árabes, baluchis y turcomanos, que se sienten poco persas, pero habitan en lugares estratégicos.
El fin del régimen, sin armas contra sus vecinos y con lo poco que le quede de investigación nuclear, reivindicaría a Netanyahu, que podría seguir gobernando después de las elecciones y, ya sin traba alguna, avanzar hacia su proyecto de un Gran Estado judío. Sorprende el atronador silencio de los judíos que están en su contra. El "Campo de la Paz", desaparecido desde hace años, se limita a unos pocos comentaristas y algún político. Sería desestabilizador. ¿Se lo permitirá Estados Unidos, incluso Trump?
Discreción china. La respuesta de China, más allá de la crítica verbal, ha sido, hasta el momento, discreta, pese al petróleo que ha dejado de llegarle desde Irán y a las grandes inversiones realizadas en el país.
Desactivar el factor chino en la región y en todo lo que pueda en el mundo, su verdadera obsesión, ha podido pesar en los cálculos de Washington, como lo también en su acción en Venezuela, y en general en todo el llamado el "hemisferio occidental". Hay una
cumbre entre Xi Jinping y Trump prevista del 31 de marzo al 2 de abril. Puede explicar la prudencia china.
¿Impacto en Ucrania? Por otra parte, se tensarán las relaciones de Estados Unidos con Rusia si se confirma y se prolonga la ayuda de inteligencia rusa a los ataques iraníes con misiles y drones a bases occidentales en la región.
Lo que podría alejar algún tipo de suspensión de hostilidades en Ucrania y mermar los suministros de sistemas de armas a Kiev. Pero ante esto Trump ha estado comedido.
Demasiadas cosas que sabemos que no sabemos. Lo que no exime de pensarlas para que no nos cojan por sorpresa, por ignorancia. Seguiremos