El anuncio de que la Unión Europea impondrá aranceles a la importación de coches eléctricos chinos el pasado mes de julio ha suscitado una actividad frenética de encuentros con el presidente Xi Jinping, en la mayoría de los casos durante las visitas a China de los principales líderes europeos.
En la agenda, el punto prioritario en todos los casos ha sido ir generando autonomía estratégica europea con la aportación de cada Estado miembro en su relación con China, más allá de la visión comunitaria. El caso del presidente español, Pedro Sánchez, en su segunda visita al país asiático en menos de dos años no ha sido diferente.
La exportación de coches chinos a Europa marca un nuevo capítulo en las fricciones a las que va a tener que hacer frente Bruselas y Pekín ante una China que domina ampliamente la cadena de suministro, las materias primas claves para la transformación digital y la transición energética, y que lidera además no sólo el desarrollo de las más importantes tecnologías verdes, sino también la capacidad de producción.
Una posible guerra comercial se atisba en el horizonte, aunque la predisposición de ambas partes para no reproducir el escenario seguido por Washington, que mantiene una guerra comercial desde hace más de seis años sin resultados aparentes, parece anticipar un nuevo enfoque de resultados todavía inciertos.
El tiempo corre antes de la decisión final que deberán tomar todos los Estados miembros a finales de septiembre de imponer o no los aranceles propuestos por la Unión Europea sobre los coches eléctricos chinos para los próximos cinco años. Será necesario que 15 de los 27 miembros comunitarios acuerden una decisión, entrando en juego la prospectiva estratégica europea, pero también el debate de qué medidas adoptará la UE para igualar las condiciones en el comercio con China. Una sucesión de represalias impuestas por el gigante asiático por los aranceles propuestos a los coches eléctricos, que,
en el caso de España, afecta a los productores de porcino.
"La balanza sigue inclinándose del lado del gigante asiático, con las marcas chinas alcanzando ya el 11% del mercado europeo de coches eléctricos"
Mientras tanto, las importaciones de coches eléctricos chinos hacia Europa no han dejado de crecer, como tampoco lo ha hecho la determinación del gigante asiático de que sea el peso de su industria de coches eléctricos el que marque el espíritu de relación con la Unión Europea en la etapa en la que Europa comienza a definir su autonomía estratégica. La encrucijada está servida.
Apostar por la descarbonización europea con China como principal proveedor, o dinamizar la industrialización digital y la capacidad de manufactura de tecnologías verdes, que permitan a Europa no tener que apearse del podio de potencias con las capacidades productivas que van a ser más demandadas en las próximas décadas.
La balanza sigue inclinándose del lado del gigante asiático, con las marcas chinas alcanzando ya el 11% del mercado europeo de coches eléctricos, acelerándose las exportaciones antes de que se establezcan los aranceles adicionales. El hecho distintivo es el Explorer No.1 de BYD, el buque propiedad de la marca líder en coches eléctricos chinos, con capacidad para transportar hasta 7.000 unidades, que atracaba en el puerto de Santander a finales de agosto para descargar hasta un millar de unidades con destino al mercado español en el que no será su último desembarco.
Mientras la disputa por los aranceles a los coches eléctricos seguirá marcando la pauta en las relaciones entre la UE y China,
las visitas a Pekín de los mandatarios europeos ahondan en el objetivo de equilibrar la relación comercial construyendo a la vez autonomía estratégica. Aunque solamente reduciendo el déficit de infraestructuras de manufactura de tecnologías verdes puede Europa equilibrar la relación y desempeñar un rol comercial competitivo mundial.
"Las visitas a Pekín de los mandatarios europeos ahondan en el objetivo de equilibrar la relación comercial construyendo a la vez autonomía estratégica"
En esta línea se encuadra el acuerdo suscrito con Envision durante la visita de Sánchez a Pekín, asegurando una inversión de 1.000 millones de dólares para construir infraestructuras para la producción de hidrógeno verde disponible a partir de junio de 2026, y que se materializa gracias al potencial de España en energía eólica y solar necesaria que es la base del proceso de producción. Un socio, Envision, con el que España ya había firmado la construcción de una gigafábrica de baterías para coches eléctricos hace dos años y con el que se inicia una transición industrial irrenunciable hacia las tecnologías verdes que marcarán las futuras capacidades competitivas de España.
La decisión definitiva sobre los aranceles dependerá de si los Estados miembros mantienen finalmente el mismo criterio que en la votación consultiva. Italia, Francia y España optaron por apoyarla, mientras Alemania, Finlandia y Suecia se abstuvieron. Un momento para constatar si el órdago de China para retrasar la capacidad industrial asociada a los coches eléctricos cumple con sus objetivos, justo cuando
el informe Draghi sugiere una inversión pública y privada de más de 800.000 millones de euros adicionales al año proponiendo un modelo de más endeudamiento conjunto.
Con independencia de la fórmula acordada, solamente una mayor inversión mantendrá el rol global de la Unión Europea.