Para entender a Argentina, sencillamente, hay que vivirla: no basta con leer los diarios o escuchar a voces expertas. Argentina solo es explicable desde dentro.
"Para entender a Argentina, sencillamente, hay que vivirla: no basta con leer los diarios o escuchar a voces expertas. Argentina solo es explicable desde dentro"
Para comprender el colapso de su sistema de bienestar social (que en algún momento pudo parecerse más al de Europa que al neoliberalismo salvaje de Estados Unidos), no basta con leer sobre teoría del Estado: hay que charlar con la gente de los distintos mundos que conforman Buenos Aires, con quienes viven en el interior, con los hijos del norte y con los alejados del sur. Y es que, para saber cómo funciona el impacto de la corrupción política en la economía, y los efectos de esta en la gente, basta con estar en un asado y preguntar: "¿Qué es o quiénes son
la casta —políticos, sindicalistas, periodistas y académicos corruptos—?". O, para entender el ejercicio de la autoridad por cuenta propia que fomenta el vacío institucional, basta con ir a un partido de fútbol y contemplar cómo los
punteros (caciques barriales corruptos, con influencia en las masas gracias al dinero sucio entregado por gobernantes aún más corruptos) controlan el comercio informal, el narcomenudeo, el clientelismo político, y hasta pueden definir una elección.
Para explicarse a uno mismo lo inexplicable que es Argentina, no basta con partir de los parámetros eurocentristas; es necesario comerla, pagarla (cambiando euros en el mercado negro), caminarla (eludiendo la delincuencia), leerla (separando la idea de la doctrina), viajarla y sentirse (aunque sea por un momento) parte de ella.
El gran Tomás Eloy Martínez sostenía que los datos impactaban, pero no conmovían. La pulcritud de aquella cita parecía perfecta para la teoría del periodismo narrativo (si es que la narrativa y el periodismo pueden ser teorizables). Pero, en un país donde siete de cada diez personas llegaron a vivir del Estado (da igual que sean jubilados, funcionarios públicos o beneficiarios de las ayudas sociales), donde el precio de lo que sea puede cambiar tres veces en el transcurso de un día, donde puede haber cinco presidentes en una semana, donde ya hay siete de cada diez niños, niñas y adolescentes viviendo bajo el umbral de la pobreza (según el último informe de Unicef Argentina), y donde uno de cada cinco (de esos siete) se encuentra en situación de indigencia, los números sí que conmueven.
En pocas palabras, esas cifras duelen porque hubo un tiempo en el que Argentina fue una potencia económica global, y se le conoció como el granero del mundo. Sin embargo, las grietas institucionales, el blindaje sindical, la enraizada corrupción y la altísima dependencia social de los fondos estatales convirtieron a aquella eterna promesa en, precisamente, eso: un imperio que jamás llegó a existir (retomando aquella idea atribuida tanto a André Malraux como a Ortega y Gasset).
"El libertario Javier Milei lleva un año al frente de un país que ya no daba más de sí, que tenía la inflación más alta de América Latina (con 230%) y del mundo y logró bajarla al 2,7% mensual"
Pero hoy el país vive una de las transformaciones más vertiginosas de su historia. El libertario Javier Milei lleva un año al frente de un país que ya no daba más de sí, que tenía la inflación más alta de América Latina (con 230%) y del mundo (solo superado por Zimbawe, que lleva dos años con más del 600%) y logró bajarla al 2,7% mensual.
Este hombre, que abandera un proyecto político radical, que tiene como imagen icónica de su Gobierno una motosierra, y que puso en la diana a Estado hiperinflado, a un año de haber derrotado al anquilosado y corrupto peronismo, ha prometido ser el antes y el después de un país que se acercó demasiado al colapso: recordemos que el lema de su partido La Libertad Avanza es, ha sido, y será "desmantelar el Estado".
Sin embargo, hoy la pobreza en el país ronda el 50% (en marzo llegó al 54% y ahora está en el 49%), y, aunque Roma no se construyó en un solo día, Argentina ya es un país en plena transformación. La pregunta es: ¿es el radicalismo libertario la solución a la corrosión institucional que dejó el peronismo, o será otro ladrillo más en el palacio de aquel imperio que siempre se queda en vías de concretar su existencia?
