Martes, 18 de agosto de 2026
ENTREVISTA

Carola García-Calvo, investigadora del terrorismo: "La guerra en Irán tiene impacto en el nivel de alerta terrorista en Europa"

Que la inestabilidad en Oriente Medio pueda traducirse en mayor inseguridad en Europa es ya una realidad. La investigadora en el Real Instituto Elcano y experta en el ámbito del terrorismo Carola García-Calvo analiza en esta entrevista el estado del yihadismo en el continente y en España. Con unas organizaciones terroristas que buscan perfiles "más jóvenes" y captaciones "muy apoyadas en redes sociales", el complejo reto de la seguridad ciudadana adquiere una nueva dimensión en la que son urgentes "medidas preventivas" que pongan el foco en la educación.

Agenda Pública Agenda Pública 26 de marzo de 2026
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Manifestantes y el cuerpo antiterrorista de Irán despiden al asesinado Alí Larijaní en Teherán. | Snsc / Zuma Press / ContactoPhoto
Manifestantes y el cuerpo antiterrorista de Irán despiden al asesinado Alí Larijaní en Teherán. | Snsc / Zuma Press / ContactoPhoto
El choque bélico en Oriente Medio dibuja un nuevo panorama en el terrorismo internacional, que se suma a los retos del aumento de la radicalización islamista a través de las redes sociales. Carola García-Calvo señala que "la guerra en Irán preocupa", si bien los mayores desafíos para Europa y España han llegado desde sectores del islam distintos. Esta renovada amenaza, que se percibe a sí misma como una "resistencia" frente al opresor, ha demostrado ya su capacidad operativa en territorio europeo.

Por otro lado, la sofisticación del reclutamiento yihadista ha mutado hacia el ecosistema digital y las redes de consumo rápido. García-Calvo detalla que la amenaza actual se caracteriza por un claro rejuvenecimiento, donde la propaganda ilícita presente en redes quiere identificar a usuarios influenciables. Esta estrategia busca perfiles de corta edad porque "son más maleables" y se integran rápidamente en letales subculturas extremistas difíciles de rastrear.

La vulnerabilidad radical se nutre del rechazo identitario que experimentan miles de europeos. La investigadora revela que el peligro afecta a "descendientes de inmigrantes procedentes de países de mayoría musulmana" que sufren graves crisis de pertenencia. Al convivir con la percepción de ser tratados como ciudadanos de segunda clase, abrazan narrativas extremas para llenar ese vacío. En esta conversación con Agenda Pública, la experta apunta a estos riesgos como ejes principales del desafío terrorista en el continente.
 

La investigadora Carola García-Calvo también es profesora permanente laboral en la Universidad Rey Juan Carlos. Foto: Real Instituto Elcano


En los últimos años, ¿cómo ha evolucionado la amenaza del yihadismo en Europa y en España?

El yihadismo sigue siendo señalado por los documentos de referencia como la principal amenaza terrorista para Europa y también para España. Si nos fijamos en el informe anual de Europol sobre la situación de la amenaza terrorista en Europa, sigue identificando al yihadismo como la principal amenaza para nuestras sociedades. Lo mismo ocurre en España: tanto la Estrategia de Seguridad Nacional vigente como la estrategia contraterrorista específica lo señalan igualmente como la principal amenaza terrorista.

Ahora bien, el estado actual de la amenaza es distinto al que vivíamos durante el ciclo de movilización de Siria. Entre 2015 y 2017, Europa sufrió una oleada intensa de atentados vinculados sobre todo a Estado Islámico, como consecuencia del califato que esta organización estableció en Oriente Medio y de su capacidad para movilizar a simpatizantes y seguidores en todo el mundo, también en Europa y en España.

"Predominan actores que se implican en solitario y cometen atentados poco sofisticados y de menor letalidad, utilizando herramientas cotidianas"
Hoy la amenaza es menos prevalente: hay menos episodios y, sobre todo, responde a una naturaleza distinta. Predominan actores que se implican en solitario y cometen atentados poco sofisticados y de menor letalidad, utilizando herramientas cotidianas como cuchillos, machetes, armas blancas o vehículos. Esto contrasta con los atentados más sofisticados que vimos en aquella etapa, cuando existían células con relación directa con Estado Islámico en Siria, acceso a armas y explosivos, y capacidad para ejecutar ataques coordinados.


