Martes, 8 de septiembre de 2026

La Unión Europea y China: en la senda del desencuentro

Enrique Fanjul Enrique Fanjul 16 de mayo de 2024
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En los últimos tiempos se han multiplicado los conflictos entre la Unión Europea (UE) y China. Tal como se esperaba, la reciente visita de Xi Jinping a Europa no ha servido para alterar una senda de desencuentros que previsiblemente se agravará en el futuro (Xi Jinping’s unproductive European tour, titulaba de forma elocuente el Financial Times el editorial en el que comentaba la visita).

Estos desencuentros se producen tanto en el ámbito económico como en el político. En el primero de ellos cabe mencionar la apertura hace unos meses de una investigación antidumping sobre importaciones de vehículos eléctricos chinos. El pasado abril se ha anunciado la apertura de una investigación sobre la importación de turbinas eólicas, en base a un nuevo instrumento de la UE, el reglamento sobre subsidios extranjeros. También en abril se anunció la primera investigación en el marco del instrumento de contratación internacional aprobado en 2022, y que tiene como objetivo las medidas y prácticas en el mercado chino de contratación de productos sanitarios, que según la Comisión Europea discriminan injustamente a las empresas y los productos europeos.

En el trasfondo de estas actuaciones, que probablemente serán seguidas por otras similares en el futuro, se encuentra, entre otros factores, el problema de exceso de capacidad en determinados sectores industriales chinos, que está impulsando un fuerte aumento de sus exportaciones, apoyadas en ayudas públicas. Esta “inundación” de los mercados internacionales supone una seria amenaza para los sectores afectados tanto en países desarrollados como en países emergentes o en vías de desarrollo. Según ciertas estimaciones, el apoyo estatal chino es excepcionalmente alto; se estima en 406.000 millones de dólares, o el 1,73% del PIB, en 2019. Esta cifra contrasta con un 0,39% del PIB en Estados Unidos y un 0,5% en Japón.

Durante su visita a Francia, Xi Jinping negó que existiera un problema de sobrecapacidad en sectores industriales chinos. La expansión de sus exportaciones se debía básicamente a su mayor competitividad y capacidad de innovación.

En el plazo de relativamente pocos años se ha producido un cambio importante en el enfoque europeo de las relaciones económicas con China. Se ha pasado de poner el énfasis en las oportunidades económicas que ofrecía el mercado chino, que lo hacían un destino muy atractivo para invertir, a poner el énfasis en China como una fuente de importaciones masivas y baratas que amenazan la industria europea. 

Por otra parte, ha pasado a un primer plano el tema de la seguridad, tanto por razones geopolíticas como por posibles disrupciones debidas a fenómenos como la pandemia. En Europa se ha desarrollado una conciencia de que es necesario evitar una excesiva dependencia exterior en lo que se refiere a sectores estratégicos. El nuevo “mantra” es ahora el de-risking, la necesidad de reducir o mitigar los riesgos asociados con esas dependencias excesivas.

En el terreno político, el gran tema de desencuentro en los momentos actuales es la guerra de Ucrania. Y en particular el apoyo que China estaría prestando a Rusia suministrándole equipos y productos militares o susceptibles de doble uso. En este aspecto, durante la visita de Xi Jinping tampoco se apreciaron signos que anticipen un cambio en la política china.

Ucrania no es el único punto de fricción en el área política. En las últimas semanas han estallado varios casos de espionaje chino en Europa. También ha aumentado la sensibilidad y preocupación sobre las campañas de desinformación que se estarían llevando a cabo desde China, en un preocupante paralelismo con las campañas impulsadas desde Rusia.

En Europa un condicionante clave es la falta de unidad en relación con la política que se debe seguir hacia China. Muchos en Europa han valorado negativamente la reciente visita a China del canciller alemán Scholz, una visita que no habría estado coordinada con los demás socios de la UE, que rompía su unidad de actuación, y en la que un eje fundamental fue el económico.

En su gira europea Xi Jinping visitó también Serbia y Hungría, dos de los países europeos con mayor simpatía hacia Rusia. Para numerosos observadores, la elección de estos países encierra un simbolismo: China busca fomentar y explotar las divisiones, tanto dentro de la UE como dentro de la OTAN

En ambos países la visita fue acompañada de la firma de numerosos acuerdos, en un marco de “exaltación” de las excelentes relaciones existentes entre China y los dos países centroeuropeos. Serbia y Hungría tienen una forma diferente a la de otros países europeos de afrontar las relaciones con China. En el caso de Hungría, miembro de la UE, por ejemplo, durante la estancia del mandatario chino se firmó un acuerdo con Huawei, en contraste con la política seguida en otros países europeos.

Detrás de todos estos desencuentros se encuentran las diferencias en el sistema de valores con la China de Xi Jinping, que ha supuesto una involución respecto a la China que surgió de las reformas de Deng Xiaoping.

Y también el hecho de que China incumple con frecuencia las normas internacionales (por ejemplo, con su boicot comercial a Lituania cuando este país decidió aceptar una representación diplomática de Taiwan con una denominación que a China no le gustaba, o cuando China pretende imponer unilateralmente sus criterios en el Mar del Sur de China, ignorando arbitrajes internacionales sobre el tema).

El de-risking es inevitable, aunque tenga un coste económico. La eficiencia, la rentabilidad, los beneficios de las ventajas comparativas en el comercio internacional, ya no pueden ser el único criterio de actuación. Como hemos mencionado antes, la seguridad, mantener un cierto control en determinados sectores estratégicos, se ha incorporado como criterio irreversible en la política económica exterior de los países, y en este caso de la UE, aunque haya que pagar un precio económico por ello.

El de-risking no significa, por supuesto, que se renuncie a la cooperación con China. A pesar de las diferencias, a pesar de los conflictos, se debe mantener el diálogo con Pekín, y hacer un esfuerzo para encontrar una solución negociada a esas diferencias y un marco de colaboración para afrontar los problemas globales. 

Habrá casos en que los resultados del diálogo no sean los adecuados, y por tanto la confrontación será inevitable. Habrá otros casos en los que la Unión Europea, y en general el mundo democrático occidental, tendrá que competir con China. Pero habrá casos en los que se podrá llegar a puntos de encuentro y cooperación.
Enrique Fanjul
Enrique Fanjul
Socio de Iberglobal y editor de Iberchina. Es autor de cuatro libros sobre China.
Es doctor en Ciencias Económicas y periodista, y socio fundador y CEO de la consultora Iberglobal, además de Técnico Comercial y Economista del Estado. Ha desempeñado los puestos de consejero comercial en las embajadas de España en Egipto, China, Canadá y Países Bajos. Su actividad directiva en la cooperación institucional se ha desarrollado en la Fundación Asia-Europa, el Centro Español de Relaciones Institucionales y el Comité Empresarial Hispano-Chino, del que fue presidente. Es miembro del Consejo Científico del Real Instituto Elcano. En su actividad docente, es profesor del Máster de Relaciones Internacionales de la Universidad CEU-San Pablo; ha sido profesor titular de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid (en excedencia).
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