Alastair Campbell es uno de los nombres propios de la política británica. La figura política de Tony Blair como primer ministro no se explica sin Campbell quien fue su director de comunicación. Ahora es una de las figuras del periodismo político británico. Su pódcast,
The Rest is Politics, junto al exdiplomático y escritor Rory Stewart, acumula millones de descargas cada mes. Por sus micrófonos han pasado Rishi Sunak, Yuval Noah Harari, Helen Clark,
Keir Starmer, Ahmed al-Sharaa o Pedro Sánchez, entre otros. Sobre su éxito, cree que responde a una demanda clara:
"La gente está cansada de la indignación permanente. Está cansada de que se trivialice la política", asegura.
Campbell me abrió las puertas de su casa en Londres durante uno de los momentos más importantes de la política británica: hace apenas unos días de la llegada de Andy Burnham al número 10 de Downing Street —aunque el "rey en el norte" pretende pasar mucho tiempo en su nueva oficina en Manchester—. Campbell conoce a Burnham desde hace años y admite que,
"si entonces me hubieran preguntado si llegaría a ser primer ministro, probablemente habría dicho que no". Sin embargo, reconoce en él grandes virtudes y le ve capaz de anteponerse a la derecha radical de Nigel Farage.
"A los populistas no se los derrota copiándolos, sino ofreciendo una alternativa mejor", explica.
Alastair Campbell analiza las primeras decisiones de Andy Burnham como primer ministro británico. Foto: Agenda Pública / Mark York
Hábleme del nuevo primer ministro.
Conozco a Andy desde hace mucho tiempo. Nos conocimos cuando él tenía veintitantos años y trabajaba como investigador para un diputado laborista que también era ministro. Ya estaba implicado en la sede nacional del Partido Laborista durante la campaña de 1997 y, unos años después, entró en el Parlamento, fue nombrado ministro y acabó formando parte del Gabinete.
Si entonces me hubieran preguntado si llegaría a ser primer ministro, probablemente habría dicho que no. En parte, porque todos estábamos tan inmersos en la era de Blair y Brown que resultaba difícil imaginar a otra persona al frente del partido.
Lo que más me ha impresionado es cuánto ha crecido, especialmente desde que dejó Westminster para convertirse en alcalde del Gran Mánchester. De hecho, esta mañana estaba releyendo el libro que escribió con Steve Rotheram. Es interesante comprobar cuántas de las ideas que plantea hoy forman parte de su pensamiento desde hace años: la necesidad de profundizar en la descentralización, reformar Westminster y Whitehall, cambiar el funcionamiento del Gobierno y mejorar la toma de decisiones. Hay una verdadera coherencia en su trayectoria política.
"Es interesante comprobar cuántas de las ideas que plantea hoy [Burnham] forman parte de su pensamiento desde hace años"
También es mucho
mejor comunicador que Keir Starmer. Tengo un enorme respeto por Keir, pero creo que tuvo dificultades para desenvolverse ante algunas de las realidades de la política contemporánea. Hay otra cosa que me ha sorprendido: nunca pensé que Andy fuera especialmente implacable. Sin embargo, ha demostrado que, cuando es necesario, puede serlo.
¿Cree que es el primer ministro adecuado para enfrentarse a Nigel Farage?
Sí. Se convirtió en primer ministro, en buena medida, porque asumió un enorme riesgo político. Forzó unas elecciones parciales en una de las circunscripciones británicas más favorables al Brexit y ganó con claridad. Eso demostró al Partido Laborista que podía vencer allí donde otros no podían.
Curiosamente, antes incluso de que ocurriera todo esto, yo ya había empezado a pensar que Nigel Farage probablemente había alcanzado su techo. Puede que me equivoque —quizá no sea más que un deseo—, pero esa es mi impresión. En política también hace falta suerte.
Desde que Andy se convirtió en primer ministro, Farage prácticamente ha desaparecido de la conversación política. En su lugar, está ocupado con sus propios problemas: disputas internas, controversias financieras y unas elecciones parciales que se han convertido en motivo de bochorno. Así que sí, creo que Andy está bien situado para enfrentarse a él.
"Desde que Andy se convirtió en primer ministro, Farage prácticamente ha desaparecido de la conversación política"
Algo que me animó particularmente fue su primera declaración como primer ministro. Dijo: "No vamos a derrotar a Reform convirtiéndonos en Reform". Es exactamente así. A los populistas no se los derrota copiándolos, sino ofreciendo una alternativa mejor.
Fíjese en lo que ha hecho durante sus primeros días en el cargo. Nada es revolucionario, pero todas las decisiones transmiten el mismo mensaje: afrontar la crisis del coste de la vida, apoyar a las personas con rentas bajas y ayudar a quienes están atravesando dificultades. Eso define quién es políticamente.
