A menos de diez días de la fecha anunciada para un supuesto
segundo cruce masivo hacia Ceuta (15 de agosto), España se encuentra en una
situación inédita en medio de las vacaciones veraniegas, con crisis que empiezan a ser recurrentes durante estas fechas de verano. La crisis del 30 y 31 de julio —
decenas de miles de personas cruzando a nado y a pie desde Fnideq (Castillejos),
decenas de muertos según todas las fuentes y hasta un centenar según algunas, el
Ejército en las calles de la ciudad autónoma y un
acuerdo exprés de devoluciones entre Rabat y Madrid— ha mutado hacia una batalla informacional sobre lo que pasó y, sobre todo, sobre lo que viene. En Kartex hemos analizado más de 100.000 publicaciones en
Instagram, Twitter, TikTok, Facebook y Telegram, en español, dariya y árabe, junto con los grafos de interacción de miles de cuentas y canales, para cartografiar esa batalla, que tiene claras
consecuencias híbridas, es decir, en el territorio; e intentamos dar respuesta a las principales preguntas sobre el conflicto.
Las dos infoesferas del Estrecho: de la invasión a la crisis humanitaria
La cobertura de la crisis de julio de 2026 no puede analizarse como un único debate público y debemos introducir el
diálogo producido en ambos lados de la frontera, que aquí sí coincide con la
fractura en el ciberespacio (las lenguas son vectores de
fronterización en el ciberespacio). Una en clave de
emergencia humanitaria y otra en clave de
amenaza territorial. El análisis de las conversaciones registradas en cinco plataformas durante las semanas posteriores al 30 de julio permite reconstruir esta fractura.
En la
orilla sur, la conversación en dariya se organiza en torno a un
marco humanitario y emocional que concentra entre el
48 % y el 71 % de la atención según la plataforma. Se trata de un espacio de duelo antes que de movilización. La publicación más compartida del segmento en Facebook adopta la forma de una
invocación religiosa ("que Dios haga que esto traiga algún bien"), y la mediación del acontecimiento no corresponde a medios ni a instituciones, sino a intermediarios hiperlocales. La página
zoom.fnideq, con
213.000 seguidores, ilustra esta e
conomía de la atención; una única pieza audiovisual, la de un padre que cruza acompañado de su esposa y su hija pequeña, concentró un tercio de las interacciones registradas durante la semana analizada.
En el
ámbito lingüístico español, este discurso humanitario ha quedado mayormente marginado. En TikTok e Instagram, el relato dominante corresponde a los
medios de comunicación establecidos ('El Confidencial', RTVE, Antena 3, 'El País'), que despliegan una
crónica visual de tono alarmado pero factual, con alcances de hasta veinte millones de reproducciones por vídeo.
Telegram, en cambio, opera como el espacio de
hegemonía del marco nativista de la "invasión", que concentra el 45,6 % de las vistas en español del corpus, aunque en
Twitter esta representación también ocupa un espacio cercano al 50 % de los mensajes. El ecosistema de agitación en Telegram está protagonizado principalmente por un actor individual,
Alvise Pérez, quien, con más de 660.000 vistas acumuladas, encadena una secuencia completa de escalada que conduce del enunciado ("la ciudad está TOMADA") a la acción jurídica contra el presidente del Gobierno y a la manifestación presencial en Ceuta, respondida a su vez por una contramanifestación vecinal bajo el lema
"Ceuta unida, no dividida".
"Mientras por un lado existe una preocupación desde una óptica humanitaria, por el otro el debate ha estallado bajo la óptica de la invasión y la amenaza territorial"
En definitiva, la conclusión que extraemos es que el
debate en redes sociales y en los medios durante los primeros días está
muy diferenciado. Mientras por un lado existe una preocupación desde una óptica humanitaria, por el otro el debate ha estallado bajo la óptica de la invasión y la amenaza territorial. Esta conclusión nos lleva a pensar en una serie de preguntas que intentaremos desarrollar más abajo.
¿Se podía prever y anticipar esta crisis? ¿Quién fue el responsable?
¿Existe una guerra híbrida? Empecemos.
¿Una crisis migratoria con señales anticipadas?
