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YVES HERMAN (REUTERS)

La derecha populista de Geert Wilders gana contra todo pronóstico las elecciones en los Países Bajos

Anne-Marie Reynaers

6 mins - 23 de Noviembre de 2023, 16:00

Contra todo pronóstico, Geert Wilders, líder del “Partido para la Libertad” (PVV), ganó ayer las elecciones generales de los Países Bajos. El Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), en el poder desde 2010 y liderado hasta hace poco por el primer ministro Mark Rutte, se ha quedado tercero, mientras que el segundo puesto se lo ha llevado la formación de izquierdas resultado de la fusión entre la “Izquierda Verde” y el “Partido (socialdemócrata) del Trabajo” (GroenLinks-PvdA). Estos resultados no habían sido previstos por ningún sondeo y la sorpresa, para bien o para mal, es verdaderamente grande en el país. 

Tras la caída anticipada en julio de 2023 del Ejecutivo conocido como “Rutte IV”, una coalición compuesta por el VVD, los Demócratas 66 (D66), la Llamada Demócrata Cristiana (CDA) y la Unión Cristina (UC), los holandeses se movilizaron ayer martes para decidir sobre el futuro político del país. A las nueve de la noche las urnas se cerraron y poco después comenzaron a publicarse los primeros resultados provisionales. A pesar de que los sondeos pronosticaban una victoria por la mínima para el VVD (29 escaños de un total de 150), actualmente liderada por la ex Ministra de Justicia y Seguridad, Dilan Yeşilgöz, con el PVV en segunda posición (27) y seguido por GroenLinks-PvdA (24), finalmente ha sido Geert Wilders quien se ha llevado la gran victoria con 37 escaños.  Diez más de lo previsto y en alguna medida a costa del VVD (24), partido que ha sufrido un desplome de diez escaños respecto a los que tenía hasta ahora en el parlamento. La caída del VVD es aún más dura al verse superado por la formación de izquierdas GroenLinks-PvdA (25). Los resultados definitivos se conocerán el 1 de diciembre.  

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La sorprendente victoria del PVV, un partido populista de derechas fundado en 2006 por Geert Wilders y que se caracteriza por su euroescepticismo y la islamofobia, es un claro reflejo de la volatilidad que caracteriza la intención de voto en el país. A modo de ejemplo, tras la disolución del Gobierno Rutte IV el pasado julio, el “Movimiento Campesino-Ciudadano” (BBB) apuntaba, según los sondeos, a los 23 escaños, convirtiéndose de este modo en el partido con más apoyo solo por detrás del VVD. Estos escaños virtuales, sin embargo, se fueron derritiendo como la cera a medida que se iban aproximando las elecciones (finalmente ha logrado 7 escaños). Más adelante los estudios demoscópicos comenzaron a alzar a Pieter Omtzigt, cofundador del partido “Nuevo Contrato Social” (NSC) creado el pasado agosto, llegando a sonar incluso como posible nuevo primer ministro. Al igual que con el BBB, el resultado de anoche dista mucho de las previsiones, ocupando el cuarto lugar con 20 escaños. 

La volatilidad electoral no es un fenómeno reciente en los Países Bajos, sino que se trata de un rasgo afianzado en la política neerlandesa. La volatilidad es entendida como el grado de intercambio de la preferencia de voto por parte del electorado de unos comicios a otros. La volatilidad se considera alta cuando la cifra alcanza un 15%. Si nos fijamos en el gráfico de más abajo, podemos concluir que en los últimos 30 años la sociedad holandesa cambia su voto de un partido a otro con relativa facilidad. La más reciente manifestación de esa volatilidad, que ahora resulta muy significativa, se ha observado en las últimas dos últimas semanas cuando, casi de un día para otro, el PVV de Wilders subió abruptamente de 17 a 27 escaños. Puede ser que la actual líder del VVD, la hasta ahora ministra de Justicia y Seguridad, Dilan Yeşilgöz, regalase buena parte de sus diez escaños cuando hace unos días comunicó que no veía factible un matrimonio con el PVV, a pesar de que ambos líderes coincidían en la necesidad de una política de migración y asilo más restrictiva. En este sentido, parece que el PVV ha atraído a votantes estratégicos que querían asegurar un Gobierno de derechas en el país. 
 
Fuente: Emanuele, V. (2015), Dataset of Electoral Volatility and its internal components in Western Europe (1945-2015), Rome: Italian Center for Electoral Studies

Además de la volatilidad electoral, hay que destacar que en los Países Bajos los partidos políticos aparecen y desaparecen con relativa normalidad. En estas últimas elecciones han sido 26 formaciones políticas las que se han presentado a los comicios, mientras que en 2021 fueron 37. Con un paisaje político tan cambiante, fragmentado y plural uno podría llegar a pensar que estamos ante un problema de gobernabilidad sin solución. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Desde el año 1945 este sistema multipartidista ha dado lugar a coaliciones compuestas por dos, tres o incluso cuatro partidos uniendo, a menudo, la derecha con la izquierda y apoyados por el centro. Algo que, hasta el día de hoy, por ejemplo en España no se ha logrado. Esta larga tradición en construir coaliciones no significa que la formación de gobiernos sea rápida y fácil, pero sí proporciona una base sólida para que las diferencias entre partidos puedan resolverse en acuerdos mutuos. 



Como ganador de las elecciones, la llave para formar un nuevo gobierno está en manos de Geert Wilders. Curiosamente, el líder populista empezó su carrera política como diputado para el VVD y en 2010, ya con su actual partido, apoyó al primer gobierno (minoritario) de Rutte. Wilders ya ha comunicado que tiene la ambición de ser el primer ministro de “todos los holandeses” y que le gustaría formar una coalición con el NSC, CDA, BBB y el VVD. Aunque inicialmente Yeşilgöz se mostraba reacia a colaborar con el PVV, tras los resultados de anoche ha comunicado que consultará con su partido la relación que deben establecer con Wilders. 

Al nuevo gobierno le esperan retos complejos como la escasez de viviendas, la política de asilo, la inmigración y la caída de la confianza de los ciudadanos en la política. Asimismo, la seguridad del propio Wilders puede convertirse también en un desafío, ya que en las últimas dos décadas este político tiene que vivir en un safehouse secreto debido a las amenazas que recibe a causa de sus declaraciones contra el Islam. Las elecciones de ayer marcan una ruptura en la hegemonía del VVD. Los neerlandeses no tendrán, como muchos esperaban, a una mujer como primera ministra de la historia del país. Con Geert Wilders, Holanda tendrá, igual que con Mark Rutte, a un primer ministro cuyas raíces familiares se encuentran en “Nederlands-Indië”, es decir, en la antigua colonia neerlandesa de Indonesia.
 
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