

"Sébastien Lecornu ha sido capaz de aprobar la primera ley presupuestaria en el parlamento desde que en las últimas legislativas las posibilidades de mayoría absoluta se desvaneciesen"Si bien, a priori, uno podría pensar que se trata de un nuevo fracaso causado por el difícil equilibrio parlamentario actual, Lecornu ha salido relativamente airoso de la situación, en lo que podría considerarse una victoria parcial. Primero, ha conseguido llegar a un acuerdo con el Partido Socialista para sacar adelante el presupuesto de la Seguridad Social, muy importante en tiempos de un activo debate sobre la viabilidad de las pensiones, la edad de jubilación o las transferencias sociales destinadas a partidas como crianza, dependencia, etc. A base de tesón y una voluntad incansable, ha sido capaz de aprobar la primera ley presupuestaria en el parlamento desde que en las últimas legislativas las posibilidades de mayoría absoluta se desvaneciesen. Todo ello ha sido posible, además, dejando de lado a su principal rival dentro de su mismo espectro político, Édouard Philippe, actual alcalde de Le Havre y anterior primer ministro. Éste, que hace alrededor de diez años era considerado como la mano derecha de Emmanuel Macron, ahora mantiene con el presidente una relación de enfrentamiento abierto, habiendo fundado su propio grupo político con la intención de conquistar el centroderecha de cara a 2027. Lecornu, con su tradicional habilidad para alcanzar acuerdos tanto a izquierda como a derecha, ha sabido desactivar a Philippe, emergiendo así como una figura más respetada que su antecesor y envuelto en un aura de sentido de Estado y responsabilidad que puede ayudarle a afrontar su mayor reto: dotar a Francia de un presupuesto completo.
"El grupo de Le Pen sabe que, de seguir así, sus posibilidades de cara a las presidenciales de 2027 pueden crecer de forma notable, alimentándose del hastío generalizado"Esto, unido a un contexto de fragmentación política y polarización, contribuye de forma clara a exacerbar el pesimismo existente acerca de la clase política francesa, donde cada grupo está enrocado en sus posiciones para no mermar sus aspiraciones electorales, y, quién sabe, un posible adelanto de las legislativas en caso de que los esfuerzos de Lecornu acaben en fracaso. La derecha radical, por su parte, se muestra cómoda en esta situación. El grupo de Le Pen sabe que, de seguir así, sus posibilidades de cara a las presidenciales de 2027 pueden crecer de forma notable, alimentándose del hastío generalizado ante la fragmentación y debilidad de los grupos tradicionales. Sin una alternativa clara en el horizonte, parece que Lecornu, el hombre que presentó su dimisión tan solo unos días después de ser nombrado primer ministro, emerge como la única figura capaz de tender puentes tanto a izquierda como a derecha para evitar un agravamiento de la situación económica y emprender el largo camino hacia la recuperación de la autonomía fiscal. De esta forma, acabaría sacando al país de la depresión para devolverle a un rol de liderazgo en el centro de la Unión Europea en un momento en el que se necesita una Francia fuerte capaz de liderar los retos que todos tenemos delante para el próximo lustro. No será fácil, pero en política nada es sencillo si no se intenta.

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