Martes, 28 de julio de 2026
MUNDO TRUMP

La doctrina Trump: estas son las medidas que impulsa su principal asesor económico

Lo que se lee en los centros económicos de poder y preocupa a los mercados. El economista de riesgo y consejero de Agenda Pública Toni Timoner analiza la propuesta de Stephen Miran, asesor económico de Trump, quien replantea el comercio internacional como un instrumento de poder, sustentado en aranceles, el control de divisas y la segmentación estratégica de aliados.

Toni Timoner Toni Timoner 24 de marzo de 2025
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Los planes económicos y geopolíticos de Donald Trump pasan, en gran medida, por la devaluación del dólar. | Unsplash / Giorgio Trovato
Los planes económicos y geopolíticos de Donald Trump pasan, en gran medida, por la devaluación del dólar. | Unsplash / Giorgio Trovato

En una era marcada por crecientes tensiones geopolíticas y el auge del nacionalismo económico, el comercio internacional parece encaminarse hacia un profundo reordenamiento. La administración de Donald Trump perfila un viraje radical que podría redefinir los pilares del sistema comercial global, cuestionando décadas de integración económica.

Para vislumbrar la magnitud de este posible giro, es imprescindible atender al documento publicado en noviembre de 2024, titulado A User's Guide to Restructuring the Global Trading System, firmado por Stephen Miran, exasesor del Tesoro y actual presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente Trump. Lejos de un mero ejercicio académico, este informe se perfila como una hoja de ruta para una transformación inédita en el ámbito comercial. Miran defiende la idea de que el comercio no puede disociarse de la geopolítica y sostiene que Estados Unidos debe reconstruir su base industrial, redefinir el papel del dólar y emplear el acceso a su mercado interno como instrumento de presión estratégica. Las propuestas bosquejan un mundo donde aranceles, política monetaria y seguridad nacional se funden en una única ecuación de poder.

El dólar: ¿bendición o lastre?

La premisa de Miran es tajante: la estructura actual del comercio global se encuentra distorsionada por el dólar. Como moneda de reserva mundial, el dólar es demandado incesantemente por bancos centrales, inversores y fondos soberanos que lo acumulan en forma de bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, esa demanda constante ha acarreado, según Miran, una sobrevaloración crónica del dólar que encarece las exportaciones de Estados Unidos y acelera la desindustrialización de su economía.

"Estados Unidos no tiene déficits comerciales porque importe demasiado; importa demasiado porque necesita exportar bonos del Tesoro para sostener el sistema financiero global"
Este dilema ya fue identificado en la década de 1960 por el economista belga Robert Triffin, quien alertó sobre una contradicción inherente al sistema monetario internacional basado en el dólar. Según Triffin, una nación cuya moneda sirve como reserva mundial debe necesariamente incurrir en déficits comerciales para proporcionar suficiente liquidez global. A largo plazo, sin embargo, esta condición debilita irremediablemente la competitividad de su sector productivo. La paradoja cobró especial relevancia en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, culminando en la ruptura parcial del sistema de Bretton Woods en 1971, cuando Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar en oro. A pesar de ello, el dólar conservó su posición privilegiada como moneda de referencia global.

Así, Estados Unidos debe sostener déficits persistentes para alimentar la maquinaria financiera global, pero ello sucede en detrimento de su industria manufacturera, según Miran. Sin embargo, en su análisis Miran soslaya que la desindustrialización no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos, ni atribuible únicamente al valor del dólar. Otras economías avanzadas también han sufrido este proceso como consecuencia del avance tecnológico, la automatización y la natural evolución hacia una economía basada en servicios. En este sentido, Miran acierta al señalar el impacto del dólar, pero ignora que la desindustrialización forma parte de una tendencia secular más amplia.

El arancel como instrumento de ajuste

Para corregir la sobrevaloración crónica del dólar y sus efectos negativos en la industria estadounidense, Miran aboga por una serie de medidas radicales y disruptivas.

En primer lugar, propone una ofensiva arancelaria sin precedentes. Su informe defiende establecer aranceles del 60% a las importaciones procedentes de China y un mínimo del 10% para el resto del mundo. En esencia, se trata de encarecer las importaciones para estimular la producción doméstica y reducir así el déficit comercial. Esta es, precisamente, la política que Trump ya ha comenzado a esbozar con sus recientes amenazas arancelarias, utilizando el proteccionismo como moneda de cambio en la diplomacia económica.

Según sentencia el informe de Miran: "El acceso al mercado estadounidense es un privilegio, no un derecho"
Si bien esta estrategia parece arriesgada desde el punto de vista inflacionario, Miran sostiene que dicho impacto podría moderarse mediante una depreciación de las monedas extranjeras. Como recuerda el informe, durante la guerra comercial de 2018-2019, los aranceles impuestos a China desencadenaron una depreciación del yuan del 13,7%, compensando más de tres cuartas partes del efecto de los aranceles, lo que absorbió gran parte del impacto inflacionario. De repetirse este fenómeno, los consumidores estadounidenses apenas notarían un incremento significativo en los precios. Por el contrario, los exportadores chinos sufrirían una notable reducción en sus ingresos. La intención última de Miran es clara: hacer recaer el coste de los aranceles sobre Pekín, no sobre los ciudadanos estadounidenses.