Ya no hablamos tanto de esas estructuras orgánicas ligadas a una organización de referencia, sino de actores individuales que, tras procesos de radicalización que tienen mucho que ver con el entorno online, asumen como propias la ideología y los objetivos del yihadismo y se movilizan con tácticas menos sofisticadas. Aun así, la amenaza sigue ahí y continúa considerándose la principal por el enorme impacto social que tiene cada atentado de estas características.

Además, esta evolución tiene mucho que ver, por un lado, con el fin del califato en 2019 y, por otro, con la pandemia, que impulsó fuertemente las actividades yihadistas en el espacio online. Desde 2021, las organizaciones yihadistas se apoyan de forma creciente en ese entorno para favorecer procesos de captación, radicalización, reclutamiento e incluso capacitación terrorista.

Ha mencionado el entorno en línea y, en particular, los videojuegos. ¿Qué papel están jugando sobre los procesos de radicalización?

Hemos visto un auge muy claro de las redes sociales y de determinadas plataformas como espacios favorables para la radicalización y la capacitación yihadista. Particularmente, hay que fijarse en el entorno del gaming, porque se ha convertido en un espacio preferente para captadores y simpatizantes yihadistas a la hora de identificar a jóvenes vulnerables.

Ahora mismo los grupos terroristas han focalizado su atención en los menores de edad. Es el segmento de población más vulnerable a los procesos de captación yihadista: son más maleables y más fáciles de arrastrar en procesos de radicalización. Además, en algunas plataformas de videojuegos se produce algo parecido a una capacitación o entrenamiento, mediante modificaciones de juegos populares que recrean escenarios de guerra y confrontación entre yihadistas y quienes ellos consideran enemigos o infieles.

"La amenaza dentro de Europa ya no se relaciona tanto con los aparatos centrales de las organizaciones, sino que es más descentralizada, más difusa y más compleja"
Eso permite testar perfiles: ver quién muestra liderazgo, quién exhibe grado de tolerancia hacia la violencia o quién normaliza determinados comentarios. Hablamos, por tanto, de actores cada vez más jóvenes. Se ha producido un rejuvenecimiento del fenómeno y eso responde a una estrategia racional de los grupos yihadistas, que tratan de maximizar sus beneficios y han encontrado en los menores un perfil particularmente útil para procesos rápidos de radicalización y movilización.


Al mismo tiempo, la amenaza dentro de Europa ya no se relaciona tanto con los aparatos centrales de las organizaciones, sino que es más descentralizada, más difusa y más compleja. Se manifiesta a través de subculturas yihadistas en el ámbito europeo, muy apoyadas en redes sociales y otros entornos digitales.

¿Cómo están respondiendo las autoridades a esa radicalización en internet? ¿Qué se está haciendo para detectarla y frenarla?

La respuesta antiterrorista combina las dos dimensiones: la física y la digital. El entorno presencial sigue siendo importante, porque los procesos de captación y radicalización no han desaparecido fuera de internet. Pensemos, por ejemplo, en el ámbito penitenciario, que sigue siendo un espacio sensible.

Sin embargo, es cierto que hoy se presta una atención muy especial al entorno online. Las fuerzas y cuerpos de seguridad cuentan con equipos especializados que realizan investigaciones y seguimientos de grupos, perfiles y dinámicas digitales. De hecho, durante el confinamiento estricto en España se desarrollaron operaciones antiyihadistas precisamente gracias al seguimiento online de perfiles que, en un momento dado, se consideró que podían dar el salto a la acción.

También es clave la colaboración público-privada con las empresas proveedoras de servicios digitales, porque a través de redes como Instagram, TikTok o X se disemina mucha propaganda con fines de radicalización y movilización. En la última década se ha avanzado bastante en la retirada de contenidos claramente ilícitos o terroristas.

