Martes, 28 de julio de 2026
DEFENSA EUROPEA

Groenlandia y el test definitivo: por qué España debe defender la presencia militar europea

Groenlandia ya no es un territorio lejano, sino una prueba de credibilidad para la Unión Europea. La presión estratégica de Estados Unidos sobre suelo europeo revela hasta qué punto la UE es capaz —o no— de defender su soberanía. Sin una respuesta común, la autonomía estratégica seguirá siendo retórica. España debería implicarse.

Agenda Pública Agenda Pública 8 de enero de 2026
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Las banderas de Groenlandia y Dinamarca ondean durante una rueda de prensa conjunta con la primera ministra Mette Frederiksen y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen. | Kristian Tuxen Ladegaard Berg / Zuma Press / ContactoPhoto
Las banderas de Groenlandia y Dinamarca ondean durante una rueda de prensa conjunta con la primera ministra Mette Frederiksen y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen. | Kristian Tuxen Ladegaard Berg / Zuma Press / ContactoPhoto
Durante demasiado tiempo, Groenlandia ha sido tratada en Europa como una periferia remota: un territorio exótico, helado y políticamente irrelevante. El último First Glance del think tank Bruegel, firmado por su asesor senior Guntram B. Wolf, desmonta esa complacencia con una tesis clara: Groenlandia es hoy una prueba estratégica para Europa, y la respuesta —o la ausencia de ella— definirá hasta qué punto la Unión es capaz de defender su soberanía, incluso frente a sus propios aliados.

"¿Está la Unión Europea dispuesta a aceptar una intervención americana en suelo europeo?"
La cuestión ya no es si Groenlandia importa. Trump ("¿Sabes lo que Dinamarca hizo recientemente para aumentar la seguridad en Groenlandia? Añadieron un trineo para perros más") y su asesor Stephen Miller ("Nadie va a enfrentarse militarmente a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia") han sido claros y a los europeos nos cuesta leer bien lo que dicen y siempre intentamos no darles mucha credibilidad. 
Por lo tanto, la cuestión es si la Unión Europea está dispuesta a comportarse como un actor estratégico o a aceptar una intervención americana en suelo europeo. 

La amenaza es estructural

El argumento central de Guntram B. Wolf se basa en que el riesgo para Groenlandia no proviene de una fantasía aislada ni de un episodio retórico estadounidense, sino de una transformación profunda del orden internacional. El Ártico se ha convertido en un espacio de competencia estratégica entre grandes potencias, donde confluyen tres factores clave:

  1. Geografía militar: Groenlandia es esencial para el control del Atlántico Norte y del GIUK Gap, crítico para la disuasión frente a Rusia.

  2. Infraestructura estratégica: radares, satélites, cables submarinos y sistemas de alerta temprana pasan o dependen de su entorno.

  3. Recursos críticos: tierras raras y minerales estratégicos, indispensables para la transición energética y la industria de defensa.

"Si un actor externo puede presionar, condicionar o forzar el estatus de Groenlandia sin una respuesta europea clara, entonces ningún territorio europeo es realmente seguro"
El análisis de Bruegel subraya un punto fundamental: si un actor externo puede presionar, condicionar o forzar el estatus de Groenlandia sin una respuesta europea clara, entonces ningún territorio europeo es realmente seguro. No se trata solo de Dinamarca; se trata del principio mismo de soberanía en Europa.


El desafío no proviene de Rusia o China, sino del interior del espacio atlántico y aquí está la clave más delicada —y más europea— del análisis. Cuando un aliado plantea abiertamente la posibilidad de controlar un territorio europeo por razones estratégicas propias, se cruza la frontera de lo estrictamente militar pasándose a la política. Bruegel lo plantea con crudeza: si Europa acepta que la seguridad depende exclusivamente de la voluntad estadounidense, entonces renuncia de facto a su autonomía estratégica. Y si no es capaz de proteger a uno de sus Estados miembros en un caso tan claro como Groenlandia, difícilmente podrá hacerlo en escenarios futuros más ambiguos.

España, la UE y el envío de tropas a Groenlandia

El presidente Sánchez debería incluir el envío de tropas españolas a Groenlandia en su ronda del próximo lunes con los diferentes grupos parlamentarios en la que inicialmente solo se hablará del envío de tropas a Ucrania una vez finalice la guerra. Groenlandia no es Ucrania, no es Oriente Medio, no es una guerra por delegación. Es territorio europeo bajo presión estratégica directa. Si España aspira a ser algo más que un actor declarativo en la defensa europea, este es precisamente el tipo de escenario en el que debe implicarse. 

"La seguridad del Atlántico Norte condiciona directamente la estabilidad de las rutas comerciales, el suministro energético y el equilibrio geopolítico del que depende el flanco sur europeo, incluido el Estrecho y Canarias"
Para España, el Ártico no es un escenario remoto ni ajeno a sus intereses estratégicos. La seguridad del Atlántico Norte condiciona directamente la estabilidad de las rutas comerciales, el suministro energético y el equilibrio geopolítico del que depende el flanco sur europeo, incluido el Estrecho y Canarias. En ese contexto, una posición clara de PP y PSOE a favor de una presencia europea en Groenlandia no solo reforzaría la autonomía estratégica de la Unión, sino que permitiría a España proyectarse como un actor responsable en materia de seguridad. Un consenso entre PP y PSOE en torno a esta cuestión enviaría, además, una señal de madurez política y continuidad estratégica tanto a los socios europeos como a los aliados atlánticos: la defensa debe que fuera de las batallitas políticas y ser una política pública capaz de sostenerse más allá de los ciclos electorales y de contribuir de forma creíble a la construcción de una Europa con capacidad real para proteger sus intereses.


Hablar de la necesidad de que los países de la UE, y España entre ellos, envíen tropas a Groenlandia puede parecer provocador, pero en realidad es profundamente coherente. No se trata de militarizar el Ártico ni de desafiar a nadie, sino de tres cosas muy concretas:


  • Respaldar a Dinamarca como Estado miembro cuya soberanía está siendo puesta en cuestión.
 
  • Europeizar la seguridad del Ártico, evitando que se convierta en un asunto bilateral entre Washington y Copenhague o una cuestión de la OTAN.
 
  • Convertir la autonomía estratégica en hechos, no solo en documentos.
 
  • Paradójicamente, consolidar el propio futuro de la alianza atlántica: si la UE no se toma en serio su defensa, EEUU no lo hará por nosotros


Una presencia española —en el marco de una misión europea reforzada y dejando fuera, por su bien, a la OTAN— tendría un valor político superior al militar: demostraría que Europa es capaz de actuar unida cuando el problema es incómodo, incluso si implica tensiones internas dentro de la alianza atlántica.

Bruegel concluye que Groenlandia es un test de credibilidad. No por su tamaño ni por su población, sino porque concentra todas las contradicciones europeas: dependencia estratégica, ambigüedad política y miedo a asumir costes.


España no puede limitarse a observar este test desde la barrera. Como ha señalado el editor y director de Agenda Pública en su Brújula Europea, defender Europa hoy implica asumir riesgos calculados para evitar vulnerabilidades mayores mañana. Si Europa no se defiende en Groenlandia, difícilmente podrá defenderse en el Mediterráneo, el Báltico o el flanco sur.

Groenlandia no es marginal. Lo marginal sería que la UE y España siguieran actuando como si lo fuera.

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