Martes, 28 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

Olviden la excusa de la "polarización": Sánchez y Feijóo ofrecen dos proyectos muy diferentes para Europa

En los pasillos de Bruselas y en las tertulias de Madrid, el diagnóstico favorito para explicar la política española es una supuesta "polarización afectiva": se asume que los líderes se gritan porque se odian, no porque piensen distinto. Pero si leemos la letra pequeña de los discursos de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, la burbuja analítica estalla: no estamos ante un problema de decibelios, sino ante la colisión de dos modelos de Estado. Esa es la mirada de la 'Brújula Europea', la columna semanal de Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública'.

Marc López Plana Marc López Plana 13 de abril de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición y presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. | POLITICO / Tsun Ho y Rocío Curia
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición y presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. | POLITICO / Tsun Ho y Rocío Curia
El jueves asistí a la primera sesión del European Pulse Forum en Barcelona, un foro impulsado por POLITICO Europe y la consultora española de incidencia pública beBartlet. Este foro ha nacido con un enfoque disruptivo: utilizar los datos de la opinión pública europea como brújula para estructurar los debates al más alto nivel sobre seguridad, energía, movilidad y competitividad.

En la primera jornada, los organizadores dedicaron la tarde a analizar la aportación de España a la Unión Europea con motivo del 40.º aniversario de su adhesión. Para ello, invitaron a Ana Palacio, abogada y exministra de Asuntos Exteriores, quien evocó con cierta nostalgia el amplio consenso social, empresarial y político que existía en España en aquel momento decisivo para el país.


Tras esa etapa fundacional, se abrió paso lo que algunos analistas han denominado un "consenso pasivo": una tendencia de España a respaldar las posiciones impulsadas por los grandes Estados fundadores, en particular Francia y Alemania, cuyo liderazgo actuaba como elemento estabilizador del sistema europeo.


"El actual contexto ha dado paso a otro momento de transición en el que las propuestas de los dos grandes partidos sobre Europa y su papel no pueden ser hoy más divergentes"
Tras escuchar a Ana Palacio, mi conclusión es clara: existe una conexión directa entre el momento geopolítico que atraviesa Europa y la evolución de la posición española. Si desde la Transición hasta la invasión de Ucrania por Rusia predominó ese "consenso pasivo", el actual contexto —marcado por una Europa en plena redefinición estratégica— ha dado paso a otro momento de transición en el que, en cambio, las propuestas de los dos grandes partidos sobre Europa y su papel no pueden ser hoy más divergentes.


El ecosistema político europeo, alimentado por los opinadores españoles, diagnostica a España con un cuadro de "polarización". Pero, más que un simple aumento de la polarización, lo que se observa en España es un proceso de repolitización estratégica de la cuestión europea. Durante décadas, el consenso pasivo diluyó el conflicto político en torno a la UE; hoy, ese consenso se ha roto porque Europa ha dejado de ser un ámbito técnico para convertirse en un espacio de decisiones profundamente políticas. En este nuevo contexto, la divergencia entre los grandes partidos no responde tanto a una polarización afectiva —basada en la deslegitimación del adversario— como a una creciente polarización sustantiva, es decir, a diferencias reales en el diagnóstico del momento histórico y en las respuestas que este exige. No es solo que discrepen en las soluciones: es que ya no comparten el mismo punto de partida. Y, cuando cambia el marco, cambia el sentido mismo del debate político.


Después de escuchar a Ana Palacio, decidí comparar las intervenciones de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en el 'European Pulse Forum' para contrastar mi intuición: mientras que a la Transición española le correspondió el consenso pasivo, al actual cambio de paradigma de la geopolítica global le corresponde el disenso activo en España.


"La divergencia entre los grandes partidos responde a diferencias reales en el diagnóstico del momento histórico y en las respuestas que este exige"
Estuve, pues, escuchando a los dos líderes que asistieron al European Pulse Forum. Y
voilà: Sánchez y Feijóo no están discutiendo sobre cómo conducir el mismo coche; conducen dos vehículos completamente diferentes. Desde el encaje de la cuarta economía del euro en la geopolítica global hasta el enchufe que ilumina las fábricas, pasando por las fronteras, Moncloa y Génova operan con manuales de instrucciones antagónicos. Aquí está la radiografía de un choque estructural, casi palabra por palabra.

Geopolítica y defensa: atlantismo puro frente a autonomía estratégica

En un momento en el que el Berlaymont y la OTAN observan con lupa las lealtades de las capitales europeas, Madrid ofrece dos doctrinas exteriores que no podrían estar más alejadas.

Para Feijóo, el realismo atlántico es la única moneda de cambio válida. El líder conservador exige un alineamiento sin fisuras y denuncia la anomalía del Ejecutivo actual: "Sin ir más lejos, en España hay partidos antieuropeos y anti-OTAN, incluso en el propio gobierno de España". Su compromiso militar es taxativo: "Quiero dejarlo claro: la OTAN es el mejor instrumento para garantizar la seguridad a los dos lados del Atlántico y todos, y digo todos, debemos preservarla". En América Latina, traza una línea roja para distanciarse del funambulismo diplomático del Gobierno: "El lugar de España no es al lado de Nicolás Maduro ni de Delcy Rodríguez", asegurando que "nuestro sitio está con la paz, con la democracia, con la libertad; por tanto, con Edmundo González y con María Corina Machado".


