Lunes, 17 de agosto de 2026
ANÁLISIS

El futuro que nos espera: la crisis climática en Grecia

"Cuando pienso en los habitantes de València que perdieron la vida o vieron sus vidas destrozadas, no puedo evitar pensar en cuándo sucederá algo similar aquí, no en si sucederá". Desde Grecia, el periodista Nick Malkouztis lanza una advertencia: la crisis climática golpea con especial dureza al Mediterráneo, y nuestros sistemas de prevención no están preparados.

Nick Malkoutzis Nick Malkoutzis 11 de noviembre de 2024
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Una calle de Atenas inundada durante las tormentas en la capital griega de 2021. | Eurokinissi / Zuma Press / ContactoPhoto
Una calle de Atenas inundada durante las tormentas en la capital griega de 2021. | Eurokinissi / Zuma Press / ContactoPhoto
Observando desde Atenas las recientes y devastadoras inundaciones en València, sentí conmoción, tristeza, pero también una incómoda sensación de familiaridad. En los últimos años, Grecia también ha sufrido inundaciones mortales, así como incendios forestales masivos. La sensación de que nosotros, españoles y griegos, estamos a merced de la crisis climática y de las fuerzas naturales desatadas por la acción humana nunca ha sido más fuerte ni más aterradora.

No cabe duda de que casi cualquier griego que viera en sus pantallas de televisión las escenas apocalípticas de València pensó inmediatamente que podría vivir algo similar en su ciudad o pueblos. El pasado fin de semana, tras las inundaciones de València, el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, presidió una reunión de funcionarios destinada a tranquilizar a la opinión pública asegurando que Atenas —donde vive casi la mitad de la población griega— cuenta con un sólido plan para defenderse de las inundaciones.

"La vulnerabilidad y la falta de preparación de Grecia ante los efectos del cambio climático quedaron al descubierto. Los acontecimientos exactos sobre los que los expertos llevaban años advirtiendo se desarrollaron ante nuestros ojos, abriéndonos los ojos sobre lo vulnerables que somos"
Dudo que muchos de mis conciudadanos atenienses se sintieran tranquilos. Han visto demasiada muerte y destrucción en los últimos años como consecuencia de catástrofes naturales. En 2017, 24 personas murieron y cientos se quedaron sin hogar por las inundaciones repentinas en Mandra, un suburbio occidental de Atenas. En julio de 2018, 104 personas murieron cuando un incendio forestal arrasó la ciudad costera de Mati, a menos de 30 km de Atenas. En 2020, un ciclón tropical mediterráneo, la tormenta Ianos, provocó inundaciones que dañaron más de 5.000 viviendas y destruyeron cultivos en el centro de Grecia. Más de 460 km² de bosques y otros terrenos ardieron en la isla de Eubea en agosto de 2021, convirtiéndose en el mayor incendio forestal jamás registrado en Grecia. 

En aquel momento, estos sucesos se consideraban atípicos en cuanto a la forma en que Grecia estaba experimentando la crisis climática. La sensación era que veríamos más de esto, pero no necesariamente con mucha frecuencia. Sin embargo, apenas un par de años después, Ianos y el incendio de Eubea habían quedado totalmente eclipsados por catástrofes naturales aún peores.

En el verano de 2023, Grecia sufrió extensos incendios forestales, entre ellos el mayor jamás registrado en Europa desde que existen imágenes por satélite. El incendio que arrasó el parque nacional de Dadia, en el noreste de Grecia, destruyó 900 km² de bosques y cultivos en una zona protegida por la red europea Natura y famosa por su biodiversidad.

En septiembre de 2023, la tormenta Daniel azotó el centro de Grecia, causando grandes inundaciones y daños en más de 700 km² del cinturón agrícola del país, dejando a muchos agricultores sin trabajo. Las consecuencias de las inundaciones fueron bíblicas y su coste se estimó en unos 4.000 millones de euros.

En pocos años, la vulnerabilidad y la falta de preparación de Grecia ante los efectos del cambio climático quedaron al descubierto. Los acontecimientos exactos sobre los que los expertos llevaban años advirtiendo se desarrollaron ante nuestros ojos, abriéndonos los ojos sobre lo vulnerables que somos.

En 2021, un equipo de investigadores de la Universidad de Atenas actualizó un estudio anterior para examinar las consecuencias previstas del cambio climático en 850 zonas de Grecia. Para el año 2050 se calcula que el número de días en que Grecia sufrirá olas de calor aumentará entre 15 y 20 días al año; los niveles de precipitaciones descenderán entre un 10% y un 30%; el número de días con alto riesgo de incendios aumentará entre un 15% y un 70%, y los fenómenos meteorológicos extremos serán mucho más frecuentes. 

Un equipo de expertos interdisciplinarios reunidos por el Banco Central griego estimó el año pasado que el impacto del cambio climático podría costar a Grecia hasta 700.000 millones de euros a finales de siglo.

