Martes, 28 de julio de 2026
ENTREVISTA A CARMEN LÓPEZ

"Hay que volver a los libros en papel y a la desdigitalización en las aulas"

La experta en pedagogía y prevención de la adicción a las pantallas Carmen López lamenta que "el mal uso y la sobrexposición a lo digital esta creando una generación adolescente insegura y con problemas de comportamiento". En esta conversación con la periodista Nuria Coronado denuncia que el actual uso de la tecnología en las aulas "afecta negativamente" a los menores y pide "promover legislaciones adecuadas que salvaguarden los derechos y la salud mental, aunque se perjudiquen los ingentes ingresos económicos de las empresas tecnológicas".

Nuria Coronado Sopeña Nuria Coronado Sopeña 10 de agosto de 2025
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La pedagoga acaba de publicar 'Pon límites, no pantallas'. | Cedida
La pedagoga acaba de publicar 'Pon límites, no pantallas'. | Cedida

Esta reputada profesional, que se recorre el país impartiendo charlas a familias en colegios, institutos y todo tipo de instituciones, acaba de publicar Pon límites, no pantallas (Roca Editorial). Se trata de un sencillo manual de contingencia con el que sensibilizar y subrayar la desprotección que vivimos como sociedad y que especialmente afecta a la parte más débil que es la de la infancia y la juventud.

"Diariamente me encuentro a familias desbordadas por el uso que hacen sus criaturas de las tecnologías. Madres y padres con ideas erróneas sobre las pantallas. Madres y padres semianalógicos que no saben qué es un hashtag o cómo poner límites a los crecientes amigos en redes sociales de su hija o hijo, pero que se rodean todo el día de tecnología en casa y la calle. Es nuestra responsabilidad que las y los menores aprendan a hacer un uso seguro de la tecnología. Tenemos que dialogar incansablemente, supervisar, establecer límites y consecuencias firmes, usar aplicaciones de control parental como aliado y no como sustituto de nuestra labor, etc. y también dedicar tiempo y dar ejemplo. Ser madre y padre en el mundo digital en el que vivimos no es tarea fácil, pero no nos queda otra", explica.

Sin embargo, López considera que el peso de esta concienciación no solo ha de recaer en las familias. También apela a la responsabilidad de los poderes públicos. "Si no colaboran, las familias lo tendrán muy complicado. Es básico que elaboren campañas de formación para todos los miembros de las familias, que ayuden a interiorizar cómo hacer un uso responsable, que redacten leyes que frenen el uso temprano y que sancionen severamente a las empresas que inciten el uso de contenidos inadecuados de menores o tengan modelos de negocio basados en la captación de su atención a través de diseños persuasivos", recalca.

Una responsabilidad que para la escritora ha de acelerarse porque, a su parecer, las administraciones públicas van a rebufo de las necesidades educativas sin pantallas. Y para avalar su tesis pone un ejemplo clarificador: "¿Cómo es posible que con fondos públicos europeos se estén promocionando campamentos digitales gratuitos para niñas y niños? ¿No sabe el Ministerio de Juventud e Infancia que la numerosa evidencia empírica, las sociedades pediátricas, de medicina de familia y de psicología recomiendan la desconexión digital de los menores?".
 
Para López la puesta en marcha de este campamento cuenta con un despliegue publicitario espectacular por todo el Estado para promocionar una actividad que se sabe con datos que tiene un impacto negativo en el desarrollo integral de nuestras y nuestros menores. "Un campamento donde niñas, niños y adolescentes de 9 a 17 años van a usar pantallas cinco horas diarias durante una semana. Dicen que el objetivo es cerrar la brecha digital de la población con menos recursos socioeconómicos y reducir el impacto en su futuro. Es decir, que los demostradísimos riesgos cerebrales, sociales y sanitarios del uso de los dispositivos digitales no se van a valorar en esta población desfavorecida que evidentemente va a pagar en sus propias carnes (aunque no con dinero porque son gratuitos) la ineficacia de la Administración pública.  ¡Qué irresponsabilidad!".
 

