Por momentos, cuesta saber si Javier Milei está en una tribuna o en un escenario: en su política-espectáculo ambos espacios siempre están a un paso de distancia.
Desde "la capital del imperio que nunca fue" —como así definió el intelectual francés, André Malraux, a Buenos Aires— toda idea política, económica y social, es diferente. Desde fuera, con la sana distancia que permite el panorama global, Argentina parece otro actor más, otra economía más, otro estado más. Pero este país (y, sobre todo, su capital, Buenos Aires)
es diferente al resto del mundo.
Para entender la vida en este estado austral, hay que caminar sus calles —algunas tan afrancesadas, otras tan decadentes—, y dejarse seducir por el habla de su gente. Pero también hay que cambiar dólares o euros en el mercado negro para entender cómo funciona su política monetaria, o comprar una cosa (cualquier cosa) a un precio por la mañana y pagar el triple por lo mismo horas después. Es importante pasar por el consulado de cualquier país europeo y enterarse de que el sistema de turnos para solicitar la nacionalidad (española, italiana, alemana, polaca, etcétera) estuvo saturado en algún momento. Y, sin duda alguna, es imprescindible asistir a un partido de fútbol, en cualquiera de sus sagrados "templos", para entender que ese deporte es, literalmente, una religión además de un sistema de operación política, económica y social. Pero si la vida no da para vivir eso in situ, basta con mirar, por ejemplo, un día al presidente negociando
un préstamo millonario en Estados Unidos, y un par de días después,
contemplarlo dando un concierto de rock emulando a los Rolling Stones mientras el resto del país se cuestiona nuevamente si están de nuevo al borde del abismo económico. Sí, hay un lugar así, tan rocambolesco, y se llama Argentina.
Ahora bien, ¿cómo explicarse el fenómeno —electoral, político y social— que ha sido Javier Milei en un país que, pese a todo, aún conserva el halo de aquel imperio que jamás llegó a concretarse? Quizá, ser consciente de la demolición de las instituciones y de la política monetaria que los gobiernos peronistas dejaron es un buen comienzo. También,
es necesario entender que hubo opciones a ese régimen-sistema, como el Gobierno de Mauricio Macri, que también fracasaron en el intento de fomentar la eficiencia y las transparencias de las operaciones financieras, y que fue, p
recisamente ese fracaso, lo que dejó la "mesa puesta" para la consolidación de una administración absolutamente desastrosa como la de
Alberto Fernández (considerado, por muchos críticos y especialistas en América Latina, como un vil títere del kirchnerismo). Quizá, la clave para comprender el fenómeno ultralibertario de Milei es
el hartazgo máximo en la población argentina de un sistema infestado hasta la médula de prácticas corruptas que ensombrecían el funcionamiento del Estado, y que perpetuaron, de forma cíclica, la crisis que reventó en 2001 con
el corralito durante más de dos décadas.
"La intención es reflexionar sobre cómo es la situación del actual presidente en la víspera de unas elecciones que definirán la próxima mitad de su mandato"
No es menester de esta pieza hacer un recorrido por la historia político-económica de Argentina. La intención es reflexionar sobre cómo es la situación del actual presidente en la víspera de unas elecciones que definirán la próxima mitad de su mandato. Por lo pronto, hay un precedente: en las elecciones locales de la provincia de Buenos Aires (que es el equivalente a una comunidad autónoma en España), el 7 de septiembre, el libertarismo de Milei sufrió un varapalo en las urnas, pues el 47% de los votos fueron para Fuerza Patria (la coalición política peronista que tiene como líderes a Cristina Kirchner, Sergio Massa —ex contendiente presidencial—, y Axel Kicillof —gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 2019—). La Libertad Avanza solo obtuvo el 34% de los votos. ¿Qué nos indica esto? Uno, que Milei repitió el mismo error que Macri: quiso quedar bien en el "cielo" y en el "infierno". Dos, que el escándalo político que empapa a su hermana, ya está haciendo estragos en las urnas. Tres, que el campo, tradicionalmente antiperonista, no está contento con las promesas vacías de Milei.
En pocas palabras, el actual Gobierno se juega su futuro en las elecciones legislativas del próximo domingo 26 de octubre. Se renovarán 127 de las 257 bancas de la Cámara de Diputados, además de 24 de las 72 bancas del Senado. A pesar de los recortes y la motosierra, la economía argentina sigue dando "patadas de ahogado", y espera que Donald Trump, como se dice popularmente, le saque las castañas del fuego.
Aun así, y pese a la simpatía que le tiene, el mandatario estadounidense ha sido muy claro en sus recientes declaraciones: "Argentina está luchando por su vida". Mientras tanto, para el Gobierno argentino, "el show debe de continuar".
