¿Por qué los países democráticos y más ricos son los que tienen la población más feliz? Sin duda, el desarrollo económico y el dinero proporcionan felicidad. También contribuye a la seguridad que supone un sistema público de bienestar social universal. Además de un sistema político democrático. Así queda demostrado para España en el excelente libro del sociólogo Julio Iglesias de Ussel, et al., titulado
La felicidad de los españoles. Ese libro contiene la primera encuesta sobre felicidad a la población de España.
Los datos contradicen el refrán popular de que el dinero no da la felicidad. Lo complejo es aplicar la misma receta para el mundo entero, y poder explicar las considerables diferencias entre países. ¿Cuáles son los países más felices del mundo? ¿Qué factores explican la felicidad de la población? ¿Qué consecuencias tiene esto para los movimientos migratorios en el mundo? ¿Por qué la población en regímenes autocráticos es más infeliz?
"Los datos contradicen el refrán popular de que 'el dinero no da la felicidad'"
Acaba de publicarse el informe mundial más completo sobre la felicidad de la población en el mundo, correspondiente al año 2025. Se conoce como el
World Happiness Report 2025. Es un informe en inglés de 258 páginas. La institución que realiza este estudio internacional es el Wellbeing Research Centre, de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido. Cuenta con los datos de la empresa Gallup, y el apoyo del Sustainable Development Solutions Network de las Naciones Unidas. El informe está fechado el 13 de marzo de 2025.
El informe y los anexos estadísticos son de acceso libre. Además del informe completo, incluye los
Appendices & Data, y los
Country Reports (incluyendo el caso de España). Los datos sobre felicidad y satisfacción con la vida propia provienen sobre todo del Gallup World Poll. Suponen una base de datos impresionante, con estudios desde el año 2006, acumulando unas 661.000 observaciones directas en 168 países del mundo. También se analizan datos similares del World Values Survey, el European Social Survey, y el General Social Survey.
El WHR 2025 no mide directamente la felicidad de la población en todos los países del mundo. El concepto de
felicidad es subjetivo, escurridizo, y fluido de un país a otro. Los conceptos no se igualan exactamente:
happiness,
bonheur,
felicità,
glück,
lycka,
lykke… Más bien, el WHR —en colaboración con el Gallup World Poll— mide la llamada "satisfacción con la vida propia", en que las personas tienen que puntuar de cero a diez, donde cero es la puntuación mínima de satisfacción, y el diez es la máxima.
Esto mide en realidad la calidad de vida (subjetiva). El informe incluye 147 países, excluyendo los micro-Estados. Se entrevista a la población de cada país, preguntándoles sobre una autoevaluación de su propia vida. Se utilizan luego los datos de la media de tres años —2022-2024— con objeto de obtener una muestra mayor más válida. Se refiere, pues, a la población residente en cada país, y no a los/as ciudadanos, estrictamente hablando, ni a las personas nacidas en el país.
"El concepto de felicidad es subjetivo, escurridizo, y fluido de un país a otro"
Hay diferencias culturales, entre países, pero
se observa una consistencia año tras año, en la forma en que las personas evalúan sus vidas, lo que da confianza sobre la investigación realizada. Hay una gran diferencia entre países, desde lo alto del ranking hasta la parte más baja. Los países en la parte alta están más agrupados, y mantienen diferencias menores entre ellos. Muchos son europeos. Incluso mantiene el orden. Por ejemplo,
los cuatro países más felices del mundo son Finlandia, Dinamarca, Islandia, y Suecia… y además conservan este orden. Son países muy democráticos, ricos, y con un buen sistema de seguridad social público. Además, las personas más felices viven más años (quizás la relación causal es la inversa). En cualquier caso,
se observa una tendencia clara de los/a migrantes a emigrar a países más felices. La riqueza propiamente industrial parece menos importante que el Estado de bienestar. Los países latinoamericanos mantienen niveles de felicidad más elevados de lo esperable, lo que no depende de factores de riqueza ni de desarrollo.
