Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

¿Cómo impactaría un segundo mandato Trump a España?

Tras el reciente atentado que ha puesto en peligro la vida del candidato republicano, por segunda vez en esta campaña, Pedro Soriano analiza qué implicaría su reelección para nuestro país. Un nuevo mandato de Trump podría representar un retroceso para España. En el ámbito de la defensa, España tendría que afrontar mayores gastos para compensar el vacío que dejaría un posible giro aislacionista de Estados Unidos. En el terreno económico, el proteccionismo que caracteriza a Trump podría convertirse en un desafío insuperable para la economía española.

Pedro Soriano Mendiara Pedro Soriano Mendiara 17 de septiembre de 2024
Añadir AgendaPública en Google
Mensaje del expresidente Trump para Vox | Jesús Hellín / Europa Press / ContactoPhoto
Mensaje del expresidente Trump para Vox | Jesús Hellín / Europa Press / ContactoPhoto
La posibilidad de una presidencia Trump —menos probable tras el cambio de candidatos en el bando demócrata, pero todavía bastante clara— tendrá un impacto profundo en la política exterior española. Tras la victoria en el debate de la semana pasada, la demócrata Harris parecía comenzar a despegar en las encuestas definitivamente. Sin embargo, el nuevo intento sobre la vida del candidato republicano, esta vez sin el dramatismo ni el peligro del atentado de julio, la carrera por la Casa Blanca vuelve a tornarse incierta. En este artículo quiero concentrarme en los dos aspectos más visibles de una posible reelección para nuestro país.

En primer lugar, Trump como presidente presidiría un giro aislacionista profundo. Es público y notorio el desdén que siente el exmandatario por la OTAN, a la que considera, esencialmente, un mecanismo por el cual los socios europeos disfrutan de la protección militar estadounidense sin efectuar los desembolsos económicos y humanos que les serían exigibles.

"Trump tiene en mente es una reducción sustancial del gasto militar estadounidense en Europa, que tendrá que ser compensado por las distintas economías europeas"


Es difícil enfatizar hasta qué punto eso supondría un giro copernicano de la política de la primera superpotencia, que desde 1947 al menos (cuando sustituyó al Reino Unido en sus garantías militares respecto de Grecia) ha tenido como uno de sus pilares básicos una defensa avanzada frente a la Unión Soviética primero, y Rusia, después, usando para ello Europa Occidental, primero, y Europa del Este, tras el hundimiento del bloque comunista en 1989.

Aunque es difícil creer que en última instancia Trump abandonaría la OTAN (lo que se llama desde los tiempos de Eisenhower el "complejo industrial-militar" difícilmente se lo permitirá, y las bases militares que EE.UU tiene diseminadas por todo el continente son demasiado valiosas). Lo que sí es evidente que Trump tiene en mente es una reducción sustancial del gasto militar estadounidense en Europa, que tendrá que ser compensado por las distintas economías europeas.

Aquí, es donde el impacto de esa decisión trumpista inevitablemente tendrá su correlato en España, que es el miembro de la OTAN que destina una parte menor de su Producto Interior Bruto a gastos en defensa (el 1,28%, según los últimos datos). Donde otros miembros de la organización —particularmente en Europa del Este, y sobre todo desde el inicio de la guerra de Ucrania— destinan el doble o incluso el triple de esa suma, asustados por la amenaza rusa; España, por motivos históricos (nuestra entrada y permanencia en la OTAN nunca ha sido vista con entusiasmo por la población) y geográficos (el Magreb no es visto como un punto de amenaza al orden global mundial de la misma manera que la frontera con Rusia), tradicionalmente, ha gastado poco dinero.

