Miércoles, 29 de julio de 2026
ANÁLISIS

España tendrá que pelear por la pedrea de los top jobs

La tarea más inmediata para el gobierno de Pedro Sánchez será lograr una cartera de peso para su probable candidata a comisaría, Teresa Ribera. El gabinete de la comisaría española, si se logra una buena cartera, debería explotarse al máximo para abrir huecos en los equipos de los comisarios que asuman las competencias con mayor impacto durante la legislatura a punto de comenzar (2024-2029).

Bernardo de Miguel Bernardo de Miguel 27 de junio de 2024
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Teresa Ribera. | Jesus Merida / Zuma Press / ContactoPhoto
Teresa Ribera. | Jesus Merida / Zuma Press / ContactoPhoto
El nombramiento de altos cargos de la UE tras las elecciones del 9 de junio entra este jueves en la recta final, con una cumbre europea en Bruselas que, salvo sorpresa, dejará repartidas las principales cartas de la próxima legislatura. Populares, socialistas y liberales tienen previsto quedarse, respectivamente, con la presidencia de la Comisión Europea, la presidencia del Consejo Europeo y el cargo de Alto Representante de Política Exterior. Para esos tres puestos, bautizados como top jobs en la jerga anglófona de Bruselas, parten como claros favoritos la alemana Ursula von der Leyen, el portugués António Costa y la estonia Kaja Kallas. España, que en 2019 se alzó con la política exterior para Josep Borrell, tendrá que conformarse esta vez con la pugna por puestos de menos relumbrón, pero no por ello despreciables.

"El tablero de Bruselas después de cada renovación ofrece decenas de huecos donde cada peón que se coloca cuenta para la influencia de un país".


Sería un error minusvalorar la importancia de una pedrea que incluye desde las vicepresidencias de la Comisión a los decisivos puestos en los gabinetes de comisarios de otros países o en el resto de la tramoya institucional de la UE, tan invisible para buena parte de la opinión pública como trascendental para el funcionamiento del club comunitario.

El tablero de Bruselas después de cada renovación ofrece decenas de huecos donde cada peón que se coloca cuenta para la influencia de un país. Cualquier rincón es importante, desde los servicios jurídicos de cada institución a las secretarías generales de la Comisión, el Consejo y el Parlamento, pasando por los servicios de portavoces o las embajadas comunitarias que se renueven en los próximos meses. Mejor no dar ningún balón por perdido ni renunciar a ninguna meta volante. Todas suman puntos.

La tarea más inmediata para el gobierno de Pedro Sánchez será lograr una cartera de peso para su probable candidata a comisaría, Teresa Ribera. El perfil técnico de la actual vicepresidenta del Gobierno es muy respetado en Bruselas, donde se ha labrado un incuestionable prestigio como negociadora en materia de energía y de clima. Esa imagen de Ribera como inevitable "comisaría de Energía" es la principal baza de España en el regateo de cargos. Pero también su principal riesgo.

"España se va a jugar su peso en la Comisión a una sola carta. Si la política energética y climática pasa a un segundo plano, España tendría que conformarse con un departamento destinado a perder relevancia".


España, con toda probabilidad, se va a jugar su peso en la Comisión a una sola carta, de color verde para más señas. Si la presidenta de la Comisión mantiene la Agenda Verde como un área prioritaria del próximo mandato, Ribera tiene casi todas las papeletas para convertirse en una pieza clave del ejecutivo europeo. Pero si la política energética y climática pasa a un segundo plano, como desean una parte del Partido Popular Europeo (PPE) y todos sus allegados de extrema derecha, España tendría que conformarse con un departamento destinado a perder relevancia. Y sin apenas margen de maniobra para mejorar posiciones en otro ámbito porque el perfil de Ribera la encasilla, casi ineludiblemente, en el área energética, donde cuenta con valiosos credenciales.