Crónica de una (otra) crisis anunciada
Un disparo en el pie. Así es como se puede definir al resultado del exceso de confianza de Milei en el arranque de la campaña electoral previa al 7 de septiembre. El varapalo que sufrió en la capital no solo fue una derrota numérica, sino que también fue simbólica.
Sobre aquel episodio hay una imagen que lo dice todo. Ese día, un mes antes de las elecciones, el líder de La Libertad Avanza se hizo una foto en Villa Celina, una de las localidades de La Matanza (una zona popular, con un número considerable de gente viviendo en situación de marginalidad, en donde el voto ha sido tradicionalmente para el peronismo), rodeado de todo su equipo y de su hermana, con una manta que rezaba "Kirchnerismo nunca más". En resumen, Milei quiso ganar ese voto popular, pero el kirchnerismo al que tanto criticó ganó prácticamente en todos los colegios electorales de esa zona.
"El campo, que alguna vez vio en Milei un halo de esperanza contra las retenciones y la burocracia estatal, ahora lo percibe como un mandatario errático"
Otro punto de inflexión fue el voto de castigo del agro bonaerense. El campo, tradicionalmente sensible al discurso liberal y a las promesas de desregulación, dio un giro inesperado al respaldo político que le tenía a Milei. Le dio la espalda, electoralmente, así, sin más. Municipios como Junín, Tandil, o Pergamino, que fueron bastiones del voto libertario en 2023, apostaron en septiembre por Fuerza Patria. El tema es complejo, pero para comprenderlo medianamente hay que saber que el libertarismo incumplió al momento de no resolver temas importantes en esas zonas como el control al aumento en el precio de los insumos, la falta de financiamiento, la mala infraestructura en las rutas, y, dicho sea de paso, la incertidumbre cambiaria. En pocas palabras, el campo, que alguna vez vio en Milei un halo de esperanza contra las retenciones y la burocracia estatal, ahora lo percibe como un mandatario errático
que tiene como prioridades la confrontación política y los réditos de la política-espectáculo.
Y, la guinda del pastel, el escándalo de Karina Milei, hermana y aliada principal del líder libertario. No solo es una cuestión de corrupción en el círculo más cercano al presidente, sino que ese sistema de supuestos sobornos en la Agencia Nacional de Discapacidad, en el que Karina es una de las presuntas beneficiadas, pone en entredicho la superioridad moral con la que Javier Milei criticaba, señalaba y denostaba a sus antecesores políticos.
¿Y ahora? La moneda está en el aire
Milei está a la mitad del camino de su revolucionaria gestión y se enfrenta a un momento muy crítico. Lo que arrancó como una cruzada contra lo que él mismo llamó la casta, ahora ha derivado en una serie de contradicciones que erosionan su discurso vertebral. El mero hecho de que su hermana esté acusada de corrupción, y que eso ponga bajo serios cuestionamientos a la arquitectura gubernamental, ya representa una crisis estructural con miras a un futuro turbulento.
La pregunta ahora es ¿podrá sobrevivir el proyecto de La Libertad Avanza sin el aura de incorruptibilidad que lo sostenía? A días de las elecciones legislativas en la capital del país, y las provincias de Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Salta, Santiago del Estero, Río Negro, y Tierra del Fuego, es imposible augurar un éxito contundente del proyecto que prometió renovar a la política argentina en 2023. Sería, en todo caso, un milagro, un revés electoral inesperado, lo que salve a Javier Milei, después de lo sucedido en la provincia de Buenos Aires en septiembre.
"Milei se enfrenta al dilema de todo actor polarizador: seguir atizando los fuegos contra los rivales políticos o echar a andar un plan de emergencia interno"
En este momento bisagra, el presidente se enfrenta al dilema de todo líder que ha apostado por la polarización: seguir atizando los fuegos contra los rivales políticos (independientemente del contexto), o echar a andar un plan de emergencia interno antes de que las fracturas estructurales se vuelvan incontenibles. Milei hoy está entre el mito y la realidad, entre el volcán político de Karina y el temor a las urnas, entre el Congreso y los audios filtrados. Sin ir más lejos, se está jugando el futuro de un Gobierno que prometía desafiar al sistema, pero que hoy parece estar más atrapado en su propio espectáculo.
Por lo pronto, en medio de la turbulencia, en un momento en el que cualquier error le puede costar mucho más que la estabilidad del proyecto en la segunda mitad del mandato, Milei parece estar más cómodo frente a los reflectores, que preocupado por llevar a cabo una praxis política de emergencia a la altura de la situación. Pero, hasta ahora, todo es especulación. El domingo las cosas cambiarán y dependiendo de lo que suceda en las urnas, ya se sabrá si Argentina (de nuevo) se acerca al abismo o si la motosierra sigue siendo la apuesta ganadora en un país en el que, hasta ahora, cada década toca comenzar otra vez desde cero.