Los consensos inalterables en la Catalunya posprocés
Tras cien días de mandato de Salvador Illa, "en Catalunya, los consensos feministas, climáticos y migratorios —básicos en las democracias contemporáneas— aún son sólidos", concluye el analista político Mario Ríos, en su análisis de la nueva 'Encuesta sociopolítica' del Centre d’Estudis d’Opinió. Sin embargo, advierte, "solo una acción política firme, impulsada por las instituciones catalanas y centrada en la defensa de la política como herramienta transformadora, puede evitar que estos consensos se fracturen".
En Catalunya, los consensos feministas, climáticos y migratorios —básicos en las democracias contemporáneas— aún son sólidos, según el analisis de Mario Ríos. | Unsplash / KWON JUNHO
La nueva victoria de Trump supone un momento de inflexión histórico y consolida algo que llevamos viendo más de diez años, pero que después de la pandemia ha experimentado una explosión: el auge de la ola reaccionaria. En este momento de desazón global en el que todo lo existente parece deteriorarse cada vez más rápido, la derecha radical aspira a obtener réditos políticos y electorales mediante la polarización ideológica y afectiva de nuestras sociedades. Llevando a cabo un cuestionamiento de los pilares básicos de una sociedad democrática: la igualdad de género, la protección de las minorías, el cambio climático o el respeto más básico a los derechos humanos. Las guerras culturales son el instrumento que usan para desalentar estos consensos sociales.
"En este momento de desazón global en el que todo lo existente parece deteriorarse cada vez más rápido, la derecha radical aspira a obtener réditos políticos y electorales mediante la polarización ideológica y afectiva de nuestras sociedades"
Las sociedades no son estáticas; se transforman constantemente bajo la influencia de fenómenos políticos, históricos, sociales y económicos. Estas dinámicas de fondo moldean la opinión pública, reconfiguran los consensos y determinan la dirección de las comunidades políticas. En este contexto, resulta fundamental analizar la nueva Encuesta sociopolítica del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat de Catalunya. Este estudio, realizado entre junio y septiembre con más de 5.700 personas, ofrece una visión amplia sobre las percepciones de la sociedad catalana respecto al feminismo, el cambio climático y la inmigración. Estos tres temas, claves en la batalla política y cultural de las democracias contemporáneas, están en el centro de las estrategias de la derecha radical para tensar nuestras sociedades.
Una de las primeras conclusiones de la encuesta es que la agenda feminista goza de buena salud en Catalunya: nueve de cada diez encuestados y encuestadas defienden el principio de igualdad entre hombres y mujeres. Mientras que un 72% afirma sentirse feminista, si definimos feminismo como la existencia de los mismos derechos tanto para hombres como para mujeres. Estos consensos, sin embargo, se deterioran cuando la idea de feminismo se reduce a una categoría o identidad política en oposición a otras existentes. Cuando preguntamos a los encuestados y encuestadas directamente si se consideran feministas, el apoyo baja hasta el 45%, mientras que un 29% declara no ser feminista, un 15% no está seguro/a y un 11% prefiere no contestar.
"Un 72% de los catalanes afirma sentirse feminista, si definimos feminismo como la existencia de los mismos derechos tanto para hombres como para mujeres"
Este descenso, además, es acusado entre los hombres, especialmente entre los jóvenes, que es algo que venimos observando como patrón en diferentes países. Mientras que un 72% de las mujeres de 16 a 24 años se consideran feministas como categoría política, el 42% de los hombres de esta edad la rechaza. El porcentaje de apoyo al feminismo en este sector sube conforme lo ligamos a una agenda igualitaria y lo introducimos con una explicación sobre lo que es el feminismo, no como simple categoría. Sin embargo, cabe advertir que en todos los grupos menos en el de 25 a 34 años y en el de 50 a 64 años, el rechazo a la etiqueta feminista es mayor al apoyo entre los hombres.
Parece claro, por lo tanto, que la batalla cultural alrededor del concepto de feminismo que ha impulsado la derecha radical ha dado sus frutos y actualmente la autoidentificación como feminista va a la baja y genera rechazo entre los hombres. Sin embargo, nadie puede dudar en el sí de la sociedad catalana a los valores igualitarios, ya que son ampliamente compartidos en todas las franjas de edad.
