Lunes, 17 de agosto de 2026
LA DEFENSA EUROPEA

Los seis temas de seguridad y defensa que deben tratar Sánchez y Feijóo

La Moncloa será de nuevo el escenario del encuentro entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. En un contexto internacional condicionado por las crisis en Ucrania, Venezuela y Groenlandia, el éxito de la cita dependerá de la voluntad de ambos líderes para elevar a la categoría de asuntos de Estado la seguridad nacional y la defensa.

Agenda Pública Agenda Pública 14 de enero de 2026
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Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez se reunieron de forma pública por última vez en 2025 para discutir el aumento de gasto en defensa. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez se reunieron de forma pública por última vez en 2025 para discutir el aumento de gasto en defensa. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se reunirán el lunes 19 de enero para abordar la seguridad nacional y la defensa. La agenda inmediata gravita sobre Ucrania, Groenlandia, y de la hipótesis, cada vez menos teórica, de un despliegue europeo una vez termine la guerra. Frente a la posibilidad de que el encuentro solo sirva para medir fuerzas, se espera que de la reunión pueda emerger puede una posición de país que pueda marcar un punto de inflexión.

"Frente a la posibilidad de que el encuentro solo sirva para medir fuerzas, se espera que de la reunión puede salir una posición de país "
España aspira a influir en la escena internacional desde el derecho internacional, el multilateralismo y la buena gobernanza, pero ha evitado discutir qué instrumentos está dispuesta a sostener cuando el orden se rompe. En un continente que vuelve a hablar de disuasión, fronteras y soberanía, la defensa ha dejado de ser un debate técnico para instalarse en el centro de la agenda política.

1. Aclarar de qué hablamos cuando hablamos de defensa europea

Antes de entrar en porcentajes, misiones o anuncios, Sánchez y Feijóo deberían resolver una pregunta básica: ¿Qué entiende España por defensa europea? 

Una opción es la cooperación reforzada: compras conjuntas, estandarización, cadenas de suministro, munición, interoperabilidad. Otra, más ambiciosa, es construir estructuras de mando y control comunes, doctrina, planificación y capacidades de despliegue rápido. Y una tercera, la más exigente, es aceptar que la UE, si quiere ser algo más que un gran mercado, necesita capacidad militar propia y un marco político que la ordene si pretende ser algo más que un mercado común. En esta línea se ha pronunciado el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, a quien entrevistamos hace unos meses. No se pronuncia de la misma forma Nathalie Loiseau, eurodiputada francesa del grupo Renew, que ha dicho que Andrius Kubilius no tiene competencias para hablar de un ejército común europeo. 

Europa ya compartió la moneda para blindar su prosperidad. El salto que se insinúa ahora es compartir la defensa para no depender de una voluntades ajenas. Esa discusión, central en otros Estados miembros, sigue apareciendo en España sigue apareciendo como un debate importado. Sin embargo, ante las presiones sobre Groenlandia, conviene recordar que "defender el derecho internacional sin capacidad autónoma para respaldarlo es una apuesta sólida desde el punto de vista de los principios, pero estratégicamente frágil".

2. Ucrania no encaja en el molde mental de las misiones españolas

El foco de la reunión debe ser Ucrania, pero con una premisa: un eventual despliegue no encajaría en el modelo de la mayoría de misiones de las últimas décadas. Como explica el experto en seguridad Alberto Bueno, "España se ha sentido cómoda en misiones de mantenimiento o restablecimiento de la paz, en formación y adiestramiento, o en marcos de estabilización con relación intensa con la población local". Ucrania, en cambio, empuja hacia una misión de disuasión pura y defensa activa. 

Se estima una fuerza de entre 10.000 y 30.000 efectivos europeos que no irían solo a "verificar" un alto el fuego sino a garantizar la seguridad. Tendría que apoyar a las fuerzas armadas ucranianas, contribuir a reconstruir su sector de defensa y, sobre todo, convertirse en garantía de seguridad. Esto lo cambia todo: sería una fuerza de interposición y, a la vez, una fuerza de parte.

