Martes, 28 de julio de 2026
INTERNACIONAL

El multilateralismo ha fracasado. Aprovechemos el momento de Sevilla

El sistema multilateral, concebido para prevenir conflictos, vive una crisis existencial, mostrándose ineficaz ante las guerras en Ucrania y Palestina o la crisis climática, según Jérémie Fosse, director de eco-union. Argumenta que el sistema es "costoso, lento y tecnocrático" y que no es tiempo de reformas cosméticas, sino de "reiniciar el sistema" con una nueva arquitectura basada en la justicia fiscal y la democratización de la gobernanza global.

Jérémie Fosse Jérémie Fosse 2 de julio de 2025
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El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, durante la inauguración del primer día de la 4.ª Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, en Sevilla. | Bianca Otero / Zuma Press / ContactoPhoto
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, durante la inauguración del primer día de la 4.ª Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, en Sevilla. | Bianca Otero / Zuma Press / ContactoPhoto
El sistema multilateral, concebido tras la Segunda Guerra Mundial como escudo frente al caos y la violencia, vive hoy una de sus peores crisis existenciales. Diseñado para prevenir conflictos, coordinar la cooperación internacional y fomentar el desarrollo sostenible, se ha convertido, en muchos casos, en un mecanismo ineficaz, fragmentado y dominado por los intereses de unos pocos.

Las crisis actuales son dolorosos recordatorios de este fracaso. En Palestina, la comunidad internacional asiste impotente —y en muchos casos en silencio— a lo que numerosos expertos califican como un genocidio en curso. En Ucrania, la guerra se prolonga sin una solución política multilateral a la vista. En paralelo, los compromisos climáticos se debilitan y la ayuda oficial al desarrollo (AOD) cae en picado en numerosos países, mientras la ONU y otros organismos internacionales muestran una alarmante incapacidad de respuesta.

Esta situación no es nueva, pero se ha agravado en los últimos años. La salida de Estados Unidos de importantes marcos multilaterales —como el Acuerdo de París, la Unesco o la OMS— junto con los recortes a USAID y el uso creciente de amenazas y sanciones unilaterales como instrumentos diplomáticos, han acelerado la descomposición del orden internacional basado en reglas. El reemplazo de una lógica de cooperación por una lógica de transacciones ha dejado a muchas regiones —especialmente en el sur global— aún más vulnerables frente a las crisis sanitarias, climáticas, alimentarias y de seguridad.

"En lugar de financiar la paz, se financia la guerra"
El multilateralismo actual ha demostrado ser costoso, lento, tecnocrático y, sobre todo, ineficaz. Las decisiones estratégicas quedan bloqueadas por mecanismos anacrónicos como el derecho a veto en el Consejo de Seguridad. Las cumbres internacionales se convierten en rituales diplomáticos sin consecuencias prácticas. Y los países con menos poder político quedan sistemáticamente excluidos de las decisiones que afectan directamente a su futuro.

Y mientras tanto, las prioridades se distorsionan. En lugar de financiar la paz, se financia la guerra. La OTAN ha propuesto que sus Estados miembros se comprometan a gastar hasta el 5% de su PIB en Defensa, una cifra que contrasta brutalmente con el gasto medio en educación (4,3%), salud (6,6%) y, especialmente, con la AOD, que apenas alcanza el 0,37% del PIB en la OCDE, muy por debajo del compromiso histórico del 0,7%.

Peor aún, muchos países del sur global están atrapados en un círculo perverso de deuda. El África subsahariana paga en intereses de deuda más del doble de lo que recibe en ayuda oficial. Según la ONU y Oxfam, en 2022 los países africanos destinaron más de 56.000 millones de dólares al servicio de su deuda externa, mientras que la AOD recibida apenas alcanzó los 29.000 millones de dólares. Esta asimetría no solo frena el desarrollo: lo revierte.

No se trata solo de escasez de recursos, sino de reglas profundamente injustas.

