Sábado, 1 de agosto de 2026
DESINFORMACIÓN

Cuando los hechos no bastan: el 11M y las teorías que persisten

¿Fueron los atentados del once de marzo una represalia exclusiva por la guerra de Irak? El experto en seguridad Alberto Bueno recuerda los hechos que desmienten este mito y afirma que la masacre respondió realmente a "la lógica estratégica del yihadismo global". Asimismo, critica que perpetuar estos relatos revela cómo "preferimos explicaciones que confirman posiciones políticas previas" frente al rigor de los hechos probados.

Alberto Bueno Alberto Bueno 15 de marzo de 2026
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Monumento a las víctimas del atentado yihadista del 11M en Atocha (Madrid). | Luis Soto / Zuma Press / ContactoPhoto
Monumento a las víctimas del atentado yihadista del 11M en Atocha (Madrid). | Luis Soto / Zuma Press / ContactoPhoto
El aniversario de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid suele traer consigo una secuencia reconocible. Regresan a la conversación pública los hechos, el recuerdo de las víctimas y también una serie de interpretaciones que se repiten con notable persistencia. Esta semana, tras la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán, y con la oposición frontal del Gobierno de Sánchez recuperando el "No a la guerra", ha reaparecido uno de esos lugares comunes: la idea de que España sufrió aquellos atentados como consecuencia directa de su participación en la guerra de Irak. Una idea intuitiva, sencilla, políticamente útil. Y falsa. Con todo, su gravedad, como la de patrones similares reconocibles en esta y otras catástrofes, no está en lo que revelan de aquel momento, sino en lo que enseñan de nuestra debilidad actual para afrontar las crisis y conflictos por venir.

"Los datos disponibles indican que el origen de la trama se encuentra en redes yihadistas ya implantadas en España a finales de los noventa y comienzos de los 2000"
Sigamos con esta efeméride: la investigación judicial y —especialmente— académica desarrollada durante estas dos décadas ofrece una imagen más compleja y menos lineal en relación con la invasión de Irak de 2003. El trabajo del profesor Fernando Reinares, uno de los principales especialistas en terrorismo yihadista en el mundo e inspiración intelectual de muchas de nuestras políticas antiterroristas, ha permitido construir con detalle el contexto en el que se gestaron los atentados; incluso, más allá de la conocida como "sentencia del 11M"

El 11M y la guerra de Irak: por qué los atentados de Madrid no fueron una consecuencia directa

En síntesis, los datos disponibles indican que el origen de la trama se encuentra en redes yihadistas ya implantadas en España a finales de los noventa y comienzos de los 2000. Un nombre emerge: Abu Dahdah, vinculado con el grupo de Osama bin Laden. A partir de esas estructuras iniciales se fue configurando un entorno radicalizado que acabaría perpetrando los atentados de Madrid, recibiendo los parabienes de Al Qaeda en 2002. Por tanto, los inicios de la macabra operación se situaron bien antes de la determinación de atacar el país árabe en 2003, así como la fatídica fecha se concretó muchos meses antes de que se convocasen las elecciones generales. Reinares y otros investigadores han detallado cómo los integrantes de aquella red se integraron en el ecosistema yihadista local —todo ello documentado, además, en sede judicial; el nombre de aquel cabecilla e inspirador inicial se conocería años después de cerrada la investigación en la Audiencia Nacional—. La decisión de ejecutar un atentado en territorio español respondió a la lógica estratégica del yihadismo global, donde la participación española en Irak ofreció una magnífica oportunidad ex post para justificar la barbarie.
  
"Hemos pasado de la implicación de ETA en connivencia con el PSOE, a servicios secretos extranjeros —Marruecos, Francia—, a organizaciones globalistas (sic), Soros o hasta Israel"
No es este el único relato erróneo que sigue recorriendo mentideros. Por supuesto, las más diversas teorías de la conspiración siguen circulando. Aquellas que se crearon para tapar la desastrosa gestión política de la crisis por parte del gobierno de Aznar gozan de salud y una asombrosa capacidad de metamorfosis. Como comentaba hace unos días el analista Jesús Pérez Triana, hemos pasado de la implicación de ETA en connivencia con el PSOE, a servicios secretos extranjeros —Marruecos, Francia—, a organizaciones globalistas (sic), Soros o hasta, en sus versiones más recientes, Israel. La capacidad de estas teorías para adaptarse a los cambios políticos del momento y servir al
deus ex machina de cada crisis es ciertamente asombrosa.
 
