Torre-Pacheco se convirtió a lo largo de la semana pasada en el epicentro de la política nacional hasta que un juez de Tarragona emitió el miércoles un auto que ha puesto en jaque al exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y al PP de Alberto Núñez Feijóo por supuestos casos de soborno para beneficiar a empresas a cambio de modificaciones legislativas y extorsión a diversos periodistas. Es interesante observar cómo la política española se mueve entre un municipio de Murcia con, apenas, 40.000 habitantes y un juzgado provincial catalán.
"Se impone una reflexión sobre lo que importa Murcia como laboratorio de las estrategias políticas de los principales partidos y, primordialmente, de Vox"
Pero conviene detenernos en el laboratorio Murcia y observar qué ha pasado en Torre-Pacheco. La región levantina es un buen ejemplo de comunidad históricamente de izquierdas que se ha ido derechizando paulatinamente hasta llegar a los sucesos que han acontecido en Torre-Pacheco, después de que un grupo de jóvenes magrebíes agredieran a un anciano jubilado. La reacción llegó en forma de escuadrones coordinados a través de las redes sociales, grupúsculos neonazis, influencers ultras y algunas organizaciones neofascistas de carácter internacional que intentaron movilizar a la población con consignas racistas y fascistas. Se anunció la "caza al moro", una nueva razzia veinte años después de la acontecida en El Ejido (Almería), pero la cacería, en esta ocasión, fracasó. Se impone, por tanto, una reflexión sobre lo que importa Murcia como laboratorio de las estrategias políticas de los principales partidos y, primordialmente, de la derecha radical y de Vox, partido que no tardará en exportar la experiencia de Torre-Pacheco a otros municipios del territorio español.
Murcia ha sido una comunidad políticamente infravalorada a lo largo de los últimos cuarenta años. Se trata de una región uniprovincial que ha logrado sobrevivir a un proceso de desindustrialización (similar al que vivió Asturias en las décadas de los ochenta y noventa), enganchada al turismo y, sobre todo, a una industria agroalimentaria intensiva. La historia de Murcia ha sido relevante para entender el modelo político español porque nos explica un espíritu de época que, de un modo u otro, ha prevalecido en los tres últimos siglos en la vida política de todo el país.
"Fueron la centralización militar y la distribución provincial de Javier de Burgos las que propiciaron que el Reino de Murcia, que incluía también a Albacete y el norte de Jaén, se redujera a los términos territoriales que hoy conocemos"
No está de más recordar aquel "¡Viva Cartagena!" exclamado durante la Sublevación Cantonal del año 1873, que expresaba los aires republicanos federales que se respiraban entonces en el último tercio del siglo XIX. Sus partidarios la utilizaron en discursos, en arengas y, sobre todo, en sus manifiestos para terminar convertido, años después, ironías de la historia, en el recurso retórico de quienes defienden el centralismo estatal más rancio. Curiosamente, hasta no hace mucho tiempo, Cartagena ha sido un municipio industrialmente más importante que Murcia. Fueron la centralización militar y la distribución provincial de Javier de Burgos las que propiciaron que el Reino de Murcia, que incluía también a Albacete y el norte de Jaén, se redujera a los términos territoriales que hoy conocemos.
Un PSOE alejado del guerrismo
Murcia ha sido uno de los mejores ejemplos de cómo el PSOE ha perdido un territorio históricamente de izquierdas desde la Segunda República. Su decantación por la socialdemocracia quedó manifiesta con el triunfo electoral de Andrés Hernández Ros, socialista heterodoxo, maestro industrial, activista de origen popular, preso en los años 70 que llegó a ser secretario general de la Federación Socialista de la Región Murcia y presidente de la comunidad en 1983 con mayoría absoluta. Alejado del guerrismo que, finalmente, lo tumbó dos años después de su llegada al Gobierno, Hernández Ros fue un ejemplo muy similar al vivido por Demetrio Madrid en León o Rodrigo de la Borbolla en Andalucía.
En contra de los planes de Carlos Solchaga, Hernández Ros trató de revitalizar la industria en declive en sus dos escasos años de gobierno. Pero la sempiterna patrimonialización del PSOE por parte de Alfonso Guerra provocó su caída. Un supuesto intento de soborno a dos periodistas del diario La Verdad, que después se demostró falso, propició su salida del Gobierno. Acabaría siendo sustituido por un hombre con un perfil muy diferente, Carlos Collado, un profesor de Filosofía que supo capear la presión del PSOE sin necesidad de cuestionar a Solchaga, presidiendo la Región de Murcia hasta que un día, el Parlamento murciano, sencillamente, ardió.
"El envés de la España de la Expo y las Olimpiadas de Barcelona nos lo ofrece Murcia, que ya no solo es un laboratorio dentro del PSOE"
Durante su mandato la Región de Murcia (y en especial Cartagena, eje industrial de la región), Collado sufrió una de las mayores crisis económicas e industriales de su historia. El envés de la España de la Expo y las Olimpiadas de Barcelona nos lo ofrece Murcia, que ya no solo es un laboratorio dentro del PSOE. En su seno, comienzan a desarrollarse otros experimentos que afectan al conjunto de las instituciones. El cierre de numerosas empresas y los despidos masivos acabaron desembocando en el incendio de la Asamblea Regional de Murcia el 3 de febrero de 1992.