"La digitalización en menores puede producir alteraciones del sueño, ansiedad, ciberacoso, afecciones visuales y posturales, sedentarismo, falta de concentración o deterioro de la capacidad de análisis"
La autora de Pon límites, no pantallas tira de memoria y se pregunta cómo es posible que el mismo Gobierno presentara en 2024 un informe que instaba a priorizar la enseñanza analógica, eliminar las aplicaciones educativas con sistemas de gratificación inmediatas, limitar el acceso a internet hasta los doce años y apostar por actividades vivenciales, deportivas, en contacto con la naturaleza y el entorno físico y presencial, etc. "¿Quiénes asistirán a estos campamentos? Las y los menores más desfavorecidos. Los que tienen más recursos económicos y familias concienciadas, asistirán a actividades libres de dispositivos digitales, aunque no cuenten con subvenciones de la administración. ¿Cómo es posible que el ministerio no utilice los millones de euros que se va a gastar en formar e informar a las familias sobre los efectos no deseados de la digitalización en menores?", abunda.
 
Algunos de estos efectos López recuerda que son "alteraciones del sueño, ansiedad, ciberacoso, estrés, afecciones visuales y posturales, sedentarismo, fomento de la dispersión y falta de concentración, deterioro de la comprensión lectora, deterioro de la capacidad de análisis y de la memoria de trabajo y un largo etcétera". La Administración pública (ministerio, comunidades autónomas y ayuntamientos) "desoye las recomendaciones de sociedades científicas sobre tipos de actividades, usos y tiempos de exposición a pantallas de la población infantojuvenil".
 
Pero además del ejemplo de este campamento, la pedagoga incide en que los poderes públicos están fallando "en relación a la regulación de la normativa con respecto al uso de aplicaciones digitales, la propiedad de los dispositivos, el uso de los mismos en los centros escolares, el valor educativo de las aplicaciones y recursos educativos que se utilizan".
 
En su momento, gracias a la Ley Celaá, las pantallas entraron en las aulas y, según sostiene, eso afecta al neurodesarrollo de menores. ¿Cómo se desanda ahora ese camino?
 
Volviendo a los libros en papel y a la desdigitalización. Volviendo a lo analógico y dejando lo digital como algo excepcional para contenidos muy concretos. Los estudios realizados son contundentes: el impacto del uso de tecnología que se hace actualmente en el aula es perjudicial y afecta negativamente al rendimiento de estudiantes. Desde la comunidad científica se recomienda a los poderes públicos promover legislaciones adecuadas que salvaguarden los derechos y la salud mental de los menores, aunque se perjudiquen los ingentes ingresos económicos de las empresas tecnológicas. Es una cuestión lo suficientemente relevante como para que tomen decisiones urgentes.
 
¿A nivel internacional hay casos de algunos gobiernos que ya han tomado decisiones valientes?
 
Así es. Países como Portugal, Francia e Italia han prohibido los móviles dentro del aula, también Francia excepto para funciones estrictamente lectivas. Finlandia y Holanda no permiten el uso de tecnología en clase. En el caso de Reino Unido, prácticamente todos los centros lo tienen prohibido. Sin embargo, en España muchos menores tienen un teléfono desde los nueve o diez años y empiezan a ver porno desde los ocho. Es urgente una legislación a nivel nacional que restrinja su uso en algunas etapas educativas y lo prohíba en otras.
 
"El Consejo Escolar de Estado de nuestro país, el principal órgano consultivo del Gobierno en educación, aprobó por unanimidad una propuesta para, precisamente, prohibir el uso del teléfono móvil en Primaria y limitarlo en Secundaria"
El Consejo Escolar de Estado de nuestro país, el principal órgano consultivo del Gobierno en educación, aprobó por unanimidad una propuesta para, precisamente, prohibir el uso del teléfono móvil en Primaria y limitarlo en Secundaria. Solo en casos justificados con fines educativos o de salud podrían usar el teléfono los estudiantes de secundaria.
 