Es la evidencia de cómo preferimos explicaciones que confirman posiciones políticas previas, incluso cuando la evidencia disponible apunta en otra dirección, antes que cualquier otra justificación. El propio Reinares fue objeto de durísimas críticas por parte de todas esas redes de "peones negros" en los primeros años tras el atentado al señalar la autoría de redes vinculadas a Al Qaeda a partir de fuentes abiertas y datos de inteligencia. Años después, otros sectores políticos o periodísticos optan deliberadamente por soslayar sus conclusiones sobre la génesis de los atentados.
 
Otro de esos lugares comunes también equivocados sostenidos por parte de la derecha y la izquierda a propósito del 11M ha sido la supuesta relación directa entre los atentados y el resultado de las elecciones generales celebradas tres días después: "el vuelco electoral". Lo cierto es que sabemos desde hace años por estudios sociológicos que la imagen era mucho más matizada: las encuestas previas a los atentados indicaban un escenario de competencia muy ajustada entre los principales partidos, un empate técnico. La movilización electoral llegó fundamentalmente por parte del electorado abstencionista. Como fuere, tampoco se conoce mucho este dato bien asentado en las facultades de Ciencia Política y Sociología, y se sigue discutiendo en torno a este "mito" en las tertulias

Del 11M a Barcelona y Cambrils: cómo las teorías de la conspiración debilitan la respuesta ante el terrorismo

La penetración de la conspiración no se queda en el 11M, claro. Los atentados perpetrados en Barcelona y Cambrils en agosto de 2017 son otro ejemplo. Sobre aquella serie de ataques, ejecutados por una célula yihadista asentada en Ripoll y dirigida por el imán Abdelbaki Es Satty, la investigación policial reconstruyó la evolución de la célula, su proceso de radicalización y los preparativos que habían llevado a cabo durante meses. A pesar de la claridad de la investigación judicial e igualmente académica —nacional e internacional—, también en este caso surgieron teorías alternativas que cuestionaban la autoría de la célula yihadista o atribuían los atentados a conspiraciones de carácter político. En determinados espacios del debate público en Catalunya, vinculados con sectores nacionalistas catalanes, se difundieron narrativas que presentaban los ataques como operaciones de falsa bandera destinadas a perjudicar políticamente al movimiento independentista. Estas interpretaciones ignoraban el trabajo de los investigadores y reproducían ese patrón ya observado tras el 11M: la ignorancia del análisis en favor de relatos que respondían a objetivos políticos inmediatos. Cálculo legitimado mediante comisión de investigación parlamentaria. 

En la semana de un nuevo aniversario del 11M, este fenómeno y estos patrones tienen implicaciones que van más allá del debate científico y la curiosidad por las narrativas o los actores. El problema no es solo que determinadas interpretaciones sean incorrectas. El problema es que su reiteración revela la imposibilidad aparente para integrar el conocimiento acumulado en el debate público y, antes al contrario, la predilección polarizadora por la conspiración

"La polarización política convierte acontecimientos traumáticos en instrumentos de confrontación y dificulta la construcción de diagnósticos comunes"
Como consecuencia, cuando una sociedad no logra integrar el conocimiento acumulado sobre sus propias crisis, su capacidad para responder a amenazas futuras se debilita. La polarización política convierte acontecimientos traumáticos en instrumentos de confrontación y dificulta la construcción de diagnósticos comunes. Construir unidad y resiliencia, ciertamente. En otros contextos, los atentados terroristas han generado procesos de reflexión colectiva sobre las causas del fenómeno y las medidas necesarias para prevenirlo. En el caso español, el recuerdo del 11M y de otros ataques posteriores continúa atravesado por disputas narrativas puramente políticas que impiden un consenso básico sobre los hechos. Sin embargo, la labor de las administraciones de seguridad ha seguido otros derroteros, para fortuna de todos…


Así, más de dos décadas después de los atentados de Madrid o casi diez años tras los de Catalunya, el problema no radica únicamente en las interpretaciones erróneas que circulan en el espacio público. El problema es que esas interpretaciones siguen encontrando un terreno fértil en una sociedad donde el conocimiento experto o las resoluciones judiciales se perciben con frecuencia como una opinión más dentro de la confrontación política, con una comprensión fragmentada —en el mejor de los casos— de la realidad. Las crisis dejan de ser experiencias compartidas y pasan a convertirse en argumentos dentro de disputas preexistentes. Esta dinámica perversa no solo distorsiona la memoria de lo ocurrido. También reduce la capacidad de una sociedad para aprender de sus propios errores y responder a futuras crisis.
Alberto Bueno
Alberto Bueno
Profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración en la UGR
Es profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada y miembro del Spanish Research Group on Defence, Armed Forces, and Society (RODAS). También es profesor adjunto en la Universidad de Leipzig (Alemania) y 'non-resident fellow' del UTSYN - Centre for Security and Total Defence (Noruega).
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