Lo cuenta muy bien el documental político El año del descubrimiento, dirigido por el cineasta murciano Luis López Carrasco. Sin lugar a dudas, es una película que ayuda a entender el tiempo que vivimos.
Un grupo de obreros murcianos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, sindicalistas de izquierdas, trabajadores apolíticos y algún nostálgico del general Franco, explican durante tres horas las circunstancias que condujeron al incendio del Parlamento regional murciano en 1992, mientras el país se preparaba para los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla. Motivo de la protesta: el desmantelamiento industrial de la región.
Un Parlamento en llamas ya nos habla de la vis incendiaria que desde aquella vieja proclama cartagenera se gasta en Murcia. Un siglo después, los cócteles molotov eran arrojados contra la sala de conferencias de la Asamblea Regional que tiene su sede en Cartagena. Hubo cincuenta heridos, entre manifestantes y policías. Seis coches policiales y un vehículo del ejército, calcinados, así como varios coches particulares, usados como barricadas. Contenedores carbonizados, semáforos y señales de tráfico arrancadas de cuajo y una avenida tapizada de tornillos, piedras, cristales rotos y pelotas de goma. El incendio del Parlamento significó el principio del fin de la hegemonía electoral del PSOE en la región.
"Lo sucedido en Torre-Pacheco pone de manifiesto el cierre de un ciclo político que comenzó con aquel incendio del Parlamento que cerró definitivamente al PSOE las puertas para poder gobernar hasta hoy"
En el fondo de la protesta latía la percepción de que el Estado se había olvidado de Murcia. El "laboratorio Murcia" registró que todas las energías estaban concentradas en los grandes acontecimientos del 92 y el Gobierno parecía prestar más atención a las protestas de los astilleros de Cádiz y El Ferrol. El Parlamento de Murcia anticipaba el experimento que hemos vivido 33 años después en Torre-Pacheco. O quizá, lo sucedido en Torre-Pacheco pone de manifiesto el cierre de un ciclo político que comenzó con aquel incendio del Parlamento que cerró definitivamente al PSOE las puertas para poder gobernar hasta hoy.
Efectivamente, Carlos Collado, el último presidente socialista de Murcia, acabó dimitiendo del cargo el 16 de abril de 1993 a causa del denominado Escándalo de Casa Grande. Enfrentado con su propio partido, sus compañeros le acusaron de presunta prevaricación y malversación de fondos en la compra de los terrenos de Casa Grande para su cesión a la multinacional General Electric. Tras un proceso judicial no se pudo demostrar su culpabilidad. Por este motivo, sus compañeros de partido le pidieron disculpas públicamente en 2006. El PSOE no volvió a gobernar nunca más.
"Murcia, qué hermosa eres"
En 1995, Ramón Valcárcel, candidato del PP, ganó las elecciones por mayoría absoluta e inauguró un periodo que propiciaba el relevo en las élites económicas. Este cambio nos conduce hasta el día de hoy, con López Miras gobernando la Región de Murcia, primero gracias a Ciudadanos y después gracias al apoyo de Vox. A lo largo de los últimos 30 años, el PSOE no ha logrado gobernar nunca Murcia, una región que conectaba con el mundo Berlusconi a través de la televisión, el turismo y la explotación intensiva de una agricultura que esquilmó su patrimonio ecológico. "Murcia, qué hermosa eres", define muy bien el nuevo ciclo político que comenzó con un Parlamento destruido y ha llegado al primer tercio del siglo XXI con un presidente rehén de Vox.
"Con una izquierda desubicada, el presidente López Miras ha abierto la cerradura de la puerta a Vox y, desde entonces, es preso de Santiago Abascal"
En todo este tiempo, Murcia no ha dejado de ser un laboratorio político. En 2019 el PSOE logró volver a ganar las elecciones con una mayoría insuficiente. Fue el PP con el apoyo de Ciudadanos quien ocupó el ejecutivo. El intento de una moción de censura fallida en 2022 contra su último presidente, López Miras, desembocó en la disolución de la Asamblea de Madrid.
Isabel Díaz Ayuso, que gobernaba con Ciudadanos y el apoyo parlamentario de Rocío Monasterio (Vox), convocó elecciones anticipadas, logrando alcanzar su primera mayoría absoluta. En Murcia, mientras tanto, también pasaban cosas. Toda la base social, que había apoyado a Ciudadanos en 2019, trasladó su voto a Vox en las elecciones de 2023. Con una izquierda desubicada, el presidente López Miras ha abierto la cerradura de la puerta a Vox y, desde entonces, es preso de Santiago Abascal. En La Moncloa deberían prestar más atención a lo que sucede en el Laboratorio Murcia. Primero ardió un Parlamento, después un municipio. Y la encuesta del CEO en Catalunya no ofrece buenas noticias. Si Aliança Catalana decide presentarse a las próximas elecciones generales, Junts es posible que pierda un diputado. Atentos.
Víctor Guillot
Periodista y analista político
Periodista y analista político, colaborador en el programa de radio 'Julia en la onda' de Onda Cero. También ha sido director adjunto del diario Nortes. Ha dirigido durante 12 años el Centro de Interpretación del Cine en Asturias y ha publicado, en 2019, el ensayo 'Ceniza a las cenizas, David Bowie y la revolución visual de la cultura pop'.