Hace un año, Marc Berruezo dejó su carrera como asesor en el Parlamento Europeo y experto en comunicación política para cruzar el Atlántico e iniciar un Máster en Administración Pública en la Harvard Kennedy School. A punto de graduarse, se ha visto inmerso en una crisis migratoria que amenaza con dejar fuera de Estados Unidos a cientos de estudiantes internacionales como él. Conversa con
Agenda Pública desde Tokio, donde participa en un viaje académico con sus compañeros de programa.
La incertidumbre estalló tras la decisión del Departamento de Seguridad Nacional de bloquear los visados de estudiantes extranjeros en Harvard. La universidad respondió de inmediato: demandó al Gobierno federal y logró, en menos de veinticuatro horas, que un juez de Boston suspendiera cautelarmente la medida el pasado viernes 23 de mayo, al considerar que causaría un "daño inmediato e irreparable" a la institución.
"Nos hacen sentir como que somos sospechosos de algo y que el día que ICE venga al campus tengas que sentir que vienen a por ti", denuncia Berruezo. Aun así, afirma sentirse "contento y orgulloso" de haber estudiado en una de las instituciones más prestigiosas del mundo, y celebra la reacción de su
alma mater: "Si la universidad con más renombre y mayor músculo financiero no es capaz de resistir y sucumbe, ¿qué suerte van a correr las demás?".
¿Cómo vivió la noticia de la revocación de la capacidad de patrocinar visados?
Fue un
shock total. Nos levantamos en Tokio con lo que ya se había amenazado: la revocación de la capacidad que tiene Harvard de patrocinar visados para estudiantes internacionales.
Mi programa es verdaderamente global. Somos una clase de más de 260 personas de casi 70 nacionalidades. Este ha sido el mayor valor de mi experiencia en Harvard: vivir y aprender junto a gente muy diversa, con bagajes personales, profesionales y creencias muy distintas. Es particularmente enriquecedor, con lo cual, en cierto modo, justo eso es lo que hoy se pone en juego.
"Los estudiantes internacionales somos poco más que un pretexto para librar una batalla entre una Administración y una institución que ellos mismos han declarado adversario político"
Los estudiantes internacionales somos el colectivo más vulnerable y un daño colateral de esta pugna política que nos trasciende y que va mucho más allá de nosotros. Somos poco más que un pretexto para librar una batalla entre una Administración y una institución que ellos mismos han declarado adversario político.
¿Cree que este tipo de movimientos ponen en riesgo las características propias de las democracias, como el debate abierto y el fortalecimiento de ideas mediante la discusión?
Lo que se está poniendo en riesgo es que puedan coexistir instituciones que la Administración de turno considere adversarios políticos, básicamente porque tienen ideas políticas opuestas. Y lógicamente, esa es la razón de ser de la democracia.
Harvard es una universidad privada. Da pena y miedo que los gobiernos libren batallas políticas contra todas aquellas instituciones que consideren que no siguen su línea, sea la que sea. Es una batalla política en un país que no es el tuyo, pero que te importa porque es en el que vives y porque, a quienes estudiamos Gobierno, nos importa y nos preocupa la política y la democracia.
Además, es extraño leer que el presidente seguramente más poderoso del mundo se levante por la mañana y ponga tuits en los que escribe literalmente sobre ti, cuando habla de los estudiantes internacionales del campus de Harvard. Son las clases a las que vas, los pasillos por los que circulas y la ciudad en la que vives, Cambridge. No era algo que esperara cuando hace un año me aceptaron para venir aquí.
Se está librando una batalla política en la que tristemente hemos acabado nosotros atrapados en el fuego cruzado.
Si con la información que tiene ahora tuviera que volver a tomar la decisión de estudiar en Estados Unidos, ¿qué haría?
Estoy muy contento y orgulloso de la decisión que tomé. Ha sido una experiencia fantástica donde he aprendido mucho y he hecho amigos de todas partes del mundo.
"Cada día que ha ido pasando me han dado cada vez más ganas de volver a Europa. Hay un elemento importante para desarrollarse tanto profesional como personalmente: sentirse bienvenido y no rechazado o visto con sospecha"
Pero una opción tras graduarte es quedarte en Estados Unidos y hacer carrera aquí. Ese visado profesional está conectado con la universidad y, si queda fuera del sistema, entramos en un limbo. Cada día que ha pasado me ha dado más ganas de volver a Europa, porque hay un elemento importante para desarrollarse: sentirse bienvenido y no rechazado o visto con sospecha.
Algunas referencias que ha hecho la Administración sobre los estudiantes internacionales de Harvard eran para sentirse insultado. No me sentía representado por esa descripción. Esto no tiene que ver con cómo me he sentido recibido por la sociedad americana o nuestros compañeros estadounidenses, pero a nivel institucional hay una cruzada contra la inmigración y contra Harvard, y en esa intersección me encuentro yo.
¿Qué opina sobre las alegaciones de antisemitismo que, según el Gobierno de Trump, han motivado parte de esta confrontación?
Es un tema muy sensible, pero honestamente creo que esta Administración se ha parapetado detrás de esta causa para librar una batalla política con Harvard que va más allá de esta cuestión puntual.
No seré yo quien niegue la existencia de antisemitismo —tristemente hace pocas horas ha habido un asesinato en Washington de dos personas de la embajada de Israel—. Pero yo este año no he presenciado nada que justifique esta respuesta institucional.
