

"La realidad de la España a la que llegan los migrantes resulta en un golpe que no escatima en crudeza: la frontera no termina en la orilla; es precisamente allí donde comienza"El fracaso político y humanitario ante esta situación se expresa, desafortunadamente, con una paradoja difícil de digerir: sobrevivir no significa vivir. Los recién llegados descubren que la vida que salvaron en el agua —o durante los inimaginables viacrucis, llenos de infortunios y de condiciones infrahumanas, que difícilmente son narrables— se les niega en tierra. Hasta ahora, sabemos que, por lo menos, veintisiete personas han muerto en el mar, en el intento, pero los que sí llegaron están, como siempre, sin papeles, sin posibilidad de empadronarse, sin acceso a las ayudas del Gobierno español, y con un futuro que difícilmente les augura algo distinto a malvivir en las calles. Malvivir: verbo preciso; palabra que no admite consuelo. Los voluntarios, como Zaira, intentan amortiguar ese golpe, pero terminan ellos mismos estrellándose contra los muros burocráticos y sociales. Y la crisis actual multiplica esa impotencia: más personas, más hambre, más rechazo, más calles con gente que lo dejó todo para llegar a una tierra donde no tienen derecho a nada.
"El racismo no es un rumor: es, sencillamente, un síntoma de un cáncer administrativo, local, regional, europeo y, quizá, global"Es, precisamente, aquí, donde la responsabilidad política cobra una relevancia innegable, pero donde, paradójicamente, termina empantanándose. Hoy, el gobierno ceutí pide la emergencia nacional —basándose en la Ley de Seguridad Nacional—, necesita del apoyo del ejército, pero en La Moncloa, la respuesta, hasta ahora, ha sido negativa. ¿Será que entrar en una tensión diplomática con Marruecos es un riesgo que el gobierno no quiere asumir? Otra pregunta muy incómoda (de otras tantas).
"La frontera entre España y Marruecos no es solo una línea que separa países; es algo que divide mundos, percepciones""Una de las cosas que más valoro de mi trabajo es escuchar a esa gente. En España son recibidos como un problema, como una boca con hambre, como gente que quiere entrar al sistema pero no tiene derechos; sin embargo, son personas que también tienen que desahogarse, contar su vida, expresar sus sentimientos, y eso parece que no importa", cuenta acongojada. Siguiendo la misma línea, pone sobre la mesa un tema de suma relevancia al respecto: los bulos y las fake news. "Después de las tristes imágenes de la avalancha de gente queriendo entrar a Europa, no faltaron los bulos diciendo que los migrantes ya estaban quemando un autobús o un colegio, y eso era falso", añade. En 2021, los bulos y las noticias falsas no tardaron en circular por las redes: imágenes de gente quemando autobuses o colegios, acompañadas de textos xenófobos, creaban parte de la narrativa. Entonces, resultaron falsas, "aunque el daño ya estaba hecho", comenta Zaira. No obstante, en esta ocasión, en 2026, la realidad sí se corresponde con los vídeos de avalanchas humanas saqueando negocios, de personas desbordando las plazas y malviviendo en condiciones miserables, además de los miles de flotadores y basura que ya cubren las playas.
"Muchos africanos logran quedarse en España, ya que sus órdenes de expulsión no se pueden cumplir, pues al llegar sin documentos, nunca tienen ni origen"Por último, leer, dicen, cambia la forma de entender el mundo. Y viajar, según Miguel de Unamuno, curaba tantos otros males. Por eso es tan importante hacer lecturas que nos permitan comprender un poco más allá de lo meramente noticioso, del escándalo, de las preguntas alarmistas que no admiten respuestas reflexivas. Mientras tanto, tenemos, hoy, otra vez, como cada cinco años, o diez, o veinte, o treinta, crisis migratorias en las costas españolas que son, de alguna manera, el testimonio vivo de que, si el sistema económico sigue abriendo la brecha entre los más ricos y los más pobres, este fenómeno de crisis humanitaria y migratoria no tendrá una pronta solución. Y esto que estamos viendo hoy en Ceuta, como siempre, ha sido solo el síntoma de un problema, de un cáncer, mucho más grave y profundo: la pobreza extrema define muchas de las fronteras más dolorosas; y una de ellas es la que divide la frontera entre España y Marruecos.

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