Martes, 28 de julio de 2026
REDES EUROPEAS

El legado de Salvador de Madariaga: el Club español que emerge en la burbuja europea

El Club Madariaga, impulsado por la primera generación de españoles nacidos en la Unión Europea, fomenta en Bruselas la cultura del acuerdo entre los profesionales nacionales que orbitan las instituciones europeas. Mientras países como Francia, Alemania o Italia articulan estratégicamente su capital social en Bruselas desde hace décadas, España busca ahora cerrar su brecha de influencia informal organizando el talento de sus expatriados en la capital europea.

Agenda Pública Agenda Pública 16 de junio de 2026
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El escritor Salvador de Madariaga. | Archivo
El escritor Salvador de Madariaga. | Archivo
Salvador de Madariaga, uno de los intelectuales, diplomáticos y ensayistas españoles más brillantes del siglo XX, advertía que "Europa no es solo un mercado, es una voluntad de destino". Fue, ante todo, un pionero del europeísmo que comprendió tempranamente que la influencia de una nación no se decreta, sino que se construye. Su legado sigue vivo hoy con la constitución del Club Madariaga en Bruselas, una plataforma donde españoles que trabajan en y alrededor de las instituciones europeas impulsan actividades informales para reflexionar sobre el papel de España en la Unión.

Madariaga, cofundador del prestigioso Colegio de Europa, la principal cantera de los líderes y altos funcionarios de la UE, da nombre de forma natural a este club. Impulsada por perfiles como Mel Ravelo, Pol Afonso, Diego de Castro, Julia Fernández Arribas o Alex Boyo, la iniciativa es un síntoma de madurez: cuando España actúa en la Unión defendiendo la integración, la autonomía estratégica o el multilateralismo, necesita seguir la estela organizativa y transversal que Madariaga trazó casi un siglo atrás.

El déficit del "sistema España": peso económico versus influencia real

El diagnóstico entre los profesionales españoles en Bruselas es unánime. A pesar de ser la cuarta economía de la zona euro y de contar con figuras de primer nivel en la cúpula comunitaria, España todavía carece de una estructura capilar fuerte entre sus actores en la capital europea.

La evidencia empírica respalda esta sensación. Mientras que los pasillos del poder en la Comisión o el Parlamento están fuertemente influenciados por redes nacionales consolidadas, la delegación española ha tendido a operar de forma más atomizada, fragmentada por ideología y por sector.

"España todavía carece de una estructura capilar fuerte entre sus actores en la capital europea"
Para entender lo que le falta a España, basta con mirar el espejo de nuestros socios europeos, que han convertido el capital social entre sus nacionales en un instrumento de Estado. Por ejemplo, el système France domina el arte de la élite compartida (pantouflage): exalumnos de instituciones como la antigua ENA (hoy INSP) o Sciences Po mantienen un canal directo entre las grandes empresas francesas (el CAC 40), los eurodiputados (sin importar su color político) y el Palacio del Elíseo para defender a sus "campeones nacionales".

Asimismo, la maquinaria de las Stiftungen alemanas funciona. Alemania no solo confía en su peso demográfico y económico, sino que suma la influencia y la capilaridad de las redes de sus poderosas fundaciones políticas (como la Konrad Adenauer o la Friedrich Ebert) y una fortísima alianza con su patronal industrial (BDI) para permear cada decisión legislativa, operando como un bloque hermético donde el Gobierno federal y las regiones reman en la misma dirección técnica.

El sistema paese italiano, quizás el ejemplo más replicable para España, apunta también a otras formas de influencia. A pesar de su inestabilidad política interna, en Bruselas los italianos cierran filas: diplomáticos, funcionarios europeos, periodistas y empresarios mantienen cenas y foros de debate constantes donde la consigna es clara: fuera de Roma, todos son Italia.

"Venimos trabajando e impulsando actividades desde hace más de cuatro años con el objetivo de facilitar el aterrizaje a una ciudad con sus propios códigos y generar conversaciones de calidad con españoles invitados de referencia", señalan los fundadores.
 

Un momento de la última reunión del club. Foto: Cortesía

La generación euronativa y el momento geopolítico

Hace unos días, el Club Madariaga impulsó un retiro de fin de semana con más de treinta participantes con el objetivo de analizar la situación de España en la burbuja europea, evaluar sus instituciones, empresas o medios de comunicación y hacer prospectiva sobre la evolución de nuestro país para las próximas décadas.

"Alemania no solo confía en su peso demográfico y económico, sino que suma la influencia y la capilaridad de las redes de sus poderosas fundaciones políticas"
Para abordar este salto cualitativo, invitaron a Nacho Corredor, socio y vicepresidente de beBartlet. La consultora, en alianza con medios como El Periódico y Agenda Pública, impulsa iniciativas como "European Bridges", tribunas informativas para sensibilizar a la opinión pública española sobre los asuntos europeos, o el "European Pulse Forum" en Barcelona, en alianza con POLITICO.

Corredor recordó que "somos la primera generación de españoles nacidos en la Unión Europea". Esta condición, argumenta, "condiciona nuestra mirada". Hoy "no es posible ya entender la lógica local sin asumir la lógica europea y viceversa".

El momento actual no podría ser más oportuno. Tras el Brexit, el reequilibrio de poderes exige que España asuma sin complejos su rol dentro del nuevo motor europeo. El despliegue de los fondos Next Generation y el debate sobre la autonomía estratégica e industrial han demostrado que quien no está sentado en la mesa donde se redactan los borradores normativos acaba en el menú. "La evolución de España desde todas las perspectivas está condicionada a la evolución y liderazgo europeo. Pretender participar de la economía, la política o la sociedad sin hacerlo desde nuestro liderazgo europeo es perder el tiempo", apunta Corredor.

La audacia de tomarse en serio

Frente a la diplomacia más discreta o el complejo de inferioridad periférico del pasado, el Club Madariaga propone una actitud distinta. Sus impulsores parten de una idea sencilla: la conveniencia de que los profesionales españoles en Bruselas se organicen, reflexionen y encuentren puntos en común.

"La evolución de España desde todas las perspectivas está condicionada a la evolución y liderazgo europeo"
"Nos hacemos preguntas que quizá en otros lugares no se plantean: ¿tiene sentido coordinarnos para articular el capital social de España en la capital europea? Creemos que merece la pena intentarlo", señalan. Con la consolidación de esta red, el Club Madariaga aspira a ser, ante todo, un espacio de encuentro entre profesionales: un punto de apoyo, nacido de la sociedad civil, que contribuya a fomentar la reflexión sobre el papel de España en la Unión.
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