"Sánchez defiende la creación de un ejército europeo común: «No en diez años, no en dos años. Mañana mismo»"
Sánchez, por su parte, defiende la creación de un ejército europeo común: "No en diez años, no en dos años. Mañana mismo". El presidente español proyecta un "multilateralismo progresista" que busca autonomía y peso propio para Europa, más allá de la sombra de Washington. Además, advierte contra los dobles raseros de Occidente, lanzando un mensaje clave al Sur Global: "Ante violaciones flagrantes del derecho internacional humanitario, Europa tiene que actuar con vehemencia si queremos además que el resto del mundo nos mire y nos apoye".


La clave: Feijóo ofrece a Bruselas ser el alumno más leal del viejo orden occidental. Sánchez quiere que Europa sea una superpotencia autónoma y con agenda moral propia.

El motor económico: el tabú nuclear contra la vanguardia verde

El debate sobre la pérdida de competitividad de la UE frente a EE. UU. y China tiene una parada obligatoria en la energía. Aquí, el consenso es inexistente.

El planteamiento de Feijóo conecta directamente con el ala pragmática del PPE, exigiendo abandonar "utopías". Para la oposición, la transición ecológica no puede significar desindustrialización y, por ello, decreta el fin del tabú nuclear en España, prometiendo "el mantenimiento de las tecnologías que aportan potencia firme y evitan apagones". Su sentencia fue un dardo a Moncloa: "Casi toda Europa se ha dado cuenta ya del inmenso error estratégico del apagón nuclear, y tiene mi palabra de que España no lo cometerá".


"Para Feijóo, la transición ecológica no puede significar desindustrialización y, por ello, decreta el fin del tabú nuclear en España"
Sánchez se posiciona en las antípodas, erigiéndose como el adalid del Pacto Verde. Para el presidente, la transición ecológica no es un peaje regulatorio, sino el salvavidas macroeconómico de España. Defiende sus reformas "haciendo de la transición ecológica no un freno, sino un motor de competitividad y de desarrollo económico de nuestro país". Su receta es clara: "La seguridad y la prosperidad de nuestra sociedad pasan por electrificar nuestra economía, pasan, por tanto, por el impulso de las renovables".


La clave: o España rescata sus reactores nucleares para asegurar la base industrial (PP), o fía su músculo productivo al sol y al viento (PSOE).

Europa como fortaleza y la migración abierta

La gestión demográfica y fronteriza está reescribiendo los mapas electorales del continente. En este frente, Génova y Moncloa hablan lenguajes diametralmente opuestos.

"No hay Europa sin europeos", afirmó Feijóo, alertando de que España está "exportando un problema migratorio al conjunto de la Unión Europea". Critica frontalmente "la decisión de regularizar masivamente, sin condiciones, a más de 1 millón de inmigrantes irregulares". Su receta es clara: "Quiero que España y, por tanto, también Europa tenga controles suficientes sobre algo tan obvio como los antecedentes penales y policiales".


Sánchez enmarca la migración como una necesidad demográfica y económica. Descarta el modelo de fortaleza, afirmando que "cerrar Europa es simplemente un pobre cerco, no es un proyecto", y apuesta "por una migración legal, segura, ordenada".


La clave: control y cierre frente a apertura regulada.

La batalla por el "Estado de Derecho"

El último campo de batalla es la legitimidad del sistema.

"Para Feijóo, el problema está en el deterioro institucional: «En los últimos años en España se han deteriorado las instituciones»"
Para Feijóo, el problema está en el deterioro institucional: "En los últimos años en España se han deteriorado las instituciones". En su visión, Bruselas es el garante último: "Es precisamente el paraguas europeo el mejor antídoto contra la decadencia institucional".


Sánchez traslada el foco a lo social: "Sin pilar social no habrá democracia". Para la socialdemocracia que gobierna en España, la verdadera erosión institucional no viene de sus pactos parlamentarios, sino de la desigualdad material (vivienda, salarios). Advierte que "no puede haber una Europa fuerte y competitiva si no es una Europa de las fronteras cohesionadas". Su axioma político es innegociable: "Reforzar el pilar social es una condición indispensable para sostener nuestro proyecto comunitario"

Conclusión

La élite política y mediática debe actualizar su vocabulario. Llamarlo "polarización" es un ejercicio de simplificación. España asiste a una colisión entre un modelo que receta ortodoxia atlántica, pragmatismo nuclear, fronteras blindadas e institucionalismo conservador; frente a un proyecto de vanguardia verde, autonomía militar europea, apertura demográfica y un expansivo pilar social. 

El ruido es ensordecedor, sí, pero es el sonido de dos placas tectónicas chocando en tiempo real.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación