Catalunya y Barcelona se han consolidado como los epicentros de la tecnología avanzada en España, posicionándose estratégicamente en un contexto donde la innovación es clave para la soberanía y el crecimiento económico. La ciudad y la región están especialmente bien situadas para beneficiarse del ambicioso plan de inversión de la UE, anunciado
tras el informe Draghi, que propone movilizar 800.000 millones de euros anuales para reforzar la competitividad europea frente a Estados Unidos y China.
En este escenario,
la creación de un fondo soberano local —cuyo diseño inicial ya está en marcha gracias a la colaboración entre el ayuntamiento y la Generalitat— podría convertirse en la piedra angular de una nueva estrategia de competitividad y en el motor del resurgimiento del territorio tras la pérdida de impulso desde 2017. Catalunya y Barcelona tienen así la oportunidad de aspirar a ser la
Silicon Valley de la UE.
El desarrollo de los fondos soberanos locales
Los fondos soberanos son vehículos de inversión gestionados por entidades públicas que cumplen funciones estratégicas según el contexto de cada país. Pueden servir para amortiguar la volatilidad de los ingresos procedentes de recursos naturales, transformar riquezas agotables—como los hidrocarburos—en activos financieros a largo plazo, impulsar sectores clave mediante inversiones estratégicas, administrar excedentes de divisas acumulados por superávits comerciales o gestionar fondos de pensiones.
"Existen fondos soberanos locales, creados a nivel regional o incluso municipal, que suelen tener como objetivo el desarrollo de proyectos de urbanismo e infraestructura ambiciosos a largo plazo"
A lo largo de las últimas décadas, estos fondos se han convertido en actores sistémicos de las finanzas globales, desempeñando un papel clave en la inversión en tecnología, la descarbonización, la transición climática y el desarrollo industrial.
En 2024, estos fondos gestionaban 12,9 billones de dólares estadounidenses, más de la mitad de los activos administrados por los fondos de pensiones públicos (25 billones), lo que refleja su creciente peso en los mercados internacionales. En este contexto, el presidente Trump emitió una
Orden Ejecutiva el 3 de febrero, concediendo a su secretario del Tesoro un plazo de noventa días para presentarle un plan destinado a la creación de un fondo soberano estadounidense. La iniciativa no era del todo nueva, pues la administración Biden ya había explorado esta posibilidad en el pasado.
Su influencia quedó patente en la crisis de las
subprime de 2008, cuando acudieron al rescate del sistema financiero: el fondo soberano de Abu Dabi (ADIA) recapitalizó Citigroup, mientras que los fondos singapurenses GIC y Temasek Holdings inyectaron capital en UBS y Merrill Lynch.
También existen fondos soberanos locales, creados a nivel regional o incluso municipal, que suelen tener como objetivo el desarrollo de proyectos de urbanismo e infraestructura ambiciosos a largo plazo (Caisse des Dépôts et Placement du Québec, DFIC en Dubái), la gestión de recursos naturales en regiones ricas en hidrocarburos (Alberta Investment Management Corporation en Canadá) o la inversión en activos estratégicos basada en un plan de desarrollo previamente formalizado por los ejecutivos locales (fondo Région Île-de-France Investissement, el fondo de la región a la que pertenece París, destinado a invertir en tecnologías limpias, salud y servicios digitales).
Los fondos soberanos, ya sean nacionales o locales, permiten superar barreras de entrada que desalientan a los inversores privados, como la necesidad de mantener inversiones sostenidas a largo plazo o la incertidumbre asociada a ciertas inversiones debido a sus altos índices de fracaso, especialmente en las fases de arranque. Estos fondos se están convirtiendo en instrumentos cada vez más utilizados por los Estados para impulsar políticas industriales y de desarrollo.
Catalunya y Barcelona ya cuentan con programas públicas que fomentan la inversión estratégica local
El Ayuntamiento de Barcelona, a través de la agencia Barcelona Activa,
ha desarrollado el programa Barcelona Accelera, que ha distribuido una dotación de diez millones de euros a seis fondos de capital riesgo privados con sede en la ciudad tras una convocatoria pública, asignándoles la tarea de invertir en los sectores definidos por la estrategia municipal
Barcelona Green Deal (economía digital, economía verde, industria 4.0, etc.).
Paralelamente,
Barcelona Activa ha puesto en marcha una iniciativa similar, el
Fons Barcelona deep tech, también con una dotación de diez millones de euros, dirigida en este caso a fondos de capital riesgo nacionales o internacionales que se comprometan a invertir en Barcelona en tecnologías de
deep tech incluidas también en el marco estratégico del Barcelona Green Deal.
A nivel regional, la Generalitat de Catalunya estableció en 2024 el Fons d’Inversió en Tecnologia Avançada (FITA), con un presupuesto de cincuenta y cinco millones de euros, destinado a tecnologías de
deep tech (IA, robótica, computación cuántica, fotónica, semiconductores, energías limpias, etc.) en su fase de desarrollo, especialmente en series derivadas provenientes de centros de investigación catalanes. De los cincuenta y cinco millones del fondo, treinta millones de euros proceden de fondos públicos gestionados por el
Institut Català de Finances (ICF), quince millones de euros provienen del Fondo Europeo de Inversiones (FEI), y diez millones de euros son aportados por inversores privados movilizados por la entidad gestora del programa, Grow Venture Partners.
FITA se alinea con los objetivos de aceleración del traslado del conocimiento estipulados por la
Llei de la Ciència de Catalunya y el
Pacte Nacional per a la Societat del Coneixement (PNSC) regional.
Las lecciones de la experiencia de Catalana d’Iniciatives y el espectro del episodio Spanair
Los programas impulsados por Barcelona Activa y la iniciativa FITA parecen recoger las lecciones del fracaso de Catalana d’Iniciatives, cuyo destino quedó marcado tras la quiebra de Spanair en 2012. Fundada en 1988, la aerolínea comenzó operando vuelos domésticos entre la península y los archipiélagos, antes de expandirse a rutas europeas e intercontinentales en la década de 1990. Posteriormente, la compañía escandinava SAS adquirió una participación mayoritaria, pero Spanair, con su hub en El Prat, acumuló problemas de gestión, una flota envejecida, altos costes operativos y una pérdida de reputación tras el accidente de su MD-82 en agosto de 2008.
"El futuro fondo soberano catalán deberá incluir salvaguardas que garanticen su independencia y la profesionalización de su equipo gestor"
En 2009, un consorcio de inversores catalanes, liderado por Iniciatives Empresarials Aeronàutiques (IEASA) —entidad controlada por el Consorci de Turisme de Barcelona, dependiente del Ayuntamiento y la Cámara de Comercio— y Catalana d’Iniciatives, tomó el control de la aerolínea con el objetivo de convertir El Prat en un hub internacional capaz de competir con Barajas. Para ello, entre 2009 y 2012, Catalana d’Iniciatives inyectó cerca de 20 millones de euros en Spanair. Sin embargo, la guerra de precios de las aerolíneas de bajo coste, la falta de avances en el proyecto del hub y los problemas de gestión interna precipitaron su quiebra en 2012.
El caso Spanair ilustra cómo la politización de las decisiones de inversión puede prevalecer sobre un análisis financiero riguroso, un problema que la teoría de las
public choices, desarrollada por James Buchanan (Premio Nobel de Economía en 1986) y Gordon Tullock. Para evitar errores similares, el futuro fondo soberano catalán deberá incluir salvaguardas que garanticen su independencia y la profesionalización de su equipo gestor.
Tecnología como motor del resurgimiento de Barcelona y Catalunya
Los acontecimientos de
2017 marcaron un punto de inflexión en la economía catalana. Entre 2017 y el primer semestre de 2024, 9.355 empresas trasladaron su sede social fuera de Catalunya, mientras que solo 4.314 se establecieron en la región. El éxodo empresarial tuvo como principal destino la Comunidad de Madrid, que recibió el 51% de las compañías que abandonaron Catalunya (4.737), entre ellas, CaixaBank, Sabadell, Naturgy, Cellnex y Grupo Planeta.
Esta tendencia también afectó a la inversión extranjera directa: entre 2013 y el primer semestre de 2024, Catalunya solo captó el 23% de la inversión que recibió Madrid.
"Entre 2013 y el primer semestre de 2024, Catalunya solo captó el 23% de la inversión que recibió Madrid"
Al mismo tiempo, Barcelona enfrenta desafíos estructurales que condicionan su desarrollo: el abastecimiento de agua, la presión inmobiliaria derivada del sobreturismo y la paralización del proyecto de ampliación del aeropuerto de El Prat —con un coste estimado de 1.700 millones de euros y un impacto potencial de 2,1 puntos en el PIB catalán— debido a preocupaciones ambientales.
La llegada de Jaume Collboni a la alcaldía en 2023 coincidió con un nuevo enfoque en la recuperación del atractivo económico de la ciudad, pero con un modelo de desarrollo más equilibrado. Iniciativas como el
Pla Endreça (ordenación urbana), el
Pla Clima (sostenibilidad) y el
Pla de Barris (redistribución de recursos) buscan evitar los efectos negativos del crecimiento descontrolado.
Hablar de declive resulta, sin embargo, exagerado. Catalunya mantiene un PIB per cápita comparable al de Madrid (32.550 euros frente a 38.435 en 2022), y Barcelona presenta incluso una tasa de desempleo inferior a la de la capital española. Pero es en el ámbito tecnológico donde la región muestra su mayor ventaja competitiva.
Barcelona y Catalunya se han consolidado como los polos más innovadores de España, gracias a la acción coordinada de Barcelona Activa —con programas como Barcelona Accelera y Fons Barcelona Deep Tech— y Acció —con iniciativas como Línia Startup Capital Coinversió, Startup Capital Program y el propio fondo FITA. Además, proyectos emblemáticos como el Mercat del Peix, la Ciutadella del Coneixement y el Institut Caixa Research refuerzan su ecosistema de innovación.
El reciente informe Draghi ha subrayado el papel estratégico de la inversión en
deep tech como respuesta a la desindustrialización europea. Bruselas prevé movilizar 800.000 millones de euros anuales —equivalente al 4,4% del PIB de la UE— para reforzar la competitividad frente a Estados Unidos y China. Catalunya y Barcelona, como capital tecnológica de España, tienen un interés estratégico en consolidar su posición para captar estos fondos.
"El desafío es claro: potenciar la competitividad tecnológica sin agravar las desigualdades sociales"
En este contexto, Barcelona y Catalunya pueden aspirar a convertirse en una Silicon Valley europea. Su combinación de clima favorable, un entorno cosmopolita que atrae talento y un ecosistema innovador las sitúa en una posición privilegiada. No obstante, será crucial evitar las dinámicas de segregación social observadas en San Francisco, donde el auge tecnológico ha generado una fractura entre las llamadas "clases creativas" (Richard Florida) y un neolumpenproletariado marginado de los beneficios del crecimiento. El desafío es claro: potenciar la competitividad tecnológica sin agravar las desigualdades sociales.
Catalunya y Barcelona: consolidar su liderazgo como epicentro tecnológico de España
Las estrategias locales enfocadas en el desarrollo tecnológico han consolidado a Catalunya y Barcelona como el principal polo de innovación de España.
Según el informe Deep Tech in Spain, la inversión en deep tech muestra fuertes disparidades regionales, con una marcada concentración de capital en unas pocas regiones dominantes. Entre 2013 y 2023, Catalunya captó el 39% de las inversiones en este sector, muy por delante de la Comunidad de Madrid (15%) y la Comunidad Valenciana (10%).
En el mismo periodo, Barcelona reafirmó su posición como la capital tecnológica del país, atrayendo 890,6 millones de euros en
startups deep tech locales a través de 526 operaciones. Madrid, en segunda posición, se quedó muy por detrás, con solo 348,4 millones de euros invertidos en 239 operaciones.
"Catalunya alberga un ecosistema denso de centros de investigación y laboratorios, que actúan como catalizadores de la innovación"
Varios factores explican esta hegemonía catalana. En primer lugar, la región cuenta con una industria de capital riesgo bien consolidada, con actores clave como Asabys, Alta Life Sciences y Caixa Capital Risc. A ello se suma un fuerte respaldo público a través de iniciativas como Barcelona Accelera y FITA. Además, Catalunya alberga un ecosistema denso de centros de investigación y laboratorios, que actúan como catalizadores de la innovación y facilitan la creación de empresas tecnológicas líderes en sectores estratégicos.
Para sostener y ampliar esta ventaja competitiva, Catalunya y Barcelona deben continuar reforzando su infraestructura de innovación y atraer capital y talento que sigan alimentando su ecosistema tecnológico.
Un fondo soberano catalán orientado a la tecnología de vanguardia
La posibilidad de crear un fondo soberano catalán para impulsar la innovación ha cobrado fuerza en los últimos meses. En octubre de 2024, durante una reunión entre la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, Alícia Romero y Jordi Valls acordaron explorar esta iniciativa con el objetivo de atraer inversión privada y financiar empresas emergentes en sectores tecnológicos estratégicos.
"Para garantizar su éxito, será esencial que haga un uso eficiente del capital privado y favorezca proyectos con un alto potencial de retorno"
El proyecto busca complementar y ampliar los recursos públicos ya destinados a programas como el Fons Barcelona Deep Tech y el Fons d’Inversió en Tecnologia Avançada (FITA), maximizando su impacto mediante asociaciones con el sector privado. Al centrarse en startups nacidas de la investigación y la innovación catalanas, el fondo reforzaría el papel de Catalunya como un polo tecnológico clave en España y Europa.
No obstante, el diseño del fondo deberá evitar los errores de Catalana d’Iniciatives, que sufrió una excesiva politización en sus decisiones de inversión. Para garantizar su éxito, será esencial que haga un uso eficiente del capital privado y favorezca proyectos con un alto potencial de retorno.
Este fondo debe diseñarse a partir de una reflexión previa en torno a cuatro pilares fundamentales: el financiamiento, la estructuración, la gobernanza y la tesis de inversión, entendida como la estrategia para desplegar el capital de manera eficiente y orientada a resultados.