Este año, por primera vez, ninguno de los grandes poderes industriales del mundo aparecen entre los veinte primeros países con más felicidad. La pandemia de covid ha tenido además una influencia decisiva. Quizás contribuyendo a la creciente desigualdad de bienestar y felicidad dentro de los países. Pero explicar las desigualdades de felicidad —que están creciendo dentro de los países del mundo— requiere una investigación sociológica más compleja.
España no es un país muy feliz. En el ranking mundial está en el puesto 38.º. Esta puntuación es relativamente baja. Francia, por ejemplo, está en el puesto 33.º, aunque Italia es el 40.º, y Portugal el 60.º. Marruecos está en un distante puesto, el 112.º.
La relativamente baja puntuación de España es una sorpresa, pues es un país que tiene varios factores muy positivos para que su índice de felicidad sea más alto. Es una democracia establecida, que ocupa en el ránking de democracias el puesto 21.º. Es un país europeo. Es un país desarrollado, ocupando el puesto 21.º mundial del PIB per cápita (en
PPP). Tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo, sobre todo entre mujeres. Goza de un clima excelente, atrayendo ya casi cien millones de turistas al año. También atrae muchos inmigrantes (legales, ilegales, político, de asilo). España es un país tópicamente alegre. Una característica esencial es su
familismo (importancia de la familia, y amistades, en la vida social). Es un país latino. Tiene actualmente un Gobierno progresista. Su Estado de bienestar es bastante desarrollado, especialmente con una sanidad pública universal. Es además un país relativamente industrial. Todos estos factores se correlacionan usualmente con una alta felicidad de la población.
La explicación de la falta de felicidad debe ser otra. Quizás sea el mercado de trabajo: con salarios bajos, y altas tasas de desempleo. También cuenta el retraso en el matrimonio (con una natalidad baja). Un incremento fuerte de la madre-soltería. Es una sociedad políticamente polarizada.
"La relativamente baja puntuación de España es una sorpresa, pues es un país que tiene varios factores muy positivos para que su índice de felicidad sea más alto"
Según el profesor de sociología Pau Marí-Klose (de la Universidad de Zaragoza)
el causante de la relativamente baja felicidad puede ser el impacto de la precariedad laboral. El precio de la vivienda es alto. Hay muchos jóvenes (varones y mujeres) sin perspectivas. Una parte importante del paro es, además, de larga duración. La pobreza infantil es alta y sobre todo en los hogares con niños/as. El doctor Joan Ramón Villalbí (del Ministerio de Sanidad) añade otra razón a investigar: España es un país de envidiosos/as. Por otros estudios sabemos que
los países que son dictaduras —o que lo han sido— suelen tener tasas de felicidad más bajas de lo esperable. Cierto, Rusia está en el orden 66.º, China en el 68.º, incluso Hong Kong está en el puesto 88.º de felicidad. Venezuela es el 82.º. Afganistán es el 147.º. Quizás en España es el influjo de los años de dictadura de Franco que todavía se pueden rastrear en la satisfacción vital de la población española actual; o por lo menos su influjo.
Las tres cuartas partes de la variación de la satisfacción por la vida propia, o la felicidad, se explican en el informe por seis factores:
- PIB per cápita.
- Si puede contar con la ayuda de alguien (en momentos de necesidad).
- Esperanza de vida saludable.
- Libertad para tomar decisiones vitales.
- Generosidad.
- Percepción (de ausencia) de corrupción.