En muchas universidades del país se han impartido charlas sobre el protocolo que seguir si los estudiantes internacionales fuesen detenidos por agentes de ICE (Immigration and Customs Enforcement, la agencia federal encargada del control de la inmigración). ¿Ha recibido alguna charla de este tipo o ha sentido que este riesgo también es real en Harvard?
Ha habido muchas sesiones desde la oficina internacional de Harvard respecto a estas cuestiones. Personalmente no he asistido a ninguna charla donde se me indicara cómo responder en caso de que ICE se presentara en el campus, pero lo que sí te puedo decir es que ICE se presentó en el campus. Con lo cual, sí generan una sensación de miedo, de incertidumbre y honestamente un poco de frustración.
"Nos hacen sentir como que somos sospechosos de algo y que el día que ICE venga al campus tengas que sentir que vienen a por ti, como si fuéramos sospechosos y como si pudiéramos ser susceptibles de ser perseguidos en cualquier momento y deportados"
Los estudiantes internacionales hemos renunciado o parado nuestras carreras profesionales en nuestros países. Hemos ido a Estados Unidos haciendo grandes esfuerzos económicos para cursar estudios que no son baratos. Nos hemos mudado a un país nuevo, una ciudad nueva que tampoco es precisamente barata para vivir. Hacemos un esfuerzo por integrarnos, aunque sea temporalmente, en nuestro nuevo hogar.
Nos hacen sentir como que somos sospechosos de algo y que el día que ICE venga al campus tengas que sentir que vienen a por ti, como si fuéramos sospechosos y como si pudiéramos ser susceptibles de ser perseguidos en cualquier momento y deportados. En el fondo, lo que estamos haciendo es contribuir económicamente a Estados Unidos —porque no es barato ni vivir allí ni pagar una matrícula de Harvard— y al acervo tanto académico como cultural que reúne el país.
¿Cómo han reaccionado los propios estadounidenses que le rodean, amigos y compañeros, ante esta situación?
El fenómeno Trump electoral responde a una parte de la sociedad que tiene cierto desencanto y que legítimamente lo ha expresado en las urnas. Pero el sentimiento mayoritario en Harvard es de no compartir la posición que su Gobierno está tomando. Muchos estudiantes americanos lo viven con cierto estupor porque no se sienten representados por su Gobierno.
Ha habido debates interesantes, aunque es complicado porque es muy personal para muchos de nosotros. También ha sido difícil el desmantelamiento de USAID, que ofrecía ayuda a las personas más vulnerables del mundo. Para algunos compañeros de esos países es muy personal: conocidos que se quedan sin trabajo, programas contra el SIDA en África sin financiación.
¿Considera que esto es una oportunidad para Europa de conseguir atraer más talento, no solo universitario, sino para que puedan desarrollar su carrera profesional en la Unión?
Ojalá. Nada me haría más feliz que la Unión Europea aproveche esta triste oportunidad.
Quien sale más perjudicado de todas estas decisiones es Estados Unidos. Están poniendo voluntariamente en cuestión todo lo que les ha llevado a ser una economía potente, una insignia académica y un país innovador: esa actitud de ser capaz de recibir y atraer talento de todo el mundo y pavimentar oportunidades para que pudiera innovar, investigar y montar empresas. Ojalá Europa se decida a tomar ese testigo.
Me gustaría ver una Unión Europea que de forma convencida apueste por atraer talento global a las universidades, por permitir a investigadores de todo el mundo que tengan la oportunidad en Europa. Estados Unidos se está retirando deliberadamente de eso.
¿Ve paralelismos con lo ocurrido en Hungría con la Universidad Central Europea bajo Orbán —que no dejó de existir como institución, pero fue completamente vaciada por dentro hasta el punto de no poder continuar su función—?
No sé hasta qué punto el paralelismo se va a mantener, pero sí hay una dimensión temporal de la institución que no hay que obviar. Harvard existe antes que Estados Unidos. La Administración Trump puede estar cuatro años y puede que venga otra después que piense lo mismo, pero Harvard existe desde 1636. Eso es algo que, como institución, se respira, se vive y se tiene muy claro.
Tengo la intuición de que esta voluntad de resistir es algo inherente a una institución que literalmente ha vivido de todo, porque son siglos de historia, previos no solo a la democracia sino a la existencia del país.
Harvard sí se ve en esta encrucijada por ser un símbolo: tanto por ser una de las marcas más reconocidas del mundo a nivel académico como por ser una de las instituciones con más músculo financiero. No era evidente que Harvard se fuera a enfrentar de plano, porque el riesgo económico era muy grande.
"Si la universidad con más renombre y mayor músculo financiero no es capaz de resistir y sucumbe, ¿qué suerte van a correr las demás?"
Pero el presidente de Harvard fue muy claro en su carta y muy contundente. Nos hizo sentir bastante orgullosos que, asumiendo un revés económico importante con el corte de financiación federal, Harvard decidiera plantarse. Fue valiente, porque si la universidad con más renombre y mayor músculo financiero no es capaz de resistir y sucumbe, ¿qué suerte van a correr las demás?
Ahora entramos en una nueva fase, porque ya no se ataca a Harvard como institución privada que puede obtener financiación de otros lugares, sino a la parte más vulnerable de la institución: los estudiantes, y en algo donde Harvard no puede usar ni su acceso a financiación ni su prestigio, que es la emisión de visados.
Vuelve el domingo a Estados Unidos para graduarse en Harvard. ¿Qué situación espera encontrar?
Es interesante intentar entender a la sociedad americana. Hay que tratar de vivirlo de la forma menos personal posible, especialmente cuando debates con compañeros que, a pesar de sus ideas políticas, son amigos con quienes hemos tenido un año académico maravilloso.