Los
datos de los flujos migratorios del
DSN y de
Interior para 2026 dibujaban ya un cambio de tendencia en la circulación migratoria que
anticipaba los hechos de Ceuta. Mientras el
agregado nacional migratorio descendía, con
14.479 entradas irregulares entre el 1 de enero y el 15 de julio, un 24,7 % menos que en 2025, con caídas del 52 % en la vía marítima y del 72 % en Canarias a mediados de mayo, la
presión se concentraba sobre un único punto del dispositivo, el perímetro de Ceuta, con las entradas terrestres creciendo más de un 240 %, algo que los propios informes del DSN del 11 y 17 de julio ya señalaban.
La crisis de 2026 —miles de personas cruzando a nado
desde Fnideq (Castillejos) y Belyounech hasta El Tarajal, con un balance de víctimas disputado y despliegue militar— responde con toda probabilidad y en primera instancia a un
detonante jurídico-informativo (la
sentencia del Supremo que impide devolver sin procedimiento a los interceptados en el mar, "instrumentalizada", según Interior, por las redes de tráfico) sobre un fondo estructural de
paro juvenil marroquí del 37,2 % y contestación juvenil como la del
GENZ212, y se distingue así de las
crisis de coerción como la de Perejil, en julio de 2002, en plena crisis diplomática.
El
factor estival del fenómeno migratorio, aguas y climas más suaves, así como la niebla durante el 30 de julio, son factores meteorológicos y climáticos de referencia que facilitan año tras año que se repitan los flujos migratorios. Aquí se añade un
factor informacional de primer orden que convendría tener en cuenta para futuras crisis: el
vacío informacional de las vacaciones estivales, que no hace más que incentivar el debate de la extrema derecha, siempre muy activa y articulada frente a estos eventos, como vimos el año pasado en
Torre Pacheco.
La internacional de la frontera y el aumento de la violencia política
La
comunidad ultra española no opera sola: convive e intercambia contenido con el
clúster conspirativo germanófono (el mayor del grafo), con el
ecosistema QAnon/MAGA estadounidense —cuyo nodo central,
SGT News Network, es el canal más reenviado de toda la red analizada— y con la esfera de geopolítica prorrusa en español (cada vez más adaptada al discurso de la extrema derecha, a diferencia de etapas anteriores, cuando centraba el discurso en la extrema izquierda). Los mismos vídeos del Tarajal circularon subtitulados en alemán, inglés y ruso en cuestión de horas, y
el eco alcanzó a la portavocía de la Casa Blanca, que en
Fox News culpó a "las políticas europeas" de
alimentar la narrativa de invasión también en Estados Unidos, así como al alzamiento de las voces ultras en Europa, como la de
Meloni, llamando a suprimir el tratado de libre circulación Schengen con España.
Lo más relevante en clave española es la
movilización de la extrema derecha y la aparición de
"brigadas" para hacer frente a los migrantes en Ceuta. Este brigadismo viene cultivándose desde hace un tiempo en los ambientes de la extrema derecha, como en el caso de
Deport Them Now en Torre Pacheco, pero también en otras ciudades donde van apareciendo estas iniciativas, cada vez más asentadas, como en Cataluña. En Ceuta, algunos vecinos movilizados "blindaron" diferentes barrios, como
Benítez, Los Rosales y El Príncipe. No resulta casual que en estos barrios
Vox sea una de las principales fuerzas: a pesar de un descenso pronunciado en las generales de 2023, estos barrios superan con facilidad la barrera del
20-30 % de los votos y, en las generales de 2019,
más del 45 % de los votos emitidos.
Esta escalada en el lado español no ocurre en el vacío y conviene entender quién más gana con ella. Al otro lado de la frontera, Marruecos dispone de su propia
maquinaria de influencia informacional, que los analistas —como
Javier Valencia— describen desde hace años y que funciona en
tres niveles. El primero es el más visible, formado por los
medios oficiales del Estado y
grandes cabeceras privadas como
'Hespress' o
'Le360', capaces de colocar sus relatos también ante audiencias extranjeras. El segundo es más sutil y descansa en
pequeños portales digitales que lanzan una idea primero para que después las redes sociales la recojan y la hagan crecer. El tercero es el más discreto: la presencia cada vez mayor de
voces afines a Rabat en los grandes centros de análisis de Washington y Bruselas, donde se ha ido asentando la idea de que Marruecos es un socio imprescindible para la seguridad del Mediterráneo y del Sahel.