Llama la atención que la democracia no se considera como un factor importante en este informe. El PIB per cápita se mide en términos de
PPP (
purchasing power parity) y son datos oficiales del Banco Mundial. El factor de que puede contar con la ayuda de alguien, en momentos de necesidad, contesta a la pregunta: ¿Si usted tuviese problemas, tiene familiares o amistades en quien puede contar para que le ayuden cuando los necesite, o no? La esperanza de vida saludable son datos de la Organización Mundial de la Salud, en concreto del Global Health Observatory. Popularmente, se dice (en español) que "la salud es la mitad de la felicidad". Además, —se sabe empíricamente— que las personas que tienen vidas más felices tienden a vivir más años. La libertad para tomar decisiones, se mide con la pregunta de ¿Está usted satisfecho o insatisfecho con su libertad para escoger lo que quiere hacer con su vida? La generosidad contesta a la pregunta de ¿Ha donado usted dinero a alguna institución de caridad en este mes pasado? La percepción (se entiende que se refiere a la ausencia) de corrupción se mide por una pregunta doble: ¿Está la corrupción extendida a través del Gobierno o no?, y ¿Está la corrupción extendida entre las empresas o no? Los resultados de la calidad de vida propia en los tres años últimos (la media) se presentan en una escala de cero a diez, donde diez es la máxima felicidad o satisfacción con la vida propia.
Pero además de esos seis factores, hay diferencias culturales en la forma en que las personas piensan (y contestan) sobre la calidad de su vida propia.
"Entre los veinte países más felices del mundo, el 70% viven en Europa"
Esta primera tabla incluye 147 países, pero
no basta para entender la relación entre democracia, riqueza, y modernidad en relación con la felicidad de sus habitantes. Entre los veinte países más felices del mundo, el 70% viven en Europa.
Los más felices son fundamentalmente países europeos, y específicamente los nórdicos. Son todos democráticos; relativamente pequeños de población; desarrollados (con un PIB per cápita alto), y con un sistema de bienestar social extenso y efectivo. Entre los veinte primeros se evidencia que son países occidentales, y relativamente industrializados.
Los países más felices del mundo tienden a ser los nórdicos, que a su vez son democracias establecidas, y además países ricos.
Son además países fríos, con largos inviernos. Finlandia no es el país más rico de los nórdicos, ni la democracia más completa del mundo, aunque está en una situación alta, pero
consistentemente obtiene el primer puesto de felicidad y de satisfacción con la vida propia (SVP). Obtiene además la máxima puntuación mundial durante varios años seguidos.
Costa Rica en el puesto 6.º no es una gran sorpresa, pues en Latinoamérica es uno de los países más democráticos. También lo es Uruguay, en el puesto 28.º de la escala de felicidad.
México en el puesto 10.º supone una sorpresa, pues no es un país democrático completo, tiene niveles de violencia e inseguridad elevados, mucha pobreza, emigración, y grandes desigualdades sociales. En el ranking de democracia (del V-Dem) ocupa un número muy bajo: el 108.º; y en PIB per cápita es el 57.º. Por el contrario, Uruguay, en el puesto 28.º de felicidad, es coherente, pues es un país estable y democrático en Latinoamérica.
Que Australia sea el 11.º país más feliz, seguido de Nueva Zelanda, es también esperable. Igualmente, Canadá en el puesto 18.º.
En Asia es feliz Taiwán en el puesto 27.º debido a que es democrático (y con un Gobierno progresista). La antigua Formosa —si no fuera por China— sería un país ideal. Durante medio siglo fue una colonia japonesa. Japón, a una cierta distancia, también democrático, aparece en el puesto 55.º, ya en un nivel relativamente inferior.
La posición de Israel, como el 8.º país más feliz del mundo, es una incongruencia que no sabemos explicar. Sobre todo teniendo en cuenta la Guerra de Gaza, y el exterminio/expulsión de palestinos. Otra sorpresa es que Rusia (el nombre oficial es Federación de Rusia) y China —que son países extensos y poblados, y además dictaduras— están en puestos relativamente medios en la escala de felicidad: puestos 66.º y 68.º. India, mucho más abajo, con problemas de democracia, y mucha pobreza, está en el puesto 118.º. Afganistán es el último de la lista (el 147.º) con una felicidad del 14%, que en el caso de las mujeres se reduce al 12%.
