Un general y un diplomático en 'Agenda Pública': "Es trágico que España no sea capaz de ponerse de acuerdo en cuestiones estratégicas en un mundo tan inestable"
La semana en la que España y Europa abordan su estrategia de seguridad y defensa , 'Agenda Pública' conversa con un general y un diplomático. ¿Por qué es relevante que el próximo encuentro entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo impulse nuevos acuerdos? El diplomático Rafael Dezcallar, exembajador de España en Alemania y China, y el general Miguel Ángel Ballesteros, exdirector del Departamento de Seguridad Nacional, comparten su análisis en un momento determinante.
Rafael Dezcallar (izquierda) y Miguel Ángel Ballesteros (centro) conversando con Marc López Plana. | Agenda Pública / Tania Sieira
Ambos son parte de la inteligencia que los Estados acumulan en el ámbito de nuestra seguridad y defensa. Servidores públicos que han contribuido con su carrera profesional a la posición de España en el mundo. Su opinión importa. Y hoy, en un contexto global clave, donde se debe abordar la posición de España en el debate global y europeo de la seguridad y defensa, compartimos la conversación en profundidad mantenida por Marc López Plana, editor y director de Agenda Pública, esta misma semana.
El general Miguel Ángel Ballesteros y el diplomático Rafael Dezcallar coinciden: "Europa se construyó en un mundo que ya no existe". En su opinión, tras el fin de los llamados dividendos de la paz y con la guerra de Ucrania demostrando que el conflicto militar en el continente ha dejado de ser imposible, la arquitectura de seguridad europea afronta una crisis existencial. Asimismo, advierten que China se erige por primera vez como un actor relevante en nuestra seguridad, mientras que el entorno favorable que garantizaba la prosperidad y la protección del continente ha desaparecido definitivamente ante nuevas dinámicas de fuerza.
Ante un escenario internacional donde el paraguas de Estados Unidos se vuelve condicional y "fiarnos plenamente es, como mínimo, arriesgado", Europa corre el peligro de perpetuarse como "gigantes económicos y enanos políticos" si no logra una integración real de su defensa. Los expertos advierten que la dependencia militar deviene inevitablemente en dependencia política, y que, si la Unión Europea no se convierte en una potencia con capacidad de disuasión propia, acabará perdiendo su relevancia económica y poniendo en riesgo el propio sostenimiento de su Estado del bienestar. La seguridad y la defensa, como política fundamental para garantizar nuestro bienestar.
El análisis aterriza en la realidad nacional señalando la urgencia de una "conversación adulta sobre defensa" que supere los tabúes heredados de la dictadura y la falta de cultura estratégica. Desde la necesidad de pactos de Estado entre gobierno y oposición hasta el "elefante en la habitación del que nadie quiere hablar: la disuasión nuclear",la conversación concluye en que España, gran beneficiaria de la estabilidad global, no puede seguir contribuyendo tan poco a su sostenimiento, pues la paz hoy exige la capacidad real de defenderla.
Rafael Dezcallar, Miguel Ángel Ballesteros y Marc López Plana se saludan antes de empezar la conversación. Foto: Ágenda Pública / Tania Sieira
¿Qué posibilidades hay de que Europa se enfrente a un conflicto armado en los próximos años? Miguel Ángel Ballesteros (M. A. B.): Hace apenas un año, un conflicto militar en Europa parecía imposible. Sin embargo, en 2014 Rusia ya había actuado en Crimea con una estrategia híbrida que aprovechó un vacío de poder en Kiev y fomentó el conflicto en el Donbás. La invasión más reciente a Ucrania, no fue una operación clásica, sino la continuación de aquella estrategia híbrida; el error de cálculo fue que los ucranianos resistieron y Zelenski no huyó, convirtiendo una operación limitada en una guerra abierta.
Donald Trump alerta que la guerra de Ucrania supone el riesgo de un conflicto global y defiende que Europa asuma su propia defensa y resuelva sus problemas, mientras la Unión Europea ha hecho muy poco para cubrir las carencias del repliegue estadounidense. Incluso la propuesta de usar los fondos rusos bloqueados, como los de Bélgica, genera problemas de confianza internacional.
