Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Inmigración y cohesión en Catalunya

Tras el fin del 'procés' Catalunya está viendo un gran cambio en sus preocupaciones. Mario Ríos argumenta, tras examinar las últimas estadísticas sobre migración y su percepción, que el Govern de Illa debería reiniciar el pacto social catalanista, inspirándose en la integración y el progresismo de los años 70.

Mario Ríos Fernández Mario Ríos Fernández 1 de octubre de 2024
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Catalunya ve un tercio de sus nacimiento de madres extranjeras. | Matias Basualdo / Zuma Press / ContactoPhoto
Catalunya ve un tercio de sus nacimiento de madres extranjeras. | Matias Basualdo / Zuma Press / ContactoPhoto
La inmigración ya es el problema que más preocupa a los españoles y españolas según el CIS: ha pasado de ser el cuarto problema con un 16,9% en julio al primero en septiembre con un 30,4%. Aunque existe un sesgo en las respuestas, es evidente que ha aumentado la preocupación por este tema en la sociedad española en los últimos tiempos: el barómetro de septiembre no ha hecho más que mostrar la conexión existente entre la opinión pública, la agenda mediática y la agenda política de un verano que ha girado —ya sea desde una visión negativa como desde una aproximación ponderada— alrededor de la inmigración. 

"La centralidad de la inmigración ha permitido a las opciones ultras mejorar significativamente sus resultados electorales influyendo además al resto del arco parlamentario"
España, sin embargo, no es ninguna excepción: tanto en EE. UU. como en la mayoría de los países europeos —solo hace falta recordar los resultados de la AfD en la Alemania Oriental, las elecciones legislativas en Austria o las nuevas prioridades del nuevo ejecutivo conservador francés— la inmigración está en el centro del debate político. Tal y como muestra la serie histórica del Eurobarómetro sobre esta cuestión, la preocupación por la inmigración en Europa obtuvo su puntuación más alta en noviembre de 2023 con un 18% situándose en valores máximos desde hace 5 años. Así, la centralidad de este tema ha permitido a las opciones ultras mejorar significativamente sus resultados electorales influyendo además al resto del arco parlamentario —ya sean partidos conservadores, liberales o incluso socialdemócratas— al instalar un marco claramente regresivo sobre esta cuestión. 

Catalunya, un país en mutación 

Sin embargo, para analizar el impacto político y social de la cuestión migratoria en nuestro país, es necesario girar la vista hacia Catalunya, donde —como ya analizamos en un artículo conjunto en estas páginas con Xavier Calafat— surgió una primera formación de derecha radical que politizó este tema mediante una agenda restrictiva e identitaria. 

Antes de analizar las actitudes y preferencias de la opinión pública catalana respecto de la cuestión migratoria es necesario analizar si en los últimos años se ha producido un cambio demográfico en Catalunya y la respuesta es sí. Si repasamos algunos datos de manera rápida vemos cómo la población catalana ha crecido un 32% desde el año 2000 pasando de 6 millones a 8 millones en 2024: un crecimiento que se debe principalmente a la inmigración y al aumento de la natalidad propiciada por esta. En el año 2000, Catalunya contaba con 198.000 personas nacidas en el extranjero, lo que significa el 2,9% del total de la población. En 2024, el número total de personas extranjeras en Catalunya es de casi 1,4 millones, lo que equivale al 17,2% del total de la población. La población inmigrante en Catalunya se ha multiplicado por siete en 24 años, por lo que podría decirse que el gran crecimiento poblacional que se ha dado hasta llegar a la Catalunya de los 8 millones ha estado vinculado a la llegada de personas extranjeras.



"Las nuevas generaciones son mestizas y diversas y muestran el impacto de la ola migratoria. Según el IDESCAT un tercio de los nacimientos en Catalunya son ya de madre extranjera"
Esto ha provocado un cambio drástico en la fisonomía del país. Catalunya se ha convertido en una sociedad plural siendo la CC. AA. con más extranjeros de España. Entre ellos, 730.000 personas nacieron en América Latina, 371.000 en el resto de Europa, 356.000 en África y 192.000 en Asia. Además, actualmente, el 42% de los ciudadanos de Catalunya entre 20 y 39 años han nacido fuera. Las nuevas generaciones son mestizas y diversas y muestran el impacto de la ola migratoria. Un dato último dato muy ilustrativo para entender ese cambio: según el IDESCAT un tercio de los nacimientos en Catalunya son ya de madre extranjera.

