Jueves, 30 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

Carta abierta a la primera presidenta del Gobierno de España

'Agenda Pública' y TALEÑTO ESPAÑA organizamos el fin de semana el primer Foro Next Gen, la reunión anual de los líderes de la generación 'millennial' y 'zeta', en Granada. Un grupo de líderes políticos y empresariales nacidos en democracia se reunieron dos días para construir diagnósticos y evidenciar sus discrepancias. En la sesión inaugural, Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública', señaló que "en esta sala, estáis personas que lideraréis en distintos ámbitos el futuro de España y quién sabe si de aquí podría salir la primera presidenta del Gobierno". A ella se dirige esta carta.

Marc López Plana Marc López Plana 23 de febrero de 2026
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Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública' durante su intervención en el Foro Next Gen. | Agenda Pública / Álex Cámara
Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública' durante su intervención en el Foro Next Gen. | Agenda Pública / Álex Cámara
Estimada presidenta:

Escribo esta carta desde una convicción estratégica: el futuro de España se decidirá en Europa, y el futuro de Europa se decidirá en la calidad de su liderazgo político.


Usted llegará al Gobierno en un momento decisivo porque mucho me parece que los cambios que está viviendo el orden internacional han llegado para quedarse. "
Mucho de lo que dábamos por sentado en los últimos cincuenta años se está desmoronando; movimientos y tecnologías que pretenden dar un vuelco a los próximos cincuenta años se están abriendo paso", afirmaba el columnista del New York Times en un análisis que publicó Agenda Pública el día que Trump, por segunda vez, tomó posesión de su cargo como presidente de los EE. UU.

Europa está dejando atrás la comodidad del
consenso pasivo. Durante años, la Unión Europea avanzó mediante grandes consensos formales que, en muchas ocasiones, evitaban el conflicto político abierto. Ese modelo dio estabilidad. Permitió ampliar el mercado único, consolidar la moneda común y gestionar ampliaciones complejas. Funcionó. Pero ya no basta.

"Hoy Europa necesita dirección política. Necesita asumir el conflicto democrático en lugar de esconderlo bajo fórmulas tecnocráticas"
Las crisis acumuladas —financiera, sanitaria, energética, geopolítica— han demostrado que la Unión no puede limitarse a administrar equilibrios. Hoy Europa necesita dirección política. Necesita asumir el conflicto democrático en lugar de esconderlo bajo fórmulas tecnocráticas. Necesita decidir.


Y aquí se encuentra el primer error que España no puede permitirse: seguir tratando Europa como política exterior. Europa no es exterior. Es política doméstica ampliada. Es nuestro marco regulatorio, nuestro mercado, nuestra moneda, nuestra seguridad y, cada vez más, nuestro campo de batalla político. Las decisiones del Banco Central Europeo afectan directamente a nuestras familias. La regulación industrial europea define la competitividad de nuestras empresas. Las políticas energéticas condicionan el coste de vida. Las decisiones sobre migración moldean nuestras ciudades y nuestra cohesión social.


Y las dinámicas electorales en otros países influyen en nuestros propios pactos. En los próximos meses habrá elecciones en dos Länder alemanes muy importantes. Lo que ocurra allí —si se normalizan determinadas fórmulas de alianza, si el centro político se reconfigura, si se consolida o se limita la cooperación del centroderecha con fuerzas de derecha radical— no será solo un asunto alemán. Será un espejo para España. Europa funciona como un laboratorio político compartido. Las fórmulas viajan. Los límites también.


"Para poder ser influyentes en Europa debemos ser fuertes internamente. Sin acuerdos estructurales internos somos débiles"
Comprender esto es una cuestión fundamental. Para poder ser influyentes en Europa debemos ser fuertes internamente. Sin acuerdos estructurales internos —en vivienda, en financiación territorial, en inmigración, en política exterior, en transición energética— somos débiles y además, una arquitectura política inestable termina erosionando la confianza ciudadana


Ahora, hacer políticas duraderas y ambiciosas se ha vuelto mucho más difícil. La búsqueda de mayorías se ha transformado en un ejercicio de geometría variable, y las grandes reformas —como las que requiere la vivienda— se diluyen entre pactos frágiles y horizontes cortoplacistas.