El periodista John Lee Anderson sostiene que, para hacerse de una opinión sobre Javier Milei, es necesario considerar a quién se le pregunta sobre él: su polémica e histriónica figura no ha dejado indiferente a nadie; y su acción mediática menos aún. Al león (como se autodenominó en un evento mediático en Buenos Aires este año) o se le ama o se le odia. También, se ha autoproclamado, como lo escribe el periodista antes citado en un perfil de la revista The New Yorker, como
"uno de los dos políticos más relevantes del planeta", equiparándose con Donald Trump. Por lo pronto, su
rugido ha rebasado ya, por amplio margen, las fronteras argentinas.
Y una de las dianas predilectas de su incendiario discurso es España; y, en particular, Pedro Sánchez.
La deep motosierra de la libertad
Los dos pilares de la política de Milei son: el equilibrio fiscal, con base en la reducción del gasto público, y la libertad comercial.
Para explicar la primera, la imagen habla por sí sola: el hoy presidente, detrás de una tarima, y con una motosierra en mano. El descontrolado gasto del Estado, es que permite que siete de cada diez argentinos vivan del dinero público, ha sido su principal enemigo. Y, por supuesto, el segundo punto no es más que el pilar tanto ideológico como pragmático para favorecer a la empresa privada.
"Los dos pilares de la política de Milei son: el equilibrio fiscal, con base en la reducción del gasto público, y la libertad comercial"
Vamos a los datos. Sebastián Fest, corresponsal del diario El Mundo en Argentina, publicó el mes pasado una entrevista a Federico Struzenegger, expresidente del Banco Central argentino, y hoy ministro de Desregulación y Transformación del Estado, y le contó lo siguiente.
En diciembre de 2023, cuando Milei llegó al poder, el número de empleados de la administración pública era de 210.000; hoy son 180.000, y se están yendo alrededor de 3.000 empleados cada mes. A este proceso de mega recortes, él lo llama la deep motosierra.
Fest le preguntó a Struzenegger que si no era demasiado que Milei pretendiera convertir a Argentina en "el país más liberal del mundo". ¿La respuesta del político? "Los argentinos, durante cincuenta años, escucharon que la solución a todos sus problemas era el Estado. Javier les dice que el Estado es la causa de todos los problemas". Y, en términos generales, explicó cómo es que en este primer año del Gobierno de Javier Milei la inversión privada ha ido creciendo lentamente, aunque de manera notable.
Por otra parte, hace un par de semanas en una cumbre de líderes del Mercosur, el presidente argentino expresó duramente los motivos por los que su política radical y reformista era urgente y no solo necesaria. Abrió diciendo que Argentina "ha sido destrozada por el chamanismo económico de nuestros predecesores", y lo reforzó con los siguientes datos: el país tiene el mismo PIB que en 2007; hay diez veces más pobres que hace cincuenta años; el Mercosur es el único bloque económico regional que no ha bajado aranceles en la última década.
"Pero su motosierra no es de uso exclusivo para el gasto del Estado: también va contra la casta"
Pero su motosierra no es de uso exclusivo para el gasto del Estado: también va contra la casta. Para él, esa mezcla de funcionarios de élite, periodistas y empresarios, que tienen tantos privilegios que los vuelven prácticamente intocables, son el origen del mal de un país en el que, como él lo sostiene, el discurso y las políticas socialistas no han hecho más que empobrecer a la gente. "Soy peligroso para la casta política porque conmigo se acabó la joda (la fiesta)", ha dicho al respecto. Y, por si quedaban dudas de su aversión al Gobierno (o los Gobiernos) de Cristina Fernández de Kirchner, vale la pena destacar la polémica y confrontativa frase que dijo en una entrevista televisiva hace poco más de un mes: "me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina dentro".
Recordemos que, finalmente, la expresidenta Cristina, fue condenada a seis años de prisión (que, por el momento, no va a cumplir, pues ha impuesto un recurso) y a la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, tras una de las tantas causas de corrupción que tiene abiertas. Ante eso, la reacción en redes sociales de Milei fue: "Todo llega. Fin".
