Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

​¿Es posible un pluralismo sin polarización?

Julio Llorente, colaborador de medios como COPE y director de Ediciones Monóculo, se estrena en Agenda Pública. Sostiene que muchos atribuyen la polarización a "nuestra clase política, incapaz de bien e insensible a la virtud", mientras que "otros, menos optimistas, apuntan al corazón del régimen pluralista" e impugnan un sistema que "contendría en sí mismo el germen de su degeneración". En su análisis, plantea si es inevitable que el pluralismo convierta el espacio público en "campo de batalla".

Julio Llorente Julio Llorente 4 de diciembre de 2024
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Sesión plenaria del Congreso del pasado 12 de noviembre. | Congreso de los Diputados
Sesión plenaria del Congreso del pasado 12 de noviembre. | Congreso de los Diputados
La polarización es ya un lugar común; cada vez estamos más convencidos de su vigencia. El compatriota ha degenerado en rival, el conciudadano en enemigo. Se desgarra lo común y se exacerban las disparidades. El espacio público, otrora ámbito de encuentro, ha trocado en campo de batalla. Las palabras ya no procuran la comunión; siembran la discordia. La imagen del muro, maquiavélicamente utilizada por el presidente del Gobierno, parece registrar la situación social con la precisión de una fórmula matemática. Al otro lado de la empalizada, pensamos nosotros, se extiende la vasta planicie de la mentira. El muro se alza como frontera simbólica entre lo legítimo y lo ilegítimo, lo expresable y lo indecible, lo civilizado y lo barbárico. Permanecer donde estamos, evitar el contacto con el otro, es ahora más urgente que nunca. Nos acecha el riesgo de una contaminación, el peligro de una emboscada.

Es lógico, en consecuencia, que los estudiosos se pregunten por las causas del fenómeno. ¿A qué responde la polarización? ¿Qué es lo que ha propiciado su apogeo? Algunos, acaso cegados por la lucha política, borrachos de actualidad, identifican en Sánchez y en los populismos su razón última: la polarización constituiría, en último término, un producto de nuestra clase política, incapaz de bien e insensible a la virtud. Otros, menos optimistas, apuntan al corazón del régimen pluralista. La radicalización sería apenas su corolario, su inexorable cénit. Al pluralismo le sigue la polarización como al contagio la enfermedad o a la berrea el apareamiento: fatalmente, sin salvedades posibles.

"A los partidos políticos de todos los tiempos les conviene que se exacerben las diferencias hasta que parezcan insalvables. El voto mutará así en obligación moral"
Esta última tesis es, sin duda, más desafiante que la primera. No impugna la conducta de un puñado de políticos, sino el núcleo del sistema. El régimen pluralista contendría en sí mismo el germen de su degeneración. La diversidad fomentaría la radicalidad; la exaltación de lo plural implicaría, por su misma naturaleza, la liberación de lo polar. Hay ―no podemos negarlo― una perturbadora verdad en este planteamiento. A los partidos políticos de todos los tiempos les conviene que se exacerben las diferencias hasta que parezcan insalvables; les conviene que, para sus votantes, las posiciones de los rivales se ubiquen, ¡incluso lo superen!, en el umbral mismo de la ilegitimidad. El voto mutará así en obligación moral. El transfuguismo adquirirá los contornos de una traición.  

Yo entiendo la tesis, por supuesto. Sin embargo, no creo que sea el pluralismo, en abstracto, lo que aboca a la polarización, sino una versión concretísima de él. La causa de la radicalidad, de la degradación del espacio público en campo de batalla, es un pluralismo que absolutiza la pluralidad y, en consecuencia, malinterpreta su relación con la unidad. Su tesis es que mantienen entre sí una relación problemática, excluyente; mi tesis es que mantienen una relación complementaria. En un régimen plural, la unidad no es solo deseable, sino imprescindible. Lo uno es la condición necesaria de lo múltiple. La pluralidad solo se predica de la unidad. Cuando los analistas modernos ensalzan la diversidad de un pueblo, encomian sin pretenderlo su singularidad. Puede decirse que una nación es plural porque es una. Puede decirse que el mundo es variado porque también es único. 

"Para que todo cambie, algo debe permanecer. Para que todo pueda alterarse, algo debe sacralizarse. Para que todo pueda discutirse, algo debe ser indiscutible, siquiera la misma posibilidad de discutirlo todo"
¿Cabe, no obstante, imaginarse un pluralismo así? ¿Es posible un régimen de opinión que no desgarre la unidad? Yo diría que sí, por supuesto, allá donde haya hombres dispuestos al riesgo de la inactualidad. El pluralismo no devendrá disolvente a condición de que acepte una desconcertante paradoja: la diversidad opinativa solo puede asentarse sobre una mínima intransigencia dogmática; el régimen plural debe vertebrarse en torno a una verdad global. Para que todo cambie, algo debe permanecer. Para que todo pueda alterarse, algo debe sacralizarse. Para que todo pueda discutirse, algo debe ser indiscutible, siquiera la misma posibilidad de discutirlo todo. Los medievales sabían algo que nosotros parecemos ignorar: los edificios más gráciles exigen los cimientos más sólidos. 

La diversidad que defiendo no se basa en el relativismo, sino en la verdad. El pluralismo no degenerará en anomia mientras preserve intactas unas convicciones compartidas, un sustrato común. Su éxito depende de no entregarlo todo a la polémica, que no es sino un juego de fuerzas. Depende de proclamar un puñado de verdades y resguardarlas de la arbitrariedad del déspota o de las veleidades de ese tirano policéfalo que llamamos pueblo. Por atávica que parezca, esa miríada de dogmas, cuestionable para nadie, sagrada para todos, guardará al pluralismo del riesgo polarizador y le permitirá ofrecer ―como los árboles más firmemente anclados a la tierra― sus mejores frutos al cielo.
Julio Llorente
Julio Llorente
Editor en CEU Ediciones y director de Ediciones Monóculo
Compagina su trabajo de edición con colaboraciones en medios como 'Alfa y Omega', COPE o TRECE. Es autor de 'Titubeos' (La Isla de Siltolá).
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