El impacto en la sociedad catalana: actitudes y preferencias en materia migratoria

Pese a que el cambio experimentado a nivel demográfico es considerable, no ha sido hasta que el tema ha entrado en las agendas mediática y política, que la inmigración ha aparecido en el radar de la opinión pública catalana. Una vez se acabó la década populista y el proceso independentista, es decir, el periodo de movilización política, social y territorial que va desde 2010 a 2024, nuevas preocupaciones han emergido en la sociedad catalana siendo la cuestión migratoria una de ellas.

"Una vez se acabó la década populista y el proceso independentista, es decir, el periodo de movilización política, social y territorial que va desde 2010 a 2024, nuevas preocupaciones han emergido en la sociedad catalana siendo la cuestión migratoria una de ellas"
Como podemos observar en el anterior gráfico, la preocupación por la inmigración cayó de manera evidente al inicio del procés y de las movilizaciones del 15M hasta situarse por debajo del 2%. Este dato es importante porque dicha preocupación venía de valores muy altos —alcanzó el 23% con la crisis de los cayucos— durante la crisis económica y, especialmente, en la época de la burbuja inmobiliaria y del milagro económico español. Durante la crisis de los refugiados sirios, sin embargo, la inmigración no se leyó como un problema ya que durante 2015 no superó el 2% de menciones como principal problema en Catalunya. Únicamente a finales de 2019 se sitúa en un 4%. De ahí en adelante, la curva de la gráfica muestra cómo desde finales de 2020, su ascenso ha sido continuo hasta alcanzar en este mes de julio un 8,4%: el valor más alto desde 2010 situándose así como el cuarto problema de más importancia en la sociedad catalana. 



¿Quiénes son los grupos que más citan la inmigración como problema? Es interesante repasar cómo se compone este 8,4% de población. Lo primero que observamos es que el perfil es más claramente femenino que masculino con un 54,5% de mujeres y un 45,5% de hombres. A nivel de edad, vemos que aquellos que se preocupan más por la inmigración son los que se ubican entre 50 y 64 años con un 30,8% y, aunque ligeramente más bajo, también es reseñable el 28,8% de personas entre 35 y 49 años de edad. En cambio, entre aquellos que mencionan la inmigración como un problema solo hay un 7% de votantes de entre 18 y 24 años y poco más de un 10% de entre 25 y 34 años. La preocupación por la inmigración parece ser cosa de las franjas intermedias de edad mayoritariamente.

A nivel socioeconómico, se observa cómo la preocupación predomina entre la población con nivel formativo bajo: más del 44% de los que sitúan a la inmigración como uno de los problemas principales solo tiene la educación obligatoria. Los que tienen un nivel formativo de bachillerato o de formación profesional suman un 40% y el resto se sitúa con un nivel de estudios superior. Esta fotografía se debe complementar con dos variables más: la clase social autopercibida y la situación laboral. En el primer caso vemos cómo un 30,6% de los preocupados por la inmigración son trabajadores manuales no cualificados, un 20% trabajadores rutinarios no manuales y un 19% trabajadores cualificados. La composición es claramente de clase trabajadora, lo que concuerda con que haya más personas en situación laboral activa (55%) que no activa (44%) entre los que sitúan la inmigración como el principal problema.

Por último, una variable interesante a señalar es la relación existente entre la preocupación por la inmigración y el tamaño del municipio de residencia: un 32% de los preocupados residen en municipios de entre 10.001 y 50.000 habitantes y un 27% en municipios de entre 50.001 y 150.000. Es decir, más de la mitad de la población que señala este como el principal problema de Catalunya no reside ni en pueblos ni en grandes ciudades. 

Sin embargo, más allá de la manera en que ha evolucionado la percepción de la problemática y los perfiles preocupados, es necesario analizar las actitudes que la opinión pública muestra hacia el fenómeno migratorio en Catalunya. En este caso, tanto el CEO como el informe del ICPS nos dan algunas pistas sobre el posicionamiento de la opinión pública catalana respecto de la inmigración.

