Martes, 28 de julio de 2026
VIOLENCIA SEXUAL

El 'nopor', un problema de salud pública sin voluntad política

La escritora y periodista Nuria Coronado denuncia que el consumo de pornografía ha llevado a "la socialización de los jóvenes en la violencia sexual contra las mujeres y el aumento de los delitos sexuales a edades cada vez más tempranas". A su juicio, "las administraciones públicas, la sociedad y las propias familias" van "tarde". Ahora que el Gobierno acaba de anunciar la intención de prohibir el acceso a redes sociales a menores de dieciséis años, pide ir más allá: "Hay que dotar presupuestos a la altura del problema, apostar por la coeducación y luchar, de verdad, a través de la sensibilización contra la violencia machista".

Nuria Coronado Sopeña Nuria Coronado Sopeña 4 de febrero de 2026
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Las personas menores tienen fácil acceso a la pornografía a pesar de la obligación de las plataformas de verificar la edad. | Unsplash / Zulfugar Karimov
Las personas menores tienen fácil acceso a la pornografía a pesar de la obligación de las plataformas de verificar la edad. | Unsplash / Zulfugar Karimov
Hay cifras que se clavan como puñales y, aunque nos desangran como sociedad, parecen no importar. Una de ellas es la que destaca Lluis Ballester, profesor de la Facultad de Educación de la Universitat de les Illes Balears (UIB) e investigador: "Entre los trece y los dieciocho años, el 25% de los adolescentes españoles consumirán una media de 1.000 horas de pornografía".

Y, ¿cuál es el resultado de ello? La respuesta no es otra que la socialización de los jóvenes en la violencia sexual contra las mujeres y el aumento de los delitos sexuales a edades cada vez más tempranas. De hecho, tal y como reconocía la Fiscalía General del Estado en su última memoria anual —y a través de las secciones de menores de territorios como el de Tenerife, Madrid, Alicante, Sevilla, Baleares, Ourense, Valladolid o Barcelona—, la situación es para hacérsela mirar. El órgano mostraba "seria preocupación y alarma" por el "incremento y auge de conductas cada vez más violentas realizadas por menores" y producidas, entre otros motivos, "por el acceso temprano a la pornografía y a la banalización de las relaciones sexuales".

"El fútbol era gratis y la pornografía estaba codificada, ahora la pornografía es gratis y el fútbol está codificado"
Jorge Gutiérrez Berlinches - Director e impulsor de Dale Una Vuelta
Si hace unos años, tal y como expresa Jorge Gutiérrez Berlinches, director e impulsor de Dale Una Vuelta, "el fútbol era gratis y la pornografía estaba codificada, ahora la pornografía es gratis y el fútbol está codificado". Una gratuidad que las plataformas de esta industria machista aprovecharon para explotar a partir de la COVID y que los medios, lejos de informar de las consecuencias, y la sociedad aplaudieron como lo más. Desde entonces este elefante en la habitación es un problema de salud pública ingente que nos está aplastando sobre todo a las mujeres.

La pornografía enseña a violar

Según diversos estudios, ver porno es sinónimo de cometer violencia sexual. "Los menores que consumen pornografía son 6,5 veces más propensos a perpetrar conductas sexualmente agresivas en un plazo de 36 meses" que quienes no la ven. Un consumo que es directamente proporcional al aumento de las violaciones en grupo.

Tal y como denuncia el libro Violación grupal en España. Contexto, memoria social, análisis de casos 2016-2024 y prevención, publicado por Feminicidio.net, aunque las agresiones grupales son un porcentaje minoritario de los delitos sexuales (según fuentes policiales representan entre el 5,6% y el 3,9% de los casos de violación denunciados), el acumulado del periodo 2018-2024 suma un total de 3.737 agresiones sexuales múltiples, de las cuales 1.275 fueron violaciones, mientras que los casos sin penetración fueron 2.462.

