Todos estos jóvenes que están en centros de acogida se harán mayores y, les guste más o menos al ejército de odiadores, serán ciudadanos españoles igual que el resto. De la apuesta que se haga ahora con ellos, de la capacidad que tengamos, no solo de cubrir sus necesidades básicas, sino de generar mecanismos de formación y de inclusión que les ayuden a seguir sus aspiraciones vitales, dependerá, no solo su futuro, sino también el efecto que tengan en nuestra sociedad.