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PACO PUENTES

El problema del agua en España

Alonso Campos

6 mins - 22 de Abril de 2024, 07:00

España siempre ha sufrido unas limitadas precipitaciones que han lastrado la producción agrícola, sobre todo en el Levante y sur del país, lo ha llevado al enorme crecimiento de los cultivos de regadío. Esto se debe tanto a los mayores riesgos del cultivo de secano (que depende únicamente de las precipitaciones) como al mejor rendimiento económico de los cultivos de regadío. 

Sin embargo, esta tendencia choca con los problemas ocasionados por el cambio climático, que traerá precipitaciones todavía más bajas y temperaturas más altas, ejemplificados por la gravedad de la actual sequía. Con aproximadamente un 23% de la superficie total de cultivo, los regadíos son el 80% del consumo nacional de agua, y debido a la actual falta de lluvias ya se están anunciando cortes de suministro al regadío en Cataluña o Andalucía. Por lo tanto, es necesario plantear soluciones y propuestas a corto, medio y largo plazo a la falta de agua en la agricultura. 

En primer lugar, es urgente modernizar los sistemas de gestión de agua de los regadíos españoles. La sustitución de todos los regadíos por inundación o gravedad (actualmente todavía un 23% del total) por métodos más eficientes como el regadío localizado es vital, especialmente en regiones a la zaga en eficiencia como Cataluña. También hay que extender la digitalización de cultivos y la agricultura de precisión, que permiten enormes ahorros en agua y fertilizantes. A fin de lograr esto, es clave el impacto que tendrá el PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, que espera movilizar 3.500 millones de euros en inversiones públicas y privadas. Adicionalmente, es importante promover la participación en cooperativas agrarias de aquellos agricultores que no lo hagan ya y la fusión de las cooperativas agrarias existentes, a fin de ganar volumen de negocio y capacidad de inversión en eficiencia de regado. 

Sin embargo, mejorar la eficiencia de los regadíos no será suficiente si sigue aumentando la superficie total de regadío (véase la Paradoja de Jevons), por lo que es preciso establecer límites al crecimiento de los regadíos en función del agua disponible con una actualización del Plan Hidrológico Nacional. Es legítimo y comprensible el deseo de los agricultores de practicar el regadío para mejorar su posición económica, pero deben entender que el modelo actual es pan para hoy y hambre para mañana: con recursos hídricos limitados, hacer un uso descontrolado de ellos sólo puede llevar a su agotamiento. 

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A medio plazo, y a fin de suplir la falta de agua de lluvia, es imprescindible aumentar el ritmo de instalación de plantas desaladoras. Nuestro país es líder mundial en tecnología de desalación, que ya aporta una cantidad significativa del suministro de agua en múltiples regiones. El objetivo sería suplir el suministro natural de agua en las zonas costeras del Levante, las más secas y las más densas en regadíos. Además, gracias al actual boom en la energía renovable y a avances tecnológicos como la desalación en profundidad, esta agua será progresivamente más barata de producir que nunca. 

También es necesario en el medio plazo ofrecer alternativas económicas atractivas al regadío. Una opción muy interesante es la energía agrofotovoltaica – la combinación de cultivos agrícolas con paneles solares. Los paneles solares pueden aportar recursos económicos adicionales a los agricultores, y hay amplia evidencia de que la sombra de los paneles solares ayuda a crecer a muchos cultivos, y reduce su demanda de agua. Legislación específica (como ya existe en países de nuestro entorno) que regule los derechos y beneficios de los agricultores y la creación de incentivos económicos serían grandes pasos adelante para la implantación a gran escala de la agrifotovoltaica. Esto tendría el beneficio adicional de resolver el conflicto actual en las zonas rurales entre instalaciones renovables y la economía agraria tradicional. 



En el medio-largo plazo, la Unión Europea debe abandonar sus normas sobre cultivos genéticamente modificados, especialmente a la luz de los últimos avances en biotecnología como la edición genética por CRISPR. Si bien es importante mantener la seguridad del suministro alimentario, no se deberían prohibir las técnicas de edición genética a priori sin considerar su verdadero impacto en la salud, sobre todo dado que las nuevas técnicas genéticas son mucho menos invasivas y mucho más controladas que las antiguas. Gracias a esto se pueden lograr plantas con menor consumo directo de agua o menor uso de fertilizantes y pesticidas (reduciendo el impacto sobre el suelo y los acuíferos). El anuncio de la Comisión Europea de que está considerando eliminar parte de las restricciones es una muy buena noticia, pero España debería liderar el impulso de la reforma para asegurarse de que no se cierra la puerta a la innovación científica, y de que se impide a las grandes empresas de productos químicos y biotecnológicos abusar del pequeño agricultor. 

Finalmente, España debería potenciar a largo plazo la agricultura regenerativa como el mejor estándar de sostenibilidad y calidad. La agricultura regenerativa combina métodos tradicionales con ciencia moderna para crear granjas que consumen menos agua, fertilizantes y pesticidas al tiempo que capturan CO2 atmosférico y producen alimentos más nutritivos. La agricultura regenerativa engloba múltiples técnicas y estrategias y es más compleja de implementar que la agricultura ordinaria, por lo que requiere de apoyo institucional (con diseminación de conocimientos y ayudas durante el proceso de transición) para que los agricultores puedan implementarla a gran escala. Pero si esto se logra, a largo plazo el resultado será un sistema agrícola más resiliente, con un menor consumo de agua y productos químicos, logrando un menor impacto en el medio ambiente y productos más saludables. 

Desde el plano institucional, una conciencia parcial de la necesidad de hacer reformas e inversiones para mejorar la situación de la agricultura y el suministro del agua. Aparte de los ya mencionados PERTE del Agua del gobierno central y reforma de las reglas de edición genética a nivel europeo, los nuevos Planes Hidrológicos aprobados a comienzos de año contemplan inversiones en desalación o eficiencia de regadíos, y por primera vez contemplan un caudal ecológico para el río Tajo. Sin embargo, se echan en falta propuestas a largo plazo para solventar el problema de que el actual modelo de crecimiento constante de los regadíos es inviable. Del siguiente gobierno que llegue a la Moncloa dependerá que se estudien soluciones reales o no, si bien uno de los dos bloques ideológicos sigue enfrascado en la lógica del crecimiento infinito y sin planificación. De estas decisiones depende el futuro de nuestro suministro de agua. 
 
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