"La visualización de contenidos pornográficos de alto riesgo induce a algunos jóvenes a identificar modelos donde la diversión es mayor, cuando el sexo se practica en grupo, y en ocasiones bajo el efecto de las drogas"
Diana Díaz Álvarez - Directora de las Líneas de Ayuda de Fundación ANAR
Una alarmante e imparable espiral que Diana Díaz Álvarez, directora de las Líneas de Ayuda de Fundación ANAR, también denuncia. "La visualización de contenidos pornográficos de alto riesgo induce a algunos jóvenes a identificar modelos donde la diversión es mayor, cuando el sexo se practica en grupo, y en ocasiones bajo el efecto de las drogas (por sumisión química), donde no hay voluntad para llevar a cabo el acto sexual por la víctima. Los jóvenes encuentran que no solo es reforzante el hecho de llevar a cabo estos hechos degradantes, sino también colgarlos y compartirlos a través de la tecnología. Todas estas causas provocan que se tienda a normalizar algo que es claramente perjudicial para los menores de edad con consecuencias muy graves para ellos y ellas y para nuestra sociedad".
 
En el mismo punto que la directiva de ANAR coincide Ana de Blas, periodista y coautora de Violación grupal en España. La escritora destaca dos factores en estos delitos: "Por un lado, se caracterizan por su alta violencia contra mujeres y niñas y, por otro, están marcados por la corta edad en la criminalidad sexual grupal". "En la mitad de los casos los autores tenían veintiún años o menos. En uno de cada cuatro casos, tanto agresores como víctimas eran menores de edad (25,8%). Además, cuantos más varones están implicados en un caso múltiple, menor suele ser su edad. Los grupos de tres o más agresores muchas veces son adolescentes que emplean mu­cha violencia física y verbal en agresiones más largas".

En el lado de quienes sufren las consecuencias físicas y psicológicas de estas violaciones en España, una de cada tres víctimas son niñas y chicas adolescentes menores de edad (un 32,8% según el in­forme criminológico del Ministerio del Interior y un 38% en los 364 casos analizados por Feminicidio.net).

Caldo de cultivo de las manadas

Con los datos en la mano es innegable que las manadas consumen y crean pornografía. "La conexión con la pornografía es de ida y vuelta: la pornificación de las violaciones —grabadas y compartidas, se con­vierten en material pornográfico de difusión masiva— son parte de los patrones de conducta de los grupos organizados para el crimen sexual. En la muestra de casos re­copilados por Feminicidio.net consta la existencia de fotografías o vídeos de la agre­sión en 42 casos, un 12% del total", recalca De Blas.
 
Además, tal y como señala Mónica Alario Galván, doctora internacional en Estudios Interdisciplinares de Género y autora de Política sexual de la pornografía, "la relación entre pornografía y violacio­nes en grupo es muy clara". "Gran parte de la pornografía más consumida muestra situaciones de violencia sexual gru­pal. El vídeo grabado por la manada de Sanfermines, con 225 millones de visitas, lle­gó a tener más del doble de visitas que el siguiente vídeo más visto en las páginas de pornografía online".

"La banalización de prácticas pornográficas caracterizadas por la violencia, la humillación y la deshumanización de las mujeres posibilita la imitación por grupos de violadores"
Ana de Blas - Periodista y coautora de 'Violación grupal en España'
El nuevo porno, o nopor como se llama coloquialmente en internet y redes sociales, muestra e impone, según añade Lluis Ballester en la obra Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales de adolescentes y jóvenes, "un modelo de relación desigual, en el que la mujer es reducida a objeto sexual disponible para el hombre". "No solo se muestran situaciones de alto riesgo y violencia de diversos tipos —agrega—, sino que se generalizan los estereotipos de género más penosos: el hombre tiene deseo sexual permanentemente y la mujer se dedica a dar satisfacción a ese deseo".

Por su parte, tal y como se reseña en el libro de Feminicidio.net y confirma el psicólogo Marc Ruiz, "para el varón joven, el «vamos de putas» es la oportunidad para poder reafirmarse delante del tribunal más impor­tante que juzgará su masculinidad, sus iguales". "El hecho de estar en grupo añade un elemento de homoerotismo y diluye la responsabilidad. Tenemos un buen caldo de cultivo para que emerjan manadas de agresores sexuales", asevera.

