En los últimos años, la infancia en general y la pobreza infantil en particular, han entrado con una fuerza inusitada en el debate público y en la agenda política. De manera consistente, desde que existen datos comparativos, distintos indicadores de pobreza monetaria sitúan los niveles de pobreza infantil en niveles superiores a los que pueden encontrarse en otros países europeos, y generalmente por encima de los niveles de pobreza de grupos de edad más avanzada.