La motosierra internacional
Radical hasta la médula. Si no fuera argentino, Milei difícilmente podría ser imaginable en otro país. Ha sido tachado de populista, y por supuesto que su discurso encaja en la etiqueta; ha sido señalado como ultraderechista y sus posturas sobre el aborto y la seguridad no desmienten la sentencia; ha sido denominado (y autoproclamado) como anarcoliberal y difícilmente eso se puede rebatir. Pero, además de todo eso, si en algo se ha empeñado, Javier Milei es en unir fuerzas globales contra lo que él llama "los zurdos empobrecedores".
"Si no fuera argentino, Milei difícilmente podría ser imaginable en otro país"
Para comenzar, recordemos que su primera visita a España no dejó indiferente a nadie, durante el pasado mayo. Su aparición en un evento de Vox, dejó muy claro que la línea entre su personaje político y sus afanes protagónicos es muy delgada. Fue tal el tono picante y provocador de su discurso que generó una rencilla diplomática histórica entre ambos países considerados como hermanos. Arremetió contra Pedro Sánchez, utilizando fuertes dardos contra Begoña Gómez. "Esa gente atornillada al poder, que, aun cuando tenga a la mujer corrupta, sucia, se toma cinco días para pensarlo", soltó.
Recordemos, también, que la consecuencia de eso fue la inmediata retirada del embajador español de Argentina. No obstante, el radical de Milei no dio su brazo a torcer y un mes después de aquella tensión, regresó a Madrid para ser condecorado por Isabel Díaz Ayuso. ¿De qué distinción se trataba? De la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, un gesto de cortesía y reconocimiento de los madrileños a los representantes de otros países. Por supuesto, la posición del presidente argentino no fue otra que unir fuerzas y enroques con gobernantes españoles contrarios al PSOE.
Pero la figura mediática de Javier Milei va mucho más allá de las redes sociales y eventos locales. Para él, el escaparate internacional ha sido una plataforma tanto para generar confianza en sus votantes argentinos como para establecer vínculos políticos afines a su libertarismo comercial.
¿Además de Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso, quiénes son sus políticos predilectos? Sin duda alguna, uno de ellos es Donald Trump (y, no en menor grado, su gran aliado, el magnate Elon Musk). Se han saludado afectuosamente, han participado en eventos juntos, se han hecho fotografías y se han expresado el respeto mutuo. No es, entonces, una casualidad que ya se hable de un probable eje Washington-Buenos Aires para los siguientes cuatro años. Y, por último, está Giorgia Meloni. Este diciembre se efectuará la sexta cita entre ambos mandatarios. La fraternidad política entre ellos es innegable.
"En Argentina ahora está al frente un gobernante que promete cambios de largo aliento, y sabe que para cumplirlos no le queda más que alinearse con políticos afines del escenario internacional"
Por último, vale rescatar que su espíritu confrontativo no ha cesado con España. Durante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) —un foro creado en 1972, que congrega a políticos ultraderechistas de Latinoamérica y del ala más radical del Partido Republicano de Estados Unidos—, dijo "no me caen bien los zurdos, no se sorprendan". ¿A qué se refería? En general, a los políticos de izquierda, en todo el mundo, pero, como es habitual en su incendiario discurso, lanzó dardos al presidente español y al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero: "son la tortura que tienen los pobres españoles", zanjó. Añadió, por supuesto, frases como "hay que acabar de una vez por todas con la basura del socialismo", o "se nos metieron en las universidades, en los medios de comunicación, en la cultura; y como no tenían rival, ganaron la batalla cultural".
Lo cierto es que, hoy, Argentina está en una transición histórica, después de décadas de varios gobiernos que permitieron que la corrupción se enraizara hasta lo más profundo de las instituciones. Y el resultado de eso fue un estado que llegó prácticamente al colapso económico y social. Sin embargo, ahora está al frente un gobernante que promete cambios de largo aliento, y sabe que para cumplirlos no le queda más que alinearse con políticos afines del escenario internacional. Algunos números no le van mal, otros siguen siendo discutibles. ¿Cómo será el futuro para Argentina?