Presidenta, los economistas políticos llevan tiempo observando un patrón nada fácil de afrontar: las sociedades más fragmentadas —por etnia, clase o ideología— tienden a invertir menos en bienes públicos duraderos, desde infraestructuras hasta vivienda social. Cuando los votantes tienen preferencias muy divergentes, los gobiernos encuentran menos consenso sobre cómo distribuir recursos y a quién beneficiar. El resultado es un gasto más bajo en políticas colectivas y una mayor orientación hacia beneficios visibles e inmediatos.


Aquí es donde el debate entre consenso y acuerdo se vuelve decisivo. Durante demasiado tiempo hemos confundido el consenso con la estabilidad. El consenso, entendido como unanimidad amplia y cómoda, tiende a diluir responsabilidades. Aplaza conflictos. Reduce la ambición. El acuerdo, en cambio, reconoce la diferencia, asume el desacuerdo y lo ordena en una decisión operativa.


Europa ya no puede vivir de consensos abstractos. Necesita acuerdos concretos, exigentes, imperfectos pero eficaces que permitan gobernar en sociedades plurales.


"España no debe aspirar a unanimidades permanentes pero sí necesita cultura de acuerdo"
España no debe aspirar a unanimidades permanentes pero sí necesita cultura de acuerdo. No el acuerdo coyuntural que resuelve una votación concreta, sino el acuerdo estructural que fija marcos estables para la inversión, la política social y la proyección internacional.


Pero la pregunta, presidenta, ya no es solo cómo gobernar España. Es cómo gobernar España dentro de Europa.


Porque Europa está entrando en una fase más política y más estratégica. La competencia con China no es únicamente comercial; es tecnológica, industrial y normativa. La relación transatlántica atraviesa ajustes en su base. La autonomía en defensa ya no es una discusión teórica. La transición energética exige decisiones que afectarán a generaciones. La gestión migratoria es un desafío lejos de ser coyuntural.


En todos esos ámbitos, España no puede limitarse a reaccionar.


Nuestra posición geográfica nos sitúa en el eje del Mediterráneo. Nuestra historia nos conecta con América Latina. Nuestra dimensión económica nos coloca entre las grandes economías de la Unión. Tenemos capacidad para influir en la política energética, en la agenda industrial, en el diseño de la política migratoria europea.


Pero la influencia no es un atributo automático. Es el resultado de coherencia interna, credibilidad institucional y visión sostenida en el tiempo.


"Su mandato no será evaluado únicamente por indicadores macroeconómicos. Será evaluado por su capacidad de situar a España en el centro de las decisiones europeas"
Europa observa. Los mercados observan. Nuestros socios observan.


Si España proyecta división estructural, su capacidad de negociación disminuye. Si España demuestra estabilidad en sus acuerdos básicos, su peso aumenta. La política europea es, cada vez más, una política de correlación de fuerzas y de credibilidad acumulada.


Por eso su mandato no será evaluado únicamente por indicadores macroeconómicos. Será evaluado por su capacidad de situar a España en el centro de las decisiones europeas. Por su habilidad para explicar a los ciudadanos que lo que ocurre en Berlín, en Roma o en Varsovia no es una anécdota internacional, sino parte de nuestra propia conversación democrática.


Europa necesita más política. Y España necesita más acuerdos. No acuerdos que oculten el conflicto, sino acuerdos que lo ordenen. No consensos que lo diluyan, sino decisiones que lo gestionen con responsabilidad.


La generación que hoy empieza a asumir responsabilidades —la que nació y creció en democracia— no puede permitirse tratar la Unión como un decorado. Es el escenario central. Es el espacio donde se definirán la competitividad, la seguridad y la cohesión de las próximas décadas.


Presidenta, la historia europea la escriben las decisiones. Y las decisiones exigen liderazgo.


"La generación que hoy empieza a asumir responsabilidades —la que nació y creció en democracia— no puede permitirse tratar la Unión como un decorado. Es el escenario central"
La cuestión no es si Europa cambiará. Está cambiando. La cuestión es si España influirá en ese cambio o lo observará desde la periferia.


Ojalá su mandato consolide esa cultura política. Ojalá logre que España deje de reaccionar a Europa y empiece a marcar posición en ella. Ojalá entienda que gobernar España hoy es, inevitablemente, gobernar en clave europea.


Europa es nuestro destino político compartido.


Atentamente,
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación