Martes, 28 de julio de 2026
ACUERDO COMERCIAL

Importar dependencia energética: el acuerdo comercial de la UE con EE. UU.

La UE se ha comprometido a importar energía de EE. UU. por más de 640.000 millones de euros en tres años, una cifra que, como advierte el experto en energía Pedro Fresco, resulta materialmente imposible. El acuerdo, concluye, "refleja una preocupante estrategia de apaciguamiento frente a Trump que refuerza la dependencia energética y debilita la posición estratégica de Europa ante futuras crisis".

Pedro Fresco Pedro Fresco 29 de julio de 2025
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La Unión Europea y Estados Unidos han llegado a un acuerdo comercial por el que la UE cede en unas cuantas cuestiones, entre ellas un arancel general del 15% para las exportaciones europeas o la compra no cuantificada de equipamiento militar a la potencia norteamericana. Sorprende, sobre todo, el compromiso de comprar productos energéticos a los EE. UU. por importe de más de 640.000 millones de euros en los próximos tres años, esto es, aproximadamente 215.000 millones al año. Y sorprende, más que nada, porque es absolutamente imposible de cumplir.

"Actualmente, solo el 17% de las importaciones energéticas de la UE provienen de EE. UU., así que este compromiso implicaría subir este porcentaje hasta el 57%"
La UE gastó en 2024 casi 376.000 millones de euros en la importación de productos energéticos. Actualmente, solo el 17% de las importaciones energéticas de la UE provienen de EE. UU., así que este compromiso implicaría subir este porcentaje hasta el 57%, es decir, 40 puntos más a precios y volúmenes constantes. Es un aumento tan bárbaro que no se podría dar ni en la mejor de las circunstancias


EE. UU. nos provee del 50% del Gas Natural Licuado (GNL) y del 16% del petróleo que consumimos. El GNL solo representa el 11% de las importaciones energéticas del continente, así que, aunque los EE. UU nos suministrasen el 100% del GNL, este porcentaje solo subiría 5 puntos la aportación energética de ese país. El gas que importamos por gasoductos no se puede comprar a EE. UU. porque no nos unen gasoductos y, además, está sometido a contratos de largo plazo y usualmente a cláusulas “
take or pay” (es decir, o se compra o se paga igual, aunque no se consuma). Europa tampoco tiene tanta capacidad de regasificación como para sustituir este gas que nos llega por gasoducto.

"La clave sería el petróleo que es el responsable del 70% del coste de las importaciones energéticas europeas"
Donde estaría la clave del asunto sería en el petróleo, responsable del 70% del coste de las importaciones energéticas europeas, pero aquí también hay contratos a largo plazo con proveedores y libertad de los operadores privados para comprar petróleo de diferentes países productores. Además, y aunque no es tan importante como en el caso del gas, existen oleoductos que suministran petróleo a algunos países de Europa. Tampoco hay seguridad de que el petróleo estadounidense fuese adecuado para todas las refinerías europeas sin tener que hacer importantes modificaciones. Cambiar todo esto en tres años al nivel que sería necesario para cumplir ese compromiso es absolutamente inviable.


Resulta difícil entender por qué la UE se compromete a algo que no va a poder cumplir. Si la idea es apaciguar a Donald Trump con acuerdos que luego no se cumplirán para evitar así unos aranceles mayores, preveo mal futuro a esa estrategia: cuando le venga bien política o electoralmente, Trump puede desmarcarse diciendo que la UE no cumple su acuerdo e imponer nuevos aranceles, para volver de nuevo a una negociación donde la UE será todavía más dependiente de EE. UU. en el grado en que haya cumplido parte de lo acordado. La estrategia del apaciguamiento tiene enormes riesgos porque, si tu contraparte no es fiable y no respeta los pactos, cada vez te encuentras en una posición de mayor debilidad.


La dependencia energética de Europa ha sido una debilidad hábilmente utilizada por Donald Trump. Si no fuésemos dependientes energéticamente no hubiese tenido sentido esa exigencia, pero lo somos. La experiencia reciente con Rusia nos ha enseñado que es muy problemático tener dependencia energética de países con los que tienes un conflicto. Y con EE. UU., nos guste o no admitirlo, tenemos un conflicto porque su presidente ha venido a poner patas arriba el orden internacional basado en normas y en la confianza mutua.


"Mientras la UE se compromete a cosas imposibles, China dejó de importar productos energéticos estadounidenses el pasado mes de junio"
Por cierto, mientras la UE se compromete a cosas imposibles, China dejó de importar productos energéticos estadounidenses el pasado mes de junio. En marzo dejó de comprar GNL, en mayo prácticamente ya no le compraba carbón y en junio dejó de comprarle petróleo. Los aranceles impuestos por China a los productos energéticos estadounidenses, en respuesta a los aranceles impuestos por Trump, ha llevado a que se extingan esas importaciones. Parece que EE. UU. quiere que la UE pague lo que China ha dejado de comprar.


Si Europa quiere ser más fuerte para poder afrontar el próximo arrebato que tenga Donald Trump lo que tiene que hacer es exactamente lo contrario de lo que el presidente norteamericano desea. Cuando aterrizó en Escocia el pasado sábado, Trump declaró que los europeos tenían que hacer dos cosas: parar la inmigración y frenar la energía eólica. Pues bien, lo que Europa necesita es mucha más energía eólica para depender menos del gas estadounidense.

"Europa no puede perder un segundo ni racanear un solo euro en instalar toda la energía solar que pueda, todas las baterías y todas las plantas de biogás que pueda construir de forma viable"
Y no solo energía eólica. Europa no puede perder un segundo ni racanear un solo euro en instalar toda la energía solar que pueda, todas las baterías y todas las plantas de biogás que pueda construir de forma viable. Europa debe acelerar sin titubear hacia una rapidísima electrificación de coches y camiones, debe instalar masivamente bombas de calor para sustituir las calefacciones de gas y debe acelerar la electrificación de la industria. Europa debe pasar ya de las palabras a los hechos y hacer de la electricidad la forma de energía final más competitiva, que es lo que realmente acelerará este proceso de electrificación. Extirpemos todos los costes de la tarifa eléctrica que se puedan imputar en otro lugar y afrontemos de una vez la disfuncionalidad del sistema marginalista para fijar los precios eléctricos, parte fundamental del problema que nos ha impedido electrificar hasta ahora.


No sé qué más evidencias necesitamos los europeos para entender que debemos desengancharnos de esta adicción a la energía fósil. Espero que Ursula Von der Leyen tenga una estrategia que vaya más allá del apaciguamiento y de buscar el mal menor, porque la imagen de debilidad que ofrece este pacto es evidente y el juego de las promesas imposibles nos hace entrever que esto no acabará aquí. 
Pedro Fresco
Pedro Fresco
Especialista en regulación y transición energética. Ex director general de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana (España).
Licenciado en Química por la Universidad de València. Profesor-colaborador en el máster en Energías Renovables de la Universidad Internacional de València (VIU). Autor de 'El futuro de la Energía en 100 preguntas' (2018), 'El Nuevo Orden Verde' (2020) y 'Energy Fakes' (2024). Director general de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector de la Energía (AVAESEN).
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