A medio plazo, escenarios como los que demuestran las minorías rusófonas en Letonia o el corredor de Suwałki, que conecta Kaliningrado con Bielorrusia, podrían ser la excusa para que el Kremlin repita acciones de conflicto basadas en estrategias híbridas desarrolladas en la zona gris pero que pueden desencadenar guerras abiertas que afectan a la OTAN. Rafael, usted ha sido embajador en China. ¿Cómo deberíamos mirar desde España el papel de China en relación con Rusia y qué está haciendo Trump con Rusia pensando, en realidad, en China? Rafael Dezcallar (R. D.): China es hoy, por primera vez, un actor relevante en la seguridad europea. Y esto es importante subrayarlo, porque Europa se construyó en un mundo que ya no existe.
Ese entorno favorable, en el que nuestra seguridad estaba garantizada y nuestra prosperidad parecía asegurada, ha desaparecido. Tenemos que aprender a mirar a China, a Rusia, a Estados Unidos y también a nosotros mismos de otra manera.
"La única respuesta posible es reforzar la defensa europea"
La única respuesta posible es reforzar la defensa europea. Y cuando digo reforzar no me refiero solo a gastar más, que también, sino a gastar mejor y de forma coordinada. Y, sobre todo, a poner esos recursos al servicio de una política integrada.
Porque, sinceramente, ¿de qué sirve tener más tanques si no existe una política común que determine cómo, cuándo y para qué se utilizan?
Eso exige más integración política. Es extremadamente difícil, pero es inevitable. Si no lo hacemos, seguiremos siendo gigantes económicos y enanos políticos. Y la dependencia militar acaba siendo siempre dependencia política.
Eso se nota cuando Estados Unidos impone aranceles, cuando apoya guerras o cuando actúa unilateralmente en escenarios que afectan directamente a Europa, como puede ser Groenlandia. M. A. B.: Si Europa no se convierte en una potencia militar y tecnológica real, acabará dejando de ser una potencia económica. Hoy representamos alrededor del 25% del PIB mundial, pero sin respaldo militar nos irán imponiendo barreras, condicionando cadenas de suministro, y eso acabará afectando al Estado del bienestar.
"Sin respaldo militar nos irán imponiendo barreras, condicionando cadenas de suministro, y eso acabará afectando al Estado del bienestar"
Durante décadas disfrutamos de bajos costes de defensa. Primero por el paraguas de seguridad que proporionaba EE. UU. durante la Guerra Fría y después por los llamados dividendos de la paz. Eso se ha terminado. Hoy fiarnos plenamente de Estados Unidos es, como mínimo, arriesgado.
¿Creen que ha muerto la diplomacia y estamos entrando en una etapa en la que la fuerza sustituye a las reglas? R. D.: No. La diplomacia no es cortesía ni buenas maneras. La diplomacia es gestionar conflictos para evitar que deriven en guerra. Es confrontación sin armas.
El uso de la fuerza siempre tiene un coste enorme, también para quien la emplea. Otra cosa es que ciertos líderes estén reduciendo deliberadamente el margen de la diplomacia porque consideran que les beneficia. M. A. B.: De hecho, la nueva estrategia estadounidense habla explícitamente de "diplomacia no convencional". En la práctica, eso es "America First 2.0". Ningún tratado ni acuerdo merece sacrificarse si va contra los intereses nacionales.
Estamos entrando en un mundo nuevo y Europa, hoy, está más en el menú que en la mesa.
Dezcallar explica su visión de la diplomacia actual ante las miradas de Ballesteros y Plana. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Qué debería incluir el "menú" de la reunión que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición mantendrán próximamente? M. A. B.: Seguridad y defensa, sin ninguna duda. Pero también política exterior, economía y el papel de España en Europa. España tiene una enorme carencia de cultura de seguridad y defensa. Hay un sustrato pacifista muy profundo que dificulta explicar algo básico: sin capacidad de defensa no hay soberanía ni bienestar. R. D.: Y esa reunión debería servir para buscar consensos entre los dos grandes partidos. Es trágico que, en un mundo tan inestable, España no sea capaz de ponerse de acuerdo en cuestiones estratégicas.