La Encuesta longitudinal de febrero, y la Encuesta sociopolítica publicada en mayo por el CEO, dedican un apartado a las percepciones y actitudes de los catalanes hacia la inmigración. Lo primero que muestra este estudio es que la mayoría de las actitudes son positivas en tres ámbitos: a nivel económico, cultural y general. Siendo 0 que la inmigración es negativa para la economía y 10 que la inmigración es positiva, los catalanes y catalanas se sitúan en un 6,5 de media sobre 10. En cuanto al enriquecimiento cultural se ubican en un 6, y a nivel general en un 5,5. Casi el 50% de los catalanes y catalanas creen que la vida cultural se enriquece gracias a los efectos de la inmigración. Un 26% se ubica en posiciones entre el 8 y el 10 y un 22% entre el 6 y el 7. Solo un 28% se ubica por debajo del 4. 

"La sociedad catalana —al igual que en otros países del entorno— percibe más inmigrantes de los que verdaderamente hay. Se cree, de media, que de cada 100 personas que viven en Catalunya, 34 han nacido fuera del Estado mientras que la cifra real es de 22 personas"

Sin embargo, existen algunos datos negativos a tener en cuenta. El primero de ellos es que la sociedad catalana —al igual que en otros países del entorno— percibe más inmigrantes de los que verdaderamente hay. Se cree, de media, que de cada 100 personas que viven en Catalunya, 34 han nacido fuera del Estado mientras que la cifra real es de 22 personas. Además, casi la mitad de los catalanes creen que hay un exceso de personas inmigrantes: un 48% afirma que es excesivo su volumen, un 24% el adecuado y un 4% insuficiente. Estos datos van de la mano de los relacionados con las valoraciones sobre las leyes de entrada y permanencia de la población inmigrante: un 28% las considera demasiado tolerantes y un 23% más bien tolerantes. Únicamente un 12% considera que son leyes poco o demasiado intolerantes. 




Además, 6 de cada 10 personas creen que los inmigrantes reciben más servicios de lo que aportan fiscalmente. Solo un 26% cree que aportan tanto como reciben y únicamente un 11% creen que aportan más de lo que reciben. Estos datos se vinculan directamente a la percepción de que la inmigración tiene un efecto negativo sobre la calidad de los servicios públicos: el 56% cree que su impacto es negativo o muy negativo contra un 38% que cree que es positivo. 

La segmentación partidista de estos datos nos muestra que las actitudes y percepciones más críticas con la inmigración se dan entre los dos electorados de extrema derecha —Vox y Aliança Catalana— y también entre los electorados conservadores como los de Junts y el PP. Sin embargo, es necesario señalar que, aunque menos acusadas, entre los votantes socialistas y republicanos también existen unos importantes sectores que tienen unas percepciones y actitudes críticas con el fenómeno migratorio.

El estudio del ICPS nos amplia el contexto que generan los datos del CEO. Lo primero que marca el informe sobre actitudes y preferencias respecto de la inmigración es que ahora mismo estamos en uno de los momentos de mayor aceptación del fenómeno. Con datos analizados desde el 2000, el grado de acuerdo con la inmigración es del 60% mientras que aquellos que se muestran en desacuerdo se sitúan en un 22%. 




Estos datos positivos se ven avalados por unas variables centradas en algo tangible y no tan abstracto: en los últimos 20 años ha bajado el grado de rechazo a la construcción de una mezquita cerca de casa —del 45,7% al 24,2% en los últimos 16 años— y a tener un vecino inmigrante —del 13,1% de 2002 al 2,3% actual—. 

"Si en 1992 la razón fundamental era de índole económica: "porque nos quitan el trabajo a los de aquí"; en 2023 el tema es claramente cultural: "porque no aceptan nuestras costumbres"

Sin embargo, lo más interesante de este estudio está relacionado con el motivo del rechazo a la inmigración y en ello observamos un cambio muy significativo. Si en 1992 la razón fundamental era de índole económica: "porque nos quitan el trabajo a los de aquí"; en 2023 el tema es claramente cultural: "porque no aceptan nuestras costumbres". Así, se ha pasado de un rechazo economicista a un rechazo basado en la diferencia cultural. 





Hacia un nuevo consenso: humanización, servicios públicos y cohesión social.

Tanto los datos demoscópicos como el cambio demográfico analizados en este artículo reafirman la necesidad de los primeros pasos del Govern Illa centrados mayoritariamente en la cuestión migratoria. Desde que Salvador Illa es President de la Generalitat, gran parte de sus intervenciones públicas —también el tradicional discurso de la Diada— han girado alrededor de la inmigración. Tratada desde una vertiente humanista, el mandatario catalán ha intentado sintetizar en la expresión "Català és qui ve a millorar Catalunya", un nuevo consenso social destinado a garantizar la cohesión política y social en Catalunya.