"El déficit anual de financiación para alcanzar los ODS se estima en más de cuatro billones de dólares, lo que equivale al 4% del PIB mundial"
Sin embargo, en medio del colapso, emergen luces de esperanza. La reciente Conferencia de Naciones Unidas sobre el Océano (UNOC3) ha logrado avances concretos en la gobernanza marina. Y en este mismo momento, la comunidad internacional se reúne en Sevilla para la Cuarta Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo (FF4D). Este evento representa una oportunidad crucial para alcanzar un compromiso político firme que permita rediseñar la arquitectura financiera global y movilizar los recursos necesarios para financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sevilla puede y debe convertirse en un punto de inflexión.

Porque el desafío es inmenso: el déficit anual de financiación para alcanzar los ODS se estima en más de cuatro billones de dólares, lo que equivale al 4% del PIB mundial. Esta brecha no se cerrará con promesas voluntarias, ni con pequeñas contribuciones simbólicas.
 

Una propuesta concreta: Tasa Global de Solidaridad (Global Solidarity Levy)


Frente a este abismo financiero, se requieren soluciones estructurales. Una de ellas es la Tasa Global de Solidaridad (Global Solidarity Levy): un mecanismo internacional de financiación basado en el principio de justicia fiscal global. Esta tasa —ya probada en el ámbito del transporte aéreo para financiar UNITAID— podría extenderse a otras actividades económicas altamente lucrativas y de baja tributación, como las transacciones financieras internacionales o los beneficios de las grandes plataformas digitales.

"Una tasa del 0,01% sobre transacciones financieras internacionales permitiría movilizar entre 50.000 y 70.000 millones de dólares anuales"
 Una tasa del 0,01% sobre transacciones financieras internacionales (estimadas en más de siete billones de dólares diarios) permitiría movilizar entre 50.000 y 70.000 millones de dólares anuales. Una contribución mínima sobre los beneficios extraordinarios de las grandes tecnológicas, o sobre vuelos internacionales y productos de lujo, podría generar decenas de miles de millones adicionales. Estas fuentes serían estables, automáticas y no dependerían de los ciclos políticos nacionales ni de la buena voluntad de los donantes tradicionales.
 

Cambiar las reglas del juego: propuestas desde la sociedad civil


La crisis del multilateralismo no es solo institucional. Es profundamente política. Y por eso, su solución no vendrá solo desde los gobiernos, sino desde una movilización audaz de la sociedad civil global, que ya está articulando propuestas para transformar el sistema. Las demandas son claras:
 
  1. Democratizar la gobernanza global. Reformar la ONU, eliminar el derecho a veto en el Consejo de Seguridad y crear mecanismos vinculantes donde las mayorías globales cuenten.

  2. La voz del sur global, de los pueblos indígenas, de la juventud y de las mujeres debe ocupar un lugar central en las decisiones globales.

  3. Establecer justicia fiscal global. Crear un organismo fiscal internacional bajo el paraguas de la ONU para frenar la evasión y elusión fiscal.

  4. Avanzar hacia un tratado vinculante sobre justicia tributaria y transparencia financiera.

  5. Legalizar la financiación del desarrollo. Transformar la financiación climática y para el desarrollo en una obligación legal, con un tratado internacional que establezca metas vinculantes y sanciones por incumplimiento.

  6. Impulsar impuestos globales redistributivos. Introducir impuestos mínimos globales, tasas sobre las transacciones financieras, sobre el carbono y sobre los beneficios extraordinarios de las multinacionales, orientados al bien común global.

  7. Abrir el sistema a la ciudadanía. Fortalecer la participación ciudadana en las decisiones globales mediante presupuestos participativos internacionales, auditorías sociales y acceso real a información y deliberación.

El multilateralismo no necesita ajustes cosméticos. Necesita un reinicio. Una refundación basada en la justicia, la equidad y la solidaridad. Sevilla puede y debe marcar el inicio de ese proceso. Es hora de reescribir las reglas del mundo que viene.
Jérémie Fosse
Jérémie Fosse
Co-fundador y presidente de eco-union
Investigador y asesor internacional en desarrollo sostenible, especializado en economía verde y azul. Cofundador y presidente de la ONG Eco-union, también dirige el Eco Forum, una conferencia internacional sobre sostenibilidad. Con dos décadas de experiencia, ha asesorado a múltiples actores en la transición socioecológica y ha coordinado diversos informes internacionales sobre turismo azul, financiación climática y transición energética.
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