Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La batalla que va ganando China frente a la Unión Europea: el pacto con Mercosur en el limbo

Tras más de dos décadas de negociaciones, el pacto comercial entre la Unión Europea y el bloque sudamericano sigue enfrentando obstáculos políticos, económicos y geoestratégicos. Para Eduardo Moyano, profesor de investigación en el CSIC, "la falta de consenso en ambas regiones amenaza con perpetuar un retraso que erosiona su relevancia global y fomenta la influencia de potencias como China".

Eduardo Moyano Estrada Eduardo Moyano Estrada 26 de noviembre de 2024
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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recibe al presidente francés, Emmanuel Macron durante la cumbre del G-20 en Río de Janeiro.  | Ricardo Stuckert/Palacio Do / Zuma Press / ContactoPhoto
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recibe al presidente francés, Emmanuel Macron durante la cumbre del G-20 en Río de Janeiro. | Ricardo Stuckert/Palacio Do / Zuma Press / ContactoPhoto
El Acuerdo Comercial Mercosur-UE lleva más de veinticinco años de retraso. La negociación se inició en 1999 durante la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE y los países de Mercosur celebrada en Río de Janeiro, y que levantó grandes expectativas. Una vez entrara vigor, se pensaba que podría ser el más importante acuerdo de los firmados por la UE, contribuyendo, además, a consolidar la integración política y económica, entonces en ciernes, de esa región latinoamericana con casi 300 millones de habitantes y un fuerte potencial de crecimiento.

A pesar de haberse anunciado en diversas ocasiones que el acuerdo estaba ya cerrado, tal como sucedió en la cumbre del G20 de Osaka (2019), la realidad es que, a día de hoy, y tras una docena de rondas negociadoras a uno y otro lado del Atlántico, no ha sido ratificado aún, ni se prevé que lo sea a corto plazo.

"Los acuerdos comerciales son siempre complejos. Son tantos los capítulos a tratar, que las negociaciones suelen ocupar varios años e incluso décadas"
La cumbre del G20, que se celebró coincidentemente en Río de Janeiro, llevaba, una vez más, en su agenda el tema del acuerdo UE-Mercosur. Tampoco parece que esta fuera la ocasión, puesto que Francia manifestó, a través de su presidente Macron, que no lo ratificará y que necesita más tiempo para introducir algunos cambios en el capítulo agrario, dado el fuerte rechazo de un sector que aún tiene gran influencia en la política francesa.

Los acuerdos comerciales son siempre complejos. Son tantos los capítulos a tratar, que las negociaciones suelen ocupar varios años e incluso décadas. También es habitual que se introduzcan cláusulas de salvaguarda para proteger los sectores más sensibles, de tal modo que al final lo que resulta son acuerdos a varias velocidades.

Pero aún son más complejos si los acuerdos son multilaterales, y los que negocian son dos grupos de países con economías diversas y un desigual nivel de desarrollo entre bloques. La complejidad aumenta, además, si alguno de los bloques tiene problemas de gobernanza y de baja institucionalidad, debido a la aún escasa integración entre los países que lo forman. A eso habría que añadir, por último, la dificultad que siempre existe cuando las partes implicadas son estados democráticos sometidos al albur de los procesos electorales.


Asimismo, y para añadir aún más incertidumbre, sobrevuela en el horizonte el inminente regreso a la presidencia de los EE. UU. de Trump (firme enemigo del multilateralismo) y su innegable influencia en los dirigentes de algunos países implicados en el acuerdo, tanto de la UE (Orbán y Meloni), como de Mercosur (Milei). Pero también influye en ese incierto panorama la decidida estrategia de China de extender su presencia en la región mediante incentivos económicos a los países por separado (ya es el primer socio comercial de Brasil).

"España se ha manifestado a favor de ratificar el acuerdo de la UE con Mercosur"
España se ha manifestado a favor de ratificar el acuerdo de la UE con Mercosur. El propio ministro Planas ha señalado que, en el actual contexto internacional, a la UE "no le interesa encerrarse sobre sí misma", sino que debe "ampliar la red de acuerdos con países terceros para mantener su influencia económica" (soft politics). A España le interesa, además, la apertura comercial con Mercosur no solo por sus lazos históricos, sino también por razones económicas, como han dejado claro algunos informes de evaluación de su posible impacto en nuestro país.

Pero, si bien la posición española es favorable, no lo es tanto la de los demás gobiernos de la UE, que muestran o poco entusiasmo (como los nórdicos y los del este europeo) o inquietud por las complejas coyunturas nacionales en que están inmersos (por ejemplo, la proximidad de las elecciones legislativas en Alemania). A ello habría que unir la fuerte presencia en el nuevo Parlamento Europeo de partidos poco proclives al multilateralismo, y una Comisión aun sin constituir.

No veo, por tanto, un panorama que nos indique una pronta ratificación del acuerdo UE-Mercosur. No descarto que haya que esperar algunos años más, con el riesgo que ello tiene de enquistamiento de unas negociaciones que tanto esfuerzo está exigiendo y tanta expectativa había generado. La realidad es que el tiempo juega siempre en contra de este tipo de acuerdos, pues provoca cansancio y hastío en los equipos negociadores, además de conducir al síndrome de Penélope, debiendo tejer y destejer lo acordado al quedar obsoleto por el paso de los años.

"No veo, por tanto, un panorama que nos indique una pronta ratificación del acuerdo UE-Mercosur"
En todo caso, un nuevo retraso del acuerdo sería negativo en términos políticos para ambas partes. Para la UE, porque puede significar un retroceso en su política de apertura a terceros países y un cierto repliegue proteccionista (en un momento de avance del populismo en varios países) que le llevaría a seguir perdiendo presencia en la esfera internacional. Para los países de Mercosur, porque retrasaría aún más su plena integración política y económica al no actuar ya de acicate el acuerdo con la UE. Ello crearía un vacío que sería ocupado por otras potencias, como China, poco interesada en que avance el proceso de integración en Mercosur y más propensa a relacionarse con cada país. Por eso, es tan importante para la UE superar las dificultades y abordar la pronta ratificación del acuerdo, aunque me temo que, una vez más, primarán los intereses nacionales sobre los europeos.


Ante su más que probable demora, solo cabe, por tanto, continuar con los acuerdos bilaterales entre países de ambas orillas del Atlántico, como se viene haciendo. Pero siempre será un falso consuelo ante la magnitud de los desafíos globales, tanto en materia económica, como también climática y tecnológica, con sus repercusiones en el conjunto de la sociedad. Son desafíos que solo pueden ser afrontados mediante acuerdos entre bloques regionales, estableciendo reglas que ordenen el comercio y no lo dejen al albur de los más fuertes.
Eduardo Moyano Estrada
Eduardo Moyano Estrada
Profesor de investigación en el CSIC
Ingeniero agrónomo, licenciado en Sociología y profesor de Investigación del CSIC en Ciencias Sociales. Especialista en acción colectiva, articulación de intereses en el sector agroalimentario, gobernanza y desarrollo rural. Ha dirigido tesis doctorales en varios países y publicado más de 100 trabajos científicos y de divulgación. Recibió el Premio Arco Iris (1997) por sus estudios sobre federaciones de cooperativas en la UE y la Orden del Mérito Agrícola de Francia (2001) por su labor sobre organizaciones agrarias. Miembro correspondiente de la Academia Francesa de Agricultura desde 2005, dirigió la Revista Internacional de Sociología (2005-2009).
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