La mayoría de catalanes y catalanas perciben la inmigración como algo positivo, ya sea a nivel general, cultural o económico. No obstante, la opinión pública catalana da algunos signos de alarma que el Govern debería tener en cuenta: se perciben más inmigrantes de los que hay realmente, su volumen se considera excesivo para casi la mitad de la sociedad catalana, el impacto sobre los servicios públicos es percibido como negativo, se cree que reciben más de lo que se da, y las leyes migratorias son consideradas laxas por una mayoría. Además, es el tema cultural el que cada vez explica más el rechazo a la población inmigrante mezclándose cuestiones identitarias, culturales, lingüísticas y religiosas por encima de las estrictamente económicas. Y además debemos entender que este rechazo a la inmigración es mayor entre aquella parte de la población catalana menos dinámica, es decir, clases bajas, personas con baja formación, residentes en zonas estancadas y con trabajos manuales y precarios.

"El Govern debe actuar con determinación y convocar a los principales actores políticos, sociales y culturales de Catalunya con el objetivo de refundar un consenso social, político y cultural que sea capaz de aglutinar a la mayor parte de la ciudadanía catalana"
Ante esto, el Govern debe actuar con determinación y convocar a los principales actores políticos, sociales y culturales de Catalunya con el objetivo de refundar un consenso social, político y cultural que sea capaz de aglutinar a la mayor parte de la ciudadanía catalana. Este nuevo consenso catalanista debe girar en torno a tres puntos fundamentales: el primero debe ir directamente a confrontar con los discursos de odio que cada vez se propagan con más facilidad. La humanización de la población inmigrante es un aspecto fundamental. Los progresismos deben dejar de defender la inmigración como una cuestión puramente económica y devolverla al terreno de lo moral y de la defensa de los derechos humanos y la dignidad de las personas. 

El segundo punto debe ser una inversión en servicios públicos que garantice un conjunto de derechos socioeconómicos y una igualdad de oportunidades para toda la población. Invertir en sanidad, educación, vivienda o servicios sociales genera igualdad socioeconómica y esta igualdad es fundamental para garantizar una sociedad cohesionada. La comunidad política se construye desde los hospitales y las escuelas como lugares en los que se tejen relaciones y en los que todos nos sentimos ciudadanos de un mismo país.

Y, por último, es necesario un fortalecimiento de la promoción del catalán como lengua vehicular. El catalán debe ser el pal de paller de Catalunya y debe hacerlo desde la seducción a la población recién llegada. Tanto la Generalitat como el mundo empresarial deben invertir en la formación en catalán y deben fomentar la necesidad del idioma para poder trabajar en la mayoría de los lugares. El objetivo es convertir el catalán en una lengua asociada a la pertenencia a una comunidad amplia, plural y diversa que se comunica en un idioma común poseyendo a su vez una riqueza lingüística enorme.

"En el 2024, como ya pasó en los años 70 del siglo pasado, la cohesión social, política y nacional está en juego y el reto para el nuevo president es inmenso"
Recuperar la mejor tradición del catalanismo progresista y antifranquista en este contexto puede ser de gran utilidad. El catalanismo de los años 70 y gracias a la sociedad civil, a los partidos progresistas y al sindicalismo, consiguió que la población venida principalmente del sur de España se integrase en la comunidad gracias a un programa político basado en la democratización, la promoción de la identidad catalana y la construcción de un Estado del Bienestar que garantizase igualdad de oportunidades sin importar el lugar de origen. 

Vivimos un periodo de retroceso democrático a nivel global que coincide con un cambio sociodemográfico en el país y con un aumento de la desigualdad y la necesidad de caminar hacia un modelo económico más inclusivo que garantice oportunidades para todos. En el 2024, como ya pasó en los años 70 del siglo pasado, la cohesión social, política y nacional está en juego y el reto para el nuevo president es inmenso. De su acción depende que Catalunya siga siendo una comunidad política cohesionada en su diversidad y evite las fuerzas desintegradoras que la amenazan. 
Mario Ríos Fernández
Mario Ríos Fernández
Analista político y profesor de la Universitat de Girona
Politólogo y analista político experto en comportamiento electoral. Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional.
Participación