"Comparando la situación actual con la del informe de 2005-2010, los países industriales occidentales son ahora menos felices"
Los diversos informes sobre el tema muestran una convergencia de la felicidad en Europa, con diferencias pequeñas entre países. Esta es una hipótesis interesante. Comparando la situación de 2005-2010 con la situación actual en 2022-2024,
hay más países que suben (67 países) que países que bajan de felicidad (42). La situación, pues, parece que está mejorando relativamente; curiosamente lo contrario que ocurre con los niveles de democracia en el mundo. Comparando la situación actual con la del informe de 2005-2010, los países industriales occidentales son ahora menos felices. Así bajaron de felicidad 15 países industriales y solo subieron cuatro.
Descienden de forma clara Estados Unidos, Canadá, y Suiza. Es llamativo, por ejemplo, que entre los veinte países más felices no están los grandes países industriales del mundo.
El tamaño (geográfico y según el número de habitantes) parece que tiende a ser un factor negativo para la felicidad de la población respectiva. Quizás está relacionado con la prevalencia de desigualdad social. Al contrario,
ser un país relativamente pequeño, pero con un extenso welfare state (sanidad pública, educación, y seguridad social) es un aspecto muy favorable para explicar la alta felicidad de la población.
La riqueza o desarrollo —medido por el PIB per cápita— explica bastante la felicidad de la población. Los 20 países primeros (faltan datos de Luxemburgo, que es el 9.º en felicidad) de media están en el puesto 18.º de PIB. Costa Rica y México suben esa media aritmética, pero en general son países ricos, y sobre todo democráticos.
La variable de democracia es seguramente muy importante para explicar la satisfacción con la vida propia.
España mantiene un nivel de desarrollo a nivel mundial muy estimable. Es el 22.º país con más PIB per cápita. A nivel democrático es además un país de democracia completa. En los rankings de democracia aparece como el país número 21º (según el V-Dem Institute sueco) o bien el 25.º (según el Economist Intelligence Unit británico). España está estable en el ranking, o incluso ha subido dos puestos en democracia. Sin embargo, —contra muchas expectativas—
en felicidad se sitúa en un puesto relativamente bajo; a la mitad de la tabla mundial, en el puesto 38º. Está a la misma altura que Francia, y un poco mejor que los vecinos, Italia y Portugal. No se explica, pues, la posición relativamente baja de España en felicidad.
En número de orden mundial,
España es el 38.º país con más felicidad de sus habitantes, obteniendo un 65% de felicidad. El entorno social (familia y amistades) es una gran ayuda en España, siendo un factor explicativo del 26% de la felicidad. El PIB per cápita es alto (es el 22.º país mundial) lo que explica otro 26% de la felicidad. O sea, el
familismo y la
riqueza relativa explican más de la mitad de la felicidad en España. Otros factores como generosidad (contribuir con donativos a ONG) o la percepción de ausencia de corrupción explican poco el nivel de felicidad. La esperanza de vida (saludable) es muy alta en España, pero no tenemos datos concretos en esta tabla. Pero la salud explica un 14% adicional de la felicidad en España.
"El 'familismo' y la 'riqueza' relativa explican más de la mitad de la felicidad en España"
Es interesante comparar España con el país más feliz del mundo, que es Finlandia (y por varios años seguidos). Ese país nórdico tiene el nivel más alto de felicidad de la población, con un 77% de felicidad, que es el máximo que se logra en el mundo. Esto no le distancia mucho en realidad de España, pues España obtiene un 65% de felicidad, lo que de forma práctica supone el 84% de la máxima mundial. Al no ser realmente porcentajes, debe compararse España con el máximo posible en este estudio, que es Finlandia. Este país nórdico es menos
familista que España, pero todavía el entorno explica el 23%. Finlandia es un país un poco más rico que España, y algo más democrático. El PIB per cápita en Finlandia es un 16% mayor que en España. La riqueza explica otro 23% de la felicidad. No así la generosidad, pues Finlandia es un país con un Estado de bienestar muy desarrollado, y no requiere tanto de donaciones filantrópicas, limosnas, o de benevolencia. Es el 56.º país en ese factor, lo que representa una explicación de alrededor del 1% únicamente. Pero la vecina Noruega es muy alto en la libertad de escoger (es el 4.º país del mundo) y el 2.º en la percepción de ausencia de corrupción.