Campbell aborda la capacidad de Andy Burnham para hacer frente a Nigel Farage y a la derecha populista. Foto: Agenda Pública / Mark York
¿Cree que comprende la naturaleza de la polarización política actual en el Reino Unido? ¿Está preparado para esta nueva forma de hacer política?
Todavía es muy pronto. Al final, a los políticos no se los juzga por lo que prometen, sino por lo que hacen realmente.
Una de las fortalezas de Andy es que se le da verdaderamente bien tratar con la gente. No está fingiendo. Cuando habla de música, de fútbol o de ayudar a los demás, le crees porque es auténtico.
Por supuesto, ahora que es primer ministro, heredará todo lo que acompaña al cargo: hostilidad, insultos en internet, indignación fabricada y ese odio impulsado por los algoritmos que domina cada vez más la política. Pero creo que lo afrontará mejor que la mayoría.
Otra cosa que me parece interesante es que parece decidido a no pasarse el día atacando a sus adversarios. Eso entraña un riesgo, porque ellos, desde luego, no dejarán de atacarlo. Las redes sociales continuarán amplificando la indignación, la desinformación y los ataques personales.
"En muchos sentidos, parece la última ocasión que tiene el Reino Unido para recuperar la confianza en la política"
Pero soy optimista. Soy votante laborista y los últimos meses me han resultado difíciles. Aun así, creo sinceramente que esta es una oportunidad. En muchos sentidos, parece la última ocasión que tiene el Reino Unido para recuperar la confianza en la política.
La inestabilidad política británica ha sido extraordinaria durante la última década. ¿Es el Brexit la causa principal?
Creo que el Brexit explica una parte muy importante. El Brexit premió una forma de hacer política basada en el populismo, la falta de honestidad y las divisiones internas del Partido Conservador. Esas divisiones nunca llegaron a desaparecer.
David Cameron convocó el referéndum por las tensiones internas de los conservadores. Lo perdió y dimitió. Theresa May se convirtió en primera ministra porque parecía una figura fiable, pero tampoco fue capaz de resolver el Brexit.
"El Brexit premió una forma de hacer política basada en el populismo, la falta de honestidad y las divisiones internas del Partido Conservador"
Después llegó Boris Johnson con la promesa de "culminar el Brexit". Ganó las elecciones y lo ejecutó, y ha sido un desastre. No cayó por el Brexit en sí mismo, sino porque era, en esencia, un farsante. Después llegó Liz Truss y consiguió hundir la economía británica en cuestión de semanas. Cuando se observa toda esa sucesión de acontecimientos, no resulta sorprendente que el Reino Unido empezara a parecer un país poco serio.
Durante años bromeábamos con que Italia o Japón cambiaban constantemente de primer ministro. Ahora Giorgia Meloni lleva en el cargo más tiempo que casi todos los primeros ministros británicos desde David Cameron. Es extraordinario.
¿Piensa que Andy Burnham podría llegar a hacer campaña para que el Reino Unido vuelva a formar parte de la Unión Europea?
No lo sé. No puede hacer demasiado durante esta legislatura porque sigue sujeto al programa electoral vigente del Partido Laborista, pero sí creo que puede empezar a señalar una dirección.
Personalmente, prefiero hablar de entrar en la Unión Europea en lugar de volver a entrar. La propia Unión Europea está cambiando. Podría convertirse en una organización con distintos niveles de pertenencia, diferentes velocidades de integración y una membresía más amplia que incluyera a países como Ucrania, los Balcanes Occidentales, Noruega e Islandia. Esa es la Europa que me gustaría ver.
"Prefiero hablar de entrar en la Unión Europea en lugar de volver a entrar"
Andy lleva mucho tiempo defendiendo la reforma constitucional, la reforma electoral y una mayor descentralización. Esas ideas no han desaparecido. Ahora que es primer ministro, puede empezar a preparar el terreno. Sin embargo, las reformas más importantes probablemente tendrían que esperar hasta después de otras elecciones generales.
Marc López Plana pregunta por el éxito de The Rest Is Politics y el futuro del periodismo político. Foto: Agenda Pública / Mark York
Me gustaría preguntarle por The Rest Is Politics. Creo que una de las razones de su éxito es que muestra a personas con posiciones políticas distintas manteniendo una conversación civilizada. En un momento de creciente polarización, ustedes han demostrado que estar en desacuerdo no tiene por qué implicar hostilidad.
Creo que es cierto, pero lo formularía de una manera ligeramente distinta. Nuestro principal objetivo no es simplemente demostrar que las personas pueden discrepar educadamente. Es ayudar a entender que la política es complicada, pero también fascinante.
Uno de los mayores problemas actuales es que el debate político se ha vuelto increíblemente superficial. Los asuntos complejos se reducen a eslóganes y todo se presenta como una batalla entre dos tribus enfrentadas.
Lo que Rory Stewart y yo intentamos hacer es abordar cuestiones políticas difíciles y debatirlas de una manera accesible, pero sin simplificarlas en exceso. Cuando discrepamos, lo hacemos abiertamente. Pero no nos acusamos mutuamente de mentir ni damos por hecho que solo una de las partes puede tener razón. La política no funciona así.
"Uno de los mayores problemas actuales es que el debate político se ha vuelto increíblemente superficial."
Lanzamos el pódcast hace cuatro años. Actualmente tenemos una media de unos 21 millones de descargas mensuales y sigue creciendo casi exclusivamente gracias al boca a boca. Para mí, eso demuestra algo importante: existe una audiencia enorme que busca debates políticos reflexivos. La gente está cansada de la indignación permanente. Está cansada de que se trivialice la política.
También creo que el periodismo político convencional continúa atrapado en una forma antigua de cubrir la política. Fíjese en lo que ocurre hoy. La historia política dominante es la excarcelación de presos. Es una cuestión importante, por supuesto, pero de repente toda la conversación política gira alrededor de un único caso.
Eso es lo que ocurre cada vez con más frecuencia: una historia lo devora todo. Lo que se pierde es el contexto, y sin contexto resulta casi imposible entender correctamente la política. Las redes sociales han agravado mucho este problema. Todo se vuelve inmediato, emocional y absoluto.
Hace poco me reía porque existe un programa británico de sátira llamado
Dead Ringers. A menudo nos imitan a Rory y a mí. La semana pasada hicieron una escena en la que un entrevistador de la BBC le preguntaba a Andy Burnham, pocos días después de que se convirtiera en primer ministro: "Debe estar decepcionado por haberse convertido en el primer ministro más impopular de la historia británica".
Esa es la cultura que hemos creado. Los políticos apenas tienen tiempo para gobernar antes de que se los declare fracasados.
"Lo que se pierde es el contexto, y sin contexto resulta casi imposible entender correctamente la política"
Lo interesante es que este formato está sustituyendo en cierta medida al tipo de periodismo que yo solía practicar. El periodismo político tradicional no ha muerto, pero está sometido a una enorme presión. Los pódcast permiten algo diferente: permiten profundizar. Y creo que la gente busca cada vez más esa profundidad.
Lo mismo está ocurriendo con los libros. En el Reino Unido están funcionando extraordinariamente bien porque los lectores buscan algo que sencillamente no pueden obtener de las redes sociales ni de la información continua. Quieren contexto y complejidad.
Marc López Plana y Alastair Campbell conversan sobre las demandas ciudadanas en el plano de la información política. Foto: Agenda Pública / Mark York
Como primer ministro, ¿puede compararse a Andy Burnham con Tony Blair?
Es una comparación muy difícil. Tony Blair fue un líder político excepcional. La gente suele recordar su carisma, su capacidad comunicativa, su sentido del humor y su seguridad. Todo eso era real. Pero lo que muchas personas subestimaban era la calidad de su pensamiento.
Tony reflexionaba con una profundidad extraordinaria sobre las políticas públicas. Disfrutaba sinceramente analizando problemas complejos. Andy posee, sin duda, muchas de esas cualidades.
Pero ser primer ministro no se parece a ningún otro cargo político. Ha sido ministro del Gobierno. Ha sido alcalde del Gran Mánchester. Son puestos importantes, pero el salto desde esas responsabilidades hasta el cargo de primer ministro es enorme.
A menudo lo comparo con el críquet. Cuando eres ministro, es como enfrentarte a un único lanzador muy rápido. Cuando eres primer ministro, es como enfrentarte simultáneamente a veinte lanzadores rápidos que te atacan desde direcciones distintas. Todo llega a la vez. Cada crisis se convierte en tu crisis. Cada decisión es tuya.
Solo con el tiempo sabremos si Andy es capaz de manejarlo. Lo que sí diría es que posee una cualidad que también tenía Tony: la calma. No se deja llevar por el pánico. Pedro Sánchez, de hecho, también tiene esa cualidad. Es una de sus fortalezas.
"Cuando eres ministro, es como enfrentarte a un único lanzador muy rápido. Cuando eres primer ministro, es como enfrentarte simultáneamente a veinte lanzadores rápidos"
Andy también tiene una excelente capacidad para tratar con la gente. Pero creo que el entorno político actual es considerablemente más difícil que el que heredó Tony Blair en 1997. La economía es más frágil, la política está más fragmentada y las relaciones internacionales son más inestables. Hoy, sencillamente, liderar es más difícil.
Muchas gracias.