"Cada vídeo de cruce masivo se convierte en el norte en la "prueba" de la invasión, y cada barrio blindado se convierte en el sur en la prueba de la hostilidad española"
Lo decisivo es que esta maquinaria participa, quiera o no, en la
radicalización del otro lado. El flujo constante de imágenes de frontera desbordada que producen y amplifican los medios y páginas marroquíes —el reporte en tiempo real del estado de la valla, el encuadre de
"Sebta ocupada", la exhibición de que el grifo migratorio se abre y se cierra— es exactamente la materia prima con la que trabajan el brigadismo y la internacional ultra. Cada vídeo de cruce masivo se convierte en el norte en la "prueba" de la invasión, y cada barrio blindado se convierte en el sur en la prueba de la hostilidad española. Ese círculo rinde
beneficios a Rabat en tres niveles diferenciados. Primero,
desplaza el conflicto, porque la crisis deja de ser un pulso bilateral para convertirse en una fractura interna española, con partidos, brigadas y gobiernos enfrentados entre sí. Después,
devalúa al adversario, ya que una España crispada, que responde con milicias vecinales y llamadas a suspender Schengen, proyecta ante Bruselas precisamente la imagen de socio inestable que realza a Marruecos como garante fiable del flanco sur. Y, por último,
valida su relato, pues la reacción ultra confirma ante la opinión marroquí e internacional el marco de la Ceuta ocupada y hostil.
Tres relatos de atribución y un vídeo de 51 kilómetros
Desde el 3 de agosto, la pregunta que domina el debate español es
quién organizó el cruce, y compiten al menos tres respuestas. La primera describe una
campaña horizontal de marca, tejida desde grupos de Facebook con vocabulario codificado y sin liderazgo al que descabezar (según
Golden Owl). La segunda apunta más arriba y sostiene que hubo una
operación con participación o tolerancia de estructuras del Estado marroquí, activada mediante la manipulación informativa de la sentencia del Supremo sobre devoluciones. La tercera describe algo más elemental: un
rumor masivo con hora que empujó a miles de personas hacia el agua y que después fue explotado por todos los demás.
El
papel de Marruecos merece una revisión muy cuidada, y el episodio más instructivo es un vídeo que circuló como prueba de que la
policía marroquí escoltaba camiones de jóvenes hasta la valla y que fue geolocalizado por
Maldita.es y
Open.online a 51 kilómetros de Ceuta, con el vehículo alejándose de la frontera y un testigo que declaró que los agentes interceptaban a los jóvenes. Pero desmontar el vídeo no cierra la cuestión. Lo que sí verifica es que camiones cargados de jóvenes atravesaban abiertamente el norte del país, que
las fuerzas marroquíes conocían el movimiento y
actuaban de forma selectiva, y que, pese a ese control, decenas de miles de personas llegadas desde ciudades a cientos de kilómetros alcanzaron Fnideq en horas. En un Estado con esa densidad de control interior, la pregunta pertinente se encuentra en
cómo se explica la permeabilidad de aquellos dos días frente a la contención demostrada en episodios anteriores.
La indeterminación de la atribución explica la
fragmentación de la respuesta española. El
Gobierno sostiene la posición más moderada, atribuye el episodio a las
mafias y la
desinformación y preserva a Rabat como socio; el
PP eleva el marco a la
guerra híbrida y pregunta qué sabía el
CNI (las discusiones entre los ministerios de Marlaska y de Robles endurecen este punto); y en los extremos se produce una convergencia inaudita, pues
Sumar y Podemos propusieron
excluir a Marruecos del Mundial de 2030 por "dictadura" que "atenta contra la soberanía", y
Vox registró días después una iniciativa equivalente por "socio desleal", reclamando además la final para España en plena pugna por la sede que la FIFA habría ofrecido a Casablanca. Que la
izquierda alternativa y la extrema derecha coincidan en el castigo deportivo desde diagnósticos opuestos indica que la atribución funciona ya como recurso de política interior y que el
Mundial, concebido como símbolo de la asociación hispano-marroquí, se ha convertido en su primera moneda de castigo.