En cuanto al segundo gran tema de análisis, el cambio climático, el consenso es aún más contundente. Más del 40 % de los catalanes considera el cambio climático como la mayor amenaza para la humanidad, situándose en el nivel 10/10 de gravedad, una cifra que supera el 80 % si se incluyen quienes lo valoran en 7/10 o más. Este dato refleja un consenso claro. Además, el 63 % de las personas encuestadas se posiciona por encima del 5/10 en una escala que mide la disposición a pagar impuestos para combatir el cambio climático. Por otro lado, un 80 % se muestra optimista respecto a la lucha contra este desafío, al confiar en que la humanidad puede superar retos difíciles siempre que invierta el esfuerzo necesario.
No obstante, pese a los consensos generalizados en esta materia, percibimos cómo entre los votantes de Vox, los números son más débiles. Más de un 60% de su electorado se instala por encima del 5/10 en la escala, aunque la gran mayoría de estos votantes no pagarían impuestos para combatir el cambio climático y se muestran más pesimistas con respecto a la capacidad del ser humano de afrontar esta amenaza.
"En Catalunya, los consensos feministas, climáticos y migratorios —básicos en las democracias contemporáneas— aún son sólidos y existe unidad y coincidencia de visiones en un bloque central de la sociedad catalana, aunque empiecen a deteriorarse en algunos sectores"
Por último, en referencia a la cuestión de la inmigración, que ya hemos tratado en estas páginas, también arroja datos interesantes y positivos, aunque se empiezan a detectar ciertas reticencias entre algunos segmentos del electorado conservador. Un 66% considera que la inmigración es positiva para la economía catalana, un 58% afirma que enriquece la vida cultural y casi un 50% también creen que la población migrante hace de Catalunya un lugar mejor para vivir (porcentaje de población que se ubica en el 6/10 o por encima en la escala). Son porcentajes mayoritarios y las posiciones de rechazo —del 0 al 4 sobre 10— aglutinan el 15%, el 23% y el 28% respectivamente.
No obstante, existen algunas dudas que confirman análisis anteriores: un 58% cree que hay demasiados inmigrantes, un 62% que el Gobierno ha perdido el control y cuatro de cada diez afirma que los inmigrantes no son parecidos a la gente nacida aquí en las cosas importantes. Esto es especialmente más significativo en los votantes de extrema derecha, Vox y AC, pero también en las derechas conservadoras —PP y Junts—. Pese a estas reticencias, la visión positiva de la inmigración es transversal a nivel ideológico, generacional y de género.
Los datos, en conclusión, nos muestran cómo la sociedad catalana resiste de momento el envite reaccionario que se está extendiendo a lo largo y ancho del planeta. Sociedades claramente democráticas han caído en la espiral polarizadora de las batallas culturales y han visto cómo sus consensos internos implosionaban, deteriorando claramente no solo la calidad de sus sistemas democráticos sino su propio funcionamiento.
"Solo una acción política firme, impulsada por las instituciones catalanas y centrada en la defensa de la política como herramienta transformadora, puede evitar que estos consensos se fracturen"
En Catalunya, los consensos feministas, climáticos y migratorios —básicos en las democracias contemporáneas— aún son sólidos y existe unidad y coincidencia de visiones en un bloque central de la sociedad catalana, aunque empiecen a deteriorarse en algunos sectores. Sin embargo, esto no tiene por qué durar eternamente. En un contexto claramente antipolítico, es fácil que la desconfianza institucional genere unas dinámicas de agravio en sectores de la sociedad catalana que puedan ser politizadas por la derecha radical y nos lleven también a una espiral polarizadora que acabe cuestionando estos consensos.
Solo una acción política firme, impulsada por las instituciones catalanas y centrada en la defensa de la política como herramienta transformadora, puede evitar que estos consensos se fracturen. Esta acción debe orientarse a proteger a la ciudadanía frente a la precariedad económica, social y climática, a generar prosperidad compartida y socialmente redistribuida, y a mejorar el bienestar de la mayoría social. Solo así se puede prevenir que Catalunya caiga plenamente en la espiral reaccionaria que estamos presenciando en EE. UU. y otras partes del mundo.
Mario Ríos Fernández
Analista político y profesor de la Universitat de Girona
Politólogo y analista político experto en comportamiento electoral. Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional.