Durante su viaje a España, se ha podido ver a un pontífice tímido. Más que con gestos, es alguien que se comunica principalmente
mediante la palabra. Sus discursos —cuidadosamente estructurados— parecen más pensados para interpelar a las inteligencias que para arengar a las masas que lo han rodeado estos días. A pesar de esto,
la figura de León XIV no ha dejado de crecer a medida que transcurría su estancia en Madrid, Catalunya y Canarias. La explicación tiene que ver con el unánime (y entusiasta) apoyo institucional, la narrativa mediática como "momento histórico" y el tono aclamatorio de los actos masivos. Sin embargo, hay algo más profundo. Robert Prevost no compite en la liga de los líderes carismáticos, sino en
el ámbito de la autoridad moral. Por esto, una vez ha finalizado la visita, parece oportuno preguntarse
cómo han podido incidir los discursos de León XIV en España en la construcción de esta autoridad.
Primero, una previa. Cuando aterrizó en Barajas, el Papa estaba en un pico de reputación pública. Su
enfrentamiento con Donald Trump —que no buscó pero tampoco rehuyó— puso en el foco mediático a un pontífice que hasta entonces había pasado bastante desapercibido. Más allá de otorgar notoriedad,
el hecho de ser capaz de defender sus principios ante una de las personas más poderosas de la Tierra le dio una inyección de autoridad moral. Además, la publicación de su primera encíclica —celebrada como un posicionamiento contra los tecnooligarcas— reforzó esta percepción. Recientemente, una columnista no creyente del rotativo
The Guardian escribió:
"Gracias a Dios por el Papa León".
"El hecho de ser capaz de defender sus principios ante una de las personas más poderosas de la Tierra le dio [al Papa] una inyección de autoridad moral"
En el viaje a España, León XIV ha seguido en esta misma línea y ha defendido sus ideales sin miedo a chocar con unos y con otros. Como se ha subrayado,
su discurso en las Cortes contenía elementos espinosos para políticos de diferentes sensibilidades. Y, si bien las menciones a la pederastia clerical han sido muy escasas, también es indicativo que fuera ante el pleno de los obispos españoles cuando trató directamente de los abusos clericales. Además, no solo confrontó con los pastores, también lo hizo con el grueso de los católicos. Una idea repetida en diferentes actos fue que
la doctrina social forma parte indispensable del mensaje de la Iglesia. Es un discurso que no todos los católicos tienen integrado.
Otra característica de León XIV es que su comportamiento es previsible. Una vez que define su línea de actuación, la sigue de forma coherente. Esto genera confianza. Así, en sus discursos no ha habido grandes sorpresas y, de hecho,
ha insistido una y otra vez en los mismos puntos. Uno de los principales ha sido la dignidad humana, que ha reivindicado tanto en sus discursos como en sus gestos (en las diferentes etapas del viaje, ha tenido tiempo para conocer iniciativas asistenciales y para encontrarse con los que sufren). Sus críticas a la polarización también han sido una constante durante la visita y
es notable su esfuerzo por abordar temas polarizantes sin polarizar. De esta forma, además, ha proyectado la imagen de alguien fiable que pone en práctica lo que predica.
Esta lucha contra la polarización y su insistencia en el deber de acoger a los migrantes inciden en la inclusión y el sentido de pertenencia que el Papa busca generar a su alrededor. A esto se añade
la voluntad de insuflar esperanza en sus seguidores. En este sentido, fue especialmente interesante el acto en el Movistar Arena. Se trataba de un encuentro con representantes de diferentes ámbitos de la sociedad civil: la educación, el trabajo, la cultura y el deporte. Allí se llegó a ver una imagen tan poco común como que
los máximos responsables de las patronales empresariales compartieran escenario con los líderes de los sindicatos mayoritarios. En el acto se habló de un nuevo contrato social, de ser buscadores de la verdad y constructores del bien común. De alguna forma, se visualizó cómo sería vivir en una sociedad reconciliada consigo misma.
"Sus críticas a la polarización también han sido una constante durante la visita y es notable su esfuerzo por abordar temas polarizantes sin polarizar"
Para constituirse como una figura con autoridad moral, la investigación académica describe cinco requisitos. Según lo que hemos visto,
el Papa León XIV puntúa en cuatro de ellos: defender las propias convicciones con valentía, inspirar confianza, transmitir esperanza y generar sentido de pertenencia. (Faltaría asumir sacrificios personales por la causa común o por un bien mayor). Una cuestión diferente es qué impacto político y social puede tener esa figura de autoridad moral. Nada hace pensar, por ejemplo, que la sociedad y la política española estén más cerca de superar la polarización que antes de la visita.
En la cobertura de los mensajes del Papa,
cada cabecera ha seguido su línea editorial, con lo que se refuerzan las posiciones de las audiencias respectivas. Sucede lo mismo con la clase política. Los diputados que ovacionaron durante siete minutos al pontífice han vuelto a la trifulca parlamentaria al marcharse el Papa. Esto explica —en parte— la baja autoridad moral de nuestros políticos (más patente en comparación con la del pontífice). Además, señala una carencia:
faltan líderes que puedan juzgar de forma creíble qué está bien y qué está mal. En esta visita, algunos han reconocido en León XIV una autoridad moral que no encuentran
en ningún otro sitio.