Desde mi punto de vista también debería estar prohibido en esta etapa, al igual que el resto de pantallas. No olvidemos que la preadolescencia y adolescencia son etapas en las que la hiperconexión es especialmente dañina y el tiempo de pantalla extraescolar suele ser más elevado. Es necesario sacar las pantallas de las aulas. No las usan para aprender. Las usan para ver vídeos y jugar a videojuegos. Se está tirando el dinero público a la basura.
 
El informe Pisa siempre pone a España a la cola. ¿Cree que las pantallas han afectado en este sentido a los resultados?
 
Sí, no solo lo creo yo, es apabullante el número de estudios, investigaciones, metaanálisis y testimonios de personal experto que muestra la distorsión de los aprendizajes básicos cuando median los dispositivos digitales en la práctica educativa. Ha sido demostrado que el alumnado que usa menos tecnología en el aula tiene mejores resultados académicos. En concreto, se calcula que presenta medio curso de ventaja frente a los que la usan todos los días.
 
Andreas Schleicher, creador del estudio PISA, sostiene que no es necesario el uso de pantallas para enseñar competencias digitales y añade que el uso de pantallas degrada la capacidad de las y los menores para desarrollar aprendizajes básicos. Para Desmurget, uno de los científicos más crítico con el uso de las pantallas en niñas, niños y adolescentes, la inteligencia está disminuyendo de forma notable desde hace 20 años. Y la sorpresa es que no descienda más.
 
Además, el tiempo de pantalla altera las interacciones verbales, la lectura y la calidad del sueño. A causa de las pantallas, las y los menores son menos aptos cuando llegan a la escuela y, por tanto, se les exige menos. De igual manera se ha demostrado que los estímulos cambiantes de los programas favorecen el impulso interactivo de respuesta-placer, la multitarea, la hiperactividad, las distracciones y la dificultad para gestionar la frustración, la reflexión y el razonamiento.
 
Pero también hay otros efectos ante la constante exposición a efectos visuales y sonoros.
 
Así es. Se dificulta la reflexión, la concentración, la observación serena y la recreación mental, algo básico para el aprendizaje, la memoria y la conexión neuronal necesaria para interiorizar, memorizar y producir conceptos. Los datos muestran que uno de cada tres estudiantes, en promedio en los países de la OCDE, informó que se distrae usando dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de Matemáticas, lo que afecta inevitablemente al rendimiento académico no solo de esta asignatura, sino de la totalidad.

La pedagoga sostiene que las 'apps' están desarrolladas para "retener la atención". Foto: Unsplahs / Kelly Sikkema

 
¿Qué hay de los contenidos y las interacciones frente a la pantalla en correlación con los resultados escolares?
 
El empeoramiento de las calificaciones se puede asociar a la cantidad de inputs que llega a la o el estudiante a través de las pantallas y a la disminución de la atención, lo que influye en su rendimiento. En España el País Vasco, Navarra y Cataluña, las tres comunidades autónomas que más han integrado la tecnología en clase, son las que más han caído en el informe PISA en la última década. En el resto de países de la OCDE ocurre algo similar (al margen de la extracción socioeconómica de las y los estudiantes), aunque el impacto negativo de un uso frecuente de tecnologías en el aula es peor para estudiantes de entornos más desfavorecidos.

¿Infantilizamos o negamos la situación de vulnerabilidad que nos acarrea la vida digitalizada para no enfrentarnos a una verdad incómoda que nos manipula y nos trae peligros?

Yo creo que más bien negamos la realidad, por negligencia, por comodidad o por desinformación. Es muy cómodo usar la tecnología como pacificadora de emociones o como chupete digital. Imagina que tu hija o hijo monta un pollo porque no se quiere comer las lentejas, lo más fácil es darle una pantalla e ir metiéndole una cucharada tras otra para acabar en un momento.
 