Donde persisten más dificultades es en ese otro tipo de contenidos que están en el límite: no son todavía contenidos terroristas en sentido estricto, pero sí pueden contribuir a procesos de radicalización. Ahí la frontera con la libertad de expresión es más compleja y todavía estamos viendo cómo abordarla.

"Uno de los elementos centrales hoy es avanzar hacia una internet más segura, especialmente para proteger a los menores, que son un objetivo preferente de estas organizaciones"
Además, preocupa el retroceso en la moderación de contenidos por parte de algunas grandes plataformas. En los últimos tiempos se han desmontado ciertas estructuras de mediación y moderación, y eso hace que circulen más contenidos problemáticos situados en esa zona gris. Desde la academia se insiste en la necesidad de abordar también ese ámbito para evitar la amplificación de determinados mensajes. En definitiva, uno de los elementos centrales hoy es avanzar hacia una internet más segura, especialmente para proteger a los menores, que son un objetivo preferente de estas organizaciones.

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Entrando en la actualidad, ¿debemos preocuparnos por las consecuencias de la guerra en Irán en el ámbito terrorista?

Sí, sin duda. La guerra en Irán tiene impacto en el nivel de alerta terrorista en Europa. Ahora bien, conviene distinguir entre lo que veníamos hablando hasta ahora —el terrorismo global vinculado a Al Qaeda y Estado Islámico— y el eje chií en el que se sitúa Irán.

Cuando hablamos de terrorismo global, hablamos de dos matrices, Al Qaeda y Estado Islámico o ISIS, con objetivos y audiencia globales. Su aspiración es el restablecimiento de un califato global regido por una interpretación estricta de la sharía, con voluntad no solo de recuperar territorios históricamente musulmanes, sino de expandirse y alterar el statu quo político internacional. Esa visión bebe en cierto grado del islam suní.

Irán responde a otra lógica. No persigue establecer un califato global, sino que actúa en un marco más asociado a la resistencia frente al opresor o el invasor, con un carácter más nacionalista y una estrategia de conflicto asimétrico o híbrido. Por eso es importante no mezclar fenómenos distintos.

Dicho esto, claro que la guerra en Irán preocupa. Irán está en inferioridad militar respecto a Estados Unidos e Israel, y precisamente por eso activa otras tácticas de desestabilización, incluidas las terroristas, muchas veces a través de actores intermediarios o proxies regionales.

"En marzo se produjeron al menos seis ataques contra intereses e instituciones judías o israelíes relacionados con esta guerra"
De hecho, ya hemos visto su impacto en Europa. En marzo se produjeron al menos seis ataques contra intereses e instituciones judías o israelíes relacionados con esta guerra, reivindicados por un grupo desconocido hasta ahora para servicios de inteligencia y académicos, Harakat Ashab al-Jameen al-Islamiya, que se asume que podría actuar como proxy de Irán. No dejaron víctimas mortales, pero sí mostraron con claridad una voluntad de desestabilización. Bélgica, por ejemplo, fue uno de los países afectados y reforzó la protección de intereses judíos e israelíes.


Además, existe una posible retroalimentación entre extremismos violentos. Para el yihadismo global, Israel es también un enemigo compartido. Es verdad que su acción contra Israel ha sido más retórica que práctica, pero el conflicto palestino-israelí ocupa hoy un lugar central en su propaganda.

¿En qué debería poner el foco España en materia antiterrorista? Esta semana se ha desarticulado otra célula yihadista con la colaboración de Marruecos.

El nivel de alerta antiterrorista sigue siendo muy elevado. Es cierto que ya no estamos en el contexto de 2015-2017, pero el hecho de que hoy la amenaza se manifieste de otra forma no significa que haya desaparecido.

España mantiene el nivel 4 sobre 5 desde 2015. Eso quiere decir que, aunque ahora veamos menos atentados, la amenaza sigue estando ahí. Ese nivel de alerta se fija con información aportada por fuerzas y cuerpos de seguridad, servicios de inteligencia y otros actores concernidos. Y la mesa de valoración que se reúne periódicamente sigue considerando que la amenaza es elevada.

