Martes, 28 de julio de 2026
POLÍTICA EXTERIOR

La Estrategia de Acción Exterior de España: un instrumento de Estado para un mundo en transformación

España aprobará mañana, en Consejo de Ministros, su Estrategia de Acción Exterior 2025‑2028. 'Agenda Pública' analiza cómo esta hoja de ruta de Estado busca reforzar la proyección internacional del país mediante una diplomacia activa, europeísta y transformadora. Con enfoque multilateral y modernización institucional, aspira a posicionar a España como actor relevante en un mundo en transición.

Agenda Pública Agenda Pública 9 de junio de 2025
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La Estrategia de Acción Exterior de España aspira a guiar la política internacional del conjunto del Estado. | Unsplash / Arthur Bomfim
La Estrategia de Acción Exterior de España aspira a guiar la política internacional del conjunto del Estado. | Unsplash / Arthur Bomfim
El Gobierno de España acaba de aprobar la tercera Estrategia de Acción Exterior, un documento que define las líneas maestras de la política internacional española para los próximos cuatro años. Este instrumento, lejos de ser una mera declaración de intenciones gubernamentales, constituye una hoja de ruta integral para todo el Estado español en un contexto internacional cada vez más complejo y desafiante.

¿Qué es la Estrategia de Acción Exterior?

La Estrategia de Acción Exterior de España es un documento marco que articula de forma geográfica y sectorial la acción exterior del Estado. Nacida al amparo de la Ley de Acción Exterior de 2014, esta herramienta de planificación estratégica establece prioridades, objetivos y líneas de actuación para la presencia de España en el mundo. No se trata simplemente de la política exterior —competencia del Ministerio de Asuntos Exteriores— sino de la acción coordinada de todo el aparato estatal, incluyendo todos los ministerios, comunidades autónomas y entidades locales.

"La Estrategia de Acción Exterior no se trata simplemente de la política exterior, sino de la acción coordinada de todo el aparato estatal"
España forma parte así de un grupo de países que han desarrollado instrumentos similares, siguiendo una tradición iniciada por EE. UU. bajo la administración Reagan en 1986. Esta será la tercera edición de la Estrategia, tras las publicadas en 2015 y 2021, consolidándose como un ejercicio periódico de reflexión y planificación estratégica que trasciende los ciclos electorales.

Un proceso participativo y de Estado

El proceso de elaboración de la Estrategia destaca por su carácter participativo y su vocación de política de Estado. A diferencia de otros países como Reino Unido, donde estos documentos suelen reflejar directamente la visión del Gobierno entrante, España ha optado por un enfoque más consultivo, buscando generar consensos amplios.

El Ministerio de Asuntos Exteriores coordina un exhaustivo proceso de consultas que incluye a todos los ministerios, comunidades autónomas, entidades locales, expertos en relaciones internacionales, sociedad civil, tercer sector y agentes sociales. Esta metodología inclusiva busca que la Estrategia refleje una visión compartida sobre la posición de España en el mundo, no limitada a una perspectiva partidista o coyuntural.

El camino hasta su aprobación definitiva es complejo y riguroso. El documento debe pasar dos veces por el Consejo de Ministros, por la Comisión General de secretarios de estado y subsecretarios, por el Consejo de Política Exterior, por la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, y ser presentado ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso y del Senado. Este recorrido institucional garantiza su solidez y legitimidad como documento de Estado.

¿Por qué una Estrategia de todo el Estado?

La elaboración de una Estrategia que comprometa a todo el Estado, y no solo al Gobierno, responde a varias lógicas complementarias. En primer lugar, aporta coherencia y coordinación entre los diferentes actores públicos con proyección internacional, evitando contradicciones y maximizando sinergias. Este enfoque se vuelve especialmente relevante en un país descentralizado como España, donde las comunidades autónomas pueden desarrollar sus propias acciones exteriores.

Además, proporciona estabilidad y previsibilidad a la acción exterior española, reduciendo la volatilidad asociada a los cambios de Gobierno. Esto resulta fundamental en un ámbito que, por naturaleza, requiere planificación a medio y largo plazo para ser efectivo.

"Para un diplomático destinado en el extranjero contar con una visión articulada de España supone una ventaja operativa significativa"
La Estrategia también cumple una función orientadora para los funcionarios y representantes españoles en el exterior, ofreciendo un marco de referencia claro sobre las prioridades nacionales. Para un diplomático destinado en el extranjero o un técnico ministerial en una reunión internacional, contar con una visión articulada de España supone una ventaja operativa significativa.

Por último, este documento proyecta claridad y transparencia hacia otros Estados y organismos internacionales sobre las prioridades españolas, facilitando la interlocución y la cooperación internacional. Para terceros Estados, conocer las líneas maestras de la política exterior española a medio plazo constituye un valor añadido en sus relaciones bilaterales.

Un mundo en transformación: los tres grandes desplazamientos

La nueva Estrategia parte de un diagnóstico claro: el mundo experimenta tres grandes desplazamientos que configuran un escenario internacional cada vez menos favorable para los intereses europeos y españoles.

El primer desplazamiento es el tránsito de un orden internacional basado en reglas hacia otro donde el poder juega un papel cada vez más determinante. Sin abandonar completamente el marco normativo internacional, las dinámicas de poder adquieren mayor relevancia en la resolución de conflictos y en la gobernanza global.