Sánchez y Feijóo deben discutir qué reglas de enfrentamiento discutir aspectos clave: qué mandato y qué reglas de enfrentamiento se aceptarían; qué riesgos de escalada se consideran asumibles; qué capacidades aportaría España y durante cuánto tiempo, y qué implicaciones tendría para el conjunto de las Fuerzas Armadas y para la industria de defensa.

"Es el punto que debería ordenar el debate español: no se trata de "solidaridad" en abstracto, sino de una apuesta de seguridad nacional de primer orden"
La comparación adecuada no es Afganistán ni Líbano, sino el despliegue aliado en el flanco este (como Letonia): una fuerza de disparo (tripwire force) con 
tropas en primera línea que no están diseñadas para derrotar al adversario, sino para garantizar que un ataque active automáticamente la defensa colectiva, vía artículo 5 de la OTAN o artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea. En ese escenario, la entrada en conflicto no depende de una decisión política tomada "después", sino del hecho de que las tropas pasan a ser objetivo directoEse es el punto que debería ordenar el debate español: no se trata de "solidaridad" en abstracto, sino de una apuesta de seguridad nacional de primer orden.

3. Groenlandia no es una excentricidad, es el Atlántico Norte

El debate no debería quedarse en Ucrania. Groenlandia funciona como un examen muy concreto: si un territorio europeo puede ser presionado, condicionado o reconfigurado sin respuesta europea clara, ningún territorio europeo está realmente seguro.

Su relevancia estratégica es triple: geografía militar (control del Atlántico Norte y del GIUK Gap), infraestructura crítica (radares, satélites, cables submarinos, alerta temprana) y recursos estratégicos vinculados a transición energética e industria de defensa. El elemento más delicado, además, no es quién amenaza, sino desde dónde llega la presión: cuando un aliado plantea controlar un territorio europeo por razones estratégicas propias, la unión entre lo militar y la política es máxima.

Para España hay un vínculo directo: la seguridad del Atlántico Norte condiciona rutas comerciales, suministro energético y el equilibrio geopolítico del que depende el flanco sur europeo, incluido el Estrecho y Canarias

"¿Tiene sentido hablar de una presencia europea reforzada en Groenlandia? En términos estratégicos es coherente si se define con precisión"
¿Tiene sentido hablar de una presencia europea reforzada en Groenlandia? En términos estratégicos es coherente si se define con precisión: respaldar a Dinamarca como Estado miembro, europeizar la seguridad del Ártico para que no sea un asunto bilateral entre Washington y Copenhague, y convertir la autonomía estratégica en hechos.

4. Autonomía estratégica sin romper el vínculo atlántico

En España el debate suele polarizarse con facilidad: o dependencia total de Estados Unidos, o fantasías de independencia inmediata. La conversación útil reside en reducir vulnerabilidades críticas (inteligencia, logística, ciberdefensa) sin dinamitar la alianza atlántica.

Eso implica poner sobre la mesa dependencias concretas: inteligencia, logística, munición, defensa aérea, satélites, ciber, sistemas de mando y control. Y fijar metas realistas a medio plazo.

5. Presupuesto, industria y continuidad

La defensa se sostiene con capacidades reales y presupuestos estables, presupuestos, con industria y contratos, con formación y stock, con mantenimiento y cadena de suministro. Y también con continuidad política. Ambos líderes deberían abordar un punto que en España se evita por puro cálculo: qué compromisos de inversión se pueden blindar para que no dependan de cada ciclo electoral, y cómo se traduce eso en una política industrial que refuerce capacidades europeas, no solo compras dispersas. En este terreno el debate no solo es "cuánto gastamos" sino, también, "para qué capacidades". Ahí se puede debatir con seriedad, porque obliga a priorizar.

6. Un pacto mínimo sobre cómo se decide

Todo lo anterior requiere legitimidad democrática. Si España quiere ser arquitecto de la política internacional, debe decidir, explicar y sostener sus posiciones a tiempo. La pregunta final que deberían hacerse el presidente Pedro Sánchez y el presidente del principal partido de España, Alberto Núñez Feijóo, es qué riesgos está dispuesta a asumir España hoy para evitar vulnerabilidades mayores mañana. Responder a esa cuestión es lo que convertiría su reunión en una verdadera agenda de Estado. Si no la responden, otros lo harán por ellos.
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