Pero este cálculo presenta debilidades. Si los mercados de divisas no se ajustan en forma similar a la experiencia de 2018-2019, existe un riesgo real de aumento inflacionario en Estados Unidos, aunque Miran considera probable que se produzca una depreciación compensatoria de las monedas extranjeras. Además, sectores industriales estadounidenses que dependen de importaciones específicas para sus procesos productivos podrían sufrir interrupciones importantes. Asimismo, la incertidumbre generada por políticas agresivas podría desincentivar la inversión extranjera directa, clave para la innovación y el crecimiento económico del país. Finalmente, la posibilidad real de represalias comerciales podría desencadenar una espiral de conflictos difíciles de controlar y con efectos económicos impredecibles.

Comercio segmentado: aliados y adversarios

En segundo lugar, Miran no plantea sostener una política arancelaria indiscriminada, sino una segmentación estratégica del comercio internacional a largo plazo. Propone dividir a los países en distintas categorías según su alineación con los intereses estadounidenses. Aquellos socios que faciliten la entrada de empresas norteamericanas, no manipulen sus monedas y contribuyan activamente a la seguridad global, recibirían un trato preferente. En cambio, los países que mantengan barreras comerciales o establezcan alianzas profundas con China o Rusia enfrentarían aranceles más elevados y mayores restricciones.

"La posibilidad real de represalias comerciales podría desencadenar una espiral de conflictos difíciles de controlar y con efectos económicos impredecibles"
Este enfoque estratégico va más allá del ámbito económico. Miran señala explícitamente que los países aliados que se benefician del paraguas defensivo de los EE. UU. estarían obligados a contribuir adquiriendo equipamiento militar estadounidense como condición para disfrutar de un acceso preferencial al mercado norteamericano. Según sentencia el informe, "el acceso al mercado estadounidense es un privilegio, no un derecho", lo que legitima a los EE. UU. a explotar su posición económica como palanca para fortalecer su base industrial en sectores críticos, incluidos defensa, semiconductores y farmacéuticos. De esta forma, Washington buscaría no solo ajustar sus relaciones comerciales, sino asegurar una transmisión de la carga económica y militar derivados de su rol de proveedor de seguridad global.

Impuestos e intervención en los mercados financieros

En tercer lugar, se propone una batería de medidas de control financiero de mercados de capitales sin precedentes.

Miran sugiere imponer impuestos específicos sobre las tenencias extranjeras de bonos del Tesoro estadounidense, con el objetivo explícito de reducir la demanda artificial del dólar por parte de inversores extranjeros. Además, plantea la posibilidad de intervenciones directas del Tesoro y la Reserva Federal en los mercados cambiarios, utilizando la compra y venta estratégica de divisas para controlar la cotización del dólar.

Estas medidas radicales conllevan riesgos significativos. Una intervención tan agresiva implicaría una intromisión en la independencia preceptiva de la Reserva Federal y podría generar respuestas adversas en los mercados financieros internacionales, aumentando la volatilidad y generando dudas sobre la estabilidad monetaria estadounidense. También existe el riesgo de que socios internacionales busquen alternativas al dólar, acelerando un proceso de diversificación de reservas que podría perjudicar el dominio monetario estadounidense.

¿El fin del dólar fuerte? Una incógnita histórica

El gran nudo de esta arriesgada estrategia radica en la aparente incompatibilidad de mantener la hegemonía global del dólar, al tiempo que se corrigen las distorsiones que ella misma genera. La historia reciente de Estados Unidos, desde la suspensión de la convertibilidad en 1971 hasta los Acuerdos Plaza de 1985, refleja los vaivenes de un país que ha oscilado entre preservar su divisa fuerte y en ocasiones optar por devaluaciones coordinadas. Una devaluación ordenada y multilateral, como en los Acuerdos del Plaza resultaría hoy mucho más complicada, dada la reticencia de China a adoptar medidas contrarias a sus intereses comerciales y la desconfianza de Europa tras los diversos roces geopolíticos por la guerra de Ucrania. Un dólar debilitado y acompañado de altos aranceles podría, además, incentivar a otros países a buscar alternativas monetarias, un proceso que ya se atisba en la creciente adopción de yuanes y rublos en ciertos acuerdos internacionales.

"La magnitud de los cambios aquí descritos sugiere que no se pone en juego solamente la posición de una moneda, sino la propia estabilidad del orden económico internacional"
La pregunta final es si Estados Unidos está realmente dispuesto a afrontar un escenario en el que su moneda pierda parte de su magnetismo global. Y si no lo está, ¿qué concesiones haría para conservar su supremacía económica? Stephen Miran confía en que las políticas propuestas pueden gestionarse sin que Estados Unidos ceda el control, pero la historia muestra que las grandes potencias rara vez dominan el ritmo de su propia transformación o declive. Queda por ver si la primacía del dólar supondrá una excepción histórica o si, por el contrario, este punto marca el comienzo de un reajuste global que, irónicamente, ha sido impulsado en buena medida desde la misma Casa Blanca. La magnitud de los cambios aquí descritos sugiere que no se pone en juego solamente la posición de una moneda, sino la propia estabilidad del orden económico internacional, tal como ha existido en las últimas décadas.

Toni Timoner
Toni Timoner
Economista de riesgo global y consejero de Agenda Pública
Participación