"España es el miembro de la OTAN que destina una parte menor de su Producto Interior Bruto a gastos en defensa (el 1,28%, según los últimos datos)"


Eso, inevitablemente, tendrá que cambiar si una segunda presidencia Trump empieza a retirar fuerzas y sobre todo, deja de invertir en la defensa europea. Los países de la Alianza deberán cubrir el hueco que la inversión estadounidense deje. España en particular, precisamente porque viene de tan abajo, será uno de los países que más tendrá que dar el do de pecho (será difícil que otros socios en Europa del Este, con economías más débiles y porcentajes de gasto en defensa proporcionalmente mucho más elevados que los de España, puedan incrementarlos mucho más).

Hay además, una segunda variable a tener en cuenta: en líneas generales, cuando EE. UU. ha tenido que mediar entre España y sus vecinos en el Magreb (particularmente, Marruecos), ha tendido a posicionarse más bien a favor de estos últimos. El ejemplo más egregio sigue siendo la postura estadounidense en relación con la cuestión del Sáhara Occidental, en la que siempre se ha apoyado, más tácita o explícitamente, la postura marroquí. Un presidente Trump, con su querencia por los líderes autoritarios, podría tender a inclinarse más bien por Marruecos que por España en caso de conflicto, lo cual será otro acicate para incrementar la capacidad disuasoria militar española.

En segundo lugar, el otro aspecto en el que una presidencia Trump tendrá un impacto desproporcionado en la economía española es la política arancelaria: Trump, además de un aislacionista en política exterior, es un proteccionista en materia económica (realmente, Trump es un republicano de los años 20 del siglo anterior, en muchos aspectos). Una segunda presidencia Trump, en ese sentido, será una clara impugnación de la economía de libre mercado que ha imperado desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

"Una guerra arancelaria nos devolvería rápidamente a la casilla de partida, dañando nuestro tejido productivo y llevando al cierre a muchas empresas que no podrían afrontar nuevos aranceles"


Ahora bien, la imposición de medidas proteccionistas frente a las importaciones que entren en Estados Unidos inevitablemente generará una reacción defensiva en todas las economías mundiales, al igual que la generó la Ley Smoot-Hawley de 1930 (que es el modelo que Trump —en puridad, más bien sus asesores— probablemente tiene en mente). Véase la escalada arancelaria que supuso esa ley:
 

Datos históricos de aranceles en EE. UU. Foto: Fuente: US Departement of Commerce, Bureau of the Census, Historical Statistics of the United States 1789-1945, U.S. International Trade Commission, dataweb.usitc.gov



Esa reacción defensiva, casi con toda seguridad, podría provocar el mismo efecto que la ley original generó: una reducción importante de las exportaciones mundiales y una recesión —quizá depresión— económica, que a su vez incrementará la inestabilidad geopolítica y provocará movimientos migratorios profundos.

España sufriría enormemente en ese escenario: buena parte del excelente comportamiento de la economía española en los últimos años —particularmente en comparación con otros países europeos— se ha basado en un fenómeno bastante peculiar en la historia española, que es una reducción del déficit en nuestra balanza comercial (es decir, que España, que es un país que tradicionalmente importa más de lo que exporta, ha reducido mucho la diferencia en ese ámbito en los últimos años).

Una guerra arancelaria nos devolvería rápidamente a la casilla de partida, dañando nuestro tejido productivo y llevando al cierre a muchas empresas que no podrían afrontar nuevos aranceles. Si a eso le sumamos que una recesión económica mundial lanzaría a nuestras fronteras a nuevas oleadas de inmigrantes latinoamericanos y africanos, con las consiguientes tensiones sociales y económicas que eso generaría. Resulta fácil ver que —con independencia de lo que uno piense de otras ideas de Trump— su reelección no está en el mejor interés de la economía española.
Pedro Soriano Mendiara
Pedro Soriano Mendiara
Abogado procesalista civil y penal. Socio en la oficina de Barcelona del despacho Ramón y Cajal.
Licenciado en Derecho y Máster por Esade (España). Autor (intermitente) del blog 'La batalla por la Casa Blanca', dedicado mayoritariamente a la política norteamericana desde 2008.
Participación