" Los recientes gestos de reequilibrio con Argel dan verosimilitud a la hipótesis de la señal disciplinaria, la advertencia de que desviarse de la doctrina de 2022 tiene coste fronterizo"
La lectura se completa con el
triángulo magrebí. El episodio se inscribe en una serie que arranca en 2021, cuando la acogida del
líder del Frente Polisario precedió a la apertura de la frontera y al escándalo del
presunto espionaje con Pegasus a los teléfonos del presidente del Gobierno y varios ministros, atribuido entonces a Marruecos y nunca esclarecido, y que quedó aparentemente cerrada en 2022 con el giro de Madrid hacia el
plan de autonomía para el Sáhara. Los recientes gestos de reequilibrio con Argel dan verosimilitud a la hipótesis de la señal disciplinaria, la advertencia de que desviarse de la doctrina de 2022 tiene coste fronterizo, aunque la misma secuencia admite la lectura inversa: que la expectativa del castigo lleve a
sobreinterpretar como castigo lo que pudo ser desbordamiento. Y las legislativas marroquíes de septiembre añaden una última capa, pues un episodio con decenas de muertos es material explosivo también en Rabat. La atribución, en suma, no se dirime entre un culpable y su coartada, sino dentro de un sistema de al menos cuatro actores —Rabat, Madrid, Argel y las propias dinámicas sociales marroquíes— donde el precedente de Pegasus demuestra que la
agresión encubierta forma parte del repertorio plausible, pero donde
ninguna hipótesis cuenta, por ahora, con pruebas concluyentes. Sostener esa incertidumbre con precisión, en lugar de resolverla por aclamación, es la
diferencia entre una política exterior informada y una política impulsiva y sesgada.
Llegar al 15 de agosto sabiendo en qué mapa estamos
De todo lo anterior se desprenden
tres ideas principales. La primera es que
no existe una única conversación digital sobre Ceuta, sino dos, separadas por la lengua y por el marco: un espacio de
duelo administrado por intermediarios hiperlocales en la orilla sur y un espacio estratificado en la orilla norte donde la
crónica mediática hegemónica de los medios españoles convive con una dominación relevante de discursos alarmistas cristalizados en "la invasión".
La segunda idea es que la
crisis era menos imprevisible de lo que sugiere el desconcierto posterior. Las señales estaban disponibles, desde los propios
informes del DSN sobre la concentración de la presión en el perímetro ceutí hasta el
detonante jurídico-informativo de la sentencia del Supremo, pasando por los
factores estacionales que se repiten cada verano y por un
ecosistema de agitación, transnacional y bien conectado, que esperaba el acontecimiento para explotarlo. El brigadismo vecinal, la internacional ultra que subtitula los mismos vídeos en tres idiomas y la maquinaria informacional marroquí que suministra las imágenes forman un circuito que se retroalimenta, en el que la radicalización del norte trabaja objetivamente a favor de los intereses de estatus del sur sin que haga falta atribuir a nadie una orden.
La tercera idea es que la atribución se ha convertido en el
verdadero campo de batalla de la política interna y externa española. Tres relatos compiten por explicar el cruce, ninguno cuenta por ahora con pruebas concluyentes, y la evidencia más citada, el vídeo del camión, señala con una diana al Gobierno marroquí. No obstante, cabe resaltar la
pasividad veraniega del Gobierno español, evidenciada por el cruce de responsabilidades entre ministerios en el inicio de la crisis. Este factor estacional no es menos importante y deja abierto verano tras verano una ventana informacional ocupada siempre inteligentemente por la extrema derecha. Mientras tanto,
la respuesta española se fragmenta hasta el punto de que la izquierda alternativa y la extrema derecha convergen en el castigo deportivo, y el triángulo con Rabat y Argel, con el precedente de Pegasus al fondo, recuerda que en esta relación la agresión encubierta pertenece al repertorio de lo plausible sin que ello autorice a darla por probada. La noche del 15 de agosto, ocurra o no un segundo cruce, la fecha ya habrá cumplido su función: movilizar despliegues, agendas y miedos en dos países antes de existir.