En total, el modelo español es más explicativo, en parte por la buena puntuación del entorno de ayuda familiar y de amistades (el renombrado
familismo español). Así que
los seis factores explican el 82% de la felicidad, mientras que en Finlandia —a pesar de ser el mejor país del mundo en felicidad de la población— los seis factores explican un poco menos, aunque todavía un porcentaje tan alto como el 77%.
La felicidad o satisfacción con la vida (propia) se asocia mucho con medidas de generosidad. El informe de Oxford mide tres cosas distintas: las donaciones a instituciones de caridad, el trabajo voluntario, y la ayuda a un extraño (en el último mes).
El WHR 2025 incluye el análisis de algunos factores sociales que contribuyen a la satisfacción vital de las personas.
En principio hay que tener en cuenta que la población tiene una mejor opinión de sí misma que de las demás personas. Un factor que correlaciona la felicidad es personas que no viven solas, y que comen (y cenan) con otras personas. En bastantes países la soledad se está incrementando, así como los hogares unipersonales. Un creciente número de personas cena a solas. Esto es más común entre la gente joven que es posible que reproduzcan esta misma pauta en el futuro (con el paso de los años). Aunque no estoy seguro.
El incremento de la soledad tiene un efecto considerable sobre la baja satisfacción de las personas, e incluso sobre la depresión. El típico optimismo latino se suele explicar —en parte— por la existencia de familias extensas y la fortaleza de los lazos familiares. Eso es algo de lo que participa también España. Quizás así se puede explicar la puntuación alta de México (sorprendentemente es el 10.º país más feliz del mundo). La satisfacción con la vida se incrementa en familias hasta el tamaño de cuatro personas, para luego descender si aumenta ese tamaño.
Ya una quinta parte de los jóvenes en el mundo consideran que en momentos de necesidad no pueden contar con nadie.
Una hipótesis interesante —que conviene comprobar mejor en el futuro— es que
en las últimas dos décadas las diferencias de felicidad dentro de los países están creciendo, mientras que las desigualdades internacionales de felicidad entre países están disminuyendo o se mantienen constantes. El WHR no realiza un buen análisis por género. Simplemente, señala que no hay diferencias entre varones y mujeres, o que las diferencias son pequeñas. Pero el informe incluye un análisis sobre las llamadas "muertes por desesperación" que incluyen las defunciones por tres causas: suicidio, exceso de alcohol, y abuso de drogas. En donde la mortalidad de los varones es aproximadamente cuatro veces mayor que entre la mujeres. Las desigualdades y diferencias geográficas y por género son, pues, importantes de explorar.
La felicidad y la satisfacción vital son sentimientos subjetivos. La tendencia moderna a la soledad, a vivir solo, a comer solo también, tiene que tener un efecto claro sobre la medida de esa felicidad. Efectivamente,
el compartir la comida con otras personas se demuestra como uno de los indicadores más fiables —y fácilmente medibles— en la investigación sobre felicidad. Es lo que también se denomina "conexiones sociales". La personas con conexiones sociales tienden a ser más felices; y además a vivir más años. Un número creciente de jóvenes cada vez viven más solos. Pero estos son factores interconectados y no son necesariamente causales en una única dirección. Se suele medir como el número de veces que se comió o cenó con otras personas en los últimos siete días. Es un indicar objetivo, fácil de medir. El Gallup Word Poll logra tener una base de datos de más de 150.000 encuestas en más de 140 países. Es una buena base de datos para establecer relaciones estadísticas. Pero no queda claro si las personas más felices comen juntas más a menudo o justamente lo inverso. Las personas que comen en grupo quizás es que tienen más dinero.
El desempleo es uno de los factores más asociados con las carencias de felicidad. A veces es una variable cultural, pues es mucho más abundante comer juntos en el mundo latino, mientras que es lo contrario en Asia. En casi todo el mundo los/as jóvenes tienden más a comer en grupo. Se observa un incremento de personas viviendo solas, es decir, en "hogares unipersonales". A su vez hay un descenso del tamaño de familia, un retraso del matrimonio, y el decremento de la tasa de natalidad.