"Ojalá la reunión entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo sirviera para establecer un mecanismo estable de diálogo entre Gobierno y oposición"
España es un gran país europeo y debería contribuir activamente a la seguridad europea, y hacerlo con respaldo político amplio. M. B. A.: Y ojalá esa reunión sirviera también para establecer un mecanismo estable de diálogo. Reuniones periódicas entre Gobierno y oposición para hablar de los temas esenciales del país. Porque hoy seguridad, economía y política europea están completamente imbricadas.
¿Cómo deben actuar las democracias frente a líderes imprevisibles como Trump, Putin o Xi Jinping? M. A. B.: Con pragmatismo. No se trata de ser serviles, sino de defender los intereses nacionales. En el caso de empresas estratégicas como Repsol, por ejemplo, su obligación es proteger a la empresa, a sus trabajadores y a sus accionistas. Eso también es defender a España. R. D.: Y, en un plano más general, las democracias deben combinar realismo con la creación de recursos propios: seguridad, economía y tecnología. Defender el Estado del bienestar exige capacidad de defensa. No es una alternativa, es una condición.
El diplomático Rafael Dezcallar durante la conversación. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Está la Unión Europea preparada políticamente para dar ese salto? M. A. B.: Europa necesitaría un nuevo tratado. El de Lisboa se ha quedado corto. Durante muchos años pensé que no vería ni siquiera el inicio de un ejército europeo. Ahora creo que al menos veremos el comienzo del camino. Como ocurrió con el euro: durante mucho tiempo parecía imposible.
"Si Estados Unidos se repliega, Europa tendrá que afrontar el debate nuclear"
Pero hay un elefante en la habitación del que nadie quiere hablar. Y es la disuasión nuclear. Si Estados Unidos se repliega, Europa tendrá que afrontar ese debate. Y en España, especialmente, nadie quiere ni siquiera mencionarlo. R. D.: Ese debate es incómodo, pero inevitable si Europa quiere ser algo más que un espacio económico. La disuasión ha formado parte de la arquitectura de seguridad desde 1945. Hasta ahora la hemos externalizado completamente a Estados Unidos.
"Se trata de asumir que la seguridad no es gratuita y que la credibilidad estratégica requiere capacidades reales"
Si ese paraguas se vuelve condicional o imprevisible, Europa tendrá que decidir qué hace. No se trata de proliferar armas, sino de asumir que la seguridad no es gratuita y que la credibilidad estratégica requiere capacidades reales. Pero ese debate parece políticamente tóxico en muchos países europeos, y especialmente en España.
El general Ballesteros durante la conversación. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
M. A. B.: En España hay una dificultad añadida. Nunca hemos tenido una conversación adulta sobre defensa. Venimos de una dictadura que se apropio del papel de las Fuerzas Armadas, que son un instrumento del Estado y no de la política.
Después, la entrada en la OTAN se hizo sin un consenso real. Afortunadamente ese consenso hoy existe. Y durante décadas hemos vivido cómodamente bajo el paraguas estadounidense sin hacernos demasiadas preguntas.
El resultado es una sociedad que asocia defensa con militarismo, cuando la defensa es un instrumento del Estado esencial. Sin seguridad no hay nada de lo demás. R. D.: Y además hay una paradoja clara. España se beneficia enormemente de la estabilidad internacional —comercio, turismo, inversiones— pero contribuye poco al sostenimiento de ese orden. Eso ya no es sostenible. Si tuvieran que resumir en una idea qué debería hacer España en este contexto, ¿cuál sería? M. A. B: España debería tomarse en serio su papel europeo. Eso implica asumir costes, invertir más en defensa y liderar políticamente el debate sobre una Europa más integrada y más soberana. R. D.: Y explicar a la ciudadanía que el mundo ha cambiado. Que la paz no es solo ausencia de guerra en nuestro territorio, sino capacidad de disuadir. Y que Europa sólo será dueña de su destino si está dispuesta a defenderlo.