"Los chupetes tecnológicos son bastante eficaces para 'calmar' momentáneamente a la niña o el niño, pero no son nada educativos. La tecnología engaña al cerebro y le hace creer que todo está bien"
Cuando haces esto, en el cerebro se producirá una asociación neuronal. Entonces, cada vez que el o la menor quiera algo y no lo pueda conseguir, el cerebro le dirá "haz una trastada", "pórtate mal" o "monta un numerito". El cerebro es muy listo y sabe cuál será la recompensa. No podemos permitir que durante la infancia y la adolescencia se salgan con la suya. Si las y los menores interiorizan que armar escándalos es eficaz, acabarán generalizando esta conducta, y luego será más difícil corregirla en un futuro.
 
Los chupetes tecnológicos son bastante eficaces para calmar momentáneamente a la niña o el niño, pero no son nada educativos. La tecnología engaña al cerebro y le hace creer que todo está bien. Las pantallas (redes sociales, videojuegos o vídeos de YouTube) son los motores de acomodación más eficientes jamás inventados. Son capaces de moldear en tiempo récord la personalidad, los gustos y la forma de pensar de una persona adolescente y adulta. Las personas que asesoraron a Silicon Valley fueron muy certeras aportando información sobre los me gusta y las veces que se compartía un contenido. El algoritmo sabe mucho sobre cómo funcionan nuestros cerebros. Esta es la razón por la que tantas personas tienen un uso poco saludable de sus dispositivos.
 
Utilizando técnicas conductuales, especialistas del campo de la ingeniería, neurociencia y psicología ayudaron a diseñar aplicaciones y crear contenidos que tuvieran la capacidad de retener la atención de las personas usuarias en la pantalla el mayor tiempo posible y modificar su conducta, ¡sin que fueran conscientes! Habían encontrado fórmulas que manipulan nuestra vulnerabilidad psicológica y nos enganchan.
 
Remarca a lo largo del libro que la educación repara errores, ¿cuál es el más acuciante? ¿Cuál es el que menos se le da importancia, pero la tiene?
 
Claro, es que el error es una gran oportunidad para aprender. Como madre, los errores que cometí en mi primera maternidad me sirvieron para no repetir en la segunda y con nuestras hijas e hijos debemos trabajar en esa línea. Históricamente, el error se ha visto como algo negativo que hay que evitar. Sin embargo, equivocarse no significa fracasar. El aprendizaje no siempre es un proceso lineal. Con frecuencia es un camino lleno de pruebas, caídas y ajustes.
 
La psicóloga estadounidense Carol Dweck habla de este proceso. Nos explica que la mentalidad de crecimiento es una actitud fundamental para afrontar los desafíos. Esta mentalidad se basa en la idea de que las capacidades y habilidades no son fijas, sino que se pueden desarrollar con esfuerzo y dedicación. Si conseguimos que nuestras y nuestros menores crezcan con mentalidad de crecimiento, verán los errores como una oportunidad para mejorar, en lugar de como una debilidad.

"En el momento actual no les educamos en la necesidad de perseverancia y resiliencia ante las dificultades para alcanzar objetivos. Sobreprotegemos demasiado y sobreproteger significa desproteger"
Es acuciante que las y los estudiantes aprendan a ver los errores como parte natural de su proceso de formación, por otro lado, creo que en el momento actual no les educamos en la necesidad de perseverancia y resiliencia ante las dificultades para alcanzar objetivos. Sobreprotegemos demasiado y sobreproteger significa desproteger. Por miedo a que caigan y se frustren, acudimos a la primera de cambio a solucionarles todos sus problemas. No se habla de esto, pero nos lo debemos plantear muy seriamente. Tenemos que dejar de allanarles el camino y dejar de quitarles todas las piedras de su travesía.

La crianza es una parte fundamental para conseguir educar a las mujeres y los hombres del mañana, pero la realidad es que el peso y la responsabilidad de la misma recae en las madres.
 