El segundo desplazamiento refleja el paso de un paradigma centrado en la eficiencia económica a otro focalizado en la resiliencia. El libre comercio, la integración financiera y la deslocalización productiva —rasgos característicos de la globalización— ceden terreno ante preocupaciones sobre seguridad económica, vulnerabilidades estratégicas y mitigación de riesgos sistémicos.

El tercer desplazamiento apunta a una transición desde un mundo centrado en la difusión internacional del progreso y el desarrollo hacia otro caracterizado por la incertidumbre y el pesimismo. La confianza en el avance continuo del desarrollo humano se ve cuestionada por crisis recurrentes, polarización social y desafíos globales sin precedentes.

"Este triple desplazamiento configura un entorno internacional menos favorable para una Unión Europea y una España que han prosperado en un marco multilateral"
Este triple desplazamiento configura un entorno internacional menos favorable para una Unión Europea y una España que han prosperado en un marco multilateral, basado en reglas y orientado a la apertura económica. La adaptación a este nuevo contexto constituye el desafío fundamental que la Estrategia busca abordar.

Principales líneas de acción

La Estrategia de Acción Exterior se estructura en tres grandes bloques que responden a los desafíos identificados:
 
  1. Una España estratégica a través de una Unión Europea reforzada: La apuesta por la autonomía estratégica se convierte en el eje central. Esto implica un refuerzo presupuestario, la profundización del mercado único, la unión de mercados de capitales y un mayor papel internacional del euro. La seguridad económica gana protagonismo, reconociendo que España debe adaptarse a un mundo donde las consideraciones estratégicas condicionan cada vez más las relaciones económicas internacionales.

  2. Una España comprometida: A pesar del contexto adverso, España reafirma su compromiso con los valores que han guiado su política exterior: europeísmo, multilateralismo y apertura. Esto se traduce en una defensa activa del sistema multilateral, una apuesta por la cooperación al desarrollo y la acción humanitaria, y un énfasis en la coherencia del derecho internacional, tanto en Ucrania como en Gaza. Esta coherencia, lejos de ser un obstáculo, ha reforzado la credibilidad de España como interlocutor global.

  3. Una España constructora de paz y seguridad: El documento define un entorno estratégico (vecinos y vecinos de los vecinos) donde España pretende incrementar su presencia e influencia. Esto incluye África Occidental, Norte de África, Oriente Próximo y Europa del Este, con especial atención al Sahel. España aspira a una cobertura diplomática universal en esta zona, acompañada de nuevas estrategias para África y Asia-Pacífico.

La Estrategia también aborda el replanteamiento de la relación transatlántica ante la nueva Administración estadounidense, apostando por reforzar las capacidades europeas como vía para seguir siendo un socio relevante. Por último, destaca el potencial de los instrumentos de diplomacia pública, económica y cultural, con especial énfasis en la proyección del español como activo estratégico.

¿Cómo se hace en otros países de nuestro entorno?

España ha consolidado en los últimos años una política exterior marcada por la continuidad estratégica, en línea con el patrón dominante entre las democracias europeas maduras. Sin alcanzar aún el grado de institucionalización de Alemania —donde la integración europea y el multilateralismo están constitucionalmente blindados— ni la proyección global de Francia —anclada en una tradición de autonomía estratégica—, el enfoque español destaca por su coherencia transversal entre gobiernos y su firme anclaje europeísta.

En este ecosistema, donde incluso países políticamente inestables como Italia preservan líneas exteriores constantes, España ha logrado sostener una presencia internacional reconocible y orientada a largo plazo, especialmente en el Mediterráneo, África y América Latina. Sin los sobresaltos que caracterizan a modelos como el estadounidense —donde cada relevo presidencial puede suponer un giro radical—, y con un perfil más pragmático que el canadiense, la diplomacia española ha reforzado su credibilidad como socio estable y fiable, pese a carecer aún de una narrativa estratégica de gran potencia.

El resultado es una política exterior que se mueve con solidez dentro del consenso occidental: comprometida con el orden internacional basado en normas, abierta al multilateralismo y cada vez más consciente de sus prioridades geoestratégicas.

Una ventaja comparativa en un mundo fragmentado

En un contexto de fragmentación global y competencia entre bloques, España destaca por su capacidad de diversificación e interlocución. Como país europeo, atlántico, mediterráneo e iberoamericano, cuenta con una proyección multidimensional que pocos Estados pueden igualar. Esta característica, lejos de ser una debilidad, constituye una ventaja comparativa en un mundo donde la flexibilidad estratégica es cada vez más valiosa.

"La Estrategia de Acción Exterior aspira a consolidar la coherencia demostrada por España en escenarios como Ucrania y Gaza, evitando los dobles estándares que han generado desconfianza hacia Europa en buena parte del mundo"
La Estrategia de Acción Exterior aspira a consolidar la coherencia demostrada por España en escenarios como Ucrania y Gaza, evitando los dobles estándares que han generado desconfianza hacia Europa en buena parte del mundo. Esta consistencia ética y jurídica refuerza la credibilidad de España como actor internacional y facilita su papel como puente entre regiones y culturas.

La tercera Estrategia de Acción Exterior refleja la adaptación de España a un mundo en profunda transformación, manteniendo sus valores esenciales, pero reconociendo la necesidad de nuevos enfoques para defender sus intereses y contribuir a un orden internacional más estable, justo y sostenible. Como instrumento de Estado, trasciende las coyunturas políticas para ofrecer una visión compartida de la España global del siglo XXI.
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