Líderes de todos los países del mundo están en Sevilla para la Cuarta Conferencia Internacional de Financiación al Desarrollo. Tras una primera mitad de año marcada por la incertidumbre,
Sevilla es una oportunidad única para reafirmar los valores de la cooperación internacional y transformar un multilateralismo que haga frente a los desafíos globales y comunes como la lucha contra la desigualdad o el cambio climático.
A menos de cinco años para el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible, esta conferencia por sí sola ya es crucial para el futuro de miles de millones de personas. Sin embargo, con el contexto actual,
Sevilla es el primer momento global después de la elección de Trump, en el que todos los países del mundo sentados en la misma mesa discuten sobre el presente y futuro del multilateralismo, la cooperación internacional y el rol de las Naciones Unidas (NN. UU.).
España, como país anfitrión, juega un papel importante para que 192 países acuerden cómo solucionar la problemática de la deuda, el futuro de la ayuda oficial al desarrollo o la mejora de la representatividad del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En jerga diplomática,
la reforma de la arquitectura financiera internacional.
Pese a ser discusiones eminentemente técnicas, la sucesión de cumbres en 2025 con la COP30 en Brasil y el G20 en Suráfrica, está favoreciendo un enfoque más político en el que los gobiernos tienen ante sí la oportunidad de mandar un mensaje al mundo de esperanza y de unión ante causas comunes como la desigualdad o la pobreza.
Ocaso o transformación del multilateralismo
Pese a todos los avances vividos en las últimas décadas, 3.700 millones de personas viven en pobreza, estamos a más de 120 años de conseguir la justicia de género y solo el 16% de los ODS se están cumpliendo.
Se puede decir sin pudor que la financiación al desarrollo está totalmente descarrilada y que es el sur global quien está financiando al norte rico y no viceversa.
"Sevilla es el primer momento global después de la elección de Trump en el que todos los países del mundo sentados en la misma mesa discuten sobre el presente y futuro del multilateralismo, la cooperación internacional y el rol de las Naciones Unidas"
Los análisis ayudan a arrojar luz a la gravedad de la situación.
El reciente informe de Oxfam muestra como desde 2015 —fecha de la última conferencia de FFD— el 1% más rico del mundo ha acumulado al menos 33,9 billones de dólares. Suficiente para erradicar la pobreza veintidós veces al año. Estamos viendo también los mayores recortes de ayuda previstos de la historia por parte de los países del G7 para este año. En paralelo,
en 2023, cada hora treinta millones de dólares eran transferidos del sur global al 1% más rico del norte a través del sistema financiero. Incluso
el Banco Mundial calcula que los países en desarrollo gastaron en pago de deuda casi 1,5 billones de dólares en 2023.
Todo esto ha generado una crisis del sistema multilateral incapaz de encontrar soluciones a problemas globales. De ahí la relevancia de las negociaciones.
Negociando hasta el último minuto para conseguir el Compromiso de Sevilla
La crisis de la deuda ha sido el eje central en las discusiones de cara a Sevilla. Una cuestión tan técnica se reduce a algo tan político como quién toma las decisiones, dónde y cómo. O, dicho de otra forma, sentar en la mesa aquellos gobiernos que invierten más en el pago de la deuda que en salud o educación. La propuesta es que esto suceda en las NN. UU. y acabó siendo minimizada por los países del Norte principalmente. El documento final recoge una tibia mención a ello, pero sin la fuerza necesaria por el bloqueo de los países del norte.
"Se puede decir sin pudor que la financiación al desarrollo está totalmente descarrilada y que es el sur global quien está financiando el norte más rico y no viceversa"
En materia de cooperación, el foco ha sido el rol de la OCDE y su Comité de Ayuda al Desarrollo. Aquí, es importante resaltar cómo los debates sobre el 0,7% aparecieron de forma repentina y con gran fuerza en las discusiones.
Este último punto es especialmente relevante, ya que muestra una contradicción central en estas negociaciones. Por un lado, nos encontramos con las visiones más de reformas a largo plazo en la toma de decisiones sobre deuda o cooperación. Por otro, tenemos la búsqueda de ampliación de espacio fiscal para países extremadamente necesitados de recursos en el corto plazo para financiar su desarrollo.
En esta dicotomía residió una de las claves de las negociaciones.
Por último, la fiscalidad también está presente en esta Conferencia. No en vano, los ingresos vía impuestos constituyen una de las fuentes más predecibles y sostenibles de los gobiernos y, cuando son bien diseñadas, son un elemento diferencial para luchar contra las desigualdades.
El Compromiso de Sevilla incorpora un apoyo a la Convención de Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional. Este proceso iniciado por los países africanos no acaba de encontrar eco en los países del norte que han mantenido el foco en la OCDE como espacio donde debatir las cuestiones fiscales. Una de ellas es la fiscalidad de los superricos después del impulso dado por Brasil en el anterior G20.
Transformar el multilateralismo y pasar a la acción
Este 2025 estamos ante un momento fundacional para el
multilateralismo. Este debe transformarse con una mayor inclusividad y buscar la acción ante la promesa de las palabras.
"Este 2025 estamos ante un momento fundacional para el multilateralismo. Este debe transformarse con una mayor inclusividad y buscar la acción ante la promesa de las palabras"
El Compromiso de Sevilla es un acuerdo entre 192 países —tras la salida de EE. UU. de la decisión final— que intenta mandar un mensaje de apoyo a la búsqueda de soluciones conjuntas a los desafíos globales. Los acuerdos en las NN. UU. nunca son fáciles de negociar y el documento combina elementos más ambiciosos con otros menos ambiciosos.
La dificultad reside en darle impulso para conseguir que el texto se refleje en cambios tangibles. En este sentido, las Plataformas de Acción de Sevilla están concebidas para este fin e incorporan coaliciones de actores —principalmente gobiernos— juntos avanzando propuestas para medir el desarrollo más allá del PIB, gravar las grandes riquezas o financiar los cuidados, por citar algunas.
Este 2025 debemos aprovechar la oportunidad que nos brindan Sevilla y la conferencia de Financiación para el Desarrollo, Brasil y la COP30, y el G20 en Suráfrica.
Los próximos meses nos dirán si la acción es real o tendremos que esperar otra década para poner la agenda de financiación al desarrollo en el centro.