"Tras los atentados del 7 de octubre y la brutal respuesta posterior en Gaza, el yihadismo global ha encontrado nuevos argumentos para alimentar su maquinaria propagandística"
Además, el contexto global no invita precisamente al optimismo. Tras los atentados del 7 de octubre y la brutal respuesta posterior en Gaza, el yihadismo global ha encontrado nuevos argumentos para alimentar su maquinaria propagandística. Se reactiva así la narrativa de que Occidente está contra el islam y contra los musulmanes, y esos conflictos sirven para exacerbar agravios reales o percibidos.


Hay estudios que ya apuntan a un incremento de ataques poco sofisticados vinculados al conflicto en Gaza. Es verdad que, tras muchos años de lucha antiterrorista en Europa, el yihadismo global ya no tiene dentro de Europa las estructuras que tuvo en otras etapas. Pero sí conserva capacidad para movilizar a actores individuales.

En este sentido, España y Francia han sido tradicionalmente de los países más activos en operaciones y detenciones antiyihadistas, y en los dos últimos años España ha superado a Francia. Eso indica que sigue habiendo investigaciones, informaciones y actividad policial que detectan actividad yihadista. Es decir, aunque para la ciudadanía resulte hoy menos visible, la amenaza persiste.

Cuando habla de personas que se radicalizan, ¿de qué perfiles estamos concretamente? ¿Quiénes son más proclives?

En el Real Instituto Elcano llevamos tiempo analizando esta cuestión con una base de datos sobre el universo de individuos implicados en actividades de terrorismo yihadista en España. Lo que observamos es una evolución del perfil.

En primer lugar, ya no hablamos solo de hombres. Las mujeres también se han incorporado, algo que se consolidó con Siria, cuando Abu Bakr al-Baghdadi hizo un llamamiento explícito a que se movilizaran para participar en la construcción del califato. En España, las mujeres representan ya entre un 15% y un 17% de quienes se han implicado en este tipo de actividades, aunque sigue siendo un fenómeno predominantemente masculino.

En segundo lugar, vemos un claro rejuvenecimiento. Los procesos de radicalización empiezan antes y cada vez hay más menores implicados. Este es hoy el perfil que más preocupa en los ámbitos de seguridad, también en la agenda europea de prevención de la radicalización violenta. Y eso se relaciona con la estrategia de los grupos, que se dirigen cada vez más a ese colectivo.

"Nuestros datos apuntan a que no se trata principalmente de una cuestión de falta de integración entendida en términos básicos de recursos, educación o capacidades lingüísticas"
También influye una cuestión práctica: en muchos países, determinados menores son inimputables o reciben un tratamiento penal distinto. Pero, sobre todo, interesan porque son más fáciles de moldear, están en un momento de apertura cognitiva y presentan una socialización de la violencia mucho mayor, también por su cultura audiovisual. Los videojuegos, las películas y otros formatos pueden actuar como elementos de capacitación o normalización de la violencia.


En el caso español, nuestros datos apuntan a que no se trata principalmente de una cuestión de falta de integración entendida en términos básicos de recursos, educación o capacidades lingüísticas. Muchos de estos jóvenes han alcanzado estudios secundarios y algunos trabajaban o tenían formación profesional.

Donde sí vemos un elemento importante es en las segundas generaciones: descendientes de inmigrantes procedentes de países de mayoría musulmana, especialmente Marruecos si hablamos de España, que han nacido y crecido aquí, pero no terminan de encontrar un acomodo pleno en términos culturales e identitarios. Viven entre dos dimensiones: la cultura heredada de sus padres o abuelos y la cultura del país en el que han nacido y se han socializado.

Es ahí donde entran los agravios, reales o percibidos. Jóvenes que sienten que son tratados como ciudadanos de segunda categoría por su religión, su origen, el tono de su piel o su pasado migratorio. Por eso las medidas preventivas tienen que poner el foco en fortalecer desde la base, también a través de la educación, el sentimiento de pertenencia a un proyecto común para que no tengan que buscar otros marcos identitarios donde sentirse plenos.

Muchas gracias.
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