Durante décadas, la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC)
fue el templo de lo que algunos líderes llamaban la "hipocresía constructiva". Los líderes mundiales acudían al Hotel Bayerischer Hof para rendir pleitesía a un orden basado en reglas que, aunque no siempre cumplían, al menos decían respetar. Hoy esa máscara se ha roto. Con la edición de 2026 ya en marcha, Baviera no huele a diplomacia.
La propia conferencia asume el giro y lo nombra sin rodeos. "Política de la demolición".
Para contar este cambio de era,
Marc López Plana, director y editor de
Agenda Pública, y
Jeremy Cliffe, director editorial del Council on Foreign Relations y Firma Top de
Agenda Pública, unirán sus plumas en una cobertura especial. Su objetivo es explicar por qué la seguridad global se decide en las fronteras de Ucrania y en el mar de China, pero también en la erosión sistemática de los pilares de la Ilustración que sostuvieron la convivencia liberal.
Un mundo sin rasero
El encuentro girará en torno al
Munich Security Report 2026. Este año, el informe deja una idea incómoda. El problema ya no son los dobles raseros.
El problema es que avanzamos hacia un mundo sin rasero alguno. Cuando el principal garante histórico de las normas, Estados Unidos, deja incluso de simular interés por el orden institucional y abraza una diplomacia de choque, lo que queda es un vacío que otros actores se apresuran a ocupar.
"El pensamiento conspirativo erosiona la preferencia por el liderazgo consensual, capaz de pactar y deliberar, y la sustituye por fascinación ante la "eficacia" autoritaria"
Esa "disrupción completa", expresión que resuena en los pasillos de Múnich, no es un accidente. Es
el resultado de una cultura política incubada en el ecosistema digital. La economía de la atención y los algoritmos no solo amplifican la desinformación. También han cambiado el estatuto de la verdad. Si una parte de la sociedad interioriza que las instituciones
"mienten por definición", el líder que revienta consensos deja de parecer un riesgo y pasa a presentarse como un "auténtico" liberador.
El algoritmo como arma de asedio
Como veremos en una encuesta que comentaremos mañana,
informarse principalmente por redes sociales aumenta la propensión al conspiracionismo elevado. En Múnich, eso se traduce en vulnerabilidad estratégica. El pensamiento conspirativo erosiona la preferencia por el liderazgo consensual, capaz de pactar y deliberar, y la sustituye por fascinación ante la "eficacia" autoritaria.
Los datos apuntan a una pauta clara.
La exposición a la desinformación dispara la desconfianza hacia quienes sostienen el espacio de verdad pública, como la prensa, la ciencia o la diplomacia. Eso ayuda a entender por qué, en esta MSC 2026, figuras que antes habrían sido parias por su desprecio a la legalidad hoy se sientan en la mesa como actores "pragmáticos".
El presidente de la conferencia justificó la invitación a Alternativa por Alemania (AfD) en estos términos. "Es una decisión que tomamos según nuestra propia conciencia, tratando de hacer lo correcto para poder reflejar la realidad actual". Y añadió que
sería difícil que la MSC, con tantas posiciones enfrentadas, pudiera "justificar la exclusión categórica del mayor partido de la oposición alemán".
En un entorno
donde la mentira se usa como táctica y apenas tiene coste reputacional, la paz deja de ser un producto del derecho. Pasa a depender, cada vez más, de la fuerza.
El eje de la "mano dura"
López Plana y Cliffe seguirán otra deriva
. Crece la atracción por modelos de poder basados en la excepción securitaria y en la respuesta militar. Mientras la valoración de la Unión Europea, el proyecto más multilateral de la historia europea reciente, se debilita entre quienes viven en entornos saturados de desinformación, aumenta la simpatía hacia potencias que proyectan dominio sin complejos, como la Rusia de Putin o la China de Xi.
También hacia liderazgos occidentales en deriva autoritaria.
"Ucrania y Venezuela aparecen en los informes de Múnich como «laboratorios» de esta lógica. Lugares donde la soberanía se vuelve negociable"
Ucrania y Venezuela aparecen en los informes de Múnich como "laboratorios" de esta lógica. Lugares donde la soberanía se vuelve negociable y la legalidad se sustituye por trato directo entre "hombres fuertes".
Para España, un actor medio que depende de la previsibilidad, este escenario de diplomacia por bloques y reglas opcionales es un desafío sistémico.
La apuesta de Agenda Pública en Múnich
La cobertura de Marc López Plana y Jeremy Cliffe se centrará en
los puntos de fricción donde la tecnología se encuentra con la alta traición a los valores liberales:
- La crisis de la verdad diplomática: ¿Cómo se negocia un tratado cuando las partes ya no comparten una base mínima de realidad verificable?
- El auge de la "eficacia" sobre la democracia: El análisis de
los líderes que proponen intercambiar derechos por orden, una oferta que cada vez suena más atractiva en un electorado digitalizado y temeroso.
- El papel de Europa como resistencia: La UE se presenta en Múnich como
el último bastión de la regulación frente a unas plataformas que son, en última instancia, infraestructuras para la producción de cultura política populista.
El fin de la hipocresía
Cuando el poder se ve obligado a invocar principios, admite que la legitimidad sigue siendo el fundamento del orden político. Durante décadas, esa necesidad de justificación —aunque a veces fuera retórica— actuó como dique frente a una escalada abierta entre potencias. Al renunciar incluso a esa cobertura normativa, la política de la demolición erosiona los consensos básicos y nos expone a un escenario en el que la fuerza sustituye a las reglas.
Este año, Múnich marcará el momento en que entendimos que la desinformación en nuestros teléfonos móviles era la artillería de preparación para el asalto final a las instituciones. Nuestro objetivo en Múnich es realizar una autopsia en tiempo real del horizonte democrático que ha estructurado los últimos dos siglos.