"El compartir la comida con otras personas se demuestra como uno de los indicadores más fiables en la investigación sobre felicidad"
El tamaño de familia (padres con hijos/as por ejemplo) es conocida como una variable sociológica que se asocia con bienestar y satisfacción en la vida. En el informe de Oxford-Gallup se ensalzan los beneficios de un tamaño de hogar de cuatro miembros. Lo que en España se denomina "la parejita". Los tamaños relativamente extensos de familia, y con uniones familiares estrechas, son más típicos de los países latinoamericanos. Eso lo escriben, claro, investigadores de Latinoamérica: de Colombia, de la Universidad Iberoamericana, de la Universidad Autónoma de México, y del Instituto Tecnológico Autónomo de México. En su análisis de la felicidad no investigan la pobreza, desigualdad, violencia, autocracia, corrupción, emigración, machismo, abuso de drogas, y madre-soltería que son prevalentes en esas sociedades latinas. Las diferencias mundiales son considerables. Por ejemplo, los hogares de una única persona son solamente 4% en Nicaragua, o 7% en México; y 29% en Francia y 38% en Dinamarca. En el conjunto de Europa, los hogares unipersonales son ya el 24% de todos los hogares.
Se insiste, pues, en que
la conexión con otros seres humanos es esencial para el bienestar propio. Es una forma de rebatir la idea de que la felicidad solo depende de la riqueza personal. El problema es que la desconexión social parece incrementarse en algunas sociedades, sobre todo entre adultos jóvenes. De tal forma que esos jóvenes (varones y mujeres de 18 a 29 años) muestran en Norteamérica y Europa el menor bienestar personal de los diversos grupos de edades. El mejor indicador es si pueden contar con familiares o amigos/as para que les ayuden cuando tienen algún problema. En Japón, por ejemplo, un 30% de adultos jóvenes muestran aislamiento social. Sorprendentemente, Israel muestra el máximo de conexiones sociales. España está también en una buena posición, tanto en la cantidad de conexiones sociales, como en su calidad. Pero
globalmente, los/as jóvenes en el mundo están experimentando un declive en sus conexiones sociales y un aumento de soledad o aislamiento. La contestación a la pregunta "¿Cuán satisfecho está usted con la vida en su conjunto estos días?", sufre, pues, una relativa disminución. No queda claro la razón por la que los/as jóvenes experimentan actualmente más aislamiento. Quizás tiene algo que ver con la tecnología electrónica y la inteligencia artificial.
Las personas conectadas personalmente (presencialmente) viven más años y son más felices. Se dice que la felicidad solo es real cuando es compartida.
"La felicidad solo es real cuando es compartida"
Se insiste en que
la conducta generosa (donaciones, ayuda filantrópica, limosnas) incrementa la satisfacción vital tanto del donante como del donado. Se ha señalado que, además, en los últimos años se observa un incremento claro de ayuda al extranjero. Es lo que técnicamente se denomina
conducta prosocial. En el otro extremo está lo que se denomina "muertes por desesperación" en que se incluyen los suicidios, el abuso de alcohol, y la sobredosis de drogas. Se considera (yo no estoy totalmente de acuerdo) que son muestras de extrema infelicidad.
Hay una paradoja, y es que los países nórdicos que son los más felices tienen también tasas de muerte por desesperación un poco altas: ¡son felices pero desesperados! Evidentemente, se refiere a personas distintas. Las muertes por desesperación suponen solamente el 2% del total de fallecimientos. En el mundo, las tasas de suicidio están bajando entre varones de edad avanzada, que siempre habían sido tasas altas. El suicidio cuenta con el 75% de las muertes por desesperación; que además son muy masculinas (3,7 veces más entre varones que entre mujeres). Las muertes por abuso de alcohol son 5,1 veces más entre varones que entre mujeres; las muertes por suicidio son 3,6 más de varones, y las de sobredosis de drogas 2,7 veces más entre varones que entre mujeres.