El puesto de comisario es el más importante en juego para España, porque el desenlace electoral del 9-J, con una clara victoria del PPE, y los equilibrios políticos, geográficos y de genero han dejado casi resuelto el rompecabezas de los top jobs, con poco espacio, salvo sorpresa, para abrirse algún hueco. Pero el nombramiento de Ribera no pone fin a la pelea por el peso de España en la próxima legislatura. Incluso antes del 9-J ya estaba en marcha en Bruselas la carrera de todos los países por situar a sus nacionales en el organigrama que asumirá el control en las próximas semanas.

El primer tanto para España ha llegado en el Parlamento Europeo. La eurodiputada española, Iratxe García, ya ha logrado ser
reelegida como presidenta del grupo socialista, el segundo más grande de la cámara. Esa presidencia garantiza una voz española en la cúpula de la Eurocámara y sitúa a García en buena posición si quisiera aspirar a la presidencia del Parlamento en la segunda mitad de la legislatura.

Pero la verdadera batalla por la influencia se librará en la Comisión. A diferencia del Parlamento, donde el número de escaños suele traducirse en una cota proporcional de poder, en la Comisión pesa mucho más el pasaporte de cada aspirante y la habilidad de cada capital para propulsar de los suyos hasta las ruedas más importantes del engranaje.

En el caso de España y a la vista de la legislatura que se columbra, casi todas las fuentes apuntan al interés de colocar cabezas de puente en los gabinetes o departamentos que se ocupan del diseño de una nueva política industrial europea, de la revisión de la política de competencia para favorecer el crecimiento de gigantes empresariales europeos, del replanteamiento de la política de cohesión o del lanzamiento (o no) de nuevos mecanismos de financiación conjunta en la estela del Fondo de recuperación.

"El cambio de cromos para lograr influencia es esencial. Y el gabinete de la comisaría española, sí se logra una buena cartera, debería explotarse al máximo para abrir huecos en los equipos de los comisarios que asuman las competencias con mayor impacto".


El cambio de cromos para lograr influencia es esencial. Y el gabinete de la comisaría española, sí se logra una buena cartera, debería explotarse al máximo para abrir huecos en los equipos de los comisarios que asuman las competencias con mayor impacto durante la legislatura a punto de comenzar (2024-2029).

Mención especial merece el área de la política exterior, donde la huella española ha sido evidente durante el último lustro gracias al mando de Josep Borrell. El puesto de Borrell no era el más deseado de los top jobs hace cinco años, por las evidentes dificultades de la UE para forjar una política común de exteriores y defensa. Pero la guerra de Ucrania y el empuje de Borrell han redimensionado la figura del Alto Representante, que ha dejado de ser poco más que un portavoz de la falta de unidad europea ante cualquier acontecimiento internacional a convertirse en una figura escuchada en la escenas global. Y, lo que es aún más relevante, denostada por quienes no comparten una visión europea que antes de Borrell podían permitirse ignorar. El éxito del catalán no ha sido tanto ganar adeptos como cultivar los enemigos adecuados.

España, es evidente, no puede aspirar a mantener la jefatura de la política exterior, que parece destinada a un país de Europa del este y, en concreto, a la primera ministra de Estonia, la liberal Kaja Kallas. Como es lógico, ese nombramiento subrayará la prioridad que Europa concede a la amenaza militar de Rusia, cuyas mortales consecuencias sufre el pueblo ucraniano desde hace más de dos años.

"El sur de Europa no puede resignarse a que Bruselas se quede ensimismada con el grave problema oriental".


Pero el sur de Europa no puede resignarse a que Bruselas se quede ensimismada con el grave problema oriental. La mirada del Servicio europeo de acción exterior hacia la frontera meridional del continente resulta imprescindible entre otras cosas porque también en ese flanco la amenaza del Kremlin es más que evidente. La administración española, más allá de los colores políticos del gobierno en ejercicio, cuenta con profesionales capacitados para insertarse en el gabinete y en los equipos de un Alto Representante que, con toda probabilidad, tendrá puesto los ojos en Moscú y necesitará que alguien le recuerde que el sur también existe.
Bernardo de Miguel
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.
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