Por si esto fuera poco, y según resalta De Blas, en relación con la violación grupal, uno de estos rituales pornográficos es el llamado gang bang, "un género dentro de esta indus­tria, en el que varios hombres someten sexualmente a una mujer". Una modalidad de este es el bukkake, "en el que un grupo de hombres eyacula sobre ella". "La banalización de estas prácticas pornográficas caracterizadas por la violencia, la humillación y la deshumanización de las mujeres posibilita que se traslade como imitación por los grupos de violadores. En algunos casos, los perpetradores llegan a poner a la venta el material grabado o lo utilizan como base de un chantaje sexual".

"Para el varón joven, el «vamos de putas» es la oportunidad para poder reafirmarse delante del tribunal más impor­tante que juzgará su masculinidad, sus iguales"
Marc Ruiz - Psicólogo
A su juicio, "estas prácticas humillantes y violentas de la pornografía confluyen con el sistema pros­titucional, en una amalgama para hacer de la violencia sexual un negocio criminal y una herramienta política, que es causa y consecuencia de la desigualdad entre mujeres y hombres". De tal manera, "el privilegio económico y el masculino se refuerzan en un contexto que no sanciona ni la violencia prostitucional ni la pornográfica, cada vez más interrelacionadas". "Pornografía y prostitución son el epítome del poder sobre las mujeres: practican y enseñan a normalizar la sumisión sexual femenina en una sociedad en la que no sean ilegitimadas", añade la periodista.
 
La escritora también destaca que la violación grupal de adolescentes "forma parte de las estrategias de daño psíquico y adoctrinamiento para introducirlas en la industria de la prostitución, y así es referida por mujeres supervivientes y por expertas en trauma. Es también una prác­tica especialmente lesiva de los demandantes y una técnica de tortura de proxene­tas y tratantes".
 
Asimismo, De Blas señala que esta no es la única línea que conecta la violación grupal con la prostitución. Hay "zo­nas de tolerancia" sobre las que no hay registros, "protagonizadas por hombres con suficiente poder económico que recurren al sistema prostitucional organizados como fratrías sexuales sin traspasar la legalidad en países sin legislación abolicionista, como el nuestro". "El afloramiento de estas prácticas solo se produce si la información sale a la luz por intereses políticos o se traspasan los límites legales por edad o grave violencia física anexa".

La sociedad va tarde

Así las cosas, y ante el enorme daño ya causado, las administraciones públicas, la sociedad y las propias familias van (vamos) tarde. No valen paños calientes o parches como la app del Gobierno para obligar a las plataformas pornográficas a verificar la edad de las personas usuarias y a bloquear el acceso a contenidos inapropiados cuando sea necesario, o el reciente anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a redes sociales a menores de dieciséis años. De poco sirve esto cuando las webs pornográficas se reproducen en cualquier lugar del mundo y lo que se capa por un lado se encuentra por otro. Hay que dotar presupuestos a la altura del problema, apostar por la coeducación y luchar, de verdad, a través de la sensibilización contra la violencia machista.

Mientras nada de esto suceda, la juventud —las mujeres y hombres del mañana— seguirá careciendo de habilidades sociales, conviviendo con la desadaptación sexual y naturalizando las conductas machistas y los delitos sexuales. Como defiende Rosa Cobo, doctora en Ciencias Políticas y Sociología y profesora titular de Sociología en la Universidad de A Coruña, "permitir que la pornografía siga creciendo con estos relatos misóginos es la condición de posibilidad de que la desigualdad entre hombres y mujeres no se detenga. En el corazón de la pornografía aparecen juntos el deseo, el dominio y la violencia".
Nuria Coronado Sopeña
Nuria Coronado Sopeña
Periodista y escritora
Es periodista, escritora, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Su último libro, 'No contaban con las madres' (Planeta), ya va por tercera edición. Antes coescribió junto a Laura Strego 'Lolita contra el lobo' sobre los abusos sexuales en la infancia. También es autora de la 'Guía de Prevención: grooming y pederastia', 'Mujeres de frente', 'Hombres por la igualdad', y 'Comunicar en igualdad', así como documentalista de 'Amelia, historia de una lucha' sobre la abolición de la prostitución.
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