El suicidio desciende, mientras que las drogas aumentan. Las muertes por desesperación descienden en los países pobres, pero no en los países ricos. El problema metodológico es que la felicidad versus desesperación se refiere a personas distintas dentro de un mismo país.
El aislamiento y la falta de felicidad correlacionan con posiciones extremas en el espectro político, y así con polarización. Muchos son votos antisistema. Todo ello correlaciona con el factor de "confianza en los otros" que es esencial para entender estas relaciones. Las personas que están insatisfechas con su vida pueden achacar esa situación al
sistema, que les ha fallado, y que no les soluciona los problemas que tiene. Quizás esto explica el crecimiento de movimientos ultra (sobre todo de derechas) en una parte del mundo. Es la paradoja de que —por ejemplo en Estados Unidos —
la satisfacción subjetiva desciende, mientras que al mismo tiempo la riqueza (medida por el PIB per cápita) aumenta—. También en Estados Unidos la confianza en los otros desciende mucho. Más positivamente, la felicidad está muy relacionada con la conducta generosa; con dar dinero a ONG, a la caridad, a las instituciones filantrópicas, donaciones de todo tipo, y limosnas. Aunque no todas las ONG son iguales.
Recientemente,
The Economist This Weekend —con ocasión de la publicación del WHR 2025— elabora una edición especial sobre países felices. Michelle Hennessy, desde Nueva York, expresa la relación entre riqueza y felicidad. :
Lessons from the happiest countries in the world: How much does it have to do with wealth. Otro artículo en ese extra señala el secreto del país más feliz del mundo: "Sudar en la sauna ayuda". Se refiere claro a Finlandia, un país de largos inviernos e impuestos altos.
Los países nórdicos —todos muy felices, que sonríen, pero no ríen— son conocidos por ser países democráticos, estables, progresivos, y seguros. Además, son muy feministas, con una participación alta de mujeres en el mercado de trabajo. Son sociedades ricas. En Estados Unidos, el 38% de los estudiantes de
college (¡eso antes de Trump!) reconocen que están deprimidos. Pero otro artículo señala que los/as jóvenes norteamericanos están siendo más felices: "la depresión y ansiedad parece haber llegado a un máximo hace un par de años". Por otro lado,
los países latinoamericanos tienen más felicidad —y ríen más— de lo esperable.
Algunos factores sociales que supuestamente explican la felicidad (o la satisfacción con la vida propia) —según Oxford, Gallup, y las Naciones Unidas— son indicadores conservadores: favorables a hogares familiares, familias extensas, con hijos/as, que comen y cenan juntos, dan limosna, … Recuerda aquel eslogan de "la familia que reza unida permanece unida". Pero afortunadamente el informe de la Universidad de Oxford no llega a mencionar esto.
Las personas más felices tienden a ser personas empleadas, con salarios más altos, con una vida familiar más estable. Es lo que se denominaría una pauta más "normal", que en realidad lo que sugiere es que es más conservadora. Los estilos de vida de derecha llevan a situaciones subjetivas de equilibrio y dulce felicidad. Pero esto no demuestra la relación real con la satisfacción vital.
Estamos en el mundo de lo subjetivo, que es poco fiable o incluso poco realista. La vida es más compleja que un conjunto de familias "normales" bien avenidas. El siglo XXI destaca por la pandemia de covid, las guerras de Ucrania y Gaza, y los rasgos autocráticos de la presidencia de los Estados Unidos.
"Democracia, desarrollo (económico), y Estado de bienestar son factores esenciales que contribuyen a la felicidad de la población"
La conclusión de estas bases de datos internacionales es que democracia, desarrollo (económico), y Estado de bienestar son factores esenciales que contribuyen a la felicidad de la población y a su satisfacción con la vida propia. Las migraciones actuales —ya sean legales, ilegales, de reagrupamiento, o de asilo— se dirigen fundamentalmente hacia países felices. En algunos casos migran hacia países intermedios (como la propia España) para saltar lo antes posible a los países felices.
Es una conducta racional e inteligente, difícil de doblegar.