El Parlamento Europeo ha elegido este jueves a Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea por 401 votos a favor, 284 contra y 54 abstenciones. La votación brinda a Von der Leyen un segundo mandato, algo que sólo habían logrado hasta ahora Jacques Delors y José Manuel Barroso, dos precedentes que apuntan en direcciones muy diferentes. El francés aprovechó sus 10 años al frente de la Comisión (1985-1995) para sacar al club de la entonces llamada “euroesclerosis” y poner los cimientos de una transformación (fondos de cohesión, euro, etc.) sobre los que todavía se apoya la Unión. Barroso, en cambio, pasó de un primer mandato (2004-2009) dedicado a sobrevivir del pasado a un segundo (hasta 2014) lastrado por la pésima gestión de la crisis financiera y la pérdida de confianza en la Unión.
Von der Leyen llega a la renovación tras un lustro de éxitos que incluyen la respuesta a la pandemia, la multiplicación por dos del presupuesto comunitario (incluido el fondo Next Generation) o la superación de la crisis energética. Y para un segundo mandato ella misma parece haberse puesto bajo la advocación de Delors, a quien ha citado en el discurso de investidura ante el Parlamento Europeo. El legendario presidente, recordaba la alemana, dijo que “nuestra Comunidad no es solamente el fruto de la historia y de la necesidad, sino también de la voluntad”.
La voluntad de Von der Leyen apunta, según las directrices políticas que ha publicado este jueves, a un período de transformación del club que, a su juicio, debería pasar incluso por una reforma del Tratado con vistas a una ampliación que abarque desde Ucrania a los Balcanes occidentales pasando por Moldavia. La renovación incluirá, según la presidenta electa, un presupuesto comunitario reforzado con nuevas fuentes de ingreso, una política de cohesión supeditada a reformas estructurales ajustadas para cada país, una revisión de la política de competencia que tome en cuenta la competencia global y una adaptación del funcionamiento de las instituciones para sortear el veto de los países remisos a avanzar.
"Von der Leyen afronta un escenario político mucho más inestable que el de cualquiera de sus recientes predecesores, lo que abre un interrogante sobre sus posibilidades de éxito hasta 2029"
La presidenta cuenta para sacar adelante su plan con el apoyo de los grupos europeístas (populares, socialistas, liberales), que suman 401 de los 720 escaños del Parlamento Europeo. Pero la alemana afronta un escenario político mucho más inestable que el de cualquiera de sus recientes predecesores, lo que abre un interrogante sobre sus posibilidades de éxito hasta 2029.
Las elecciones europeas del 9-J dieron unos 200 escaños a fuerzas de ultraderecha, populistas y euroescépticas, que no disponen de capacidad de bloqueo pero sí pueden complicar la tramitación legislativa, sobre todo, en proyectos que no cuenten con una mayoría europeísta clara.
El 9-J también dejó al eje franco-alemán expuesto al empuje de fuerzas contrarias a la integración europea, con la victoria del ultraderechista Reagrupamiento Nacional en Francia y el segundo lugar de AfD en Alemania. Y gobiernos euroescépticos están ya al frente de Italia y Países Bajos. Nunca antes las fuerzas centrífugas habían soplado con tanta potencia en el corazón de la UE.
El panorama internacional tampoco se presenta benigno. Las elecciones de otoño en EE UU podrían llevar de nuevo a la Casa Blanca a un Donald Trump dispuesto a acabar con el orden internacional que sobrevivió con dificultades a su primer mandato. La guerra de Rusia contra Ucrania, en la que Von der Leyen se ha volcado en apoyo de Kyev, puede colocar a Bruselas en una situación insostenible si Washington retira su apoyo. Y la difícil convivencia comercial con China ensombrece el panorama económico de la zona euro, en particular, de una Alemania que se ha quedado sin la gasolinera low cost de Putin, que ve peligrar su gigantesco mercado asiático y que teme perder su guardaespaldas estadounidense si Trump gana las elecciones.
A la enrevesada aritmética parlamentaria en Bruselas y a la volatilidad global se unen las circunstancias políticas de la propia Von der Leyen, que también podrían pesar sobre el desenlace de su nueva presidencia. El éxito de su primer mandato ha elevado el listón para medir los resultados del segundo lo que, curiosamente, podría volverse en su contra y alimentar la resistencia interna de la Comisión si los resultados no están a la altura esperada.
"El carácter presidencialista de la alemana le ha granjeado pocas lealtades en Bruselas y esa escasez podría pasarle factura"
El carácter presidencialista de la alemana le ha granjeado pocas lealtades en Bruselas y esa escasez podría pasarle factura si las cañas se tornan lanzas durante el próximo quinquenio. En el último año de esta legislatura, ya ha tenido serios encontronazos con algunos de los pesos pesados de la Comisión, como el español Josep Borrell o el francés Thierry Breton, y con el Parlamento Europeo, hasta el punto de verse forzada a dar marcha atrás en alguna de sus decisiones más polémicas. La convivencia puede resultar aún más difícil en la próxima Comisión, con representantes de los gobiernos euroescépticos de Italia y Países Bajos intentando hacerse valer.
El resultado de la votación de investidura en el Parlamento también muestra que la presidenta electa cuenta con un margen de maniobra parlamentaria limitado, que la puede dejar en tierra de nadie tan pronto como un proyecto legislativo resquebraje la mayoría europeísta. Y hay muchas áreas en las que puede ocurrir, desde la política migratoria a la medioambiental, la agrícola, la presupuestaria o la energética.
Durante la campaña electoral del 9-J, Von der Leyen dejó claro su intención de entenderse puntualmente con los grupos ultras que considera aceptables, como el de la primera ministra italiana Giorgia Meloni. Pero las concesiones al grupo socialista (el segundo mayor de la cámara), como un plan de vivienda y un comisario europeo encargado de impulsarlo, muestran que la alemana ha aceptado que cualquier alejamiento de las alianzas tradicionales puede condenar al bloqueo su segundo mandato. O a un fracaso que empañaría definitivamente sus logros anteriores. Es el riesgo de las segundas partes. Sobre todo, cuando las primeras han sido buenas.
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.