Martes, 28 de julio de 2026
POLÍTICA MONETARIA

España se queda fuera del BCE por segunda vez

Bernardo de Miguel, corresponsal en Bruselas, traslada su atención a Fráncfort, la sede del Banco Central Europeo. España, que "ha optado por no quemar capital político en una batalla que se daba por perdida", perderá un lugar importante en el órgano monetario europeo tras la salida de Luis de Guindos, pero aún quedará una opción de mantener la influencia española en 2027. De lo contrario, "su influencia en la zona euro puede darse un gran batacazo como en 2012".

Bernardo de Miguel Bernardo de Miguel 16 de enero de 2026
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Luis de Guindos y Christine Lagarde. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Luis de Guindos y Christine Lagarde. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
La salida de Luis de Guindos de la vicepresidencia del BCE dejará a España por segunda vez desde la creación del euro (1999) sin representación en el Comité Ejecutivo del emisor. España ya sufrió a partir de 2012 la exclusión durante seis años de ese órgano fundamental para marcar el rumbo de los tipos de interés en la unión monetaria. Entonces fue como castigo simbólico por la crisis financiera e inmobiliaria que atravesó el país. Ahora se trata de una salida de Fráncfort más coyuntural, provocada por la habitual alternancia de nacionalidades en los altos cargos europeos. Pero corre el riesgo de convertirse en una peligrosa y prolongada pérdida de poder en la zona euro si España no ata con tiempo y de manera firme su pronto retorno al núcleo duro del BCE.

El plazo para presentar candidatos al relevo de De Guindos, cuyo mandato expira el próximo 31 de mayo, se cerró el pasado viernes y España ha optado por no presentar ningún aspirante. La renuncia a competir de nuevo por el puesto parecía inevitable porque, con toda probabilidad, el resto de socios no hubiera aceptado que la vicepresidencia recayera en algún candidato de la misma nacionalidad que el saliente.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por no quemar capital político en una batalla que se daba por perdida. El Ejecutivo español confía en que la ausencia del órgano de dirección del BCE sea una breve pausa y que España se haga con alguno de los tres puestos que quedarán vacantes en 2027, entre ellos, el de la presidenta, la francesa Christine Lagarde.

"El Ejecutivo español confía en que la ausencia del órgano de dirección del BCE sea una breve pausa y que España se haga con alguno de los tres puestos que quedarán vacantes en 2027"
Pero si el cálculo sobre el regreso en cuestión de meses sale mal, España corre el riesgo de pasar de nuevo un largo periodo fuera del sanedrín. La competencia para abrirse un hueco es más reñida de lo que parece. De las tres vacantes que se producirán el año que viene dos de ellas están ocupadas por Francia y Alemania —Christine Lagarde e Isabel Schnabel, respectivamente— y se da prácticamente por descontado que esos dos países seguirán presentes en el Comité Ejecutivo. De manera que solo una de las plazas previsiblemente disponibles saldrá verdaderamente a concurso político. Si esa bala falla y España se queda fuera por más tiempo de lo previsto por el Gobierno, su influencia en la zona euro puede darse un gran batacazo como en 2012.


El Comité Ejecutivo es el órgano clave del BCE. Y aunque las decisiones del Banco son aprobadas por el Consejo de Gobierno, donde se sientan por rotación los gobernadores de los bancos centrales de la zona euro, lo cierto es que el sexteto presidido ahora por Lagarde marca la senda a seguir sobre las decisiones más trascendentales de la política monetaria.

Todos los países de la zona euro se disputan la presencia en ese selecto grupo de dirección. La prueba más reciente es que hasta seis países han presentado candidatos para tomar el relevo de De Guindos. Lógico, porque el perfil del Comité Ejecutivo influye en las grandes decisiones del BCE. Y los gobiernos son conscientes de la repercusión política que esas decisiones tendrán en la economía en general —la de empresas y consumidores— y, en particular, en millones de personas con créditos hipotecarios. Basta ver la guerra abierta por Donald Trump en EE. UU. contra el presidente de la Reserva Federal (el equivalente estadounidense del BCE) para percibir la importancia política que tiene el desarrollo de la política monetaria.

En la zona euro, las normas sobre el nombramiento de los seis miembros del Comité Ejecutivo del BCE no establecen ningún criterio de reparto, alternancia o rotación entre los veintiún países que comparten la moneda única. Cualquier persona nacional de un país de la zona euro que reúna la cualificación requerida puede ser elegida por el Consejo Europeo para la presidencia, la vicepresidencia o uno de los otros cuatro puestos restantes del Comité Ejecutivo.

"Un acuerdo tácito desde la fundación del Banco reserva un puesto del Comité Ejecutivo a cada uno de los cuatro países más grandes (Alemania, Francia, Italia y España)"
Pero un acuerdo tácito desde la fundación del Banco reserva un puesto del Comité Ejecutivo a cada uno de los cuatro países más grandes (Alemania, Francia, Italia y España), que representan más de tres cuartas partes de la economía de la zona euro. Esa norma no escrita casi siempre se ha cumplido a rajatabla. Con una dolorosa excepción para España. La cuarta economía de la zona euro perdió su asiento en el Comité Ejecutivo del BCE en 2012, cuando expiró el mandato del entonces miembro José Manuel González Páramo. España perdió entonces su presencia ininterrumpida en el Comité Ejecutivo desde el nacimiento del euro.


Pero el relevo de González Páramo coincidió con la grave crisis en España por el estallido de la burbuja del crédito inmobiliario, que se llevó por delante a decenas de entidades y obligó al Gobierno de Mariano Rajoy, con De Guindos precisamente como ministro de Economía, a pedir un rescate bancario de hasta 100.000 millones de euros al mecanismo de estabilidad de la zona euro (MEDE).

La reputación de España quedó entonces por los suelos en Bruselas. Y varios países, con Alemania al frente, se negaron a apoyar cualquier candidatura al BCE procedente de España por muy acreditada que estuviera su valía y experiencia.

"Durante la crisis, se dejó a España fuera del BCE durante seis largos años, una humillación que no ha sufrido ninguno de los otros tres grandes socios de la zona euro"
Rajoy intentó evitar la condena al ostracismo y
jugó incluso la carta del equilibrio de género, proponiendo candidatas con gran trayectoria a un Banco donde, en ese momento, los seis miembros del Comité Ejecutivo eran varones. Pero el nein se mantuvo y dejó a España fuera del BCE durante seis largos años, una humillación que no ha sufrido ninguno de los otros tres grandes socios de la zona euro. Alemania, Francia e Italia también han perdido alguna vez la silla, pero ha sido de manera breve y solo para dar tiempo a que se les abriera la esperada vacante.

En 2018, con De Guindos, España volvió al puesto de mando del BCE. Y la situación económica se ha dado la vuelta por completo. España es el país que más crece entre los grandes de la zona euro. Y difícilmente se le puede negar su presencia en el Comité Ejecutivo de la máxima autoridad monetaria. Pero a diecisiete meses vista para la primera vacante disponible, y con un calendario político y electoral endiablado en España y en Europa, más vale no dar por seguro que después de De Guindos otro español tenga el puesto garantizado en Fráncfort.
Bernardo de Miguel
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.
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