Nos queda mucho para conseguir una corresponsabilidad real en la crianza de nuestra prole. Es un hecho que las madres dedican más tiempo a los cuidados y la educación. Hablo con muchas mujeres cada semana tras las conferencias y reconocen que en sus hogares falta corresponsabilidad en la crianza y reparto de las tareas del hogar.

La carga mental invisible de muchas mujeres conlleva planificar, organizar y gestionar la crianza desde todos los puntos de vista: pensar el menú semanal, educar, hacer de taxista, acompañar a cumpleaños y actividades, preparar diariamente la mochila o el cambio de armario según la temporada y las tallas del crecimiento, estar pendiente de las tareas escolares y un largo etcétera.

Los estudios señalan que las mujeres siguen asumiendo una desproporcionada actividad relacionada con los cuidados. De media son responsables del 72,57% del trabajo mental y del 63,64% de todo el trabajo físico doméstico en comparación con sus parejas, lo que está relacionado con un mayor índice de estrés, ansiedad, depresión, problemas en la relación de pareja, agotamiento físico y emocional, entre otros.

¿Si hubiera corresponsabilidad los límites para protegerse del mundo digital serían más fáciles de poner?
 
Cuando se comparten responsabilidades, todo es más fácil. Cuando la pareja va a una, los resultados son mejores. Las mujeres con frecuencia tienen doble jornada, en la calle y en casa, lo que dificulta enormemente su tarea educadora. Por eso se recurre a usar las pantallas como niñeras o apaciguadoras de emociones. Esta sobrecarga encontraría su solución si los hombres asumieran sus responsabilidades y se repartieran de forma equilibrada las tareas. Poner límites y educar con disciplina no es fácil, es una de las tareas más complicadas de la educación en el hogar, pero si la madre y el padre hacen equipo, sus hijas e hijos tendrán menos resquicios por donde escabullirse.
 
¿Por qué resulta más complicado marcar límites en la actualidad?

Según mi experiencia podríamos señalar cuatro razones. La primera es que muchas madres y padres han tenido una educación autoritaria. Piensan que lo más positivo es irse al extremo opuesto, el estilo permisivo, de ser colegas, con pocas normas y responsabilidades, lo cual, por otro lado, facilitará enormemente (a corto plazo) su tarea educadora.

La segunda es que sienten incertidumbre. Piensan que pueden dañar a sus menores, que pueden frustrarse y ser infelices. Lo que no saben es que marcar límites es la mayor prueba de amor y protección. No saben que, si abordamos cada situación con paciencia, con normas coherentes, respeto, comunicación, firmeza y tolerancia, los resultados serán sorprendentes.

En tercer lugar, no saben cómo hacerlo si no es a través de los gritos y los castigos. Y la verdad es que es una tarea complicada. Pero se puede aprender porque hay técnicas fiables y con magníficos resultados. En último término no ponen límites por comodidad. Me encuentro a familias que no tienen gana de complicarse la vida, evitan la renuncia y la espera. Viven en un mundo de felicidad constante y los límites dificultan mucho esa forma de vida. No hay horarios, no hay obligaciones, no hay responsabilidades, si no les gusta una comida, se pone otra, se compran regalos por buen comportamiento y un largo etcétera.

El primer lugar donde aprendemos es la casa, una casa cada más mediatizada y con menos tiempo para el diálogo. ¿Si seguimos así qué sociedad vamos a crear?
 
Numerosos trabajos empíricos e investigaciones han demostrado que el primer lugar donde se aprende a gestionar las emociones es la familia. La falta de implicación o atención, la negligencia, la sobreprotección, la falta de comunicación o el maltrato pueden tener consecuencias negativas a largo plazo. Nuestras criaturas necesitan que establezcamos con ellas, día a día, un vínculo comunicativo seguro. Esto es, decir con nuestros actos y con nuestras palabras: "Te tengo en mi corazón y en mi cabeza, eres lo más importante para mí, por eso te digo que no".