"Ha habido críticas al sistema de prevención porque a veces los mensajes de alerta se envían innecesariamente o llegan a personas en zonas equivocadas, pero el Gobierno griego insiste en que este sistema, creado, pero inactivo durante muchos años, ha salvado vidas"
Uno de los puntos débiles que se han detectado en la estrategia de adaptación climática de Grecia es que gran parte de la responsabilidad de elaborar planes y ejecutar proyectos, como las obras contra las inundaciones, recae en las autoridades regionales. Pero las autoridades locales griegas carecen de la experiencia, la gestión adecuada y, a menudo, los recursos para ejecutar tales proyectos, a pesar de que el conocimiento sobre el terreno es necesario para asegurarse de que son apropiados. 

En un informe del pasado noviembre, WWF Grecia advertía de que los planes de adaptación al clima que están elaborando las autoridades regionales contienen "objetivos y medidas o acciones que siguen siendo genéricos y no se dispone de las herramientas para su aplicación".

El Gobierno griego intenta rectificar esta situación por dos vías. En primer lugar, ha obtenido fondos de la UE, a través de un instrumento llamado LIFE, para financiar la coordinación de la estrategia de adaptación, ayudar a las autoridades regionales a redactar sus planes, subsanar el déficit de conocimientos sobre los efectos del cambio climático y hacer públicos los datos climáticos.

En segundo lugar, el actual primer ministro Kyriakos Mitsotakis reaccionó a las catástrofes del pasado verano anunciando una serie de medidas destinadas a mejorar la respuesta de Grecia al impacto de la crisis climática. Anunció la creación de un nuevo organismo estatal, dependiente del Ministerio de Infraestructuras, que se encargará de planificar y llevar a cabo las obras contra las inundaciones en Tesalia, en el centro de Grecia. Esto podría verse como una admisión de que la gestión de este tipo de proyectos a nivel local es una mala idea debido a la falta de conocimientos técnicos y capacidad, así como a la corrupción que implica este nivel de la política griega.

Sin embargo, incluso si tienen éxito, es probable que estas acciones solo contribuyan en pequeña medida a subsanar las deficiencias de nuestras medidas de defensa contra la crisis climática. Tras el mortífero incendio forestal de Mati en 2018, un experto alemán elaboró un informe que ponía de manifiesto las deficiencias del planteamiento griego en materia de lucha contra incendios. Identificó una falta de planificación estratégica y a nivel local; una proliferación de organismos con responsabilidades superpuestas; una cultura de interferencia política, y un gasto abrumadoramente desproporcionado en la extinción de incendios en comparación con la prevención. Seis años después, estos problemas persisten.

"Cuando pienso en los habitantes de València cuyas vidas se perdieron o quedaron destrozadas, no puedo evitar pensar en cuándo ocurrirá algo similar aquí, no en si ocurrirá"
El único cambio significativo desde Mati ha sido la activación de la línea de servicios de emergencia "112", que sirve de sistema de alerta temprana cuando se esperan condiciones meteorológicas extremas o se avecina un incendio. Se envía un SMS a los habitantes de la zona amenazada para aconsejarles que estén alerta o evacúen. Ha habido críticas al sistema porque a veces los mensajes se envían innecesariamente o llegan a personas en zonas equivocadas, pero el Gobierno griego insiste en que este sistema, creado, pero inactivo durante muchos años, ha salvado vidas. 

El plan ha tenido éxito en el sentido de que la pérdida de vidas humanas se ha mantenido baja a pesar de que las inundaciones y los incendios han aumentado en los últimos años. No obstante, también puede verse como la confirmación del fracaso masivo de múltiples políticas: nuestra lenta y débil respuesta a la amenaza creciente de la crisis climática significa que parece que nuestra única defensa contra ella es correr para salvar nuestras vidas.

Este fin de semana, un periódico griego publicó un análisis sobre lo que ocurriría si Atenas se viera afectada por el tipo de precipitaciones experimentadas en València. La infografía que lo acompañaba mostraba tres grandes zonas de Atenas sufriendo graves inundaciones. Uno de los barrios en la zona de peligro era en el que vivo. Cuando pienso en los habitantes de València cuyas vidas se perdieron o quedaron destrozadas, no puedo evitar pensar en cuándo ocurrirá algo similar aquí, no en si ocurrirá.
Nick Malkoutzis
Nick Malkoutzis
Cofundador y editor del medio griego de análisis 'Macropolis'
Fue el subdirector de la edición en inglés del periódico 'Kathimerini', uno de los referentes de Grecia. Ha escrito para 'Bloomberg Businessweek', 'Foreign Policy', 'Newsweek', 'The Guardian' y 'Die Zeit'. Ha comentado eventos en Grecia para una serie de medios internacionales, incluyendo BBC News, Al Jazeera, Bloomberg TV y NPR. Es autor de varios estudios sobre el país heleno para la Friedrich Ebert Foundation. Europeos.
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