En España, la energía nuclear ha estado marcada por la polémica durante muchos años y ha sido fuente de movilización y división social. El punto álgido de esta controversia se registró en los años posteriores al accidente de Fukushima en 2011, cuando el rechazo a la tecnología nuclear en España alcanzó sus niveles más altos, situándose en torno al 64%. Este sentimiento fue fruto de un clima de desconfianza generalizada, marcado por la fuerte influencia del contexto internacional. Incluso en 2015, algunas encuestas registraban que una mayoría del 60% de los españoles manifestaba una opinión negativa sobre la generación eléctrica de origen nuclear. En este contexto, tras el accidente nuclear en Japón, el Bundestag alemán aprobó la eliminación gradual de la energía nuclear en Alemania, completando el abandono total en abril de 2023.
Esta percepción social, sumada al contexto global, ha condicionado la planificación energética nacional española, culminando en el actual calendario de cierre progresivo de los siete reactores españoles, fijado entre 2027 y 2035 mediante un protocolo firmado en 2019. España, por tanto, mantiene un calendario de cierre progresivo de sus reactores, a diferencia de la mayoría de sus socios europeos. Sin embargo, la creciente presión global y los retos internos han forzado una revaluación de su papel que se antoja más necesaria que nunca. ¿Tiene sentido llevar a cabo este proyecto?
"La percepción social hacia la energía nuclear ha cambiado significativamente en muy poco tiempo y en un contexto condicionado por la invasión de Ucrania"
La percepción social hacia la energía nuclear ha cambiado significativamente en muy poco tiempo y en un contexto condicionado por la invasión de Rusia sobre Ucrania, el debate en toda la Unión Europea sobre la autonomía estratégica, o
su consideración como energía de transición por parte de la propia Comisión Europea.
El Periódico publicó en agosto de 2025
un sondeo señalando que el 70% de la población estaría a favor de revisar el calendario de cierre de las centrales nucleares. ¿Por qué?
El contexto internacional: ¿una tendencia a la extensión?
Muchos países han optado por mantener o ampliar sus parques nucleares como parte de su estrategia para reducir emisiones, estabilizar precios y reforzar la seguridad energética. Al menos doce de los trece países de la UE con capacidad nuclear han revisado sus planes en los últimos años para prolongar la vida útil o desarrollar nuevas instalaciones. Asimismo, la Comisión Europea calificó en 2022 la extensión, mantenimiento y modernización de los parques nucleares como "actividades de transición" en el marco de la nueva taxonomía de la UE, reconociendo su contribución a los objetivos climáticos.
Asimismo, las grandes potencias nucleares, como Estados Unidos, Francia y China, están ampliando significativamente la vida útil o construyendo nuevos reactores. Por ejemplo, en Estados Unidos, la central de North Anna, similar a las españolas de Almaraz y Ascó, recibió autorización en 2024 para extender su licencia de explotación hasta los 80 años de operación (2058 y 2060). Sus detractores señalan que es una política arriesgada dada la generación de residuos peligrosos de larga duración, el riesgo de accidentes graves, altos costos de construcción y desmantelamiento, y el riesgo de que apostar por ella dificulte el desarrollo y la apuesta por las energías renovables.
La energía nuclear representa el 20% de la electricidad en España
Sin embargo, la energía nuclear, a pesar de representar solo el 5,5% de la potencia instalada en España, aportó más del 20% de la electricidad total generada en 2024. Es la segunda mayor fuente de generación libre de emisiones —atendiendo a las definiciones de la Comisión Europea—, contribuyendo con el 26% de la generación limpia en 2024 y
evitando en una década la emisión de más de 300 millones de toneladas de CO₂ en España.
Los defensores de esta tecnología argumentan que la firmeza y estabilidad de la energía nuclear son cruciales para complementar el despliegue de renovables intermitentes. Con una disponibilidad de casi el 90% de las horas del año, defienden, aporta
estabilidad y previsibilidad.
El apagón del 28 de abril de 2025 evidenció la necesidad de contar con un mix de generación capaz de responder a incidencias de la red. Asimismo, defienden la estabilidad de precios, su contribución a limitar la entrada de tecnologías fósiles más caras, reduciendo la exposición a la volatilidad de los precios del gas.
PwC estimó en 2024 que la no disponibilidad de generación nuclear habría supuesto un aumento medio del precio mayorista de 37 €/MWh, con aumentos del 23% para hogares y pymes, y del 35% para la industria. Una visión que choca con la de los partidarios del cierre, que
señalan que la prolongación de las centrales afectaría al desarrollo e inversión de las energías renovables. ¿Es realmente así?
¿Menos nuclear y más gas?
Entre los defensores del uso de esta tecnología, algunos expertos señalan que el cierre nuclear podría llevar al aumento de la dependencia fósil, y que sustituir la generación nuclear con generación fósil pondría en riesgo los objetivos de reducción de emisiones y encarecería el proceso de transición energética. También advierten sobre la inestabilidad de precios: un escenario de cierre anticipado produciría, según esta visión, incrementos en los costes eléctricos para hogares, pymes e industria. Además, según algunas estimaciones, el cierre del parque nuclear español podría producir un incremento medio del 9% del precio de mercado.
"La continuidad de los reactores se enfrenta a importantes obstáculos al no existir un reconocimiento en el actual modelo de planificación energética"
La realidad es que la continuidad de los reactores se enfrenta a importantes obstáculos en el marco regulatorio español por la falta de reconocimiento explícito en la planificación energética, el modelo de gestión de residuos y la elevada carga fiscal. El modelo fiscal de la energía nuclear en España difiere del de otros países, como el Impuesto sobre la Producción de Combustible Nuclear Gastado y Residuos Radiactivos. Estos gravámenes específicos habrían aumentado más de un 70% en los últimos cinco años
, con un impacto notable sobre el coste total de producción. En contraste, en otros países europeos, las instalaciones nucleares
están recibiendo ayudas públicas o esquemas de apoyo para su mantenimiento o ampliación.
Asimismo, en España, los operadores asumen la obligación financiera de la gestión de residuos y desmantelamiento mediante la "Tasa Enresa", pero no participan en la gestión técnica y operativa, lo que reduce su capacidad de planificación a largo plazo. La Tasa Enresa se ha incrementado significativamente tras la aprobación del 7º Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR), con un aumento adicional del 30% en 2024, hasta 10,36 €/MWh. Además, la energía nuclear aún no se integra de manera explícita en la planificación energética nacional, a diferencia de otros países europeos. Integrarla de esta manera permitiría dotar al sector de un horizonte claro y estable.
Entonces, ¿cuál es el futuro de la energía nuclear en España?
Agenda Pública aborda un
debate con defensores y detractores de esta tecnología. Se discute, por tanto, el futuro de la energía nuclear en España
desde la perspectiva técnica sobre su seguridad, viabilidad económica y de aportación a la estabilidad del sistema eléctrico. Al mismo tiempo, se incluye la perspectiva fiscal, la controversia sobre gestión de residuos o los aspectos relativos a la gobernanza.
Vale la pena, en un contexto donde prácticamente ningún debate de la agenda se aborda valorando argumentos a favor y en contra,
analizar la complejidad del contexto energético y geopolítico que vive España, o la Unión Europea, y compartir las conclusiones desde distintos puntos de vista con sus lectores para un debate público mejor informado.