"Nuestras criaturas necesitan que establezcamos con ellas, día a día, un vínculo comunicativo seguro. Esto es, decir con nuestros actos y con nuestras palabras que las tenemos en el corazón y la cabeza"
Para hacer esto tenemos que estar disponibles, pendientes, lo más cerca posible, priorizando sus necesidades. Tenemos que favorecer que se segregue oxitocina, buscando el contacto físico (con besos y abrazos), marcando rutinas, siguiendo horarios, siendo constantes, jugando, hablando, razonando, discutiendo con honestidad y sinceridad, dándoles valor y diciéndoles: "No, porque te quiero" todas las veces que creas necesarias. Debemos urdir unos buenos cimientos a base de vínculos.
 
¿Lo digital en la adolescencia está forjando más inestabilidad a futuro?
 
Claro, el mal uso de lo digital, la falta de normas en cuanto a su uso, la sobrexposición desde edades tempranas, las adicciones y contenidos inapropiados, está creando una generación adolescente insegura, emocionalmente inestable y con problemas de comportamiento. La adolescencia es una etapa de tránsito en la que se producen grandes cambios corporales, sexuales, intelectuales y emocionales; se construye nuestra personalidad, nuestra autoestima, nuestra manera de vincularnos, de percibirnos, de comprender el mundo, de posicionarnos ante él y de tomar nuestras primeras decisiones.
 
La idea que mejor define a cualquier adolescente es que está en construcción. La adolescencia se rige por el principio del placer y la recompensa inmediata. Las chicas y chicos quieren hacer lo que les da la gana, ¡ya!, sin valorar las consecuencias de sus actos. Rechazan el control y los límites. No son capaces de autorregularse porque aún están construyendo su identidad. Se están educando bajo un modelo de exposición constante donde su autoestima y su cuerpo han sido moldeados bajo una constante validación externa.
 
Tienen mucho que aprender y por ello tenemos que exigirles que asuman responsabilidades y respeten las normas, aunque no sean de su agrado. Esta etapa es una gran oportunidad para incidir en su desarrollo, antes de que su cerebro madure por completo, sobre los veinticinco años. Si el cerebro está inmaduro y no controla bien, quiere decir que va a necesitar a su madre y su padre —o a su figura de apego— más que nunca. Debemos motivar en este momento vital para que tengan voluntad y pospongan las gratificaciones. Hacerles saber que no se lo merecen todo y que van a tener que luchar para intentar alcanzar sus metas. Sin embargo, el uso descabellado y abusivo de las pantallas está descabezando muchas de nuestras tareas con las terribles consecuencias que esto puede tener en el proceso de maduración de una persona menor.
 
En una época en el que la conexión a lo 2.0 es constante, ¿cómo define la comunicación intergeneracional?
 
Complicada. No hay una conversación con una madre o un padre que no insista en que su adolescente habla poco o nada, está de mal humor, tiene "un pavazo", está hipersensible o va a su bola. Es un hecho que durante esta etapa la comunicación se tambalea, tienen reservas, celos de su intimidad, hablan con monosílabos y repiten una y otra vez aquello de que "tú no me entiendes". Quizá sea verdad que hablan poco y que es difícil la comunicación. Sin embargo, puede que no se lo pongamos todo lo fácil que debiéramos, quizás reaccionemos de forma brusca a sus montañas rusas emocionales, escuchemos poco y mal, interpretemos y juzguemos demasiado, nos falte comprensión y busquemos información sin más, en vez de una comunicación bidireccional.

Nuria Coronado Sopeña
Nuria Coronado Sopeña
Periodista y escritora
Es periodista, escritora, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Su último libro, 'No contaban con las madres' (Planeta), ya va por tercera edición. Antes coescribió junto a Laura Strego 'Lolita contra el lobo' sobre los abusos sexuales en la infancia. También es autora de la 'Guía de Prevención: grooming y pederastia', 'Mujeres de frente', 'Hombres por la igualdad', y 'Comunicar en igualdad', así como documentalista de 'Amelia, historia de una lucha' sobre la abolición de la prostitución.
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